El Comercio
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La piezona, el chip y el turista

En agosto de 2007, cuando por estos lares las autoridades incorporaban en sus discursos el pleno empleo como objetivo desde un punto de vista técnico prácticamente alcanzable, empezaban a llegar por el Atlántico los primeros vientos de lo que poco tiempo después se convertiría en la gran depresión. Un banco, el BNP Paribas, suspendía el reembolso de tres fondos afectados por las hipotecas basura de Estados Unidos y alumbraba la mayor crisis económica desde el crash de 1929. En estos diez años la recesión ha dejado su huella en todos los rincones. Esta ciudad no ha sido ajena a sus zarpazos: El paro registró las más altas cotas de la historia, la pobreza se disparó de manera alarmante y la desigualdad creció sin consideración alguna.
La década negra enterró todos aquellos proyectos que iban a reforzar el cinturón industrial de la comarca y, por ende, de la región. La tormenta se llevó la idea del polo energético a pie de El Musel, uno de los contenidos que iban a dar valor a la ampliación, o la ocupación del extenso terreno destinado a la logística en conexión con el ‘superpuerto’, la popular ZALIA invadida por plumeros, de la que tanto se ha debatido y relatado. No se ha reforzado el cinturón sino justo lo contrario. El declive arrasó una gran parte de las empresas, las que no cerraron adelgazaron y sólo aquellas que tenían un buen asentamiento en el mercado exterior lograron sobrevivir, en muchos casos a duras penas, a las fauces de la crisis. Como resultado de todo ello, el tamaño del sector industrial gijonés, motor de la actividad económica en Asturias, ha quedado jibarizado. Y para más inri, sufriendo una persecución medioambiental sin precedentes. Las compañías tractoras serán sometidas a partir de ahora a videovigilancia por sí molestan.
En estos diez años, por lo tanto, la estructura de la economía local ha sufrido una evidente transformación, más que en cualquier otro lugar.
Mientras la industria tradicional sufría las sacudidas, otros sectores, sin embargo, fueron poco a poco cobrando fuerza en Gijón en estos tiempos oscuros. Me refieren a dos de manera especial. Uno al amparo de la era digital, vinculado al desarrollo de las nuevas tecnologías y concentrado en la Milla del Conocimiento, que alberga un centenar de empresas y más de tres mil profesionales desplegando actividades innovadoras. El otro, el turístico. La ciudad ha reforzado su atractivo, sin duda alguna, por una combinación de políticas públicas y privadas que han logrado colocar a Gijón en los puestos de cabeza entre los destinos más preferidos del Norte del país. Estos días estamos viendo como los esfuerzos realizados en estos años han empezado a dar sus frutos. El turismo es ya una alternativa sólida de generación de riqueza y empleo.
En los últimos meses responsables de todas las administraciones han venido anunciando el inicio de la reactivación de la economía esgrimiendo la paulatina reducción del desempleo, la evolución de la producción y del consumo, el nivel de las exportaciones y el aumento de las cifras de visitantes. Efectivamente, la tendencia ha cambiado, aunque todavía resulta aventurado diagnosticar la consolidación de la recuperación. Pues bien, la ciudad en la que vivimos está preparada para ello. Frente a quienes pronostican males mayores, circunstancias desastrosas o catástrofes inevitables, en este dramático decenio se han sentado también bases para emprender el tirón. La piezona, el chip y el turista son los pilares que tenemos para la reconstrucción. El deber ahora es mimarlos.

