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Categoría: Gijón
En posición de jaque

Aquel sábado, 21 de enero, don Íñigo de la Serna, en la visita relámpago a Gijón de la que iba a Cantabria de fin de semana, prometió en resumen dos cosas: el estudio técnico sobre la viabilidad económico-financiera de la estación intermodal a la altura del Museo del Ferrocarril y una reunión muy pronto con el Principado para dar «buenas noticias» sobre la variante y la llegada de la alta velocidad a Asturias.
Sin embargo, la buena nueva llegó esta semana de su compañero de gabinete, el señor Álvaro Nadal, con el inicio de la tramitación para legalizar de una vez por todas la regasificadora, pero aquella última promesa del ministro de Fomento se ha quedado, de momento, en lo que se ha ido conociendo desde entonces: que el AVE solo irá hasta León porque el resto del trazado a La Robla será convencional con algunos arreglos; la apertura de la variante, estamos hablando de un túnel, amenaza con retrasarse hasta el próximo año y los estudios para los dos tramos de alta velocidad de Lena a Gijón han sido guardados en el cajón. De todas formas, continuamos a la espera de la cumbre con el presidente del Principado anunciada por De la Serna, ahora más ocupado en solucionar el asunto de los estibadores, con la impaciencia del sufrido paciente.
Y en el plan de vías, ¿cuál es el estado de la cuestión? Pues que se mantiene su letargo. No quisiera ser tan agorero como don Aurelio Martín, que ha dado por muerta la idea de construir la estación central para trenes y autobuses junto a la antigua terminal de Renfe, pero algo de razón tiene el concejal de IU cuando advierte de que podemos correr el riesgo de que se produzca, de nuevo, «una legislatura en blanco» si no se logra la conciliación entre las partes implicadas en el proyecto.
Ya avisó Javier Fernández, que sobre el asunto ferroviario gijonés siempre se ha mostrado muy parco. «Apoyamos el plan de vías pero sin imposiciones», dijo hace unos días el líder dual. Suficientes palabras para darse cuenta de que el acuerdo adoptado por la exministra Ana Pastor y la alcaldesa Carmen Moriyón para acercar la intermodalidad al centro, ya dijimos en su día que de manera sensata, tiene ahora escasas posibilidades de prosperar. Parece claro que si de tres que tienen que poner la pasta a una no le gusta el proyecto será difícil llevarlo a cabo. Me consta que para el ministro cántabro, como buen hombre de consenso, supone un inconveniente seguir adelante con una operación con la Administración regional de uñas. Muerta no está, pero sí en posición de jaque.
Las conclusiones del estudio sobre los números del boceto determinarán la viabilidad o no del plan, aunque a priori ya salía más caro que las ideas anteriores, con la ventaja eso sí de que la estación principal ganaba en centralidad. Recordemos el avance que se dio de las cifras cuando fue presentada la propuesta en noviembre de hace dos años: 422 millones de euros de coste total estimado y otros 20 millones mínimo que tendría que destinar el Ayuntamiento para desviar los colectores que atraviesan la zona del soterramiento. La venta de parcelas, fragmentadas o no, apenas cubriría la mitad del gasto. El resto se costearía mediante endeudamiento de las tres administraciones. Desde luego, un plan ambicioso para tiempos todavía difíciles.
Como las agujas del reloj siguen corriendo, una vez echadas bien las cuentas, lo más aconsejable sería que el informe correspondiente incluyera distintas opciones, más allá, más acá, aprovechando el agujero, con estación en plaza Europa, prolongando el metrotrén hasta Cabueñes o lo que se estime conveniente, de tal manera que abriendo el abanico se facilite el consenso, sin más enroques, para desarrollar el proyecto común que todos deseamos.

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El filón del deporte

Julen Lopetegui señalaba esta semana, en la presentación del partido de la selección española del próximo 23 de marzo, que prefería quedarse con la voluntad de las mayorías frente a los colectivos descontentos con la presencia de Israel en Gijón. Por mayoría había aprobado el Ayuntamiento la declaración institucional de boicot al Estado de Israel y a las empresas de este país, pero el concepto al que se refiere el seleccionador es distinto al que tuvo lugar en aquella sesión plenaria de hace un año porque el fútbol sigue siendo ese fenómeno de masas que está por encima del bien y del mal, nada comparable con la política, cada vez más sumida en la desafección. En este caso me quedo con las palabras del técnico nacional, absolutamente convencido de que los aficionados llenarán las gradas del estadio gijonés para llevar en volandas hacia la victoria a las estrellas de ‘La Roja’.

