El Comercio
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Autor: agonzalez
Las tasas a los lobbies
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Ángel M. González | 12-07-2017 | 1:55| 0

La concejala de Hacienda ha abierto la discusión municipal sobre la fiscalidad que aplicará el próximo año el Ayuntamiento con el fin de ir preparando con tiempo los presupuestos. Todos los grupos políticos, en mayor o menor medida, son partidarios de la congelación general de los tributos con las matizaciones que cada uno hace en cuanto a bonificaciones o mayores gravámenes en la contribución por bienes inmuebles e instalaciones. Todos salvo el PP, que plantea la rebaja a lo grande, incluso en el IVA cultural de los abonos para ir a los toros, y la supresión de un buen número de tasas y precios públicos que mermaría de forma considerable la recaudación. El problema es que los populares no han explicado de qué manera cuadrarían después las cuentas en un ejercicio que requerirá un esfuerzo notable en el gasto y mayor inversión para acompañar la recuperación de la economía desde la administración local.
La señora Ana Braña ha preparado el esbozo de la junta de gobierno para las ordenanzas fiscales bajo tres premisas: mantener coeficientes, porcentajes y precios actuales en la mayor parte de los tributos, subir un cinco por ciento la recogida de la basura para costear el reciclaje y los servicios del Patronato Deportivo Municipal y meterle mano en el bolsillo a las empresas eléctricas, gasísticas, de carburantes, compañías telefónicas y bancos para elevar los ingresos.
El equipo de Moriyón, por lo tanto, opta por el ‘modelo Carmena’ para gravar los activos de las firmas más poderosas del Ibex a partir de lo que establece una legislación que hasta hace bien poco era inaplicable por las presiones, los obstáculos y la defensa ejercida por los lobbies. Las tasas sobre las infraestructuras de todas estas compañías están amparadas por la ley reguladora de las haciendas locales de 2004, que establece el pago en virtud de los tendidos extendidos por el concejo y el 1,5 por ciento de su facturación en el municipio.
Este paraguas legal, cuya aplicación ha llevado a una batalla judicial de las empresas con los ayuntamientos que osaron poner en marcha los gravámenes por las distintas interpretaciones sobre el carácter de las instalaciones, ha obtenido ahora los parabienes del Supremo para alivio de las administraciones. De la misma manera que el hostelero contribuye por su terraza o el titular de un garaje por el vado, estas compañías tienen el deber de liquidar el tributo correspondiente por la ocupación del dominio público, sea mediante una línea, una tubería o un cajero automático. Resulta de justicia.
Por lo tanto, se abre para el Ayuntamiento gijonés una fuente de ingresos irrenunciable, que puede compensar con creces la congelación del resto de los impuestos que componen el catálogo fiscal del municipio en beneficio de todos los ciudadanos. Más aún cuando el consistorio necesita aumentar la recaudación para poder atender los compromisos derivados de la puesta en marcha de la renta social, sin emprender recortes en otros gastos ni renunciar a incrementar la calidad de vida de los gijoneses a través de más y mejores servicios y dotaciones.
Las empresas han venido advirtiendo en todos estos años que las tasas municipales acabarán repercutiendo en los costes para los usuarios. Es decir, que están dispuestos a incrementar a sus clientes el importe final del recibo del gas, de la luz y del teléfono o las comisiones por la utilización del cajero para atender al pago de los impuestos. O sea, chantaje emocional.

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El consejero astuto
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Ángel M. González | 07-07-2017 | 5:39| 0