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El escaparate de la Ería

Han pasado doce años desde que la promotora del complejo de la Ería del Piles comenzara a trabajar sobre el proyecto para cambiar la imagen de esa fachada del litoral gijonés y esta semana el Ayuntamiento ha dado un impulso a la iniciativa, esperemos que de forma definitiva. En la ciudad hay tres actuaciones de gran envergadura pendientes para completar la transformación del casco urbano: la extensión del paseo desde Poniente hasta El Arbeyal con el aprovechamiento de los terrenos de Naval Gijón y la recuperación de la trama de El Natahoyo; el desarrollo del plan de vías y la intervención sobre el ‘solarón’ y el adecentamiento de toda la fachada marítima desde el puente del Piles hasta el Sanatorio Marítimo. De las tres, la tercera es la más factible de emprender en un plazo razonable teniendo en cuenta el interés por parte del inversor en llevar adelante el proyecto y el desbloqueo administrativo que ha recibido con su aprobación por la mayoría plenaria municipal.
La idea de Astur Promotora abarca solo una parte de la cirugía que necesita la zona costera del este, que va desde el puente del Piles hasta Bellavista en el frente de la avenida de José García Bernardo y el triángulo entre la carretera Piles-Infanzón y de la Providencia. Un espacio de casi 40.000 metros cuadrados, situado en un enclave privilegiado y singular. Por ello, lo menos que se puede exigir es que la intervención sea también respetuosa con ese privilegio y con esa singularidad. Desde que el gobierno de Paz Fernández Felgueroso abriera un concurso en el año 2002 para definir qué hacer en el lugar las ideas han ido evolucionando cual bicho viviente, de la misma manera que lo hicieron las trabas al proyecto. Del imaginativo edificio Salamandra, que ganó aquella convocatoria y que se llegó a exponer en el MOMA de Nueva York, se pasó a un boceto elaborado por la actual promotora con una torre de apartamentos de cuarenta metros de altura que remataba un complejo mayúsculo. La explicación del mamotreto era ridícula: enmarcaba la bahía con la iglesia de San Pedro en el otro extremo. O sea, la vista panorámica se convertiría en una moderna estampa de San Lorenzo. Menos mal que no cuajó.
Ahora, la empresa ha repartido la edificabilidad en bloques de hasta tres alturas para reducir el impacto visual y con un nuevo rediseño que incluye retranqueos y conexiones con los espacios públicos que tiene que habilitar por imperativo municipal. Así todo, el proyecto continúa ofreciendo dudas.
Los vecinos de la Ería del Piles, que mantendrán sus chalés en la parte trasera del complejo cual reserva a la sombra, ya han anunciado que seguirán utilizando todos los instrumentos legales a su alcance para manifestar su oposición por las dimensiones del edificio y la situación de insolvencia de la promotora. Cierto es que ambos aspectos tienen que ser estrechamente vigilados.
A falta de conocer cada uno de los detalles del proyecto, a buen seguro que existe margen todavía para suavizar la intervención mediante el diseño de volúmenes y el uso de materiales para que el centro comercial y de ocio que se plantea sea absolutamente respetuoso con el entorno, al tiempo que dignifique la zona. Las fases que tiene que abrir el Ayuntamiento hasta su aprobación final son precisamente para eso, recibir alegaciones y corregir.
Sobre el estado económico de Astur Promotora, lo mejor que le puede ocurrir a una empresa en concurso de acreedores es que pueda recobrar la actividad con el respaldo financiero de quienes tienen confianza en el proyecto. ¿Merece la pena asumir el riesgo? Desde luego la mayor vacuna contra el fracaso es seguir sin hacer nada manteniendo el cochambroso escaparate que ahora ofrecemos en aquel rincón del maravilloso paseo.