El partido oficial de clasificación para el Mundial coincide con un fin de semana que también estará marcado por otra competición deportiva de gran interés, la final femenina de la Copa de Europa de hockey sobre patines, en la que nuestras particulares guerreras, las campeonas del Hostelcur, competirán por su quinto trofeo continental. Casi nada.

La presencia de la selección de fútbol y el campeonato de hockey son acontecimientos de primer orden en una ciudad que reúne las mejores condiciones para conseguir que el deporte sea una actividad tractora y generadora de riqueza. Hace unos días la Fundación del Sporting realizó su puesta de largo con el objetivo, entre otros, de promocionar e impulsar la marca dentro y fuera de Asturias. Bienvenida sea la entidad con el deseo de que mediante su labor contribuya a realzar las oportunidades del deporte en la villa que le ha visto nacer.

Gijón dispone de todos los ingredientes que pueden convertir la práctica deportiva, en toda su diversidad, en uno de los pilares de atracción para el impulso de la economía local. Tiene magníficas infraestructuras, sociedades polideportivas relevantes, experiencia contrastada en una buena parte de las disciplinas, profesionales con capacidad para aportar su amplio conocimiento y enclave y entorno envidiables. ¿Qué más se puede pedir para aprovechar este filón?

En 2016 fuimos proclamados Ciudad Europea del Deporte y desplegamos una amplísima programación de actividades y citas deportivas, casi trescientas, para mostrar con orgullo tal reconocimiento. Las instituciones, con el Ayuntamiento a la cabeza, aglutinaron esfuerzos y compromisos para llevar adelante con éxito aquella bandera al podium de las distinciones. Pero el espíritu conseguido a lo largo de todo un año no puede quedarse en esos doce meses, tiene que mantenerse y ser reforzado en el tiempo de manera imaginativa y con más ambición.

Existen campos que están aún sin explotar o que ofrecen mayores posibilidades que las que se han desarrollado hasta ahora. Actividades relacionadas con la náutica, el running, las maratones y el atletismo en general o con el ciclismo en todas sus modalidades. El deporte para la tercera edad, el deporte para la discapacidad y la rehabilitación de la salud, el deporte preventivo o el infantil. Y luego la industria del deporte o la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a la actividad. Por ejemplo, ¿cuántas ferias se celebran en el Norte de España exclusivamente dedicadas al sector? ¿Es posible que Gijón albergue algún día un grado universitario sobre la materia? La ciudad está suficientemente entrenada para competir y ganar esta carrera. Mientras tanto, lo más inmediato, vencer esta tarde al Dépor en El Molinón.

