El Comercio
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Categoría: Gijón
Las vías de la perseverancia

“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», dice la referencia bíblica a la hora de determinar el justo reparto de tributos, que también sirve para establecer los reconocimientos que en un momento determinado puede llegar a tener cada uno de los actores que intervienen en el escenario. Vale, por lo tanto, para fijar los honores del nuevo plan de vías ahora pendiente de conveniar por escrito como es debido después del anuncio que nos brindó el concejal y buen escudero don Fernando Couto en un pleno en el que el mayor interés no estaba, precisamente, en el asunto ferroviario sino en la imposibilidad del gobierno local de mejorar las fuentes para obtener más dinero. Pero bueno, de vez en cuando se producen noticias que hacen girar el rumbo y en este caso el compromiso del Ministerio de Fomento para soterrar las vías de Renfe y Feve hasta el apeadero de La Calzada es, desde luego, para estar de enhorabuena.
Ya lo dijimos en otra ocasión, pero volvemos a saludar el consenso alcanzado entre las tres administraciones de color distinto en torno al nuevo proyecto ferroviario que cruza la ciudad de oeste a este, todas participan como es lógico de los méritos, pero digno también es reconocer el empeño de la alcaldesa y su equipo y del propio movimiento vecinal para sacar del atolladero un plan que lleva más de una década a la deriva.
El 29 de enero de 2015, un jueves por la tarde, la regidora mantenía un encuentro con vecinos de la zona oeste en el Ateneo Obrero de La Calzada en el que ponía de manifiesto las tres condiciones irrenunciables para recuperar el plan de integración ferroviaria de Gijón. La primera, la necesidad de financiación del gobierno central porque con la venta de las parcelas por sí sola era imposible llevar adelante el proyecto; la segunda, acercar la estación intermodal más al Humedal para recuperar la centralidad perdida, y la tercera, la prolongación del soterramiento hasta el apeadero para cerrar la herida que dividía la ciudad en dos. Carmen Moriyón logró concitar la unidad política y social suficiente para relanzar el plan de vías con aquellas tres premisas y, además, el compromiso de Fomento de recuperar la extensión del metrotrén hasta Cabueñes. Es cierto que tuvo la suerte de encontrar un talante radicalmente distinto con los cambios de responsables en el Ministerio y en la Consejería de Infraestructuras, pero el mayor triunfo ha venido de la mano de la perseverancia. Dos años y medio después puede presumir de ello.
Ahora bien, además de plasmar todos los compromisos por escrito, resta lo más difícil, la consignación presupuestaria y la definición de los plazos. El borrador que ya manejan las tres partes prevé siete años mínimo para acometer la nueva estación y empezar a usar el metrotrén. Es decir, no vamos a ver trenes circulando por las nuevas infraestructuras al menos hasta 2026 en el caso de que se inicien las obras en el próximo periodo electoral, que es lo que pretenden los protagonistas, y ello si no se producen contratiempos en los dineros o en el desarrollo de los proyectos.
Porque puede ocurrir que, en virtud de los planes que parece defender Fomento, estrenemos estación central pero sigamos con el tunelón desde el Humedal hasta Viesques cerrado por inhabilitación. Ya no digo la ampliación hasta Cabueñes, que de momento queda fuera de cronograma, pero sobre el metrotrén me quedo con los planteamientos que concejal del PSOE explicaba en la entrevista publicada por este periódico el pasado domingo. Decía José María Pérez que era necesario realizar a la vez la construcción de la terminal intermodal y las obras vinculadas al túnel que están pendientes, su equipación y las estaciones urbanas, para que entre en funcionamiento todo al mismo tiempo. Desde luego, es lo lógico. Llegados hasta este punto, lo más correcto. El Ayuntamiento ha pedido al ministerio que inicie el vaciado del agua del túnel a finales del próximo año. Es la primera tarea para atender la consideración del portavoz socialista.

