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El mestizaje y los tiempos

 


El nuevo plan urbanístico “representa el mestizaje y el pluralismo municipal”, según la descripción de la izquierda ortodoxa en el Ayuntamiento de Gijón. Xixón Sí Puede e IU salieron al unísono, como si de una misma fuerza se tratara, para airear su bendición al proyecto de PGO. Lógica reacción. El documento que se someterá a votación en el pleno del próximo miércoles lleva la redaccion del equipo que dirige Fernando Couto, como concejal de Urbanismo que es, pero prácticamente todas las novedades introducidas en el nuevo texto han sido inspiradas por las formaciones que se sientan justo enfrente a la bancada conservadora. Aparentemente, por lo tanto, no existían razones para que la respuesta inmediata fuera el rechazo, incluida también la postura de los socialistas. No en vano, el plan recoge las objeciones y advertencias que el PSOE había puesto de manifiesto durante toda su tramitación, me consta a petición de los propios portavoces de Xixón e IU en favor del consenso. Si hubiera que mencionar a los padres del proyecto sin duda alguna no se podría dejar fuera de la lista de notables a David Alonso y Aurelio Martín. Ambos concejales, junto al edil forista responsable de la materia, pergeñaron los cambios que llevaron a aquella mezcla de sensibilidades.

De todas formas, con cruce o no, salgan criollos, zambos, mulatos o castizos, lo cierto es que para el PSOE no habrá tregua. El PGO puede ser lo plural que se quiera, pero el enemigo está marcado. Es curioso que justo veinticuatro horas después de que Fernando Couto explicara a José María Pérez el contenido de las modificaciones que ellos mismos habían planteado, saliera el portavoz socialista, rodeado de quienes le acompañan en el grupo, para pedir la reprobación del concejal de Urbanismo por su actuación en la EMA. Ni perdón ni minuto de gloria.

Vamos, que la mezcolanza en el Ayuntamiento sigue siendo asunto de tres formaciones, las mismas que pactaron la puesta en marcha de la renta social y que respaldan que bancos, telefónicas y eléctricas contribuyan mas a las arcas municipales.

Según la teoría genética, la mezcla puede dar como resultado un individuo más fuerte. En el caso de Gijón, el gobierno local tuvo claro desde el primer momento que, ante su debilidad, la única manera de gestionar la ciudad con un bastón de mando con respaldo minoritario era suscribiendo pactos con el resto de los grupos, independientemente del color que tuvieran. Se puede llamar funambulismo o podemización, pero el plan urbanístico, por ejemplo, sería impensable sacarlo adelante sin la amalgama.

Ahora bien, el mayor riesgo al que se enfrenta el proyecto de PGO es el largo recorrido que aún le queda por hacer. Una vez aprobado por el pleno tiene que ir al boletín oficial, volver a ser expuesto durante dos meses a información pública, analizar todas las alegaciones que reciba, hacer el informe correspondiente, pasar otra vez por comisión de urbanismo con el resultado del nuevo documento enriquecido con las aportaciones que se acepten, remitirlo a la CUOTA, cuatro meses más de plazo para que la comisión de ordenación del territorio emita su dictamen, recoger en su caso las prescripciones que realice y preparar el texto y toda la reglamentación correspondiente para la aprobación definitiva en sesión plenaria. Todo ello en un año como mucho si se quiere evitar que la decisión final entre en periodo electoral donde el pluralismo y el mestizaje que ahora se enarbola con orgullo salte por los aires.

 

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La agenda de la ‘rentrée’

