El Comercio
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Autor: agonzalez
Las obras del coche
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Ángel M. González | 16-05-2017 | 1:53| 0

Me he convertido en víctima de las obras como miles de convecinos de Gijón. Sufro con resignación las consecuencias evidentes de las reparaciones que se están haciendo en las calles en esta especie de loca carrera emprendida por el Ayuntamiento, a falta de proyectos estrella como aquellos que ilustraban la época de la borrachera, a la que esta semana aludió don Cristobal Montoro, el ministro que con habitual gracejo te limpia el bolsillo como si nada. Obras son amores, la afición de los alcaldones, en este caso alcaldesona, en momentos de necesaria abstemia como los que seguimos viviendo, digan lo que digan las estadísticas oficiales. Y soy de los que caen, una y otra vez, en la trampa, como buen animal de costumbres, de tal forma que, una y otra vez, me veo envuelto en el atasco. Ni rutas alternativas ni leches. Caigo en la red, de la misma manera que lo haces cuando a la vuelta de la esquina entras sin remedio en la zona de caza de conductores perjudicados acotada por la policía local.

Las obras siempre causan molestias. No conozco a nadie encantado de verse atrapado en un colapso, ni a ningún vecino feliz de tener que librar vallas para entrar en el portal, ni a ningún comerciante que reciba con gozo el trasiego de las máquinas, las nubes de polvo entrando por las tiendas y el olor a alquitrán. Pero una ciudad sin obras no es una ciudad, de la misma manera que no se concibe sin peatones ni coches, que es aquí donde realmente quería llegar.

Los arreglos que se están acometiendo en las calles tienen dos partes, dejan la calzada llana para disfrute de los usuarios y retranquean las paradas de autobuses allí en los sitios donde haya oportunidad. Así que con el nuevo aglomerado se gana en comodidad y fluidez para la circulación de los medios de locomoción públicos y privados. Cuán placentero resulta rodar por una vía recién pavimentada.

Hace tiempo que el coche se merecía algo así. Su utilización la hemos maltratado, se ha convertido en un objeto perseguible, molesto para el centro, un bicho ruidoso que nos envenena poco a poco, el causante de una buena parte de nuestros males al que se tiene que ir exterminando. De ahí, la obsesión cada vez mayor de expulsarlo del casco urbano.

Las peatonalizaciones han convertido Gijón en una ciudad más paseable, vital y acogedora. No cabe duda de que la experiencia ha sido buena, hasta el punto de que sería deseable su continuación con la conquista de más espacios para el viandante desde el límite de la carretera de la Costa hasta Cimadevilla. Pero también siguen pendientes otras asignaturas en materia de movilidad, además de completar la red de carriles bici, como un replanteamiento a fondo de la ORA. No es posible que haya quinientas tarjetas más de residentes que plazas de estacionamiento en zona azul. Encontrar a media mañana un hueco donde dejar el vehículo es jugar a la lotería. O habilitar más lugares de aparcamiento disuasorio, como se dice ahora. Sería un buen destino para los terrenos del plan de vías que no lucen el verde del ‘solarón’. Por ideas que no falten.

Si queremos que el coche, uno de los mejores inventos del siglo XX, siga teniendo futuro en nuestra ciudad no hay más remedio que mejorar su ordenación y hacer obras tan chinchantes como las que padecemos estos días.

 

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A propósito de la residencia
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Ángel M. González | 16-05-2017 | 1:51| 0

Gijón se ha convertido en zona oscura para la construcción. Podría aceptarse como premisa que la carencia de una planificación urbanística en toda regla no suponía hasta hace poco motivo real de preocupación ante la larga agonía sufrida por el sector como consecuencia de la gran depresión. Daba lo mismo que existiera norma o no porque nadie en plena recesión iba a colocar un ladrillo. El daño, en todo caso, sería para aquellos que tenían en perspectiva hacer negocio con el suelo adquirido para levantar viviendas en praos convertidos en fuente de riqueza mediante un papel cuya legalidad resultó invalidada por los tribunales. El tiempo ha ido transcurriendo, la crisis ha dejado de apretar las mandíbulas y empieza a haber movimientos que indican la cercana recuperación de una actividad, que llegó a ser intensa en empleo y producción. Sin embargo, seguimos sin definir el plan que permita sustentar ese despegue. En Gijón, ahora, empezamos a tener un grave problema. Una ciudad sin plan urbanístico retrasa su propio desarrollo. No podemos ser ajenos a cualquier atisbo de reactivación.

