El Comercio
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Autor: agonzalez
La ciudad de los niños
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Ángel M. González | 19-11-2017 | 6:23| 0

Hace veinticinco años en la localidad italiana de Fano se puso en marcha un experimento para observar el comportamiento infantil en el entorno urbano. La conclusión, en resumen, era que la urbe suponía un medio hostil para los chavales, que se estaba desarrollando sin tener en cuenta las necesidades de sus habitantes más pequeños y los riesgos para ellos aumentaban conforme la modernización, entre comillas, iba ocupando espacios. El piloto de aquella experiencia, el pedagogo Francesco Tonucci, recogió los resultados en un libro que lleva por título ‘La ciudad de los niños’, que se convirtió con el tiempo en fuente de inspiración para sociólogos, educadores, urbanistas y políticos preocupados por conseguir un ambiente urbano mucho más favorable a la población infantil y juvenil. Tonucci, entre otras cuestiones, promulga en este interesante manual la idea de tomar como referencia a los infantes a la hora de establecer la planificación urbanística porque, a su entender, «la diversidad intrínseca de los niños es garantía de todas las diversidades». Y para ello sostiene que, con el fin de conocer lo que realmente necesitan para que ese entorno del que hablamos sea amable, además de la sensibilidad conveniente, no hay más alternativa que escucharles.
Todo esto viene al caso de la propuesta que esta semana lanzó la concejala Eva Illán para enriquecer los presupuestos participativos y, de paso, defenderse de las acusaciones de oposición y vecinos tras el aplazamiento de las reuniones de los grupos de trabajo. La edil plantea dar voz y voto a los menores a partir de ocho años para que decidan el destino de una partida de inversiones, todavía sin cuantificar, dentro del proceso de participación ciudadana sobre el uso del dinero municipal. La iniciativa no ha tenido mala acogida entre el resto de los partidos, con las salvedades correspondientes, y creo sinceramente que la opción que se abre a partir de la sugerencia de la concejala puede poner en valor el modelo participativo experimentado en Gijón hasta ahora. Un sistema cuestionado, donde determinados grupos actúan como lobbies para conseguir dándole al clic lo que no logran por otras vías. Aunque soy un fan de los animales, tengo la sensación de que a veces nos preocupamos más por el bienestar de las mascotas que por las carencias de nuestros hijos.
Alguien pensará que la participación infantil llevaría a plantear la ciudad de los globos de helio, edificios pintados de colores o máquinas expendedoras de chuches gratis por las calles. Estoy convencido de que no sería así. Los niños y los adolescentes, con una mínima motivación, tienen capacidad suficiente para aportar con sensatez e imaginación ideas para mejorar la sociedad en la que viven desde una percepción distinta a la que hacemos los adultos. Es una pena, por ejemplo, que determinados aspectos de la planificación urbanística o de la movilidad, que tan directamente afectan a la vida de los gijoneses y con los que se fabrica el progreso, no sean examinados al menos por esta importante parte de la población a través de debates en los colegios o en consejos creados para la ocasión. Seguro que nos llevaríamos alguna sorpresa. Posiblemente tendríamos que abrir más espacios públicos para el disfrute de los ciudadanos, menos lugares para los coches, más para las bicicletas y los patinetes, un transporte ecológico, mejor accesibilidad, recintos cubiertos para la diversión y el ocio, wifi pública en la totalidad del concejo, zonas gratis de internet y videojuegos, etcétera. En definitiva, nos obligaría a repensar para construir una ciudad distinta, agradable y válida para todos.

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Las vías de la perseverancia
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Ángel M. González | 17-10-2017 | 1:22| 0

