El Comercio
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Colección de edificios

Ha tenido suerte el puerto al encontrar en el Ayuntamiento al Ortega de turno que le va comprando los activos improductivos que saca al mercado. Después de cerrar la adquisición del caserón de la Quinta La Vega por 1,3 millones de euros y acordar el traspaso del campo de fútbol de Jove por 600.000, el gobierno municipal está dispuesto a hacerse con el noble edificio de la antigua sede de la Autoridad Portuaria en el muelle local. La venta del inmueble, con una ubicación de lujo y vistas al mar, le reportaría al propietario como mínimo 2,9 millones de euros, que es la cantidad que está dispuesto a pagar el Consistorio con cargo al erario gijonés. Un patrimonio público que seguiría siendo de todos en el caso de que se lleve adelante la operación después de que fuera frenado un proyecto privado para convertirlo mediante arrendamiento en hotel de la máxima categoría. La idea de los mandatarios municipales es albergar allí los servicios de urbanismo y las oficinas de Te-Crea, que es el departamento de asistencia a la creación de empresas y de impulso a las actividades económicas. Desde luego, magnífico sitio para trabajar.
Los grupos políticos de la oposición han expresado sus reticencias al entender que convierte a la Administración local en una de las fuentes para el saneamiento financiero de El Musel y además considerar que no resulta prioritario. Las cuentas del puerto no dependen tanto del traspaso de los activos ociosos como de la propia actividad en los muelles. Este año ha sido el denostado carbón para las térmicas y el tráfico de contenedores, que va camino de batir récord absoluto, los que conseguirán que el resultado tras la última raya sea positivo. El puerto cerrará el ejercicio con un beneficio abultado, similar a los mejores años precrisis y suficiente, por lo tanto, para atender los compromisos de la deuda contraída por la ampliación. Ello no quiere decir que se reste importancia a los recursos obtenidos por la vía municipal porque, entre otras cosas, contribuyen por ejemplo al gasto acometido por la Autoridad Portuaria para reducir la contaminación por las nubes de mineral en polvo. Estoy hablando de apantallamientos, barreras vegetales, tolvas ecológicas y demás cuestiones que no son propias de la gestión vinculada a la entrada y salida de barcos.
Por el contrario, la segunda razón que exponen los partidos que no gobiernan para oponerse al planteamiento de quien lo hace es un argumento suficientemente válido para oponerse a la operación. La compra de la sede para el destino mencionado no es una cuestión ahora mismo preferente. Engrosaría los bienes de titularidad municipal para centralizar unos servicios que ya cubren suficientemente las necesidades de los ciudadanos. En conclusión, el Ayuntamiento sería un poco más rico en propiedades, pero con una inversión sin impacto alguno en la actividad económica y en el empleo de la ciudad.
La casa consistorial, al parecer, está forrada. Guarda en el cajón abundante dinero por la obsesa vigilancia de Montoro, armado con la regla para zumbarle en la mano al Ayuntamiento cual maestro de los años de la Enciclopedia Álvarez. Si es así, si hay excedente por doquier, se puede reservar para, cuando se rompa el techo de la restricción, impulsar un plan que vaya cambiando renta social por trabajo para quienes ahora sobreviven con la prestación. Más que coleccionar edificios, sigamos salvando a las personas.

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El retablo del PSOE

Los socialistas gijoneses han iniciado la cuenta atrás para elegir a su nuevo timonel.  La militancia decidirá el próximo día 26 de noviembre la persona que ocupará la secretaría general y dirigirá la ejecutiva para relevar a una gestora que lleva más de año y medio de mandato interino. Los aspirantes tienen veinte días por delante para ir conformando sus candidaturas ante un proceso que promete ser muy concurrido, intenso en el debate y trascendental para determinar el rumbo del partido en Gijón. El deseo de renovar la formación está llevando a la presentación del mayor número de pretendientes para la dirección en toda la historia del PSOE local. Tal parece que  se colocarán al menos cuatro candidatos en los puestos de salida para la carrera por el liderazgo. Entre los contrincantes hay quien portando ahora la bandera de la transformación entronca con la historia del partido porque participó en ella; el que quiere coger el testigo desde el grupo municipal haciendo valer sus inquietudes y su juventud; quien se presenta respaldado por la corriente más crítica que tuvo la formación política en Gijón desde que entró en declive, y luego la persona que acudirá supuestamente avalada por esa nueva mayoría dominante que representa el sanchismo. Perfiles distintos, procedencias diferentes y respaldos desiguales, pero con una misión compartida a tenor de lo que vienen sosteniendo en los prolegómenos del cónclave cada una de las partes: la construcción de un proyecto que ilusione a la militancia, conecte mejor con la sociedad y recupere la confianza del electorado.