Como se diría en términos bursátiles, Fernando Lastra se ha estrenado en el Gobierno de Javier Fernández con un subidón. El nuevo consejero de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente cotiza al alza en la tarea de recomponer los desaguisados de su antecesora. Su encuentro con la alcaldesa de Gijón nada más tomar posesión como nuevo miembro del Ejecutivo regional es una demostración de la gran astucia de este sabueso de la política asturiana. Lastra eligió el plan de vías de Gijón para propinar el primer golpe de efecto de su mandato con una rectificación en toda regla de la posición mantenida hasta el último momento por la cuestionada Belén Fernández. No tenía más remedio.
El enrocamiento del Principado y del PSOE local en el rechazo al nuevo proyecto de integración ferroviaria planteado por el ministro de Fomento hubiera sido un suicidio. El pan que trajo bajo el brazo Íñigo de la Serna para impulsar su ejecución era muy apetitoso. Un caramelo demasiado goloso para decir no a las primeras de cambio. Pero los socialistas tendrían que cambiar el discurso de manera radical con el fin de aceptar lo que para ellos era absolutamente inaceptable como la ubicación de la estación central junto al Museo del Ferrocarril y no en Moreda. Y qué mejor manera de hacerlo si quien tiene que asumirlo es una persona distinta a la que había repartido tantos mandobles en público contra la idea. Cambio de consejero, mensaje distinto, otro talante. Todo ello de un día para otro.
José María Pérez había calificado los quinientos millones de De la Serna para el plan de vías, la puesta en marcha del metrotrén y su ampliación hasta Cabueñes de propaganda electoral de la derecha y hay quien ve una contradicción con el apoyo expresado ahora por el flamante consejero. Nada más lejos de la realidad. La única manera de sacar rédito al proyecto es sumándose a él esgrimiendo el interés general, como lo ha hecho ahora el representante del Principado, y exigir desde esa posición el cumplimiento de los plazos y de la inversión comprometida. De esta forma, será más fácil desenmascarar al que vaya de farol.
Así que por primera vez desde que estamos gobernados a niveles distintos por tres administraciones de formaciones políticas diferentes tenemos el consenso sobre un esbozo con financiación comprometida para acometer la integración ferroviaria de la ciudad y la mayor operación urbanística del próximo decenio en Gijón.
Además, este giro de ciento ochenta grados puede abrir una etapa distinta en las relaciones entre el Ayuntamiento y el Principado para abordar otros asuntos relevantes para el nuevo consejero. Fernando Lastra se ha dejado llevar por el sentido común con su respaldo sin reparos al plan de vías, el que tantas veces se echa en falta en la política asturiana. A partir de ahora se siente legitimado para pedir la misma colaboración «constructiva» al gobierno local gijonés con el fin de sacar la Zona Logística Industrial del Principado de Asturias (ZALIA) de la asfixia económica, lograr un acuerdo sobre la ordenación del área metropolitana y resolver la situación de Sogepsa.
El presidente Javier Fernández, en la toma de posesión, fió una buena parte del éxito de lo que resta de legislatura a la capacidad de Fernando Lastra. ¿Será suficiente la sagacidad del veterano portavoz para salvar la acción de un gobierno cada vez más débil? La encomienda ha empezado por Gijón.

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La subida de la basura
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Ángel M. González | 26-06-2017 | 5:12| 0