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Ciencias de la salud

Digamos que el actual rector ha mostrado cierta sensibilidad con Gijón en contraposición con una gran parte de sus antecesores, por no decir todos, a los que le importaba más bien poco el sentir universitario de esta ciudad. Don Santiago García Granda, ya en la campaña para su elección, se puso al lado de las inquietudes surgidas desde los estamentos de la institución magnífica más directamente vinculados a esta villa. Y cosechó apoyos por encima de cualquier otro candidato.
Digamos que, aunque nació en Verdiciu, es el rector más gijonudo de los últimos tiempos. Por ello no resulta extraña la valentía con la que expresa su deseo, la intención, de que el campus se abra también a las ciencias de la salud y no sea solo una reserva para fabricar ingenieros de la industria del metal, como tal se podría predicar a veintiocho kilometros de donde les escribo.
Si algo gusta de don Santiago es su transparencia en los planteamientos y en la reivindicación. Quizás tenga la propiedad de mimetizarse con los cristales sobre los que como químico tanto investigó, pero a las palabras me remito para destacar esa cualidad que tan buena renta puede tener para una ciudad como esta deseosa de despegar.
Vamos al grano y tomemos al rector por lo dicho. El señor Granda, en la entrevista que publicó este periódico, afirmó que estaban proyectando impulsar el grado de Enfermería y crear el germen de unos grupos de investigación en esta disciplina y en medicina, de tal manera que se podría ir conformando una sede de Ciencias de la Salud en Gijón, que tendría como complemento perfecto el establecimiento de los estudios sobre Ingeniería Biomédica. Se daría contenido universitario al Hospital de Cabueñes, que con el nuevo proyecto de remodelación tiene prevista incrementar la labor docente e investigadora, y la actual facultad, dependiente orgánicamente de la Consejería del ramo, pasaría a convertirse en un centro integrado en toda regla.
La idea no es a corto plazo, requiere tiempo de maduración, pero creo que tiene tal trascedencia para el devenir del campus que todas las instituciones a las que compete tendrían que ir pensando en ponerse a trabajar de manera activa para definir un plan que la lleve a buen puerto.
Existe un ecosistema en la milla del conocimiento que, sin reñirse lógicamente con lo que se va formando en torno al HUCA en Oviedo, al contrario, en activa colaboración con su talento, se podría crear un polo universitario especializado en tecnologías aplicadas al mundo de la sanidad absolutamente competitivo y de futuro. Nuevas ciencias de la salud. Estoy pensando en la ‘eHealth’, en el desarrollo de la realidad virtual, en la producción en tres dimensiones de materiales o en la robótica. Desde luego, en ‘Cabueñes Valley’ cerebro existe y la experiencia que se va adquiriendo comienza a cuajar.
El planteamiento encaja en la búsqueda de los modelos más idóneos para los campus de la región. De la misma manera que también encaja el grado de Educación Física en Mieres que el rector tiene como objetivo implantar el próximo año. Resulta de sentido común que la persona que está al frente de la administración universitaria en Asturias quiera mejorar y ampliar la oferta optimizando todos los recursos disponibles. Y el enclave del Caudal agoniza por infrautilizado.
Aunque Gijón no puede renunciar a incrementar el catálogo de carreras para enriquecer el campus y hacerlo más atractivo, las prioridades tienen que ir por otro lado. El debate, de todas formas, está sobre la mesa. No es menor.

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Las tasas a los lobbies

La concejala de Hacienda ha abierto la discusión municipal sobre la fiscalidad que aplicará el próximo año el Ayuntamiento con el fin de ir preparando con tiempo los presupuestos. Todos los grupos políticos, en mayor o menor medida, son partidarios de la congelación general de los tributos con las matizaciones que cada uno hace en cuanto a bonificaciones o mayores gravámenes en la contribución por bienes inmuebles e instalaciones. Todos salvo el PP, que plantea la rebaja a lo grande, incluso en el IVA cultural de los abonos para ir a los toros, y la supresión de un buen número de tasas y precios públicos que mermaría de forma considerable la recaudación. El problema es que los populares no han explicado de qué manera cuadrarían después las cuentas en un ejercicio que requerirá un esfuerzo notable en el gasto y mayor inversión para acompañar la recuperación de la economía desde la administración local.
La señora Ana Braña ha preparado el esbozo de la junta de gobierno para las ordenanzas fiscales bajo tres premisas: mantener coeficientes, porcentajes y precios actuales en la mayor parte de los tributos, subir un cinco por ciento la recogida de la basura para costear el reciclaje y los servicios del Patronato Deportivo Municipal y meterle mano en el bolsillo a las empresas eléctricas, gasísticas, de carburantes, compañías telefónicas y bancos para elevar los ingresos.
El equipo de Moriyón, por lo tanto, opta por el ‘modelo Carmena’ para gravar los activos de las firmas más poderosas del Ibex a partir de lo que establece una legislación que hasta hace bien poco era inaplicable por las presiones, los obstáculos y la defensa ejercida por los lobbies. Las tasas sobre las infraestructuras de todas estas compañías están amparadas por la ley reguladora de las haciendas locales de 2004, que establece el pago en virtud de los tendidos extendidos por el concejo y el 1,5 por ciento de su facturación en el municipio.
Este paraguas legal, cuya aplicación ha llevado a una batalla judicial de las empresas con los ayuntamientos que osaron poner en marcha los gravámenes por las distintas interpretaciones sobre el carácter de las instalaciones, ha obtenido ahora los parabienes del Supremo para alivio de las administraciones. De la misma manera que el hostelero contribuye por su terraza o el titular de un garaje por el vado, estas compañías tienen el deber de liquidar el tributo correspondiente por la ocupación del dominio público, sea mediante una línea, una tubería o un cajero automático. Resulta de justicia.
Por lo tanto, se abre para el Ayuntamiento gijonés una fuente de ingresos irrenunciable, que puede compensar con creces la congelación del resto de los impuestos que componen el catálogo fiscal del municipio en beneficio de todos los ciudadanos. Más aún cuando el consistorio necesita aumentar la recaudación para poder atender los compromisos derivados de la puesta en marcha de la renta social, sin emprender recortes en otros gastos ni renunciar a incrementar la calidad de vida de los gijoneses a través de más y mejores servicios y dotaciones.
Las empresas han venido advirtiendo en todos estos años que las tasas municipales acabarán repercutiendo en los costes para los usuarios. Es decir, que están dispuestos a incrementar a sus clientes el importe final del recibo del gas, de la luz y del teléfono o las comisiones por la utilización del cajero para atender al pago de los impuestos. O sea, chantaje emocional.