El PSOE local es como un retablo policromado con una gran variedad de escenas y protagonistas que, por el discurrir del tiempo y las condiciones del entorno, necesita con urgencia una restauración. Una casa del pueblo donde ejercen influencia unas cuantas familias, bloques del mundo sindical, cachorrismos, históricos con pedigrí y cargos públicos permanentes, que requiere orden, unión y concierto.

El partido socialista gijonés, como el nacional o el asturiano, ha sido víctima del desgaste institucional, de la devaluación de sus dirigentes y de sus propias contradicciones. Como consecuencia de ello, fue perdiendo espacios para la cosecha de votos por la irrupción de dos formaciones ideológicamente en las antípodas entre sí pero que tuvieron en las siglas del puño y la rosa el enemigo común. Así, en los últimos diez años sufrieron la dura penalización del electorado después de tres décadas de gobierno municipal y de tres alcaldes que, con aciertos y errores, dejaron sin duda su impronta en la ciudad.

Desde los comicios de 2007, el partido hegemónico de Gijón perdió 28.681 votos, seis concejales y casi veinte puntos porcentuales de tarta electoral. La primera sangría tuvo lugar en las elecciones de 2011, cuando las urnas dieron como resultado 16.183 apoyos menos que hacía cuatro años, una bajada de cerca de catorce puntos y la pérdida de tres ediles. Foro Asturias se estrenaba como grupo en la Corporación y tomaba el bastón de mando después de arrebatar por la derecha y por la izquierda los votos de los partidos tradicionales en un momento en que la desafección empezaba a crecer entre la ciudadanía. Y el siguiente batacazo se produjo en los comicios de 2015: otros 12.498 votos iban a parar a otras formaciones, esta vez sobre todo por la entrada en escena de la marca local de Podemos, Xixón Sí Puede, que provocó un profundo agujero en el socialismo. El PSOE perdió tres concejales más y redujo en otros siete puntos su representación. El descalabro y la imposibilidad de formar un gobierno de izquierdas ha sumido al partido en una profunda frustración. Estamos ante un enfermo deprimido, con falta de fuerza suficiente para generar atracción o diferenciarse. El siguiente paso, si no reacciona, es convertirse en un grupo de comparsa.

De ahí la importancia de la cita gijonesa del 26-N. Una convocatoria que viene marcada por el golpe de timón producido en la Federación Socialista Asturiana con la ansiedad de quien tiene que pilotar un cambio radical en la organización para alejarse del precipicio. Cuestión distinta es que se acierte o no. Lo que está demostrado es que tanto la ambigüedad como la arrogancia en política son malas compañeras.

 

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Lunes sin amanecer

Atrás queda una semana abierta con una estampa apocalíptica que puso en vilo a la población. El lunes sin amanecer ha quedado grabado en las retinas como una imagen singular sobre los riesgos que nos acechan cuando el entorno natural en el que vivimos decide responder a la agresión del hombre con toda crudeza. El cielo azufrado que los gijoneses hemos podido ver después de que el velo de humo y ceniza fuera destapando aquel sol rosáceo, herido tras el eclipse imprevisto, era una demostración visual tenebrosa de que cuando se atenta contra el hábitat lo estamos haciendo contra nosotros mismos. El peligroso juego de la acción humana.

El fuego arrasador, que tanta destrucción deja a su paso como pretenden hacer con este país los fanáticos separatistas, incrementó en Gijón los efectos de la polución con los restos que tiñeron de amarillo el arranque del día por la dispersión de la luz solar. A las dichosas partículas PM10, que por desgracia conviven a diario con nosotros alguna vez de manera más manifiesta que otras, se unió la carbonilla y la humareda procedente de la quema, por lo que el aire ya viciado se enrareció mucho más de forma excepcional. Pero si no se hubieran registrados los incendios, por cierto frecuentes ante una alarmante escasa prevención y el abandono total de los montes, la ciudad estaba llamada igualmente a necesitar la aplicación del protocolo anticontaminación que se puso en marcha durante veinticuatro horas para aliviar las consecuencias del aire impuro que respiramos. Las estaciones llevaban días alertando que los niveles iban en aumento.