Esteban Aparicio es uno de los concejales de moda. No porque sus apariciones sean estelares o extravagantes como se podría entender con tal apreciación, sino porque en las últimas semanas ha tenido más protagonismo que otros ediles del equipo que lleva las riendas municipales coincidiendo, por cierto, con el ecuador del mandato de la alcaldesa y su gobierno, sobre el que estos días se hacen tantos pronósticos e interpretaciones. Aparicio es un hombre vehemente, con sorna, de buena dialéctica y rápida reacción.
De esta forma, al responsable de la seguridad ciudadana no le duelen prendas en multar a la banda de gaitas ‘Villa de Xixón’ si actúa en la plaza del Lavaderu sin autorización. Sobre él pesa, por mencionar algún asunto, el cumplimiento de la ordenanza cívica que regula el botellón, de tal manera que si durante los fines de semana en Cimavilla o ahora en les fiestes de prau aparecen restos de jarana será porque alguien estuvo por la noche de copas en la calle. En este tema habrá más control. O el plan de movilidad, que nos quiere poner a todos los gijoneses a circular a veinte por hora por el centro de la ciudad, sea en coche, moto o autobús, cuando las zonas treinta no las respetan ni los que transitan en bicicleta por fuera del carril. Aquí se promete flexibilidad. O la reforma del modelo de gestión y funcionamiento jerárquico del voluntariado de protección civil, donde la solución es cambiar la cabeza.
Y la pajarita azul. El puerto deportivo de Gijón ha perdido la bandera de los mares limpios de Europa porque el muelle local se ha convertido en un vertedero, pero tenemos pajarita. Esta semana hemos visto al señor concejal posando henchido con la responsable de la Empresa Municipal de Limpiezas, doña Pilar Vázquez, en el paseo del Muro de San Lorenzo con la preciada figurita encerrada en una urna de metacrilato. El Ministerio de Medio Ambiente de la señora Isabel García Tejerina, la misma que no sabe todavía el destino de la depuradora del Este mientras vertemos libremente las aguas fecales al mar, ha distinguido al Ayuntamiento con el premio a la excelente gestión del reciclaje del papel y del cartón. En realidad, el galardón destaca el esfuerzo municipal por intentar alcanzar el objetivo marcado por las autoridades comunitarias sobre el uso del contenedor del mismo color que el reconocimiento, aunque estamos aún a la mitad del camino. Queda todavía mucha labor de concienciación.
Tres de cada cuatro ciudadanos continúan sin realizar la separación en origen de los residuos y siguen sin utilizar como es debido los depósitos instalados en la calle. Ni el azul, ni el verde ni el amarillo. Emulsa ha comenzado a habilitar un cuarto contenedor, el marrón, para completar la gama y cerrar el círculo de recogida de los desperdicios urbanos con la lógica reticencia vecinal al tener que usar la tarjeta ciudadana para poder arrojar los restos de la comida o los posos del café. O sea, el colmo del absurdo. Hacer difícil lo que a toda costa hay que facilitar.
La gestión de los residuos es un proceso muy costoso. Los puntos de recogida, los sistemas especiales de transporte, el tratamiento en Cogersa y las campañas de sensibilización requieren destinar una elevada cuantía de recursos económicos que comprometen las finanzas de la empresa municipal. Y con ello volvemos a nuestro concejal de la semana. Don Esteban Aparicio dejó caer, así como el que no quiere la cosa, que el próximo año el Ayuntamiento tendrá que subir la tasa de la basura, congelada desde hace varios años como una buena parte de las tarifas locales, para poder atender el gasto que supone el tema del reciclaje. Quizás la idea del edil sea una ‘boutade’, pero a buen seguro su compañera de Hacienda estará echando ya cuentas para ver en cuanto se puede aumentar la recaudación si sacamos los precios por los servicios públicos del frigorífico.

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El ciclo del agua
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Ángel M. González | 26-06-2017 | 5:10| 0

Agua de la buena, agua de la EMA», rezaba el eslogan de la etiqueta en las polémicas botellas que provocaron el levantamiento del ‘lobby’ de los embotelladores de agua del país. Desconozco quien tuvo la idea de distribuir entre los asistentes a los actos del Día del Medio Ambiente los botellines de 60 centilitros con agua del grifo perfectamente precintada, pero como operación de marketing ha sido genial. Si de algo podemos presumir los gijoneses, además de la playa y de El Molinón, es del agua que nos llega a casa por las cañerías. Un agua de procedencia distinta, de Cadasa, de la alta montaña de los Arrudos, de Deva o de Cabueñes, que recibe un tratamiento diferenciado en los filtros de La Perdiz para conseguir los estándares de calidad que ofrece al llegar a los domicilios. El agua de Gijón es de buena mesa. Tan segura y mineral como la que se precie. Podemos enchufar un cacharro de esos que la limpian hasta dejarla pura, purísima, pero existen poco manantiales que ofrezcan la certeza de que lo que bebes tiene la garantía de lo que sale por el grifo.
Por ello comprendo la protesta de los empresarios que compiten a diario en los estantes de los supermercados ante semejante osadía por parte de la empresa municipal. Bastante tienen quienes la envasan con cumplir las duras exigencias sanitarias y ambientales para ejercer su actividad y combatir diariamente en el mercado para que venga luego el listo de turno de la cosa pública y utilice lo que a ellos le diferencian. Con lo fácil que resulta abrir para salga el chorro y ya está. Por lo tanto, mejor cada uno en su sitio y a lo suyo. En todo caso, si se trata de promover su consumo hubiera sido más acertado que el dichoso envase de cortesía fuera de cristal, abierto eso sí, por aquello de concienciar a la ciudadana sobre la utilización de recipientes más amables con el entorno. El día que se repartió era precisamente para ello.
Y de lo que bebemos, a lo que vertemos. La incapacidad para poner en funcionamiento la depuradora del Este por decisión judicial impide cerrar el ciclo como es debido. El Ministerio de Medio Ambiente defiende volver a reactivar los sistemas de pretratamiento para eliminar la grasa y la arena de las aguas residuales que se desmantelaron antes de que la Justicia impidiera arrancar la nueva estación. Craso error cuando se decidió entonces prescindir de aquellos filtros, que ahora el departamento de doña Isabel García Tejerina se propone recuperar solo si la Audiencia Nacional lo permite.
Mientras, la Administración tramita un nuevo estudio de impacto ambiental que permita legalizar la construcción de El Pisón, cubierta verde camaleónica incluida. Desde hace año y medio los gijoneses vertemos los excrementos con absoluta libertad al mar por Peñarrubia y las autoridades competentes aún no han resuelto siquiera la respuesta al fallo judicial que bloquea la depuración. La tramitación se alarga mientras se deja caer que igual hay que buscar otra alternativa, es decir, una nueva ubicación para la instalación lejos del paraje vecinal. Treinta y seis millones de euros depositados en el inodoro, pendiente de que alguien pulse finalmente el botón de descarga.