Todo ello viene a propósito del debate suscitado esta semana con el proyecto para construir la residencia de estudiantes en la parcela del campus universitario que tenía como destino la Semana Negra. El promotor no está dispuesto a iniciar la obra mientras no tenga la licencia definitiva. Tal como está trazado ese suelo en el PGO que se está tramitando, el permiso puede tardar más de dos años en recibirlo si las cosas van bien. Primero tiene que haber plan general y luego uno especial. Es decir, la residencia en cuestión puede irse al garete.

Don Fernando Couto, el concejal comandante del urbanismo, ha garantizado un cambio de oficio para que el empresario tenga la autorización correspondiente en dos meses, aprovechando la aprobación de las últimas alegaciones al plan. Hay que confiar que así sea, pero en materia tan sensible como la que estamos abordando la buena voluntad de los regidores no es suficiente. Si para todos los grupos políticos es prioritaria la residencia, y si tiene tanta importancia para la urbe que haya un plan general, se echa de menos mayor corresponsabilidad.

El empresario argumentaba la inseguridad jurídica en la que se podía encontrar el proyecto con las directrices del PGO. Esa desconfianza es precisamente la que puede llevar a Gijón a perder las oportunidades que buscan los inversores en los prolegómenos de la recuperación. La falta de plan, la inexistencia del catálogo urbanístico y la pelea política municipal está frenando el interés por el desarrollo de iniciativas inmobiliarias en esta ciudad.

Hablando de plazos, el gobierno local fía la aprobación final del documento para mediados del próximo año en el caso de que la tramitación vaya como es debido. Por ejemplo, depende de si la CUOTA falla en quince días o en cuatro meses, que está por ver. Más allá de ese calendario entramos en contienda electoral y los partidos, a las puertas de la batalla, empiezan a verse como enemigos, huyendo de alianzas y acuerdos para la causa que sea.

En paralelo, seguimos siendo incapaces de sacar adelante dos grandes actuaciones de cirugía urbanística. No tiene nada que ver una con la otra, pero la imagen que se transmite es similar. Al este, la transformación de la Ería del Piles lleva más una década dormitando por la indefinición, la guerra con los propietarios y ahora la crisis de la promotora, que ha pasado la pelota a los bancos. Al oeste, el ‘solarón’ convertido en ‘central park’, donde ni siquiera hay una idea clara del tamaño que tendrían que tener las parcelas para poder darles salida. Mientras, a veintiocho kilómetros al sur, un ‘pool’ de constructoras, alguna de ellas con un papel relevante en Gijón antes de que pinchara la burbuja, convertirá la entrada de la capital en un gran bulevar. El grupo de empresas destinarán más de 100 millones para la resurrección de El Vasco. Por aquí, ni se asoman.

 

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Doña Mercedes y la aldea gala
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Ángel M. González | 24-04-2017 | 1:56| 0