Con el corazón puesto en Barcelona ante los zarpazos del fanatismo, solo el estreno del Sporting en el arranque tempranero de la Liga consigue distraerme por un instante, voy anotando en la agenda los asuntos que nos aguardan con el regreso del curso a la ciudad. La ‘rentrée’ viene cargada si nos atenemos a la relación de temas que doña Carmen Moriyón fue desgranando en la entrevista que publicó este periódico el día de la festividad de Nuestra Señora de Begoña a modo de encomienda.
El espacio que habilita el mes que está a la vuelta de la esquina se queda pequeño para la lista de tareas y deberes enumerados por la primera dama local, por lo que posiblemente alguno de ellos tengan que ocupar sitio más allá de septiembre para que la intensidad del trabajo sea más o menos llevadera.
La oposición, vaya por delante, ya ha advertido que la señora alcaldesa peca de exceso de optimismo en cuanto al resultado de los asuntos que nos esperan. Y si los grupos políticos implicados lo dicen pues será verdad, pero yo prefiero ese estado de ánimo que el del mandatario gachu y triste, sin referirme como es lógico a nadie en concreto, que con tal carácter transmite desencanto a una ciudadanía necesitada de confianza e ilusión.
Pero bueno, a lo que íbamos. Una de las primeras cuestiones que el gobierno local afrontará en septiembre es la aprobación del documento corregido del plan urbanístico, con todas las aportaciones recibidas en los últimos meses. El PGO es de cocción lenta, pero ya comentamos en alguna otra ocasión que las prisas en estos casos no son buenas teniendo en cuenta anteriores experiencias. Gijón necesita un plan, cómo no, pero tiene que ser un plan con garantías y seguridad para evitar que una coma o una laguna lo pueda destrozar. El mayor blindaje sería el consenso unánime.
El segundo tema, el plan de vías. Confía nuestra mandataria en que don Íñigo de la Serna, que ya es como de la familia, presente en septiembre la propuesta de convenio que recoja por escrito todos los compromisos asumidos de palabra en la bienaventurada reunión de julio. Es decir, proyecto, plazos y dinero bien marcados en tinta y sellados como tiene que ser para que luego no venga alguien a decir «es que yo dije no sé qué». Doña Carmen quiere acortar los tiempos para que el próximo año se empiece a vaciar de agua el tunelón. Sería una sorpresa que Fomento efectivamente adelantara las labores para preparar el uso del metrotrén.
En septiembre también se aguarda la confirmación de la resurrección de la autopista del mar. Mientras la de Vigo estudia incrementar sus conexiones, en Gijón tenemos depositada la esperanza en la naviera Balearia para reabrir la línea con Saint Nazaire auxiliada por las tres administraciones. Lo que no se sabe todavía es si la parte francesa, que también saldría beneficiaria, aportará al nuevo proyecto las cantidades que tenemos previsto destinar aquí o para ellos resultaría gratis total. Y el cuarto asunto, los presupuestos del próximo año, donde el primer camino que la Corporación tiene que despejar son las ordenanzas fiscales. El hándicap del Ayuntamiento es incrementar sus ingresos para sostener los gastos en los que se ha metido y, sobre todo, garantizar que la renta social no sea cosa de un año. Una de las vías es aplicar nuevos gravámenes sobre las infraestructuras de las compañías eléctricas, de telefonía y de los bancos, como ya lo hacen otros municipios. La propuesta viene por la izquierda y aunque la amenaza es que, al final, lo pagarán los consumidores, la alternativa es subir otros tributos porque las fuentes de financiación son escasas y limitadas. En definitiva, tenemos por delante un mes entretenido. Después del exitoso ‘veroño’ que Gijón ha vivido, el espectáculo en el noble edificio de la plaza Mayor parece asegurado. Un consejo, reserven entradas.

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La piezona, el chip y el turista