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San Íñigo y el pequeño Manhattan
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Ángel M. González | 26-06-2017 | 5:08| 0

San Íñigo fue un santo de Calatayud allá por el año mil que tuvo fama de milagrero. La gente volcaba su fe en él por la experiencia de sus hechos. El pasado jueves, el ministro de Fomento vino a Gijón con un pan bajo el brazo y la firme intención de que los gijoneses recuperen la confianza en que aún son posibles las intervenciones divinas. Don Íñigo de la Serna, después de esta última visita, ha entrado en la relación de nominados para convertirse en uno de los ilustres de cuantos subieron a los altares. Ahora bien, sólo será colmado si el hecho «excepcional» al que se refirió con la inyección de dinero para desbloquear el plan de vías logra atravesar el trecho al que se comprometió en su estelar comparecencia.
Hay dos cuestiones dignas de resaltar de la nueva actitud ministerial. La primera, que por fin en Madrid se entendió que la mayor responsabilidad en la integración ferroviaria debe recaer en quienes tienen luego el cometido de que la infraestructura ofrezca el mejor servicio a la ciudad. Adif, como gestor estatal, y los operadores públicos tendrían que haber adquirido desde el principio el protagonismo que les corresponde. Por lo tanto, es de justicia que el Ministerio de Fomento, que ejerce la paternidad sobre ellos, asuma la obra para construir la nueva estación intermodal y la prolongación del túnel del metrotrén hasta el Hospital de Cabueñes, prometida con anterioridad por los gobiernos socialistas, para que el plan tenga realmente sentido y viabilidad. El anuncio de los 500 millones de inversión, desde ese punto de vista, no se puede interpretar como un regalo.
Y la segunda, que sí que realmente puede permitir avanzar, es el hecho de que no se tenga que esperar a hacer caja con la venta del suelo liberado para desarrollar el plan de vías. En ese sentido, la promesa de don Íñigo de adelantar el dinero es providencial. El salvavidas de todo el proyecto. Fomento pone la pasta mientras no lleguen las plusvalías, pero ello no quiere decir que renuncie a dar salida al ‘solarón’.
La buena nueva ministerial estuvo precedida de una decisión relevante, el encargo de Gijón al Norte de la comercialización del suelo a la consultora Knight Frank. A priori, la encomienda a una firma tan prestigiosa como esta multinacional de la intermediación inmobiliaria resulta un acierto.
Los intentos que se hicieron hasta ahora para obtener recursos mediante la venta de los terrenos liberados por el desmantelamiento de las viejas estaciones a través de la subasta pura y dura fueron un fracaso. El sistema del boletín oficial no ha funcionado, en buena parte por concidir con la mayor recesión económica de la historia reciente de este país, pero también porque la puesta en el mercado de las parcelas no fue acompañada por una actitud más proactiva en búsqueda de inversores interesados en ocupar el ‘solaron’. En Gijón al Norte se llegó a decir que no eran una agencia inmobiliaria. Es cierto, pero la labor comercial no se podía circunscribir al cartelón instalado en la plaza del Humedal anunciando la disponibilidad de suelo.
Knight Frank tiene una experiencia contrastada. Ha participado en el desarrollo de áreas residenciales del alto standing y gestiona los espacios de más de una docena de complejos comerciales en nuestro país, entre ellos el centro de Los Fresnos, propiedad del gigante holandés Redevco. En ese sentido, puede ser el enganche perfecto para conectar con grandes emprendedores inmobiliarios que transformen el recibidor de la ciudad. O sea, de nuestro particular Central Park al pequeño Manhattan. Cirugía milagrosa.

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