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El consejero astuto

Como se diría en términos bursátiles, Fernando Lastra se ha estrenado en el Gobierno de Javier Fernández con un subidón. El nuevo consejero de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente cotiza al alza en la tarea de recomponer los desaguisados de su antecesora. Su encuentro con la alcaldesa de Gijón nada más tomar posesión como nuevo miembro del Ejecutivo regional es una demostración de la gran astucia de este sabueso de la política asturiana. Lastra eligió el plan de vías de Gijón para propinar el primer golpe de efecto de su mandato con una rectificación en toda regla de la posición mantenida hasta el último momento por la cuestionada Belén Fernández. No tenía más remedio.
El enrocamiento del Principado y del PSOE local en el rechazo al nuevo proyecto de integración ferroviaria planteado por el ministro de Fomento hubiera sido un suicidio. El pan que trajo bajo el brazo Íñigo de la Serna para impulsar su ejecución era muy apetitoso. Un caramelo demasiado goloso para decir no a las primeras de cambio. Pero los socialistas tendrían que cambiar el discurso de manera radical con el fin de aceptar lo que para ellos era absolutamente inaceptable como la ubicación de la estación central junto al Museo del Ferrocarril y no en Moreda. Y qué mejor manera de hacerlo si quien tiene que asumirlo es una persona distinta a la que había repartido tantos mandobles en público contra la idea. Cambio de consejero, mensaje distinto, otro talante. Todo ello de un día para otro.
José María Pérez había calificado los quinientos millones de De la Serna para el plan de vías, la puesta en marcha del metrotrén y su ampliación hasta Cabueñes de propaganda electoral de la derecha y hay quien ve una contradicción con el apoyo expresado ahora por el flamante consejero. Nada más lejos de la realidad. La única manera de sacar rédito al proyecto es sumándose a él esgrimiendo el interés general, como lo ha hecho ahora el representante del Principado, y exigir desde esa posición el cumplimiento de los plazos y de la inversión comprometida. De esta forma, será más fácil desenmascarar al que vaya de farol.
Así que por primera vez desde que estamos gobernados a niveles distintos por tres administraciones de formaciones políticas diferentes tenemos el consenso sobre un esbozo con financiación comprometida para acometer la integración ferroviaria de la ciudad y la mayor operación urbanística del próximo decenio en Gijón.
Además, este giro de ciento ochenta grados puede abrir una etapa distinta en las relaciones entre el Ayuntamiento y el Principado para abordar otros asuntos relevantes para el nuevo consejero. Fernando Lastra se ha dejado llevar por el sentido común con su respaldo sin reparos al plan de vías, el que tantas veces se echa en falta en la política asturiana. A partir de ahora se siente legitimado para pedir la misma colaboración «constructiva» al gobierno local gijonés con el fin de sacar la Zona Logística Industrial del Principado de Asturias (ZALIA) de la asfixia económica, lograr un acuerdo sobre la ordenación del área metropolitana y resolver la situación de Sogepsa.
El presidente Javier Fernández, en la toma de posesión, fió una buena parte del éxito de lo que resta de legislatura a la capacidad de Fernando Lastra. ¿Será suficiente la sagacidad del veterano portavoz para salvar la acción de un gobierno cada vez más débil? La encomienda ha empezado por Gijón.