La restricción del tráfico de camiones por unas horas, el control sobre la actividad de transporte de las industrias y el riego de calles pusieron de manifiesto que no eran suficientes medidas para aminorar la polución, al menos durante el tiempo que se aplicó la llamada prealerta. Las mediciones registraron picos durante la primera mañana en que se activaron aquellos mecanismos. La lluvia milagrosa fue la que, finalmente, contribuyó a purificar la atmósfera y a sacar del infierno que estaban atravesando los bellos parajes del suroccidente asturiano.

Aunque lo sucedido esta semana fue singular por la confluencia de elementos que llevaron a la extraña circunstancia que relatábamos al inicio del comentario, esa falta de eficacia del dispositivo prealerta que los propios vecinos denunciaron mientras limpiaban sus alféizares por la acumulación de hollín, desde luego lo más visible de todo lo que se llegó a ingerir, invita a reflexionar si realmente lo estamos haciendo bien con los planes sobre el aire que se están diseñando. Porque más que atiborrarse de medicamentos cuando ya se padece la enfermedad lo que hay que hacer es vacunarse para evitar el contagio. Quiero decir que si sabemos que los pronósticos que la Agencia Metereológica pone a nuestro alcance pueden provocar un incremento de las partículas nocivas en suspensión, si el anticiclón tiene pinta de prolongarse, tendríamos que adoptar las medidas necesarias para impedir que salten las alarmas. Ahora lo que hacemos es aplicar el antídoto cuando empezamos a sentir los efectos del veneno. Prevenir, lo dice la RAE, es disponer con anticipación lo necesario para un fin. El objetivo último es preservar nuestra salud y dejar de aparecer en los mapas sobre los enclaves con mayores índices de contaminación de España.

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El mestizaje y los tiempos

 


El nuevo plan urbanístico “representa el mestizaje y el pluralismo municipal”, según la descripción de la izquierda ortodoxa en el Ayuntamiento de Gijón. Xixón Sí Puede e IU salieron al unísono, como si de una misma fuerza se tratara, para airear su bendición al proyecto de PGO. Lógica reacción. El documento que se someterá a votación en el pleno del próximo miércoles lleva la redaccion del equipo que dirige Fernando Couto, como concejal de Urbanismo que es, pero prácticamente todas las novedades introducidas en el nuevo texto han sido inspiradas por las formaciones que se sientan justo enfrente a la bancada conservadora. Aparentemente, por lo tanto, no existían razones para que la respuesta inmediata fuera el rechazo, incluida también la postura de los socialistas. No en vano, el plan recoge las objeciones y advertencias que el PSOE había puesto de manifiesto durante toda su tramitación, me consta a petición de los propios portavoces de Xixón e IU en favor del consenso. Si hubiera que mencionar a los padres del proyecto sin duda alguna no se podría dejar fuera de la lista de notables a David Alonso y Aurelio Martín. Ambos concejales, junto al edil forista responsable de la materia, pergeñaron los cambios que llevaron a aquella mezcla de sensibilidades.

De todas formas, con cruce o no, salgan criollos, zambos, mulatos o castizos, lo cierto es que para el PSOE no habrá tregua. El PGO puede ser lo plural que se quiera, pero el enemigo está marcado. Es curioso que justo veinticuatro horas después de que Fernando Couto explicara a José María Pérez el contenido de las modificaciones que ellos mismos habían planteado, saliera el portavoz socialista, rodeado de quienes le acompañan en el grupo, para pedir la reprobación del concejal de Urbanismo por su actuación en la EMA. Ni perdón ni minuto de gloria.

Vamos, que la mezcolanza en el Ayuntamiento sigue siendo asunto de tres formaciones, las mismas que pactaron la puesta en marcha de la renta social y que respaldan que bancos, telefónicas y eléctricas contribuyan mas a las arcas municipales.