“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», dice la referencia bíblica a la hora de determinar el justo reparto de tributos, que también sirve para establecer los reconocimientos que en un momento determinado puede llegar a tener cada uno de los actores que intervienen en el escenario. Vale, por lo tanto, para fijar los honores del nuevo plan de vías ahora pendiente de conveniar por escrito como es debido después del anuncio que nos brindó el concejal y buen escudero don Fernando Couto en un pleno en el que el mayor interés no estaba, precisamente, en el asunto ferroviario sino en la imposibilidad del gobierno local de mejorar las fuentes para obtener más dinero. Pero bueno, de vez en cuando se producen noticias que hacen girar el rumbo y en este caso el compromiso del Ministerio de Fomento para soterrar las vías de Renfe y Feve hasta el apeadero de La Calzada es, desde luego, para estar de enhorabuena.
Ya lo dijimos en otra ocasión, pero volvemos a saludar el consenso alcanzado entre las tres administraciones de color distinto en torno al nuevo proyecto ferroviario que cruza la ciudad de oeste a este, todas participan como es lógico de los méritos, pero digno también es reconocer el empeño de la alcaldesa y su equipo y del propio movimiento vecinal para sacar del atolladero un plan que lleva más de una década a la deriva.
El 29 de enero de 2015, un jueves por la tarde, la regidora mantenía un encuentro con vecinos de la zona oeste en el Ateneo Obrero de La Calzada en el que ponía de manifiesto las tres condiciones irrenunciables para recuperar el plan de integración ferroviaria de Gijón. La primera, la necesidad de financiación del gobierno central porque con la venta de las parcelas por sí sola era imposible llevar adelante el proyecto; la segunda, acercar la estación intermodal más al Humedal para recuperar la centralidad perdida, y la tercera, la prolongación del soterramiento hasta el apeadero para cerrar la herida que dividía la ciudad en dos. Carmen Moriyón logró concitar la unidad política y social suficiente para relanzar el plan de vías con aquellas tres premisas y, además, el compromiso de Fomento de recuperar la extensión del metrotrén hasta Cabueñes. Es cierto que tuvo la suerte de encontrar un talante radicalmente distinto con los cambios de responsables en el Ministerio y en la Consejería de Infraestructuras, pero el mayor triunfo ha venido de la mano de la perseverancia. Dos años y medio después puede presumir de ello.
Ahora bien, además de plasmar todos los compromisos por escrito, resta lo más difícil, la consignación presupuestaria y la definición de los plazos. El borrador que ya manejan las tres partes prevé siete años mínimo para acometer la nueva estación y empezar a usar el metrotrén. Es decir, no vamos a ver trenes circulando por las nuevas infraestructuras al menos hasta 2026 en el caso de que se inicien las obras en el próximo periodo electoral, que es lo que pretenden los protagonistas, y ello si no se producen contratiempos en los dineros o en el desarrollo de los proyectos.
Porque puede ocurrir que, en virtud de los planes que parece defender Fomento, estrenemos estación central pero sigamos con el tunelón desde el Humedal hasta Viesques cerrado por inhabilitación. Ya no digo la ampliación hasta Cabueñes, que de momento queda fuera de cronograma, pero sobre el metrotrén me quedo con los planteamientos que concejal del PSOE explicaba en la entrevista publicada por este periódico el pasado domingo. Decía José María Pérez que era necesario realizar a la vez la construcción de la terminal intermodal y las obras vinculadas al túnel que están pendientes, su equipación y las estaciones urbanas, para que entre en funcionamiento todo al mismo tiempo. Desde luego, es lo lógico. Llegados hasta este punto, lo más correcto. El Ayuntamiento ha pedido al ministerio que inicie el vaciado del agua del túnel a finales del próximo año. Es la primera tarea para atender la consideración del portavoz socialista.

Posdata: con agua o sin ella lo que hay que evitar es que el tunelón sea un parque de aventura clandestino. La entrada de jóvenes en el interior del tubo como el que va de romería supone una temeridad por los riesgos que entraña para los chavales que lo hacen. Tal irresponsabilidad hay que cortarla de raíz de forma inmediata. Ya no es un problema de falta de mantenimiento sino de dejación y descontrol. Resulta urgente blindar todos los accesos cuanto antes no vaya a ser que por una imprudencia algún día tengamos que lamentar lo que nadie desea.

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Los adjetivos del dinero
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Ángel M. González | 12-10-2017 | 11:54| 0