Posdata: con agua o sin ella lo que hay que evitar es que el tunelón sea un parque de aventura clandestino. La entrada de jóvenes en el interior del tubo como el que va de romería supone una temeridad por los riesgos que entraña para los chavales que lo hacen. Tal irresponsabilidad hay que cortarla de raíz de forma inmediata. Ya no es un problema de falta de mantenimiento sino de dejación y descontrol. Resulta urgente blindar todos los accesos cuanto antes no vaya a ser que por una imprudencia algún día tengamos que lamentar lo que nadie desea.

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Los adjetivos del dinero

La primera mandataria municipal aprovechó el acto del partido de apertura del curso político para señalar los adjetivos del proyecto de presupuestos que tiene en mente el gobierno local para el próximo año: austero, social y comprometido con el empleo. Austero porque seguirá incidiendo en el recorte del gasto corriente y en la reducción de la deuda. Social, en tanto que mantendrá el esfuerzo que ha venido realizando el Ayuntamiento para potenciar los servicios a la población más necesitada y comprometido con el empleo, lo que requerirá actuaciones inversoras y desembolso en planes que promuevan la generación de puestos de trabajo y riqueza en la ciudad.
Se puede decir que las líneas marcadas por Carmen Moriyón son las mismas que se fijaron para la definición de las cuentas que Foro logró sacar adelante para este año con la aquiescencia de la izquierda ortodoxa y por lo tanto supondrían una continuidad de lo que se ha venido haciendo hasta ahora. Sin embargo, aventuro que se presenta una negociación difícil para la alcaldesa y su equipo. Los grupos que la respaldaron en su momento, unas veces en la oposición y otras como aliados, llevan tiempo enseñando los dientes y todo parece indicar que colocarán el listón bien alto antes de otorgar a la dirigente forista la posibilidad de que afronte su tercer mandato con un nuevo voto de confianza a través de los dineros. De momento, hoy por hoy, el escenario más probable es la prórroga. No es la primera vez que lo digo, es la segunda y lo repito a partir de lo que ha sucedido esta misma semana con el acuerdo imposible en la comisión de Hacienda sobre las ordenanzas fiscales, que al fin y al cabo son la fuente de alimentación de las actuaciones que luego se plasmen en el papel. Una fuente que, al final, necesita crecer para atender los compromisos que se van adquiriendo, incluida la renta social. Precisamente su extensión a todas aquellas personas que no lograron acceder a la prestación amenaza con convertirse en uno de los mayores escollos para renovar el entendimiento.
No existe acuerdo sobre las figuras en las que el Ayuntamiento puede incidir para mejorar sus niveles de ingresos, aunque sí hay que saludar con cierto alivio que nos hayamos librado, al menos de momento, de la instauración del mal llamado ‘IBI de los ricos’, el IBI diferenciado, porque hubiera sido una equivocación, de la misma manera que lo ha sido en Oviedo por decisión del tripartito. Los socialistas dieron marcha atrás a una iniciativa que de llevarla adelante tal como estaba planteada hubiera sido un error garrafal. Corregir a tiempo es de sabios, pero conociendo la normativa y la ciudad, con un análisis previo del alcance que podría tener la medida, se hubieran ahorrado el desgaste que supone el viaje de ida y vuelta que hicieron con la popular idea en compañía de Xixón Sí Puede e IU. El impuesto conllevaría un incremento sustancial para equipamientos notables de Gijón que necesitan precisamente reducir costes para aumentar su ocupación. El PSOE retiró su propuesta para frustración del resto de fuerzas de la izquierda con el argumento de que pensaba que afectaría a otras corporaciones. Uno se pregunta a qué corporaciones se refieren los representantes del grupo municipal socialista, más allá, por ejemplo, de eléctricas, telefónicas y bancos, que todo parece indicar que sufrirán también una elevación de sus aportaciones por la vía de la utilización del espacio público para sus infraestructuras. Teniendo en cuenta los límites que establece la norma era fácil caer en la discriminación.