En agosto de 2007, cuando por estos lares las autoridades incorporaban en sus discursos el pleno empleo como objetivo desde un punto de vista técnico prácticamente alcanzable, empezaban a llegar por el Atlántico los primeros vientos de lo que poco tiempo después se convertiría en la gran depresión. Un banco, el BNP Paribas, suspendía el reembolso de tres fondos afectados por las hipotecas basura de Estados Unidos y alumbraba la mayor crisis económica desde el crash de 1929. En estos diez años la recesión ha dejado su huella en todos los rincones. Esta ciudad no ha sido ajena a sus zarpazos: El paro registró las más altas cotas de la historia, la pobreza se disparó de manera alarmante y la desigualdad creció sin consideración alguna.
La década negra enterró todos aquellos proyectos que iban a reforzar el cinturón industrial de la comarca y, por ende, de la región. La tormenta se llevó la idea del polo energético a pie de El Musel, uno de los contenidos que iban a dar valor a la ampliación, o la ocupación del extenso terreno destinado a la logística en conexión con el ‘superpuerto’, la popular ZALIA invadida por plumeros, de la que tanto se ha debatido y relatado. No se ha reforzado el cinturón sino justo lo contrario. El declive arrasó una gran parte de las empresas, las que no cerraron adelgazaron y sólo aquellas que tenían un buen asentamiento en el mercado exterior lograron sobrevivir, en muchos casos a duras penas, a las fauces de la crisis. Como resultado de todo ello, el tamaño del sector industrial gijonés, motor de la actividad económica en Asturias, ha quedado jibarizado. Y para más inri, sufriendo una persecución medioambiental sin precedentes. Las compañías tractoras serán sometidas a partir de ahora a videovigilancia por sí molestan.
En estos diez años, por lo tanto, la estructura de la economía local ha sufrido una evidente transformación, más que en cualquier otro lugar.
Mientras la industria tradicional sufría las sacudidas, otros sectores, sin embargo, fueron poco a poco cobrando fuerza en Gijón en estos tiempos oscuros. Me refieren a dos de manera especial. Uno al amparo de la era digital, vinculado al desarrollo de las nuevas tecnologías y concentrado en la Milla del Conocimiento, que alberga un centenar de empresas y más de tres mil profesionales desplegando actividades innovadoras. El otro, el turístico. La ciudad ha reforzado su atractivo, sin duda alguna, por una combinación de políticas públicas y privadas que han logrado colocar a Gijón en los puestos de cabeza entre los destinos más preferidos del Norte del país. Estos días estamos viendo como los esfuerzos realizados en estos años han empezado a dar sus frutos. El turismo es ya una alternativa sólida de generación de riqueza y empleo.
En los últimos meses responsables de todas las administraciones han venido anunciando el inicio de la reactivación de la economía esgrimiendo la paulatina reducción del desempleo, la evolución de la producción y del consumo, el nivel de las exportaciones y el aumento de las cifras de visitantes. Efectivamente, la tendencia ha cambiado, aunque todavía resulta aventurado diagnosticar la consolidación de la recuperación. Pues bien, la ciudad en la que vivimos está preparada para ello. Frente a quienes pronostican males mayores, circunstancias desastrosas o catástrofes inevitables, en este dramático decenio se han sentado también bases para emprender el tirón. La piezona, el chip y el turista son los pilares que tenemos para la reconstrucción. El deber ahora es mimarlos.

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El escaparate de la Ería

Han pasado doce años desde que la promotora del complejo de la Ería del Piles comenzara a trabajar sobre el proyecto para cambiar la imagen de esa fachada del litoral gijonés y esta semana el Ayuntamiento ha dado un impulso a la iniciativa, esperemos que de forma definitiva. En la ciudad hay tres actuaciones de gran envergadura pendientes para completar la transformación del casco urbano: la extensión del paseo desde Poniente hasta El Arbeyal con el aprovechamiento de los terrenos de Naval Gijón y la recuperación de la trama de El Natahoyo; el desarrollo del plan de vías y la intervención sobre el ‘solarón’ y el adecentamiento de toda la fachada marítima desde el puente del Piles hasta el Sanatorio Marítimo. De las tres, la tercera es la más factible de emprender en un plazo razonable teniendo en cuenta el interés por parte del inversor en llevar adelante el proyecto y el desbloqueo administrativo que ha recibido con su aprobación por la mayoría plenaria municipal.
La idea de Astur Promotora abarca solo una parte de la cirugía que necesita la zona costera del este, que va desde el puente del Piles hasta Bellavista en el frente de la avenida de José García Bernardo y el triángulo entre la carretera Piles-Infanzón y de la Providencia. Un espacio de casi 40.000 metros cuadrados, situado en un enclave privilegiado y singular. Por ello, lo menos que se puede exigir es que la intervención sea también respetuosa con ese privilegio y con esa singularidad. Desde que el gobierno de Paz Fernández Felgueroso abriera un concurso en el año 2002 para definir qué hacer en el lugar las ideas han ido evolucionando cual bicho viviente, de la misma manera que lo hicieron las trabas al proyecto. Del imaginativo edificio Salamandra, que ganó aquella convocatoria y que se llegó a exponer en el MOMA de Nueva York, se pasó a un boceto elaborado por la actual promotora con una torre de apartamentos de cuarenta metros de altura que remataba un complejo mayúsculo. La explicación del mamotreto era ridícula: enmarcaba la bahía con la iglesia de San Pedro en el otro extremo. O sea, la vista panorámica se convertiría en una moderna estampa de San Lorenzo. Menos mal que no cuajó.
Ahora, la empresa ha repartido la edificabilidad en bloques de hasta tres alturas para reducir el impacto visual y con un nuevo rediseño que incluye retranqueos y conexiones con los espacios públicos que tiene que habilitar por imperativo municipal. Así todo, el proyecto continúa ofreciendo dudas.
Los vecinos de la Ería del Piles, que mantendrán sus chalés en la parte trasera del complejo cual reserva a la sombra, ya han anunciado que seguirán utilizando todos los instrumentos legales a su alcance para manifestar su oposición por las dimensiones del edificio y la situación de insolvencia de la promotora. Cierto es que ambos aspectos tienen que ser estrechamente vigilados.
A falta de conocer cada uno de los detalles del proyecto, a buen seguro que existe margen todavía para suavizar la intervención mediante el diseño de volúmenes y el uso de materiales para que el centro comercial y de ocio que se plantea sea absolutamente respetuoso con el entorno, al tiempo que dignifique la zona. Las fases que tiene que abrir el Ayuntamiento hasta su aprobación final son precisamente para eso, recibir alegaciones y corregir.
Sobre el estado económico de Astur Promotora, lo mejor que le puede ocurrir a una empresa en concurso de acreedores es que pueda recobrar la actividad con el respaldo financiero de quienes tienen confianza en el proyecto. ¿Merece la pena asumir el riesgo? Desde luego la mayor vacuna contra el fracaso es seguir sin hacer nada manteniendo el cochambroso escaparate que ahora ofrecemos en aquel rincón del maravilloso paseo.