La primera mandataria municipal aprovechó el acto del partido de apertura del curso político para señalar los adjetivos del proyecto de presupuestos que tiene en mente el gobierno local para el próximo año: austero, social y comprometido con el empleo. Austero porque seguirá incidiendo en el recorte del gasto corriente y en la reducción de la deuda. Social, en tanto que mantendrá el esfuerzo que ha venido realizando el Ayuntamiento para potenciar los servicios a la población más necesitada y comprometido con el empleo, lo que requerirá actuaciones inversoras y desembolso en planes que promuevan la generación de puestos de trabajo y riqueza en la ciudad.
Se puede decir que las líneas marcadas por Carmen Moriyón son las mismas que se fijaron para la definición de las cuentas que Foro logró sacar adelante para este año con la aquiescencia de la izquierda ortodoxa y por lo tanto supondrían una continuidad de lo que se ha venido haciendo hasta ahora. Sin embargo, aventuro que se presenta una negociación difícil para la alcaldesa y su equipo. Los grupos que la respaldaron en su momento, unas veces en la oposición y otras como aliados, llevan tiempo enseñando los dientes y todo parece indicar que colocarán el listón bien alto antes de otorgar a la dirigente forista la posibilidad de que afronte su tercer mandato con un nuevo voto de confianza a través de los dineros. De momento, hoy por hoy, el escenario más probable es la prórroga. No es la primera vez que lo digo, es la segunda y lo repito a partir de lo que ha sucedido esta misma semana con el acuerdo imposible en la comisión de Hacienda sobre las ordenanzas fiscales, que al fin y al cabo son la fuente de alimentación de las actuaciones que luego se plasmen en el papel. Una fuente que, al final, necesita crecer para atender los compromisos que se van adquiriendo, incluida la renta social. Precisamente su extensión a todas aquellas personas que no lograron acceder a la prestación amenaza con convertirse en uno de los mayores escollos para renovar el entendimiento.
No existe acuerdo sobre las figuras en las que el Ayuntamiento puede incidir para mejorar sus niveles de ingresos, aunque sí hay que saludar con cierto alivio que nos hayamos librado, al menos de momento, de la instauración del mal llamado ‘IBI de los ricos’, el IBI diferenciado, porque hubiera sido una equivocación, de la misma manera que lo ha sido en Oviedo por decisión del tripartito. Los socialistas dieron marcha atrás a una iniciativa que de llevarla adelante tal como estaba planteada hubiera sido un error garrafal. Corregir a tiempo es de sabios, pero conociendo la normativa y la ciudad, con un análisis previo del alcance que podría tener la medida, se hubieran ahorrado el desgaste que supone el viaje de ida y vuelta que hicieron con la popular idea en compañía de Xixón Sí Puede e IU. El impuesto conllevaría un incremento sustancial para equipamientos notables de Gijón que necesitan precisamente reducir costes para aumentar su ocupación. El PSOE retiró su propuesta para frustración del resto de fuerzas de la izquierda con el argumento de que pensaba que afectaría a otras corporaciones. Uno se pregunta a qué corporaciones se refieren los representantes del grupo municipal socialista, más allá, por ejemplo, de eléctricas, telefónicas y bancos, que todo parece indicar que sufrirán también una elevación de sus aportaciones por la vía de la utilización del espacio público para sus infraestructuras. Teniendo en cuenta los límites que establece la norma era fácil caer en la discriminación.

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Vertidos por tierra, mar y aire
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Ángel M. González | 12-10-2017 | 11:53| 0

Los asuntos ambientales se han convertido no solo en un reto sino en un gran problema para los gestores de lo público en esta región. El consejero Fernando Lastra, que está destacando por su sinceridad en evidente contraste con lo que había antes, así lo reconoció en el último encuentro que mantuvo con los ayuntamientos para explicarles las líneas maestras del nuevo plan de residuos. Un plan que hay que implantar a la trágala porque hemos estamos entretenidos más de década y media sobre si quemamos o no la basura, mientras acumulábamos los desperdicios bien mezcladitos en el vertedero hasta rebosarlo. El tiempo ha pasado y ahora nos vemos apurados para cumplir los deberes fijados por las autoridades comunitarias en tanto los políticos se tiran los trastos y la inmensa mayoría de los ciudadanos mantenemos la cómoda costumbre de arrojarlo todo en la bolsa de plástico del supermercado donde hicimos la compra. Eso sí que cierra el círculo.

Tenemos hasta 2020 para acabar con un hábito que, pese a las machaconas campañas de concienciación, no se ha logrado modificar en veinte años. Es más fácil cambiar de casa, de amigos o de pareja que de manera de tirar la basura. Los ayuntamientos tienen que triplicar, en algunos casos cuadruplicar, el porcentaje de residuos que reciclan en origen sus empadronados para llegar a ese objetivo del cincuenta por ciento que marca la legislación europea y el cumplimiento se presenta harto difícil. Así que lo que no hicimos hasta ahora lo vamos a tener que hacer deprisa y corriendo con un tremendo coste para todos. Aún no está claro si se incentivará al ciudadano por separar los desperdicios en el domicilio o si se enfrentará a una buena multa por continuar haciéndolo como siempre, ejemplos en Europa hay de todo tipo, pero lo que verdaderamente resulta irremediable es que el recibo será mucho más alto. El Ayuntamiento de Gijón, que lleva unos años congelando la tasa, planteó una subida de hasta el 10 por ciento en la recogida que finalmente quedó frenada por la oposición, al tiempo que protestaba con altavoz por el salvaje incremento de tarifas que prepara el consorcio para pagar el plan de los residuos. Por lo tanto, de una manera u otra, tarde o temprano, el rejón va a ser inevitable.

Como inevitable es adoptar medidas para reducir la polución. El último informe ministerial, el mismo que llega a los despachos de Bruselas, sitúa a la zona central de Asturias a la cabeza en la emisión de las micropartículas nocivas para la salud, las llamadas PM10, y en Gijón se registra la mayor concentración. El propio consejero reconoció ante los parlamentarios asturianos lo que los vecinos han venido denunciando constantemente en los últimos tiempos. Por la noche se han detectado valores muy por encima de los límites que permite la ley en la zona oeste de la ciudad. Veneno con nocturnidad y alevosía. Todos los tiros apuntan a Arcelor, que se defiende insistiendo en que cumple la normativa medioambiental, cuestionando la fiabilidad de los datos de las estaciones medidoras y recordando que en el enclave hay más empresas. Los episodios de contaminación nocturna urgen una aclaración. No se puede mantener a una empresa bajo sospecha permanente ni mucho menos a los gijoneses expuestos a la amenaza del veneno invisible. La situación es suficientemente grave como para exigir la aplicación con celeridad de las medidas correctoras en aquellas instalaciones que expulsan las sustancias dañinas.