Tienen algo en común los responsables de la Administración autonómica y los primeros espadas de los partidos a nivel regional, que es su ausencia en Gijón. Son contadas con los dedos de una mano las veces que los miembros del Gobierno asturiano, presidente y consejeros, aparecen por estos lares para expresar en directo su acción en el Ejecutivo, por no decir que apenas pisan territorio salvo para dormir aquellos que tienen la suerte de tener aquí su residencia. Lo mismo sucede con los representantes de los grupos políticos que se sientan en la Junta General. Es como si esta plaza fuera la aldea gala para los ‘patricios de Ovetus’, un lugar al que solo se debe acudir con el fin de pedir el voto o hacerse selfies bien arropados.
Por ello resultan llamativas las apariciones de doña Mercedes Fernández González y sus ‘boys’ por la ciudad. La última, la ‘minicumbre’ entre diputados y concejales en el Parador Nacional Molino Viejo, que fue rematada con la retahíla de declaraciones de la lideresa popular sobre aves, gerentes y otras especies de animales a los que hay que devorar en el plato del poblado irreductible.
Desconozco si hay una estrategia detrás, encuestas que lo aconsejen, necesidad de reforzar mensajes, flancos que cubrir, caminos por recorrer, debilidades por corregir o cónclaves a la puerta, pero hace bien la presidenta del PP en desfilar un poquito más por la ciudad en la que también nació políticamente, ahora que ha tomado con fuerza las riendas de un partido tan pendiente de recuperar espacios perdidos.
Según el concepto clásico, política es la capacidad para ejercer el poder o aspirar a ejercerlo, tanto en los partidos como en las instituciones. Según el concepto moderno, el arte de la integración frente a la dominación. Cherines tiene un cometido por delante, la integración interna y externa. Gijón puede ser un buen escenario para iniciar esa tarea. ¿Será capaz la dama de conseguir el objetivo sin emplear sus técnicas más férreas?
Volviendo a la reunión del Parador, llama la atención, quizás sea simplemente una causalidad, que después del encuentro con la presidenta el concejal don Pablo González retirase la enmienda transaccional para su debate en el pleno que planteaba la solución de la alta velocidad por Pajares: ancho internacional por uno de los túneles y triple hilo por el otro. Finalmente el PP respaldó la moción de Foro con vía de alta velocidad por los dos tubos, aunque se impuso la mayoría de la izquierda, que insiste en el trazado convencional. Bueno, a lo mejor lo de la propuesta del edil popular es sólo una anécdota.
Si nos ponemos en el lugar del interés público, en lo que se supone tanto piensan los políticos, Mercedes Fernández tiene un papel relevante que jugar para que los ciudadanos de esta ciudad puedan juzgarle en su momento. Es la jefa del partido que gobierna en Madrid y por lo tanto, baluarte de una administración de la que dependen las grandes actuaciones pendientes en Gijón. La llegada de la alta velocidad, el desarrollo del plan de vías, la modernización del servicio de cercanías, los accesos a El Musel y los desbloqueos de la planta regasificadora y de la depuradora del Este para la puesta en marcha de ambas instalaciones son cuestiones que solo puede impulsar el Ejecutivo del señor Rajoy. Cherines tiene aún tiempo para aprovechar esa baza.

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Palabra ministerial
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Ángel M. González | 24-04-2017 | 1:56| 0

El Ministerio de Fomento no ha entrado en contradicción. Pudiera interpretarse que así lo hacía con el comunicado que emitió cuando se supo que sus presupuestos no recogían partida alguna para el plan de vías por el desacuerdo entre las administraciones y su posterior aclaración en este periódico sobre su intención de destinar fondos una vez que se conozca el estudio técnico-económico con la estación central a la altura del Museo del Ferrocarril. Tal parece que entre ambas posturas se produce una incoherencia, pero sin el informe que determine la viabilidad de la terminal intermodal más cercana al centro y sin el acuerdo unánime de todas las partes será difícil llevar adelante el proyecto, con o sin dinero reservado en la cuenta estatal.

Al fin y al cabo que el estadillo ministerial refleje este año una cifra para la integración ferroviaria de Gijón no tiene más que un valor simbólico, el compromiso político con una actuación que lleva quince años empantanada porque en el momento que estamos de ejercicio, suponiendo que los presupuestos sean aprobados en junio, de poca utilidad tendrá ya esos fondos. Gijón al Norte, la sociedad formada por las tres administraciones, dispone todavía de recursos para ir avanzando en la tarea. Lo que hace falta es voluntad real por parte de todas las instituciones implicadas para definir un proyecto que esté a salvo del devenir político y de las ocurrencias del representante público de turno. Por ello es crucial que el plan de vías tenga el respaldo más amplio posible, el de la inmensa mayoría ciudadana, además del detalle expresado como previsión presupuestaria. Ya lo he comentado en otra ocasión, pero sin el apoyo del Principado al cambio de ubicación de la estación todo lo que se pueda plantear corre el riesgo de convertirse en fuegos de artificio.

Como lo puede ser también que el pleno del Ayuntamiento apruebe una moción para reclamar que la alta velocidad llegue hasta Gijón, como propone el grupo de Foro con intención, como es lógico. Es una propuesta para el retrato, a ver cómo los munícipes justifican que no quieren AVE, aunque lo prioritario en estos momentos es que el tren llegue velozmente hasta Lena desde León y viceversa atravesando los túneles de Pajares para acabar con los veinticinco años que llevamos de retraso en Asturias en comunicación ferroviaria. Hace un cuarto de siglo que los sevillanos viajan en alta velocidad y nosotros aún estamos discutiendo el tipo de carril que tenemos que instalar para transportarnos.

