El Comercio
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Categoría: Organizaciones
Industria y patronal

El empresariado gijonés está comenzando a prepararse para el proceso electoral que se abrirá durante los meses venideros en las organizaciones que tienen la responsabilidad de representarles a nivel local y regional. La Federación de Empresarios del Metal y Afines (Femetal), la Federación Asturiana de Empresarios (Fade) y la Cámara de Comercio celebrarán por este orden los comicios para elegir a sus presidentes y a los integrantes de los órganos de gobierno que les acompañarán en sus correspondientes mandatos. La carrera empezará por la federación metalúrgica, la agrupación referente en Gijón y Avilés, que además, en una decisión acertada, inteligente diría yo, se ha colocado en cabeza del pelotón para el relevo en la gran patronal con Belarmino Feito como candidato.
En la Cámara, Félix Baragaño está pendiente de la convocatoria de las elecciones para confirmar de manera oficial su candidatura. La pacificación de la entidad es su mayor aval. Accedió a la presidencia en plena convulsión por el ajuste de plantilla y la fuerte contestación a la gestión realizada por su antecesor, Luis Arias de Velasco, que abandonó el puesto rompiendo el pacto de caballeros al que habían llegado ambos para la sucesión ordenada a mitad de mandato. Baragaño fue proclamado presidente por solo cuatro votos de diferencia tras una reñidísima elección interna contra un buen rival, Laureano Lourido, ahora máximo responsable del puerto y entonces directivo de una empresa consignataria y vocal de la Cámara. Lo más probable es que a Baragaño le salga algún otro contrincante de aquí a que se coloquen las urnas, pero tiene razones suficientes para revalidar la confianza con algo más de holgura con el fin de continuar el trabajo emprendido en su periplo presidencial. Además de la viabilidad financiera de la institución o los proyectos para el recinto ferial, hay un reto por delante que tiene ya que dejar de ser una entelequia: la unión de las tres cámaras asturianas. La creación de un ente supracameral con tres grandes delegaciones puede ser el camino. Algo así como aquella idea del superpuerto con dos bocas, que también quedó en nada.
La unidad, precisamente, supone el mensaje central del discurso que Belarmino Feito ha empezado a entonar en su carrera por suceder a Pedro Luis Fernández al frente de la Fade. El respaldo de Femetal a Feito como aspirante ha servido de pistoletazo de salida, muy adecuado en este caso para generar movimientos ante el hecho electoral. Independientemente de la valía y los méritos de quienes están dispuestos a situarse también en la parrilla, el presidente de Asturfeito tiene un buen perfil para situarse al frente de la federación: contrastada trayectoria empresarial, dialogante, de consenso, conocedor de la realidad económica y social, de las asociaciones y de las instituciones, preocupado por el desarrollo de la innovación y de la tecnología en la empresa, por el aprovechamiento del talento, por el empleo, con gran experiencia en el mercado exterior y con ideas.
Belarmino Feito, además, es un hombre de la industria. Su dedicación al sector está fuera de toda duda y la consideración de Asturias como región fabril está permanentemente en su relato. Por ello hace bien la federación del metal, que es la patronal realmente industrial de la comunidad autónoma salvando aquellas que representan la actividad agroalimentaria, en apostar por un empresario así para dirigir a su pariente mayor.
En toda la historia de Fade, cuarenta años transcurridos, solo hubo una persona vinculada al sector tractor de la economía regional representando a todos los empresarios. Arturo Corte Mier presidió la organización entre 1978 y 1983 después de haber participado en su fundación y en la creación también de la propia Femetal. El resto de los presidentes, siete en total, procedían de la construcción o de empresas de servicios. Ello no quiere decir que no tuvieran sensibilidad con las fábricas, que claro que la tuvieron, pero en los tiempos que corren, cuando es más necesario que nunca recomponer el tejido productivo asturiano a la par que el resto de las actividades van cobrando cada vez mayor peso en el PIB, que la persona que tome las riendas de una federación más fuerte y unida proceda directamente de este sector sería un acicate. Puede que alguien considere que el apunte es anecdótico. Quiero pensar más en que supone una oportunidad para que la industria tenga el protagonismo que realmente se merece.

