El Comercio
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Categoría: Demografia
El drama de la población

¿Es viable Asturias si la población continúa cayendo de la manera que lo ha ido haciendo en los últimos cuatro años? ¿Qué futuro le espera a la región si dentro de una década se sitúa por debajo del millón de habitantes? La pérdida de habitantes en Asturias es un drama. Tanto como el nivel de paro y el proceso de desindustrialización que estamos viviendo. No en vano, población, empleo y economía van íntimamente ligados.

Los últimos datos conocidos sobre la evolución del padrón en Asturias, que nos sitúa en cotas poblacionales de hace cuarenta años, y las proyecciones que manejan los demógrafos y el Instituto Nacional de Estadística son para echarse a temblar. El pasado domingo, Rafael Puyol, en una entrevista en EL COMERCIO, señalaba que “lo peor está por venir”, al hacer un repaso de las previsiones: en 2023 habrá 67.000 habitantes menos en la región, estaremos en el umbral del millón, perderemos un 6% de residentes en diez años, menos del 12% de la población serán menores de 15 años y nada mas y nada menos que el 28% de los que vivan en Asturias tendrán más de 65 años.  Es decir, la tasa de dependencia que registrará la región en ese momento pone los pelos de punta: un activo y medio por cada dependiente, sin tener en cuenta si esa persona en condiciones de trabajar cotiza o no, o sea, trabaja de verdad o está en el desempleo. Y las consecuencias de todo ello están claras y son de sobra conocidas. Más viejos, menos personas en edad fértil, menos nacimientos, menos ingresos, mayor gasto social…

El diagnóstico está hecho, pero lo realmente complicado es aplicar la terapia para impedir que el mal demográfico de Asturias avance. Desde hace mucho tiempo se vienen enumerando las posibles medidas para intentar atajar la sangría poblacional, pero seguimos sin dar pasos para ponerlas en orden y en marcha: una mejor política de apoyo a la familia, facilitar el acceso a la vivienda a las parejas jóvenes, una red eficaz de escuelas infantiles, acciones para favorecer la conciliación de la vida familiar y laboral, un marco de financiación regional que tenga en cuenta como factor prioritario la pérdida de habitantes,  actuaciones para intentar evitar la despoblación en territorios como las cuencas o las alas… Hay un conjunto de ideas que no acaban de cuajar. Por ello, habría que diseñar un plan de choque con la colaboración de expertos, que recogiera intervenciones a corto, medio y largo plazo en favor de la ‘regeneración’ demográfica. Trabajar en serio, sin mas palos de ciego, en favor de un gran pacto político y social para combatir este fenómeno, en estos momentos irreversible, precisamente para que no lo sea.

Ahora bien, la acción esencial, la primera medida, es crear oportunidades para que quienes viven en Asturias recuperen la confianza, tengan futuro y mantengan sus raíces aquí, y para provocar el ‘efecto llamada’, que los extranjeros vean en la región un lugar donde instalarse y desarrollarse personal y profesionalmente. Es decir, vigor económico y empleo. Como ven, tarea difícil.

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