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Ciencias de la salud

Digamos que el actual rector ha mostrado cierta sensibilidad con Gijón en contraposición con una gran parte de sus antecesores, por no decir todos, a los que le importaba más bien poco el sentir universitario de esta ciudad. Don Santiago García Granda, ya en la campaña para su elección, se puso al lado de las inquietudes surgidas desde los estamentos de la institución magnífica más directamente vinculados a esta villa. Y cosechó apoyos por encima de cualquier otro candidato.
Digamos que, aunque nació en Verdiciu, es el rector más gijonudo de los últimos tiempos. Por ello no resulta extraña la valentía con la que expresa su deseo, la intención, de que el campus se abra también a las ciencias de la salud y no sea solo una reserva para fabricar ingenieros de la industria del metal, como tal se podría predicar a veintiocho kilometros de donde les escribo.
Si algo gusta de don Santiago es su transparencia en los planteamientos y en la reivindicación. Quizás tenga la propiedad de mimetizarse con los cristales sobre los que como químico tanto investigó, pero a las palabras me remito para destacar esa cualidad que tan buena renta puede tener para una ciudad como esta deseosa de despegar.
Vamos al grano y tomemos al rector por lo dicho. El señor Granda, en la entrevista que publicó este periódico, afirmó que estaban proyectando impulsar el grado de Enfermería y crear el germen de unos grupos de investigación en esta disciplina y en medicina, de tal manera que se podría ir conformando una sede de Ciencias de la Salud en Gijón, que tendría como complemento perfecto el establecimiento de los estudios sobre Ingeniería Biomédica. Se daría contenido universitario al Hospital de Cabueñes, que con el nuevo proyecto de remodelación tiene prevista incrementar la labor docente e investigadora, y la actual facultad, dependiente orgánicamente de la Consejería del ramo, pasaría a convertirse en un centro integrado en toda regla.
La idea no es a corto plazo, requiere tiempo de maduración, pero creo que tiene tal trascedencia para el devenir del campus que todas las instituciones a las que compete tendrían que ir pensando en ponerse a trabajar de manera activa para definir un plan que la lleve a buen puerto.
Existe un ecosistema en la milla del conocimiento que, sin reñirse lógicamente con lo que se va formando en torno al HUCA en Oviedo, al contrario, en activa colaboración con su talento, se podría crear un polo universitario especializado en tecnologías aplicadas al mundo de la sanidad absolutamente competitivo y de futuro. Nuevas ciencias de la salud. Estoy pensando en la ‘eHealth’, en el desarrollo de la realidad virtual, en la producción en tres dimensiones de materiales o en la robótica. Desde luego, en ‘Cabueñes Valley’ cerebro existe y la experiencia que se va adquiriendo comienza a cuajar.
El planteamiento encaja en la búsqueda de los modelos más idóneos para los campus de la región. De la misma manera que también encaja el grado de Educación Física en Mieres que el rector tiene como objetivo implantar el próximo año. Resulta de sentido común que la persona que está al frente de la administración universitaria en Asturias quiera mejorar y ampliar la oferta optimizando todos los recursos disponibles. Y el enclave del Caudal agoniza por infrautilizado.
Aunque Gijón no puede renunciar a incrementar el catálogo de carreras para enriquecer el campus y hacerlo más atractivo, las prioridades tienen que ir por otro lado. El debate, de todas formas, está sobre la mesa. No es menor.