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Vertidos por tierra, mar y aire

Los asuntos ambientales se han convertido no solo en un reto sino en un gran problema para los gestores de lo público en esta región. El consejero Fernando Lastra, que está destacando por su sinceridad en evidente contraste con lo que había antes, así lo reconoció en el último encuentro que mantuvo con los ayuntamientos para explicarles las líneas maestras del nuevo plan de residuos. Un plan que hay que implantar a la trágala porque hemos estamos entretenidos más de década y media sobre si quemamos o no la basura, mientras acumulábamos los desperdicios bien mezcladitos en el vertedero hasta rebosarlo. El tiempo ha pasado y ahora nos vemos apurados para cumplir los deberes fijados por las autoridades comunitarias en tanto los políticos se tiran los trastos y la inmensa mayoría de los ciudadanos mantenemos la cómoda costumbre de arrojarlo todo en la bolsa de plástico del supermercado donde hicimos la compra. Eso sí que cierra el círculo.

Tenemos hasta 2020 para acabar con un hábito que, pese a las machaconas campañas de concienciación, no se ha logrado modificar en veinte años. Es más fácil cambiar de casa, de amigos o de pareja que de manera de tirar la basura. Los ayuntamientos tienen que triplicar, en algunos casos cuadruplicar, el porcentaje de residuos que reciclan en origen sus empadronados para llegar a ese objetivo del cincuenta por ciento que marca la legislación europea y el cumplimiento se presenta harto difícil. Así que lo que no hicimos hasta ahora lo vamos a tener que hacer deprisa y corriendo con un tremendo coste para todos. Aún no está claro si se incentivará al ciudadano por separar los desperdicios en el domicilio o si se enfrentará a una buena multa por continuar haciéndolo como siempre, ejemplos en Europa hay de todo tipo, pero lo que verdaderamente resulta irremediable es que el recibo será mucho más alto. El Ayuntamiento de Gijón, que lleva unos años congelando la tasa, planteó una subida de hasta el 10 por ciento en la recogida que finalmente quedó frenada por la oposición, al tiempo que protestaba con altavoz por el salvaje incremento de tarifas que prepara el consorcio para pagar el plan de los residuos. Por lo tanto, de una manera u otra, tarde o temprano, el rejón va a ser inevitable.

Como inevitable es adoptar medidas para reducir la polución. El último informe ministerial, el mismo que llega a los despachos de Bruselas, sitúa a la zona central de Asturias a la cabeza en la emisión de las micropartículas nocivas para la salud, las llamadas PM10, y en Gijón se registra la mayor concentración. El propio consejero reconoció ante los parlamentarios asturianos lo que los vecinos han venido denunciando constantemente en los últimos tiempos. Por la noche se han detectado valores muy por encima de los límites que permite la ley en la zona oeste de la ciudad. Veneno con nocturnidad y alevosía. Todos los tiros apuntan a Arcelor, que se defiende insistiendo en que cumple la normativa medioambiental, cuestionando la fiabilidad de los datos de las estaciones medidoras y recordando que en el enclave hay más empresas. Los episodios de contaminación nocturna urgen una aclaración. No se puede mantener a una empresa bajo sospecha permanente ni mucho menos a los gijoneses expuestos a la amenaza del veneno invisible. La situación es suficientemente grave como para exigir la aplicación con celeridad de las medidas correctoras en aquellas instalaciones que expulsan las sustancias dañinas.

Y por último, los vertidos al mar. La autorización por parte de los tribunales para que la depuradora del este pueda arrancar los sistemas de pretratamiento es una buena noticia para la ciudad, aunque un golpe para los vecinos de El Pisón. La justicia ha tenido en cuenta el interés general para adoptar la decisión, pese a que las labores de filtrado para las que se obtiene ahora permiso solo palían en muy pequeña proporción la porquería que se arroja por el emisario de Peñarrubia. Corrige en parte la gran chapuza administrativa cometida con la planta y abre el camino a su total absolución.

