El Comercio
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Liberbank, injusticia y desamparo
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Ángel M. González | 26-06-2017 | 15:06

Hace un año, aprovechando la incertidumbre generada por el ‘Brexit’ y los malos resultados de algunas empresas, los malvados ‘hedge funds’ que juegan a la baja en las cotizaciones golpearon con dureza a la Bolsa española y llevaron al hundimiento de un buen número de valores. Liberbank fue víctima de los ataques y registró mínimo histórico. El precio de la acción se llegó a situar en los 0,52 euros, pero aquellos movimientos especulativos no generaron tanta preocupación como los que ha venido sufriendo ahora el banco después de una semana convulsa en el parqué, que volvieron a desplomar sus títulos aunque sin llegar al suelo de julio de 2016.

Los ‘piratas’ del mercado, que se cebaron con el Banco Popular hasta tumbarlo y ponerlo en manos del Santander por un euro, se ensañaron con la entidad financiera cotizada más pequeña al amparo del desconcierto provocado entre los inversores por el sorpresivo rescate. La eficacia mostrada por el Banco Central Europeo al estrenar con el Popular el mecanismo de resolución bancaria llevó aparejado, al mismo tiempo, un efecto contagio para los actores más débiles del sistema financiero, que se puso de manifiesto en este caso con Liberbank. La actuación sin piedad de los bajistas contribuye a originar un estado general de nerviosismo entre los inversores grandes y pequeños, incapaces de hacer más lecturas que lo que en esos momentos muestran los paneles del parqué. De los nervios al pánico y de ahí a la estampida que provoca que en unos días la cotización del banco de raíz asturiana pierda en esta tormenta el 40% de su valor. Estos depredadores bursátiles no tienen en cuenta el balance de su presa ni su gestión, van a la caza rápida de dinero, juegan a plazos cortísimos con los títulos que consiguen prestados a cambio de una prima, para embolsarse las ganancias en un santiamén.

Lo que ha sucedido con Liberbank en esta ‘semana negra’ ha sido una tremenda injusticia. Desde el verano del año pasado, que el valor tocó fondo, hasta ahora la entidad financiera mejoró sustancialmente sus ratios de solvencia y liquidez. Posiblemente no hay ningún banco español que cotice en el mercado con mayor fiabilidad en las tasaciones, al verse sometido durante un buen tiempo a la vigilancia del regulador por haber adoptado un esquema de protección de activos. El 97% de sus depósitos se sitúan por debajo del umbral de los cien mil euros que cubre el fondo de garantía y los objetivos para elevar la tasa de cobertura y reducir el índice de morosidad son absolutamente alcanzables por el proceso de saneamiento que está llevando a cabo. No existen razones objetivas que lleven a pensar que la situación de Liberbank es similar a la del Popular, a tenor de los análisis que he venido leyendo y escuchando en estos nefastos días. No existen motivos para que el miedo que los buitres infunden en el casino bursátil se traslade a las oficinas. Lo más lógico es que cuando los carroñeros agoten la carne, porque ya no exista mayor margen de caída, abandonen la pieza para buscar otra con la que puedan continuar su festín. Ha ocurrido más veces.

La mayor preocupación, sin embargo, es la impasividad de los organismos reguladores para proteger a aquellos valores que son víctimas de las fauces de estos fondos insaciables. Hace cuatro años, también por esta época, la Comisión Nacional del Mercado de Valores prohibió de manera temporal las embestidas de los bajistas porque estaban llevando al Ibex al garete. La CNMV entendía que la extrema volatilidad que estaba registrando la bolsa estaba perturbando el normal funcionamiento del parqué. Fue una medida general, pero creo que la ‘policía bursátil’ no tendría que permanecer con los brazos cruzados mientras observa cómo un valor se hunde hasta un 30% en una sesión, más si estamos hablando de una cotizada que opera en una actividad tan sensible como la bancaria. Las autoridades, tanto europeas como nacionales, tendrían que adoptar un sistema de protección para impedir estos ataques cuando se producen operaciones tan relevantes como la repentina absorción del Popular. En el caso de Liberbank ha fallado la prevención.

Los accionistas de la entidad han sufrido el daño por falta de vacuna. Ahora solo basta esperar a que los títulos vuelvan a remontar vuelo, acorde a la realidad de la marca. En ese sentido, los gestores tienen una labor ingente por delante para reconstruir el precio con el respaldo del núcleo de control de la entidad, que hay que recordar posee casi el 70% del capital de la institución financiera. No hay sociedad de estas características que tenga tanta concentración accionarial de dominio sentada en el consejo compartiendo trabajo y objetivos como Liberbank.

A nadie se le escapa que el banco está llamado a ser protagonista en un nuevo proceso de integración bancaria en este país. El rescate del Popular lo ha puesto en el foco, de tal manera que la operación corporativa como horizonte ha escalado posiciones en la lista de tareas que figuran en la agenda. Pero cualquier movimiento que se produzca en ese sentido tiene que ser realizado por consentimiento de los accionistas, grandes y pequeños. Que no sea por el desamparo ante una deriva provocada por las acometidas de los especuladores.

Postdata: La Comisión Nacional del Mercado de Valores acaba de suspender las operaciones en corto de carácter especulativo sobre Liberbank hasta el próximo 12 de julio. Es decir, la cotización de la entidad queda un mes a salvo de la actuación de los malvados. Lo normal a partir de hoy es que el valor corrija el rumbo y vuelva a precios razonables. Otra cosa es que los bajistas dirijan ahora sus ataques contra otros valores. El regulador tendrá que estar muy atento e intervenir con mayor celeridad.