El Comercio
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Fecha: octubre 12, 2017
Los adjetivos del dinero
Ángel M. González 12-10-2017 | 11:54 | 0

La primera mandataria municipal aprovechó el acto del partido de apertura del curso político para señalar los adjetivos del proyecto de presupuestos que tiene en mente el gobierno local para el próximo año: austero, social y comprometido con el empleo. Austero porque seguirá incidiendo en el recorte del gasto corriente y en la reducción de la deuda. Social, en tanto que mantendrá el esfuerzo que ha venido realizando el Ayuntamiento para potenciar los servicios a la población más necesitada y comprometido con el empleo, lo que requerirá actuaciones inversoras y desembolso en planes que promuevan la generación de puestos de trabajo y riqueza en la ciudad.
Se puede decir que las líneas marcadas por Carmen Moriyón son las mismas que se fijaron para la definición de las cuentas que Foro logró sacar adelante para este año con la aquiescencia de la izquierda ortodoxa y por lo tanto supondrían una continuidad de lo que se ha venido haciendo hasta ahora. Sin embargo, aventuro que se presenta una negociación difícil para la alcaldesa y su equipo. Los grupos que la respaldaron en su momento, unas veces en la oposición y otras como aliados, llevan tiempo enseñando los dientes y todo parece indicar que colocarán el listón bien alto antes de otorgar a la dirigente forista la posibilidad de que afronte su tercer mandato con un nuevo voto de confianza a través de los dineros. De momento, hoy por hoy, el escenario más probable es la prórroga. No es la primera vez que lo digo, es la segunda y lo repito a partir de lo que ha sucedido esta misma semana con el acuerdo imposible en la comisión de Hacienda sobre las ordenanzas fiscales, que al fin y al cabo son la fuente de alimentación de las actuaciones que luego se plasmen en el papel. Una fuente que, al final, necesita crecer para atender los compromisos que se van adquiriendo, incluida la renta social. Precisamente su extensión a todas aquellas personas que no lograron acceder a la prestación amenaza con convertirse en uno de los mayores escollos para renovar el entendimiento.
No existe acuerdo sobre las figuras en las que el Ayuntamiento puede incidir para mejorar sus niveles de ingresos, aunque sí hay que saludar con cierto alivio que nos hayamos librado, al menos de momento, de la instauración del mal llamado ‘IBI de los ricos’, el IBI diferenciado, porque hubiera sido una equivocación, de la misma manera que lo ha sido en Oviedo por decisión del tripartito. Los socialistas dieron marcha atrás a una iniciativa que de llevarla adelante tal como estaba planteada hubiera sido un error garrafal. Corregir a tiempo es de sabios, pero conociendo la normativa y la ciudad, con un análisis previo del alcance que podría tener la medida, se hubieran ahorrado el desgaste que supone el viaje de ida y vuelta que hicieron con la popular idea en compañía de Xixón Sí Puede e IU. El impuesto conllevaría un incremento sustancial para equipamientos notables de Gijón que necesitan precisamente reducir costes para aumentar su ocupación. El PSOE retiró su propuesta para frustración del resto de fuerzas de la izquierda con el argumento de que pensaba que afectaría a otras corporaciones. Uno se pregunta a qué corporaciones se refieren los representantes del grupo municipal socialista, más allá, por ejemplo, de eléctricas, telefónicas y bancos, que todo parece indicar que sufrirán también una elevación de sus aportaciones por la vía de la utilización del espacio público para sus infraestructuras. Teniendo en cuenta los límites que establece la norma era fácil caer en la discriminación.

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Vertidos por tierra, mar y aire
Ángel M. González 12-10-2017 | 11:53 | 0

Los asuntos ambientales se han convertido no solo en un reto sino en un gran problema para los gestores de lo público en esta región. El consejero Fernando Lastra, que está destacando por su sinceridad en evidente contraste con lo que había antes, así lo reconoció en el último encuentro que mantuvo con los ayuntamientos para explicarles las líneas maestras del nuevo plan de residuos. Un plan que hay que implantar a la trágala porque hemos estamos entretenidos más de década y media sobre si quemamos o no la basura, mientras acumulábamos los desperdicios bien mezcladitos en el vertedero hasta rebosarlo. El tiempo ha pasado y ahora nos vemos apurados para cumplir los deberes fijados por las autoridades comunitarias en tanto los políticos se tiran los trastos y la inmensa mayoría de los ciudadanos mantenemos la cómoda costumbre de arrojarlo todo en la bolsa de plástico del supermercado donde hicimos la compra. Eso sí que cierra el círculo.

Tenemos hasta 2020 para acabar con un hábito que, pese a las machaconas campañas de concienciación, no se ha logrado modificar en veinte años. Es más fácil cambiar de casa, de amigos o de pareja que de manera de tirar la basura. Los ayuntamientos tienen que triplicar, en algunos casos cuadruplicar, el porcentaje de residuos que reciclan en origen sus empadronados para llegar a ese objetivo del cincuenta por ciento que marca la legislación europea y el cumplimiento se presenta harto difícil. Así que lo que no hicimos hasta ahora lo vamos a tener que hacer deprisa y corriendo con un tremendo coste para todos. Aún no está claro si se incentivará al ciudadano por separar los desperdicios en el domicilio o si se enfrentará a una buena multa por continuar haciéndolo como siempre, ejemplos en Europa hay de todo tipo, pero lo que verdaderamente resulta irremediable es que el recibo será mucho más alto. El Ayuntamiento de Gijón, que lleva unos años congelando la tasa, planteó una subida de hasta el 10 por ciento en la recogida que finalmente quedó frenada por la oposición, al tiempo que protestaba con altavoz por el salvaje incremento de tarifas que prepara el consorcio para pagar el plan de los residuos. Por lo tanto, de una manera u otra, tarde o temprano, el rejón va a ser inevitable.

Como inevitable es adoptar medidas para reducir la polución. El último informe ministerial, el mismo que llega a los despachos de Bruselas, sitúa a la zona central de Asturias a la cabeza en la emisión de las micropartículas nocivas para la salud, las llamadas PM10, y en Gijón se registra la mayor concentración. El propio consejero reconoció ante los parlamentarios asturianos lo que los vecinos han venido denunciando constantemente en los últimos tiempos. Por la noche se han detectado valores muy por encima de los límites que permite la ley en la zona oeste de la ciudad. Veneno con nocturnidad y alevosía. Todos los tiros apuntan a Arcelor, que se defiende insistiendo en que cumple la normativa medioambiental, cuestionando la fiabilidad de los datos de las estaciones medidoras y recordando que en el enclave hay más empresas. Los episodios de contaminación nocturna urgen una aclaración. No se puede mantener a una empresa bajo sospecha permanente ni mucho menos a los gijoneses expuestos a la amenaza del veneno invisible. La situación es suficientemente grave como para exigir la aplicación con celeridad de las medidas correctoras en aquellas instalaciones que expulsan las sustancias dañinas.

Y por último, los vertidos al mar. La autorización por parte de los tribunales para que la depuradora del este pueda arrancar los sistemas de pretratamiento es una buena noticia para la ciudad, aunque un golpe para los vecinos de El Pisón. La justicia ha tenido en cuenta el interés general para adoptar la decisión, pese a que las labores de filtrado para las que se obtiene ahora permiso solo palían en muy pequeña proporción la porquería que se arroja por el emisario de Peñarrubia. Corrige en parte la gran chapuza administrativa cometida con la planta y abre el camino a su total absolución.

 

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