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El regocijo del jabalí

El jabalí es un intruso en la ciudad. Sería carnavalesco ver a un suido tomando un café en una terraza de la calle Corrida o tumbado al sol en el Tostaderu. Antes de llegar a esa esperpéntica situación han comenzado a invadir la zona rural del concejo, acercándose poco a poco a la urbe, avanzando de manera estratégica en el territorio como lo haría un batallón, en este caso cerdo y peludo. Los vecinos de las parroquias rurales han dado la voz de alarma por la presencia cada vez mayor de estos bichos en sus fincas, paseando por los caminos y merodeando a la puerta de sus casas. Se han visto jabalíes subiendo y bajando por la carretera Piles-Infanzón como las carreras ilegales de coches por la noche. Hay praos totalmente destrozados por las escarbaduras de los verracos salvajes en La Providencia, en Deva, en Caldones o en Baldornón y meriendan en huertas y frutales de La Mariña, en Quintes y en Quintueles. Por ello no me extraña que los paisanos estén que trinan ante semejante regocijo animal.
Los vecinos han reclamado medidas a la Administración regional para frenar esta expansión, pero las autoridades, de momento, se han quedado de brazos cruzados. El argumento es que las piaras se mueven en las zonas de seguridad donde no se puede pegar un tiro por la presencia cercana de la población. Es decir, estas áreas vetadas para los cazadores, que se ampliaron en los últimos años por decisión gubernamental, se han convertido en el paraíso de la fauna salvaje. El jabalí campa a sus anchas con mayor tranquilidad cuanto más cerca se encuentre del humano. Menuda contradicción. Zonas de seguridad, pero para la protección de las fieras.
La Consejería de Desarrollo Rural, como buena consejera, hizo pública una recomendación: «Hay que aprender a convivir» con los nuevos convecinos. No se sí considerar el consejo de la Consejería como una advertencia sobre lo que aún está por llegar, depredadores incluidos, o si estamos realmente ante el reconocimiento del monumental fracaso de la gestión cinegética en Asturias. El problema no es exclusivo de Gijón. Es general, incumbe a toda la región. En veinte años se multiplicó por diez el número de ejemplares que viven en nuestros montes y esta superpoblación, más de 60.000 según los técnicos, ha provocado la aparición del jabalí urbano, el ‘artiodáctilo’ osado que busca comida por áreas recreativas, parques, por las calles si se da el caso, volcando contenedores. De proseguir la evolución, acabará pidiendo limosna.
Las razones de este crecimiento se conocen de sobra. El abandono del campo, la extensión del matorral donde el animal se encuentra muy a gusto o los inviernos amables figuran entre las causas. Pero especialmente la situación de la caza. Las licencias en todo ese tiempo han caído notablemente, los gastos para la actividad se han disparado, las sociedades han entrado en crisis, los cotos son difíciles de mantener y la administración ha restringido espacios con la ampliación de lugares vedados, incluso para matar a perdigones tan siquiera una arcea. Si no se produce un cambio de modelo con un apoyo firme a la caza, mayor y menor, continuará reinando la paz para las especies, que provocarán cada vez más daños, sustos y accidentes. De momento, ahí están, dueños y señores del cordal de Peón, apostados, esperando la oportunidad.

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El ‘informe Domingo’

La tramitación del plan urbanístico está siendo una caja de sorpresas. La cocina del PGO requiere fuego lento y una vigilancia estrecha para ir removiendo los ingredientes con el fin de favorecer la cocción evitando que cualquier error lleve todo el trabajo al garete. El plan se ha pegado en el fondo de la olla y necesita remango para salvar el proceso que ahora le atenaza.
La destitución del jefe del servicio de Urbanismo ha caído como una bomba. Se produce después de que el funcionario desplazado, un profesional de prestigio y con experiencia contrastada, hiciera llegar a los políticos un borrador inacabado con marca de agua enumerando un cúmulo de deficiencias técnicas y conceptuales en el documento aprobado por el pleno, sometido luego a exposición pública y una vez recibidas las alegaciones. Visto así, de esta manera, el jefe de los arquitectos municipales advierte sobre una chapuza monumental, pero también pone de manifiesto que en el área con competencias en el diseño del plan se ha producido una grave disfunción.
La reacción del técnico tiene lugar tarde, al hilo de una comisión que iba a debatir las aportaciones ciudadanas al proyecto y poniendo en cuestión el trabajo realizado hasta entonces. Sus apuntes amenazan con destrozar un año entero de procedimiento. De momento, el famoso borrador ha puesto en jaque al PGO bajo la amenaza de enviarlo al punto de salida. ¿Hubo hasta entonces dejación de funciones? ¿Existe ahora un repentino exceso de celo profesional? ¿Estamos ante un acto de deslealtad? ¿Se apresuraron los políticos en la aprobación inicial? Son numerosas las preguntas que surgen con el cese de Javier Domingo Ahijado, pero por encima de las razones que llevaron a su apartamiento existen otras cuestiones más preocupantes que urge atender para encarrilar de manera diligente la definición del nuevo plan.
La primera, cubrir el vacío que deja la destitución. El susodicho arquitecto, aunque con dos planes tumbados a sus espaldas, era el muñidor del urbanismo gijonés desde la caída en desgracia de su antecesor Ovidio Blanco hace más de doce años. El hombre, en definitiva, que tenía todo el planeamiento en la cabeza. La idea del gobierno local es crear una oficina técnica que ejerza esas funciones, mejorar el trabajo en grupo y dar un vuelco al área con más comunicación interna y mayor coordinación con el equipo redactor. Si estos son los objetivos parece claro que no era del agrado el personalismo con el que se regentaba el departamento.
Ya hemos comentado en otra ocasión, con motivo de la defenestración en junio del año pasado de la mitad del equipo de redactores que dirige Emilio Ariznavarreta, que la expresión del ego, ya sea técnico o político, es uno de los mayores enemigos para el PGO. Sin embargo, los responsables de velar por el procedimiento han sido incapaces de prevenir tal fuente de contaminación.
Y la segunda cuestión que requiere una solución inmediata es determinar la manera de avanzar en el proceso teniendo en cuenta la cantidad de agujeros detectados por quien tenía que haber realizado todas esas observaciones antes. Es decir, si desde el primer momento se ha dicho que era prioritario dotar el documento del mayor blindaje jurídico posible para evitar una nueva judicializacion, el ‘informe Domingo’ es un disparo al corazón. El proyecto del PGO ha entrado en la unidad de cuidados intensivos y el riesgo que se corre ahora es tener que volver a empezar.

