El Comercio
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Cuestión de ayudas, cosas de tasas
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Ángel M. González | 26-01-2018 | 10:53

La claridad permite ver mejor el camino. Pone los obstáculos al descubierto, favorece el paso y garantiza que se pueda recorrer la senda con seguridad. La claridad en la explicación no abunda en los políticos, es una cualidad que deberían de cultivar más. Son especialistas del rodeo para generar expectativas que la mayor parte de las veces se desbaratan porque alguien, en un momento determinado, expresa con franqueza que una cosa es yo y otra, mis circunstancias.

No todo depende de la buena voluntad, como la que ha mostrado Balearia, que una  vez más ha evidenciado su interés en reactivar la autopista del mar, aunque la expresión del deseo no es aval suficiente para que el buque llegue a puerto. Existen esas otras circunstancias, condiciones en este caso, que determinan la recuperación por la naviera española de la línea desaparecida hace ya tres años.

Es de agradecer la sinceridad de don Guillermo Alomar, director de Flota de la compañía, que esta semana colocó puntos sobre las íes en el proyecto del ferry. Balearia tiene el barco idóneo para cubrir la ruta, una nave propulsada con gas natural licuado, de 185 metros de eslora, 2.800 metros lineales para llevar vehículos y una capacidad para 850 pasajeros. Reúne todas las características para reabrir la línea combinando el transporte de turistas y el de camiones.

Pero faltan por concretar dos aspectos esenciales a los que se refirió el señor Alomar: las ayudas europeas y las tasas portuarias. La empresa de Adolfo Utor y Abel Matutes, como establece la lógica, no quiere correr el riesgo de que la conexión vuelva a ser un fracaso. Las cuentas salen si la línea resulta atractiva y viable desde el minuto cero. Es decir, seguimos estando como estábamos: sin plazos para su puerta en marcha, a expensas de conocer las subvenciones para los primeros años y de negociar las tarifas que llegaría a cobrar el puerto.

A propósito de tasas y tráficos, aunque cambiando de tercio, uno se pregunta qué hará Adif y el Gobierno asturiano con la espantada de Ence en el ramal ferroviario de Navia. El Tribunal de Cuentas ha planteado estos días a Feve dos salidas: negocias o reclamas. Recapitulemos. Hace siete años, el Ejecutivo del señor Areces firmó un acuerdo con el operador de trenes y la empresa papelera para construir un ramal que conectara la factoría naviera con la línea ferroviaria y pudiera exportar sus mercancías por El Musel. La inversión alcanzaba los nueve millones, de los que cinco eran aportados a partes iguales por el Principado y Feve y el resto, dos millones, por la compañía. Cuando empezaron las obras reacciona la Xunta de Galicia. El presidente Feijóo da un golpe en la mesa, de aquello ni hablar, y rebaja las tasas del puerto de Ribadeo para Ence en un sesenta por ciento, además de otras concesiones. La ejecución del ramal queda paralizada y desde entonces la fábrica de Navia, ampliada con subvenciones de aquí, envía la pasta de papel en camiones hasta el embarcadero gallego de más allá de la raya.

Ahora el órgano fiscalizador, después de examinar las cuentas de Feve, pide que no se haga estrecha como la vía, de tal manera que o bien hace lo posible para reactivar el convenio o denuncia al grupo papelero para exigirle una indemnización por daños y perjuicios. Pasado desde entonces tanto tiempo, parece increíble que tenga que ser dicho tribunal el que le ponga deberes a la empresa pública después de tomarle la lección. Mientras, la Administración regional, que también se ha dejado unos cuartos en el asunto, se mantiene impasible.

Cosas como estas, por otro lado, no van en las agendas de las cumbres entre primos y hermanos. Ya nos pasó también con el ferry, que no para de sacar productos desde Vigo. Asturias y Galicia van de la mano para que el Noroeste no pierda el enganche con el corredor del Atlántico, pero cuando uno se despista el que corre es el otro llevándote la cartera.