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La subida de la basura

Esteban Aparicio es uno de los concejales de moda. No porque sus apariciones sean estelares o extravagantes como se podría entender con tal apreciación, sino porque en las últimas semanas ha tenido más protagonismo que otros ediles del equipo que lleva las riendas municipales coincidiendo, por cierto, con el ecuador del mandato de la alcaldesa y su gobierno, sobre el que estos días se hacen tantos pronósticos e interpretaciones. Aparicio es un hombre vehemente, con sorna, de buena dialéctica y rápida reacción.
De esta forma, al responsable de la seguridad ciudadana no le duelen prendas en multar a la banda de gaitas ‘Villa de Xixón’ si actúa en la plaza del Lavaderu sin autorización. Sobre él pesa, por mencionar algún asunto, el cumplimiento de la ordenanza cívica que regula el botellón, de tal manera que si durante los fines de semana en Cimavilla o ahora en les fiestes de prau aparecen restos de jarana será porque alguien estuvo por la noche de copas en la calle. En este tema habrá más control. O el plan de movilidad, que nos quiere poner a todos los gijoneses a circular a veinte por hora por el centro de la ciudad, sea en coche, moto o autobús, cuando las zonas treinta no las respetan ni los que transitan en bicicleta por fuera del carril. Aquí se promete flexibilidad. O la reforma del modelo de gestión y funcionamiento jerárquico del voluntariado de protección civil, donde la solución es cambiar la cabeza.
Y la pajarita azul. El puerto deportivo de Gijón ha perdido la bandera de los mares limpios de Europa porque el muelle local se ha convertido en un vertedero, pero tenemos pajarita. Esta semana hemos visto al señor concejal posando henchido con la responsable de la Empresa Municipal de Limpiezas, doña Pilar Vázquez, en el paseo del Muro de San Lorenzo con la preciada figurita encerrada en una urna de metacrilato. El Ministerio de Medio Ambiente de la señora Isabel García Tejerina, la misma que no sabe todavía el destino de la depuradora del Este mientras vertemos libremente las aguas fecales al mar, ha distinguido al Ayuntamiento con el premio a la excelente gestión del reciclaje del papel y del cartón. En realidad, el galardón destaca el esfuerzo municipal por intentar alcanzar el objetivo marcado por las autoridades comunitarias sobre el uso del contenedor del mismo color que el reconocimiento, aunque estamos aún a la mitad del camino. Queda todavía mucha labor de concienciación.
Tres de cada cuatro ciudadanos continúan sin realizar la separación en origen de los residuos y siguen sin utilizar como es debido los depósitos instalados en la calle. Ni el azul, ni el verde ni el amarillo. Emulsa ha comenzado a habilitar un cuarto contenedor, el marrón, para completar la gama y cerrar el círculo de recogida de los desperdicios urbanos con la lógica reticencia vecinal al tener que usar la tarjeta ciudadana para poder arrojar los restos de la comida o los posos del café. O sea, el colmo del absurdo. Hacer difícil lo que a toda costa hay que facilitar.
La gestión de los residuos es un proceso muy costoso. Los puntos de recogida, los sistemas especiales de transporte, el tratamiento en Cogersa y las campañas de sensibilización requieren destinar una elevada cuantía de recursos económicos que comprometen las finanzas de la empresa municipal. Y con ello volvemos a nuestro concejal de la semana. Don Esteban Aparicio dejó caer, así como el que no quiere la cosa, que el próximo año el Ayuntamiento tendrá que subir la tasa de la basura, congelada desde hace varios años como una buena parte de las tarifas locales, para poder atender el gasto que supone el tema del reciclaje. Quizás la idea del edil sea una ‘boutade’, pero a buen seguro su compañera de Hacienda estará echando ya cuentas para ver en cuanto se puede aumentar la recaudación si sacamos los precios por los servicios públicos del frigorífico.

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