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En blanco y negro

Repasando con mis compañeros de la redacción la colección gráfica que nos dejó Matilla no dejamos de comentar la enorme transformación urbanística que experimentó esta ciudad a partir de los ochenta, hasta hacerla prácticamente irreconocible en algunas de las instantáneas captadas por el gran fotógrafo gijonés. Aquel Gijón en blanco y negro que recorre sus imágenes durante los primeros años de la transición tiene un componente mágico que despierta la memoria de quienes las contemplan y llevan, prácticamente sin quererlo, de forma espontánea, al ejercicio de la comparación, con una conclusión evidente: lo que éramos y lo que somos. En ese regreso visual al pasado te das rápidamente cuenta de la cirugía de caballo que se aplicó en esta ciudad en apenas veinticinco años, con el aprovechamiento de espacios que se fueron liberando para su uso público en general. Unos por el desgraciado ocaso industrial y otros que lograron ser rescatados para los ciudadanos de las manos de unas instituciones que los mantenían secuestrados sin más. De esta manera nació el barrio de Moreda, se recuperó la playa del Arbeyal, surgió Poniente, se sacó Fomento de la degradación, se abrió el cerro de Santa Catalina, los Pericones se convirtieron en la mayor mancha verde de la urbe y surgió la avenida de El Llano y el barrio de Montevil. Cuántas actuaciones en tan poco tiempo.
Y en poco más de dos décadas las infraestructuras ferroviarias también sufrieron cambios. La antigua estación del Norte se transformó en museo, se modificó la playa de vías al entrar en la ciudad, se construyó una nueva estación en El Humedal, otra para el largo recorrido al final de Carlos Marx y ambas ya fueron derribadas, no tenemos ni una ni otra. En este periodo hemos estado muy ágiles para construir y destruir, quizás porque tampoco se confiaba en las posibilidades del ferrocarril como transporte de futuro. No hubo políticos que lo hicieran, que atendieran a quienes decían que todo aquello era una locura. Tuvimos la mala suerte de carecer de personas con clarividencia que diseñaran ya entonces lo que todavía hoy se sigue pidiendo a voces en la ciudad: la estación término en el centro para el tren y los autobuses.
Han transcurrido catorce años desde que fuera ideado el plan de vías de Gijón. Cinco ministros ocuparon la cartera de Fomento desde que se proyectara el soterramiento con un primer esbozo de estación intermodal en El Humedal. A partir de ahí, cada uno que se sentó en el despacho del número 67 del Paseo de la Castellana tuvo su brillante idea para poner sobre la mesa, mover papeles, alimentar la discusión, entretener y dejar pasar el mandato sin actuar. En la visita del nuevo titular, Iñigo de la Serna, descubrí un rasgo del ministro que hasta ahora no había detectado: la capacidad para darle la vuelta a los compromisos de su antecesora en el cargo. En marzo íbamos a tener el diseño del nuevo plan de vías y a finales de 2019, la intermodal construida. Ahora quedamos emplazados a conocer la viabilidad económico-financiera de la terminal a la altura de la vieja estación, que fue el último acuerdo que adoptó hace un año Gijón al Norte, una sociedad que de vez en cuando se reúne para tomar un café.
Creo que De la Serna puede ser un buen ministro de Fomento, reúne muchas cualidades para serlo, pero entiendo también a quienes consideran que el resultado de su visita fue decepcionante. No solo porque no existan plazos ni financiación adicional por parte de la Administración central más allá de lo que le toca por cuota de participación, sino porque se da otro paso atrás en lo poco que se había avanzado hasta marzo del año pasado. Era evidente que con las plusvalías de los terrenos no se iba a poder pagar toda la actuación urbanística. Incluso si hubieran salido bien las subastas de las parcelas no se obtendrían los recursos suficientes para sufragar todo el plan.
Ahora, con el nuevo paréntesis abierto por Fomento, es muy difícil que este año haya partida presupuestaria para seguir trazando el camino. Y existe otra dificultad añadida, la oposición del Principado al diseño acordado por Ana Pastor y Carmen Moriyón para acercar la estación. La falta de consenso es un tapón. La imposición por mayoría no es del agrado del nuevo ministro de Rajoy.
Por lo tanto, lo mejor que se ha hecho hasta ahora es la pradera del ‘solarón’. Disfrutemos de ella con el deseo de que dentro de treinta años, repasando las imágenes de lo que es hoy la zona, comentemos aquello de que esto fue durante largo tiempo nuestro ‘Central Park’.