Según la teoría genética, la mezcla puede dar como resultado un individuo más fuerte. En el caso de Gijón, el gobierno local tuvo claro desde el primer momento que, ante su debilidad, la única manera de gestionar la ciudad con un bastón de mando con respaldo minoritario era suscribiendo pactos con el resto de los grupos, independientemente del color que tuvieran. Se puede llamar funambulismo o podemización, pero el plan urbanístico, por ejemplo, sería impensable sacarlo adelante sin la amalgama.

Ahora bien, el mayor riesgo al que se enfrenta el proyecto de PGO es el largo recorrido que aún le queda por hacer. Una vez aprobado por el pleno tiene que ir al boletín oficial, volver a ser expuesto durante dos meses a información pública, analizar todas las alegaciones que reciba, hacer el informe correspondiente, pasar otra vez por comisión de urbanismo con el resultado del nuevo documento enriquecido con las aportaciones que se acepten, remitirlo a la CUOTA, cuatro meses más de plazo para que la comisión de ordenación del territorio emita su dictamen, recoger en su caso las prescripciones que realice y preparar el texto y toda la reglamentación correspondiente para la aprobación definitiva en sesión plenaria. Todo ello en un año como mucho si se quiere evitar que la decisión final entre en periodo electoral donde el pluralismo y el mestizaje que ahora se enarbola con orgullo salte por los aires.

 

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La agenda de la ‘rentrée’

Con el corazón puesto en Barcelona ante los zarpazos del fanatismo, solo el estreno del Sporting en el arranque tempranero de la Liga consigue distraerme por un instante, voy anotando en la agenda los asuntos que nos aguardan con el regreso del curso a la ciudad. La ‘rentrée’ viene cargada si nos atenemos a la relación de temas que doña Carmen Moriyón fue desgranando en la entrevista que publicó este periódico el día de la festividad de Nuestra Señora de Begoña a modo de encomienda.
El espacio que habilita el mes que está a la vuelta de la esquina se queda pequeño para la lista de tareas y deberes enumerados por la primera dama local, por lo que posiblemente alguno de ellos tengan que ocupar sitio más allá de septiembre para que la intensidad del trabajo sea más o menos llevadera.
La oposición, vaya por delante, ya ha advertido que la señora alcaldesa peca de exceso de optimismo en cuanto al resultado de los asuntos que nos esperan. Y si los grupos políticos implicados lo dicen pues será verdad, pero yo prefiero ese estado de ánimo que el del mandatario gachu y triste, sin referirme como es lógico a nadie en concreto, que con tal carácter transmite desencanto a una ciudadanía necesitada de confianza e ilusión.
Pero bueno, a lo que íbamos. Una de las primeras cuestiones que el gobierno local afrontará en septiembre es la aprobación del documento corregido del plan urbanístico, con todas las aportaciones recibidas en los últimos meses. El PGO es de cocción lenta, pero ya comentamos en alguna otra ocasión que las prisas en estos casos no son buenas teniendo en cuenta anteriores experiencias. Gijón necesita un plan, cómo no, pero tiene que ser un plan con garantías y seguridad para evitar que una coma o una laguna lo pueda destrozar. El mayor blindaje sería el consenso unánime.
El segundo tema, el plan de vías. Confía nuestra mandataria en que don Íñigo de la Serna, que ya es como de la familia, presente en septiembre la propuesta de convenio que recoja por escrito todos los compromisos asumidos de palabra en la bienaventurada reunión de julio. Es decir, proyecto, plazos y dinero bien marcados en tinta y sellados como tiene que ser para que luego no venga alguien a decir «es que yo dije no sé qué». Doña Carmen quiere acortar los tiempos para que el próximo año se empiece a vaciar de agua el tunelón. Sería una sorpresa que Fomento efectivamente adelantara las labores para preparar el uso del metrotrén.
En septiembre también se aguarda la confirmación de la resurrección de la autopista del mar. Mientras la de Vigo estudia incrementar sus conexiones, en Gijón tenemos depositada la esperanza en la naviera Balearia para reabrir la línea con Saint Nazaire auxiliada por las tres administraciones. Lo que no se sabe todavía es si la parte francesa, que también saldría beneficiaria, aportará al nuevo proyecto las cantidades que tenemos previsto destinar aquí o para ellos resultaría gratis total. Y el cuarto asunto, los presupuestos del próximo año, donde el primer camino que la Corporación tiene que despejar son las ordenanzas fiscales. El hándicap del Ayuntamiento es incrementar sus ingresos para sostener los gastos en los que se ha metido y, sobre todo, garantizar que la renta social no sea cosa de un año. Una de las vías es aplicar nuevos gravámenes sobre las infraestructuras de las compañías eléctricas, de telefonía y de los bancos, como ya lo hacen otros municipios. La propuesta viene por la izquierda y aunque la amenaza es que, al final, lo pagarán los consumidores, la alternativa es subir otros tributos porque las fuentes de financiación son escasas y limitadas. En definitiva, tenemos por delante un mes entretenido. Después del exitoso ‘veroño’ que Gijón ha vivido, el espectáculo en el noble edificio de la plaza Mayor parece asegurado. Un consejo, reserven entradas.