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Las tasas a los lobbies

La concejala de Hacienda ha abierto la discusión municipal sobre la fiscalidad que aplicará el próximo año el Ayuntamiento con el fin de ir preparando con tiempo los presupuestos. Todos los grupos políticos, en mayor o menor medida, son partidarios de la congelación general de los tributos con las matizaciones que cada uno hace en cuanto a bonificaciones o mayores gravámenes en la contribución por bienes inmuebles e instalaciones. Todos salvo el PP, que plantea la rebaja a lo grande, incluso en el IVA cultural de los abonos para ir a los toros, y la supresión de un buen número de tasas y precios públicos que mermaría de forma considerable la recaudación. El problema es que los populares no han explicado de qué manera cuadrarían después las cuentas en un ejercicio que requerirá un esfuerzo notable en el gasto y mayor inversión para acompañar la recuperación de la economía desde la administración local.
La señora Ana Braña ha preparado el esbozo de la junta de gobierno para las ordenanzas fiscales bajo tres premisas: mantener coeficientes, porcentajes y precios actuales en la mayor parte de los tributos, subir un cinco por ciento la recogida de la basura para costear el reciclaje y los servicios del Patronato Deportivo Municipal y meterle mano en el bolsillo a las empresas eléctricas, gasísticas, de carburantes, compañías telefónicas y bancos para elevar los ingresos.
El equipo de Moriyón, por lo tanto, opta por el ‘modelo Carmena’ para gravar los activos de las firmas más poderosas del Ibex a partir de lo que establece una legislación que hasta hace bien poco era inaplicable por las presiones, los obstáculos y la defensa ejercida por los lobbies. Las tasas sobre las infraestructuras de todas estas compañías están amparadas por la ley reguladora de las haciendas locales de 2004, que establece el pago en virtud de los tendidos extendidos por el concejo y el 1,5 por ciento de su facturación en el municipio.
Este paraguas legal, cuya aplicación ha llevado a una batalla judicial de las empresas con los ayuntamientos que osaron poner en marcha los gravámenes por las distintas interpretaciones sobre el carácter de las instalaciones, ha obtenido ahora los parabienes del Supremo para alivio de las administraciones. De la misma manera que el hostelero contribuye por su terraza o el titular de un garaje por el vado, estas compañías tienen el deber de liquidar el tributo correspondiente por la ocupación del dominio público, sea mediante una línea, una tubería o un cajero automático. Resulta de justicia.
Por lo tanto, se abre para el Ayuntamiento gijonés una fuente de ingresos irrenunciable, que puede compensar con creces la congelación del resto de los impuestos que componen el catálogo fiscal del municipio en beneficio de todos los ciudadanos. Más aún cuando el consistorio necesita aumentar la recaudación para poder atender los compromisos derivados de la puesta en marcha de la renta social, sin emprender recortes en otros gastos ni renunciar a incrementar la calidad de vida de los gijoneses a través de más y mejores servicios y dotaciones.
Las empresas han venido advirtiendo en todos estos años que las tasas municipales acabarán repercutiendo en los costes para los usuarios. Es decir, que están dispuestos a incrementar a sus clientes el importe final del recibo del gas, de la luz y del teléfono o las comisiones por la utilización del cajero para atender al pago de los impuestos. O sea, chantaje emocional.

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