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Regeneración sindical

Los sindicatos vuelven a cumplir con la liturgia del Primero de Mayo con manifestaciones en todo el país para proclamar que “sin empleo de calidad no hay recuperación”, que es el eslogan que llevan en todas las pancartas. UGT, CC OO y USO celebran movilizaciones unitarias en más de setenta localidades con motivo de la Fiesta del Trabajo, una denominación totalmente incongruente con la realidad que estamos viviendo en España, donde el que trabaja y cobra por ello se ha convertido en un privilegiado frente a quienes sufren las penurias del desempleo y de la pobreza. Los sindicalistas ocuparán hoy las calles para reivindicar la creación de empleo y la recuperación de los salarios al entender, como así es, que son condiciones fundamentales para poder salir de la depresión. Es cierto que no se puede hablar de recuperación económica mientras sigan existiendo casi dos millones de familias en este país con todos sus miembros en paro y mientras continúen aumentando el número de personas en las colas de los comedores sociales. Pero como estamos en un círculo vicioso, para que haya generación de puestos de trabajo y aumento de sueldos, las empresas tienen que ver el final del túnel, ir bien, empezar a arrojar buenos resultados, crecer y avanzar. El primer paso, empezar a ver la luz y tener confianza para poder empezar a regenerar todo lo que hemos ido perdiendo en estos siete años de declive.

Ahora bien, los sindicatos también tienen que reconstruirse. Los dirigentes que encabezan hoy las marchas, con voluntad y muy buenas razones, tendrían que, al mismo tiempo, abrir una reflexión sobre la situación que atraviesan las organizaciones a las que representan por el descrédito en el que han caído, de la misma forma que se ha ido produciendo la desafección hacia la política. Los sindicatos en este país tienen que regenerarse, al igual que se está pidiendo para los partidos, porque también han sido protagonistas de los desmanes que han provocado la falta de credibilidad en las instituciones y el buen funcionamiento democrático. Han construido unas estructuras con cúpulas todopoderosas alimentadas con fondos públicos con fines engañosos, sin que esté muy claro todo lo bueno que ese gran negocio ha dejado en la sociedad. Digamos que el fraude ha estallado en Andalucía, pero la sospecha se extiende por todo el país. Y de la misma manera que han sostenido el tenderete, vemos que quienes dirigían el sindicato hace veinte años, lo siguen haciendo ahora, de una forma u otra, porque el funcionamiento de estas organizaciones, aparentemente democráticas, es absolutamente piramidal, de ordeno y mando, con una buena siembra para que el templo no se desmorone.

Esa situación ha llevado, por ejemplo, a que algunos colectivos laborales, que tendrían que ampararse en la siglas para defenderse de los embates de la crisis, renuncien a ellas por desconfianza y se organicen en plataformas, sistemas asamblearios, para combatir las agresiones a los derechos con buenos resultados. El ejemplo reciente más claro es Tenneco. Al igual que se requieren patronales fuertes, los sindicatos también lo tienen que ser para que el funcionamiento del sistema democrático sea equilibrado y correcto. Fuertes y eficaces, pero también austeros y transparentes. No hace falta ir en audi para hacer valer el liderazgo.

 

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La autodestrucción de Severino

Severino García Vigón ha entrado en un proceso de autodestrucción. La crisis abierta en la Federación Asturiana de Empresarios como consecuencia del enroque del líder de la patronal no tiene más solución que la convocatoria cuanto antes de elecciones para que los asociados puedan decidir sobre la persona que lleve las riendas de Fade en este periodo tan complejo que estamos viviendo.

Vigón está aplicando una receta peligrosa en la agrupación, el régimen presidencialista en su máxima expresión, el ordeno y mando, haciendo rodar cabezas, destituyendo al que se mueva en la foto. Mal final para una persona que, con mucho mérito por su parte, logró hacerse con la dirección de la patronal asturiana hace nada más y nada menos que dieciocho años en un momento de división importante, aunque quizás menos relevante que el de ahora.

Severino tuvo como virtud en todo este tiempo su capacidad para aglutinar, para unir a las empresas asturianas y organizaciones sectoriales de toda índole en torno a un proyecto que fortaleció la patronal para convertirla en contrapeso poderoso de los poderosos sindicatos. Pero el proyecto que construyó, él mismo lo está ahora desbaratando.

Claro que puede haber quién piense que a Severino García Vigón fueron los propios empresarios que ahora le dan la espalda los que permitieron que acumulara el poder que tiene y que  ejerce con vigor, pero con ello no se justifica lo que parece injustificable. El jefe de la patronal ha repartido trigo a unos y otros al tiempo que iba sumando apoyos y nadie osó frenarle los pies por comunión de intereses. La misma comunión que le llevó a hacerse con la presidencia de la Cámara de Oviedo a través de un plan que tenía como objetivo dominar todo el sector empresarial asturiano.  Cámara, por cierto, a la que no tardará en llegar la convulsión originada en Fade. Severino es un producto de todo ello.

 

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