 

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El papeleo de las obras

Tiene razón la alcaldesa. «Solo faltaría que tuviéramos consenso con los partidos políticos y no lo tuviéramos con los vecinos», señalaba Carmen Moriyón en una comparecencia ante los periodistas para hacer balance de las obras e intentar apaciguar las protestas de la federación vecinal. La afirmación de la regidora da que pensar. Uno se pregunta si hubo alguna vez que los grupos que se sientan en el plenario, tan plural y representativo, pactaran los presupuestos, que es a lo que se refiere la primera edil, sin tener en cuenta los intereses generales de los ciudadanos. La misión de los partidos, precisamente, es canalizar las necesidades de los vecinos, los que les eligieron y los que no: escucharles, conocer sus preocupaciones, atender sus peticiones de la mejor manera posible, ir estableciendo prioridades y ejecutarlas. Hay el que tiene la responsabilidad de administrar y cumplir lo acordado, el que gobierna, y otro de velar para que todo ello se cumpla, la oposición. Por lo tanto, faltaría más que las cuentas se acordaran en contra de la opinión vecinal. En términos futbolísticos, sería meterse un gol en propia puerta. En términos de actuación política, la deslegitimación.
Todo ello viene a colación de las obras, que suscitan amores y odios, trastornos y satisfacciones. Hace ya algún tiempo que la alcaldesa tomó las riendas del asunto cuando arreciaron las críticas por los fallos y retrasos que llevaron a poner en cuestión la capacidad de la concejalía correspondiente, pero claro esto de las reformas y las zanjas son material sensible, siempre genera algún que otro descontento y siempre habrá alguien que muestre su disconformidad. Después de lo de la calle Aguado, tenemos el dichoso ‘Kilometrín’ y la chapuza de Marqués de San Esteban, muy guapo en el plano pero de nefasta ejecución, dos actuaciones que ensombrecen de manera injusta el trabajo municipal en este campo.
De la comparecencia de Moriyón extraigo algunos datos. El Ayuntamiento presupuestó en dos años la realización de 215 obras: sesenta y cuatro están terminadas, ochenta y dos en ejecución, treinta y nueve en proceso de licitación y contratación, veinticuatro en proyecto y seis fueron finalmente desestimadas o el contrato rescindido. El balance, por lo tanto, no parece ser tan pobre a tenor de la información. Gijón, de hecho, es la ciudad asturiana de largo con mayor inversión municipal para estos cometidos. Pero lo que causa cierta perplejidad es la procelosa tramitación de los expedientes, que hace que desde que se decide acometer una obra hasta que realmente se inicia pasa el tiempo desesperadamente. El camino que debe recorrer el proyecto, una vez esbozado, en lugar de acortarse se ha burocratizado mucho más. Antes de llegar a contratación tiene que pasar por unos cuantos despachos, empezando por intervención, y llevar el sello de cada uno de los departamentos que vigilan el cumplimiento de las cláusulas sociales, la calidad del empleo, la ausencia de discriminación laboral por la razón que sea o el respeto al medio ambiente. Esta fiscalización, indudablemente positiva, provoca sin embargo la dilación del papeleo. Difícilmente se pueden acometer las obras en el ejercicio presupuestario comprometido con semejantes vueltas a los dossieres. Provengan de la participación vecinal o no.
El Ayuntamiento ha establecido un sistema de control semanal por una comisión mixta de técnicos para resolver los posibles atascos, una solución que puede impedir vueltas innecesarias, pero el proceso desde que se tiene la idea hasta que se ponen las máquinas en marcha necesita un toque más de agilidad. Moriyón ha prometido a los vecinos abrir un espacio en la web municipal con el fin de dar a conocer, a tiempo real, el punto donde se encuentra cada expediente. Quizás el chequeo digital pueda servir para empujar.