Ello en cuanto al largo recorrido, porque en materia de cercanías la situación resulta tanto o más grave. Simplemente se está dejando morir por inanición. En Gijón se han perdido más de medio millón de viajeros desde que los trenes salen de la terminal prefabricada sobre Sanz Crespo y en la región los usuarios han caído a más de la mitad por una infraestructura decimonónica, lenta y mal trazada. Sin embargo, la necesidad de modernizar la red está quedando en un segundo plano ante el trascendental debate sobre sí queremos un tren de alta velocidad o de velocidad alta con Madrid. En este asunto echo de menos mayor escandalera y la palabra ministerial.

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El modelo de Lyon
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Ángel M. González | 24-04-2017 | 1:55| 0

Mientras en Gijón discutíamos qué hacer para impedir que Hacienda llevara a cabo el embargo de la marca de la Semana Negra, en Lyon se celebraba el éxito que un año más cosechaba el festival de literatura y cine dedicado al mismo género que, de la mano de Paco Ignacio Taibo II, llegó a convertir a esta ciudad en capital internacional. Por la Plaza de la Bolsa y la Sala de Comercio de la villa francesa, donde tiene su sede la Interpol y la intriga y lo policíaco cala hasta los huesos, desfilaron el pasado fin de semana cerca de cien mil personas por un certamen que cada vez tiene más tirón y, sobre todo, potencial para crecer después de doce ediciones consecutivas.

La Semana Negra de Gijón y el ‘Quais du Polar’ de Lyon son festivales de igual temática pero conceptos diferentes. A buen seguro que sobre esta afirmación se producen discrepancias, pero en cuanto al contenido cultural ninguno de ellos es mejor que el otro. Ahora bien, como las comparaciones son odiosas, vayamos a ellas. En Lyon solo el ayuntamiento de la localidad aporta 200.000 euros para la celebración de un evento que dura cuatro días, intensos eso sí y, como aquí, con una enorme repercusión internacional. La cantidad es superior a la que ha venido recibiendo la Semana Negra en los últimos años, sumando las aportaciones directas del municipio y de la Administración regional, aunque lo envidiable realmente es la lista de patrocinadores que consigue la organización del certamen francés, más de un centenar de todos los niveles sin ninguna exageración. Un ilustre que está permanentemente a la que salta me envió el enlace digital con los ‘partenaires’ y un apunte: “no solo aportan perres, sino prestigio”. Efectivamente en la relación de colaboradores, además de las administraciones culturales galas y numerosas empresas de todos los sectores, figuran el British Council, el Goethe Institute, el Istituto Italiano di Culture o el Instituto Cervantes junto a otras relevantes instituciones europeas.

En el caso de Gijón, de lo poco que se conoce de las cuentas de la Semana Negra, la mitad de la financiación es pública y la otra mitad viene de cuatro patrocinadores y de los ingresos que se obtienen por la ocupación del espacio, también público, de los chiringuitos, la noria, el tren de la bruja y las fritangas. Con ello no quiero decir que la fórmula de Lyon sea mejor que la de aquí, ni que haya que restar esa parte popular que hizo que el festival entroncara tan perfectamente con el visitante gijonés desde aquella primera edición en el puerto de El Musel hace veintinueve años. Pero creo que es necesario abrir una reflexión sobre la necesidad o no de cambiar el modelo, sin que ello suponga perder la personalidad adquirida durante todo ese tiempo, y reorientar la gestión, que quedó blindada cuando se decidió convertir la organización en una asociación de carácter privado y libre, por lo tanto, de la rendición de todos sus números.

El servicio de intervención municipal ha pedido a la Semana Negra más documentación para liberar el pago de las ayudas correspondientes porque en el balance presentado no están claras las cifras, al tiempo que, como es lógico, mientras no liquide la deuda fiscal no podrá recibir la subvención. Lo mínimo que se le puede exigir a una entidad que disfruta de tal volumen de dinero público es transparencia y buenas prácticas. El Ayuntamiento ha decidido incrementar su aportación al certamen este año para recuperar el nivel de recursos que salían de las arcas municipales antes de que empezaran los recortes. Ochenta mil euros más.  Supongo que para tal inyección se endurecerán las condiciones sobre cómo se tienen que administrar y justificar estos recursos porque la alternativa, ya planteada de una u otra forma, es su rescate.

 

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