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El ‘caso Papá Noel’

Santa Claus no tuvo la culpa. Digamos que se convirtió en víctima del cabreo monumental acumulado en la casa consistorial por la iluminación discreta y laica de las calles. El traslado del Papá Noel de la Plazuela al Seis de Agosto fue la expresión del puñetazo en la mesa. El muñecón orondo más retratado de estas fiestas, la envidia de las Letronas, resultó damnificado por la catástrofe colectiva de unas luces navideñas que no gustaron porque nacieron sin convicción, sin que todo ello sea responsabilidad única y exclusivamente de la empresa.
«Las luces son malas, no reflejan el espíritu navideño que se merece Gijón», dijo esta semana don Fernando Couto, en un estallido de sinceridad durante su entrevista en el programa La Lupa, de Canal 10. Son ese tipo de manifestaciones que se tienen que agradecer a cualquier político, más siendo portavoz gubernamental, porque reflejan el estado de ánimo tras un fracaso que no sólo compete a una parte. En el tema de las luces, la culpa tendría que ser compartida.
Cuando se resolvió el concurso, que de manera preceptiva tuvo que abrir el Ayuntamiento para atender las encomiendas de la Sindicatura de Cuentas, alguien tuvo que ver el proyecto artístico que la empresa había presentado para sostener su oferta. De lo contrario, estaríamos ante un gran engaño. Es decir, o bien nos dieron gato por liebre o el que repasó los bocetos estaba cegarato.
Lo cierto es que el resultado, ahora, salta a la vista. Por ejemplo, este año la cabalgata de los Reyes Magos discurrirá en penumbra. Desde Montevil hasta los Jardines de la Reina recorrerá cuatro kilómetros y medio y sólo se encontrará durante el desfile con tres calles iluminadas con cuatro arcos de bombillas. Vamos, el final de la civilización occidental.
Los munícipes en pleno advirtieron a la instaladora que si para la próxima campaña navideña no mejora la lumínica ornamental se le rescindirá el contrato. La duda es si será capaz a hacerlo por el mismo precio. De momento, otra figura ocupará el sitio en la plaza donde el entrañable gordo de San Nicolás reía feliz y Cimavilla tendrá algún adorno más. Pero al final es lo de siempre, lo barato sale caro, dice la conclusión en versión popular. Y en el Ayuntamiento se acumulan en los últimos tiempos las experiencias.
No hace falta ir muy allá para darse de bruces con desengaños producidos por una política de contrataciones un tanto chapucera. La obsesión de los que determinan con quien se convenia por el final de la raya sin más lupa que el precio conlleva irremediablemente al riesgo. Y luego surgen conflictos por contraposición de intereses, con la ciudadanía por el medio sufriendo las consecuencias. Ahí tenemos la conservación viaria, el mantenimiento de los semáforos, el servicio de alumbrado público, las obras de la calle Aguado y Marqués de San Esteban o lo más reciente, la limpieza de los museos.
Prometieron cambiar el sistema para tener en cuenta otros criterios en la valoración de las ofertas, pero continúan cosechando fiascos. En el chasco de las luces se salva Papá Noel, al que todo el mundo desea, pero también le ha tocado pagar el pato. Ante tanto ridículo, más de uno va a quedar sin regalo.

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