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El nuevo hospital

La reforma y ampliación del Hospital de Cabueñes es el proyecto más trascendental de los próximos años en Gijón. No hay en cartera ninguna otra actuación en esta ciudad que tenga tanta relevancia desde el punto de vista del servicio al ciudadano como la que se está programando en el centro hospitalario. De ahí la importancia que tiene la participación de administraciones, fuerzas políticas, usuarios y profesionales en el proceso de maduración del proyecto para que el hospital resultante pueda sentirse de todos, no solo de la parte contratante, como en un principio se quiso trasladar buscando un rédito electoral absurdo. Por ello, la presentación del esbozo que maneja la Consejería de Sanidad en la sala de recepciones del Ayuntamiento fue un acto noble y destacado. Bien distinto sería que en lugar de la Casa Consistorial hubiera sido en la del Pueblo o en cualquier otra casa, como se hizo hace cuatro años. El nuevo hospital ha pasado de ser gancho de partido a un proyecto colectivo en el que tiene que implicarse toda la ciudad.
La remodelación en ciernes supondrá una transformación total del servicio que ofrece ahora el centro hospitalario gijonés y la posibilidad de aplicar un modelo sanitario y de gestión mucho más acorde con los tiempos que corren. Este cambio se sustenta en cinco grandes acciones, podríamos decir, que de llevarse a cabo con suficiente debate, diálogo, mano izquierda y mano derecha, conducirán con absoluta seguridad a convertir Cabueñes en el complejo moderno, funcional y eficaz que todos deseamos.
La primera es la ampliación de espacios y equipamientos para quirófanos, reanimación, cuidados intensivos, cirugías sin ingreso y urgencias. El proyecto prevé también un nuevo edificio para consultas externas con mejor comunicación con el resto del complejo, un incremento del número de habitaciones y la creación de estancias individuales para las parturientas. Es decir, el hospital ganará en capacidad para atajar las esperas y en comodidad para el alivio de los pacientes.
La segunda es la concentración de las especialidades que ahora albergan el antiguo ambulatorio de Pumarín y la Casa del Mar. Su traslado a Cabueñes corrige una dispersión precisamente provocada por el encorsetamiento sufrido por el hospital en sus cincuenta años de existencia. La descentralización de la atención especializada, que en su momento se entendía positiva por el acercamiento de servicios al ciudadano, ha ido demostrando con el paso del tiempo que puede provocar pérdida de eficiencia para los profesionales.
La tercera, la oportunidad que se abre para la ordenación del entorno del centro hospitalario. El Ayuntamiento tiene que desplegar aquí todas sus competencias para que el gran polo formado por el hospital, el parque tecnológico y la Laboral solvente los problemas de movilidad. El proyecto incluye la construcción de un aparcamiento subterráneo de pago con más plazas que las que hay ahora disponibles, una idea desde luego nada desdeñable, pero que tendría que venir acompañada de otros lugares de estacionamiento adicionales y gratuitos. La conexión directa con la autovía resulta una prioridad absoluta y la potenciación del transporte público, incluida la extensión del metrotrén, también. La Consejería, además, plantea con acierto la necesidad de reservar suelo para que el hospital tenga un cinturón amplio que permita en el futuro una nueva expansión. Arreglarlo ahora es mejor que hacerlo cuando la remodelación ya esté finalizada.
La cuarta consiste en la potenciación de la labor docente e investigadora del centro. La intención es derribar las actuales instalaciones de la Facultad de Enfermería y construir un edificio dedicado única y exclusivamente a la docencia. No se trata de competir en este aspecto con el HUCA, pero sí complementarlo y poner en valor el apellido universitario que se la ha dado al hospital aprovechando el talento y el conocimiento que alberga.
Y la quinta acción tiene que ver con el personal. Poco se puede hacer si no existen suficientes recursos para ello. Las organizaciones sindicales han venido denunciando la incapacidad de atender la carga asistencial generada en los últimos años con el volumen de plantilla existente. El hospital será mucho más funcional, permitirá ahorros en una buena parte de los costes fijos que registra ahora, pero también tendrá más capacidad para atender una demanda cada vez más creciente por el progresivo envejecimiento de la población. De nada serviría el esfuerzo inversor previsto en la reforma, incluida la tecnología, si luego se escatima en dotar a Cabueñes del personal suficiente para prestar la mejor atención a la que se puede aspirar. El plan tiene que ir acompañado de una revisión a fondo de las necesidades en este campo.
Una súplica a modo de posdata. Los gestores tienen otros dos retos por delante no menos importantes: cumplir el presupuesto sin sobresaltos ni sobrecostes, y si el compromiso es que la primera fase de la ampliación esté finalizada en 2021, que no sea cinco años después. No parece que sea mucho pedir. En plazo y sin desviaciones.