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La piezona, el chip y el turista

En agosto de 2007, cuando por estos lares las autoridades incorporaban en sus discursos el pleno empleo como objetivo desde un punto de vista técnico prácticamente alcanzable, empezaban a llegar por el Atlántico los primeros vientos de lo que poco tiempo después se convertiría en la gran depresión. Un banco, el BNP Paribas, suspendía el reembolso de tres fondos afectados por las hipotecas basura de Estados Unidos y alumbraba la mayor crisis económica desde el crash de 1929. En estos diez años la recesión ha dejado su huella en todos los rincones. Esta ciudad no ha sido ajena a sus zarpazos: El paro registró las más altas cotas de la historia, la pobreza se disparó de manera alarmante y la desigualdad creció sin consideración alguna.
La década negra enterró todos aquellos proyectos que iban a reforzar el cinturón industrial de la comarca y, por ende, de la región. La tormenta se llevó la idea del polo energético a pie de El Musel, uno de los contenidos que iban a dar valor a la ampliación, o la ocupación del extenso terreno destinado a la logística en conexión con el ‘superpuerto’, la popular ZALIA invadida por plumeros, de la que tanto se ha debatido y relatado. No se ha reforzado el cinturón sino justo lo contrario. El declive arrasó una gran parte de las empresas, las que no cerraron adelgazaron y sólo aquellas que tenían un buen asentamiento en el mercado exterior lograron sobrevivir, en muchos casos a duras penas, a las fauces de la crisis. Como resultado de todo ello, el tamaño del sector industrial gijonés, motor de la actividad económica en Asturias, ha quedado jibarizado. Y para más inri, sufriendo una persecución medioambiental sin precedentes. Las compañías tractoras serán sometidas a partir de ahora a videovigilancia por sí molestan.
En estos diez años, por lo tanto, la estructura de la economía local ha sufrido una evidente transformación, más que en cualquier otro lugar.
Mientras la industria tradicional sufría las sacudidas, otros sectores, sin embargo, fueron poco a poco cobrando fuerza en Gijón en estos tiempos oscuros. Me refieren a dos de manera especial. Uno al amparo de la era digital, vinculado al desarrollo de las nuevas tecnologías y concentrado en la Milla del Conocimiento, que alberga un centenar de empresas y más de tres mil profesionales desplegando actividades innovadoras. El otro, el turístico. La ciudad ha reforzado su atractivo, sin duda alguna, por una combinación de políticas públicas y privadas que han logrado colocar a Gijón en los puestos de cabeza entre los destinos más preferidos del Norte del país. Estos días estamos viendo como los esfuerzos realizados en estos años han empezado a dar sus frutos. El turismo es ya una alternativa sólida de generación de riqueza y empleo.
En los últimos meses responsables de todas las administraciones han venido anunciando el inicio de la reactivación de la economía esgrimiendo la paulatina reducción del desempleo, la evolución de la producción y del consumo, el nivel de las exportaciones y el aumento de las cifras de visitantes. Efectivamente, la tendencia ha cambiado, aunque todavía resulta aventurado diagnosticar la consolidación de la recuperación. Pues bien, la ciudad en la que vivimos está preparada para ello. Frente a quienes pronostican males mayores, circunstancias desastrosas o catástrofes inevitables, en este dramático decenio se han sentado también bases para emprender el tirón. La piezona, el chip y el turista son los pilares que tenemos para la reconstrucción. El deber ahora es mimarlos.

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