Y por último, los vertidos al mar. La autorización por parte de los tribunales para que la depuradora del este pueda arrancar los sistemas de pretratamiento es una buena noticia para la ciudad, aunque un golpe para los vecinos de El Pisón. La justicia ha tenido en cuenta el interés general para adoptar la decisión, pese a que las labores de filtrado para las que se obtiene ahora permiso solo palían en muy pequeña proporción la porquería que se arroja por el emisario de Peñarrubia. Corrige en parte la gran chapuza administrativa cometida con la planta y abre el camino a su total absolución.

 

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El papeleo de las obras
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Ángel M. González | 26-09-2017 | 1:27| 0

Tiene razón la alcaldesa. «Solo faltaría que tuviéramos consenso con los partidos políticos y no lo tuviéramos con los vecinos», señalaba Carmen Moriyón en una comparecencia ante los periodistas para hacer balance de las obras e intentar apaciguar las protestas de la federación vecinal. La afirmación de la regidora da que pensar. Uno se pregunta si hubo alguna vez que los grupos que se sientan en el plenario, tan plural y representativo, pactaran los presupuestos, que es a lo que se refiere la primera edil, sin tener en cuenta los intereses generales de los ciudadanos. La misión de los partidos, precisamente, es canalizar las necesidades de los vecinos, los que les eligieron y los que no: escucharles, conocer sus preocupaciones, atender sus peticiones de la mejor manera posible, ir estableciendo prioridades y ejecutarlas. Hay el que tiene la responsabilidad de administrar y cumplir lo acordado, el que gobierna, y otro de velar para que todo ello se cumpla, la oposición. Por lo tanto, faltaría más que las cuentas se acordaran en contra de la opinión vecinal. En términos futbolísticos, sería meterse un gol en propia puerta. En términos de actuación política, la deslegitimación.
Todo ello viene a colación de las obras, que suscitan amores y odios, trastornos y satisfacciones. Hace ya algún tiempo que la alcaldesa tomó las riendas del asunto cuando arreciaron las críticas por los fallos y retrasos que llevaron a poner en cuestión la capacidad de la concejalía correspondiente, pero claro esto de las reformas y las zanjas son material sensible, siempre genera algún que otro descontento y siempre habrá alguien que muestre su disconformidad. Después de lo de la calle Aguado, tenemos el dichoso ‘Kilometrín’ y la chapuza de Marqués de San Esteban, muy guapo en el plano pero de nefasta ejecución, dos actuaciones que ensombrecen de manera injusta el trabajo municipal en este campo.
De la comparecencia de Moriyón extraigo algunos datos. El Ayuntamiento presupuestó en dos años la realización de 215 obras: sesenta y cuatro están terminadas, ochenta y dos en ejecución, treinta y nueve en proceso de licitación y contratación, veinticuatro en proyecto y seis fueron finalmente desestimadas o el contrato rescindido. El balance, por lo tanto, no parece ser tan pobre a tenor de la información. Gijón, de hecho, es la ciudad asturiana de largo con mayor inversión municipal para estos cometidos. Pero lo que causa cierta perplejidad es la procelosa tramitación de los expedientes, que hace que desde que se decide acometer una obra hasta que realmente se inicia pasa el tiempo desesperadamente. El camino que debe recorrer el proyecto, una vez esbozado, en lugar de acortarse se ha burocratizado mucho más. Antes de llegar a contratación tiene que pasar por unos cuantos despachos, empezando por intervención, y llevar el sello de cada uno de los departamentos que vigilan el cumplimiento de las cláusulas sociales, la calidad del empleo, la ausencia de discriminación laboral por la razón que sea o el respeto al medio ambiente. Esta fiscalización, indudablemente positiva, provoca sin embargo la dilación del papeleo. Difícilmente se pueden acometer las obras en el ejercicio presupuestario comprometido con semejantes vueltas a los dossieres. Provengan de la participación vecinal o no.
El Ayuntamiento ha establecido un sistema de control semanal por una comisión mixta de técnicos para resolver los posibles atascos, una solución que puede impedir vueltas innecesarias, pero el proceso desde que se tiene la idea hasta que se ponen las máquinas en marcha necesita un toque más de agilidad. Moriyón ha prometido a los vecinos abrir un espacio en la web municipal con el fin de dar a conocer, a tiempo real, el punto donde se encuentra cada expediente. Quizás el chequeo digital pueda servir para empujar.

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