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A la espera de Fomento

Resulta chocante que la izquierda haya tardado casi dos años en reaccionar al acuerdo entre el gobierno local y el Ministerio de Fomento para construir la estación intermodal junto al Museo del Ferrocarril. No encuentro explicaciones convincentes para llevar al pleno el rechazo a la idea cuando se podía haber hecho en el momento en que Gijón al Norte aprobaba el cambio de ubicación de la terminal con el objetivo de ganar centralidad.

Los mismos argumentos habría entonces para que aquel pacto fuera cuestionado por la mayoría municipal que ahora quiere hacer valer la soberanía plenaria en un intento de tumbar el proyecto. No existen más razones salvo que hayan visto la oportunidad de darle la puntilla a un acuerdo que quedó aletargado y con el tiempo se ha ido convirtiendo en moribundo.

Los motivos que dieron lugar al proyecto eran razonables, pero nació con escasa fe e insuficientes apoyos.

Difícilmente se puede llevar adelante la decisión con el Principado enseñando las uñas, cuando a la Administración regional le toca desempeñar un papel relevante en todo el planteamiento urbanístico y de infraestructuras de la zona. De la misma forma que la vía de ancho ibérico prevista para la variante de Pajares quedará guardada en el cajón para en su lugar colocar el ancho internacional que usa el AVE, el proyecto de Gijón corre el peligro de saltar por los aires.

El equipo de gobierno ha pedido a los grupos políticos que esperen a que Fomento presente el desarrollo de aquel acuerdo en la próxima reunión de la sociedad gestora, que por cierto poco gestiona, ni tiene medios para hacerlo, a la vez que ha criticado la ambigüedad de don Íñigo de la Serna y sus adláteres sobre el plan de vías. El PP local hizo público esta semana un comunicado, raras veces lo hace, ratificando la decisión de marzo de 2015, bajo el ministerio de Ana Pastor, y el compromiso de enero de 2017, en el viaje sabatino de su sucesor. Fue entonces cuando el señor De la Serna dijo aquello de que volveremos con un estudio económico y financiero de lo que queremos hacer aquí, que garantice la viabilidad de la operación. El problema es mantener una propuesta de actuación en contra de la mayoría de la Corporación municipal, de las asociaciones vecinales y del Ejecutivo regional por muy sensata que sea.

Si queremos que el proyecto de integración ferroviaria se lleve a buen puerto y disfrutemos de ello todos los gijoneses hace falta que unos y otros abandonen la terquedad de una vez por todas.

La pelota está en el tejado de Fomento, pero hay que ayudar a que caiga. Lo mejor que puede ocurrir, visto el panorama, es que los responsables ministeriales acompañen el dichoso informe de alternativas distintas, técnicas y financieras, que garanticen la intermodalidad y la centralidad de los servicios.

Hay unas cuantas combinaciones que se pueden proponer dependiendo de lo que las administraciones estén dispuestas a desembolsar y de los terrenos que se decidan sacar al mercado. Opciones que pueden incluir el soterramiento hasta La Calzada, la extensión del metrotrén hasta Cabueñes bajo tierra o en superficie, o dejar el solarón como está, convertido en ‘central park’ para gozo vecinal y belleza urbana. Pero lo que presenten tiene que ser pensando en favorecer el consenso político y ciudadano que requiere un proyecto de estas características, no como se ha venido haciendo hasta ahora. Hay que evitar, a toda costa, que el diseño del plan de vías siga estando al albur de los peritos de chigre de turno.

 

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