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El pan del horno alto
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Ángel M. González | 06-04-2017 | 18:19

Confieso que tenía cierto temor sobre la reacción que se podría generar en la séptima planta de Berkeley Square House ante los elevados costes energéticos y medioambientales para mantener la actividad siderúrgica en Asturias cuando se necesita atender un mercado cada vez más complicado donde el factor precio resulta determinante. No me quiero imaginar lo que llegaría a pensar el astuto señor del acero sentado en su despacho londinense cuando en Gijón se hablaba de acordonar la factoría mediante la ordenación urbanística como si padeciera la peste para limitar su expansión por los malos humos, a la vez que paga por la electricidad lo que no se conoce en ninguna otra parte de Europa. Lakshmi Mittal podría haber decidido batirse en retirada para centrarse en enclaves menos exigentes, poco a poco y con el menor ruido posible. Sin embargo, ha optado justamente por lo contrario, mantener la confianza en las posibilidades que aún ofrece esta cabecera y responder a los retos con nuevas inversiones. Resulta una obviedad, pero Arcelor sigue siendo una suerte para Gijón y Asturias. El mayor deseo que podemos tener es conservarla.
En los últimos días hemos contado en estas páginas tres actuaciones de la multinacional que ponen de manifiesto que el eje siderúrgico Gijón-Avilés sigue siendo fundamental para el negocio del magnate del sector pese a las adversidades. La inversión de cinco millones de euros en la instalación de un filtro electromagnético para captar las partículas de la acería y el inicio de la demolición de las baterías de cok con el fin de reconstruir las instalaciones, alargar la vida otros cincuenta años y reducir las emisiones contaminantes son una demostración de lo que estoy diciendo. Mittal acomete en las baterías el mayor desembolso que ha realizado en Asturias desde que se convirtió en propietario de la siderurgia, cerca de 150 millones de euros, la inversión más cuantiosa que hubo en l a región en la última década junto a la que destinó EdP a sus centrales, también para la mejora medioambiental.
Puede que existan voces que todavía muestren su insatisfacción, que promuevan mantener la presión hasta doblegar a la industria para que no se produzca una pizca de polución, pero justo es reconocer el compromiso que las empresas evidencian con estas acciones. Mientras derriba todo el refractario de las baterías, Arcelor está a la espera de que la autoridad regional apruebe el informe de impacto ambiental para levantar las nuevas instalaciones. Solo cabe esperar que la Administración sea ágil y resuelva de manera positiva el expediente sin dejarse llevar por consideraciones que puedan todavía puedan poner en riesgo el plan. Y el tercer hito al que me refería es la inyección que recibe el centro de investigación de la compañía en Avilés para el desarrollo de nuevos proyectos. Cuarenta millones de euros en ayudas de la Unión Europea para este laboratorio de ideas de Arcelor que se ha ido convirtiendo en una de las perlas que tiene la multinacional por empeño de la propia familia Mittal. El impulso al centro de I+D, del que tenemos que estar tan orgullosos como lo estamos de los hornos altos, tendrá una repercusión inmediata. Mañana mismo se incorporan diecisiete personas para reforzar las tareas investigadoras y, además, contribuirá a dinamizar la actividad de otros polos tecnológicos de la región, como la Milla del Conocimiento, y del campus universitario.
En definitiva, la presencia de Arcelor sale un poco más reforzada, pero las convulsiones que aún puede sufrir siguen siendo una amenaza. Una de ellas derivada de la invasión del mercado por parte del acero chino y en la que se echa en falta una política de protección más contundente y eficaz por parte de la Unión Europea. Otra, la ‘Operación Ilva’, que para Mittal representa una oportunidad, pero que para Asturias puede suponer también un riesgo.
En estos momentos no existe garantía alguna de que el ‘renacimiento’ de la compañía italiana de la mano de Arcelor si prospera su oferta con Marcegaglia no tenga ningún impacto en la estructura de producción de la empresa en Gijón.
Por ello todos los esfuerzos que se realicen para mejorar la fabricación, la productividad, la calidad de las elaboraciones, la seguridad y el medio ambiente han de ser bienvenidos. Mantenerse en esa carrera es el pan de mañana.