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Hay que nacionalizar
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Ángel M. González | 09-05-2012 | 14:29| 0

El Gobierno trabaja estos días de manera intensa en el proyecto para la reestructuración del sector financiero español, después de que se certificaran las necesidades de saneamiento profundo de Bankia, que precipitaron el relevo en la presidencia de la entidad. El proyecto tiene como fin inmediato el rescate de este banco, pero incluirá todas las medidas para salvar al sector, dotarle de solvencia, aliviar las presiones de los mercados y conseguir, de una vez por todas, que el dinero se mueva para iniciar la salida de la recesión y volver a la senda del crecimiento. No se pueden aplicar más parches. La decisión que tome el Gobierno este viernes no puede dejar resquicios, tiene que ser la solución definitiva para acabar con el vapuleo del sector por el bien de nuestro país.
En cuatro años, los bancos recibieron una inyección, vía Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), de más de 15.000 millones de euros, a través de tres grandes paquetes de ayudas que no se puede decir que no sirvieran para ir saneando las entidades porque algunas de ellas fueron encarriladas cuando estaban al borde de la desaparición, pero que dada la situación a la que hemos llegado, se ha demostrado que han sido insuficientes.
Ahora toca coger el toro por los cuernos y la ‘operación rescate’ tiene que conllevar la nacionalización de entidades. Una fórmula es el préstamo reembolsable del FROB con un interés elevado para que el banco enfermo pueda seguir respirando como hasta ahora se ha venido haciendo y otra es la inyección directa de fondos del Estado, es decir, abrir la entidad al capital público y que la gestión esté tutelada y controlada por la Administración con representantes técnicos de las autoridades en los consejos de administración. El primero tiene que ser Bankia, pero a esta entidad le pueden seguir otras. En el Reino Unido se optó por esta vía. El Gobierno británico elaboró un plan de rescate financiero dotado con 68.000 millones de euros que conlleva la nacionalización parcial de la banca y que beneficiará a las ocho grandes entidades del país con el fin de que su liquidez quede cubierta. En España se estima que el desembolso necesario para consolidar el sistema bancario ronda los 50.000 millones de euros, unos 10.000 millones de Bankia.
La nacionalización debe ir acompañada de otras tres medidas, vinculadas absolutamente a esta acción, la creación de ‘bancos malos’ o sociedades a las que se traspasen los activos tóxicos, de la que también existen abundantes antecedentes en otros países con buenos resultados, mayores provisiones para cubrir incluso activos buenos y una nueva ronda de fusiones.
La reestructuración del sector financiero requiere valentía y aunque el coste sea elevadísimo, aunque suponga incluso un incremento de nuestra deuda, tiene que ser afrontada con decisión porque en ello nos jugamos el futuro de este país. Se han dado pasos de gigantes en estos cuatro años, pero hay que darle una vuelta de tuerca más. Quién iba a pensar que de cincuenta entidades que había en 2009 se pasaran a veintiocho en 2010, a veinte en 2011 y a quince en lo que llevamos de 2012. Quién vaticinaba hace apenas cuatro años que el número de oficinas se redujera en más de cinco mil, con una vertiginosa pérdida de empleo en el sector de cerca de 14.500 empleados. Pues bien, esta nueva etapa de redimensionamiento será más dura si cabe, pero indispensable. La gangrena instalada en el sector financiero es la que realmente hay que atacar. Aunque sea, cortando por lo sano.

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Rato se quita de en medio
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Ángel M. González | 07-05-2012 | 17:25| 1

 

Con la renuncia de Rodrigo Rato como presidente de Bankia se abre un nuevo proceso para llevar adelante el saneamiento del sistema financiero español, casi con toda seguridad más duro que los que han protagonizado cajas y bancos desde que estallara la crisis económica. El Gobierno trabaja intensamente en las medidas para acometer esta nueva reestructuración, con el fin de aprobarlas en el Consejo de Ministros del próximo viernes, que se basarán en una nueva inyección de fondos públicos y en la autorización para crear sociedades que actuarán como ‘bancos malos’ con los activos tóxicos acumulados por las entidades financieras. El objetivo es rescatar Bankia cuanto antes para evitar que el riesgo de hundimiento ponga contra las cuerdas a todo el sector por el carácter sistémico del propio banco .

Rodrigo Rato abandona la entidad antes de que sea de ‘facto’ intervenida. El exministro se quita de en medio después de tener sus más y sus menos con Luis de Guindos, su antiguo secretario de Estado, por la evolución que venía experimentando el banco y su excesiva exposición al ladrillo, la mayor de todos los grupos bancarios, cercana a los 37.000 millones de euros, una cifra que representa el 20% de la totalidad del valor contable de los bienes inmobiliarios y préstamos que se han tragado hasta ahora las entidades. Rato huye de la tormenta, de la misma forma que lo hizo en 2007 cuando era director-gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) antes de que llegaran los nubarrones de la crisis. El hombre del ‘milagro español’ no ha podido salvar Caja Madrid de las fauces de la recesión, aunque ello no quiere decir que su labor al frente de la entidad financiera, una de las más politizadas de España, no haya sido encomiable.

Protagonizó, de un golpe, la mayor operación de integración financiera del país, con la participación de seis cajas de ahorros (Bancaja, Caja de Canarias, Caja Segovia, Caja Ávila, Caja Rioja y Caixa Laeitana); logró sacar a bolsa el nuevo grupo bancario para captar 3.000 millones de euros en el mercado pese a la incredulidad de financieros y autoridades, y aplicó un drástico ajuste con el cierre de ochocientas oficinas y la eliminación de una cuarta parte de la plantilla. El problema de Rato es que quiso volar solo. No tenía sintonía con el Banco de España, tuvo desencuentros con el Gobierno, en el consejo le salían voces discrepantes y finalmente tener que recurrir a una buena dosis de ayudas públicas para enderezar el rumbo del banco suponía un duro golpe a su proyecto. El rescate de Bankia que prepara el Ejecutivo conllevará un cambio de gestores. Rato jamás esperaría a que Rajoy le dijera que se marchara. Y tampoco lo que tiene que hacer.

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Jaque a la siderurgia
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Ángel M. González | 05-05-2012 | 22:48| 1

Desde la creación de Ensidesa, hace ya más de cincuenta años, la siderurgia integral atravesó por momentos convulsos, situaciones muy complicadas, derivadas de la peculiaridad del sector sometido a un estado de ‘crisis permanente’, vinculado a los ciclos económicos y a la globalización.
En los setenta, el fuerte endeudamiento que acumuló estuvo a punto de llevarla al garete; las reestructuraciones a las que fue sometida a lo largo de los años ochenta redujeron sus plantillas en más de un 30%; en 1991, el plan de competitividad del sector llevó a la concentración de toda la siderurgia española con cierres de instalaciones y un ajuste laboral sin precedentes en medio de fuertes presiones de los socios comunitarios, que pretendían su ahogamiento en beneficio de sus propias empresas nacionales. Luego llevó la venta, con intentos afortunadamente frustrados de trocear la empresa para fortalecer a los empresarios privados. En 1997 cayó en manos de Arbed y cuatro años después, de los franceses de Usinor, los grandes ‘tiburones’ europeos de la siderurgia, que con anterioridad habían intentado hacerse con el sector en España sin lograrlo.
En todas estas etapas se corrían riesgos, hay quienes veían venir el final de la compañía y se apelaba a su carácter estratégico, a su contribución industrial, social y económica, pero ninguna de aquellas situaciones encerraban tanta incertidumbre como la que atraviesa ahora la cabecera asturiana.
La siderurgia no ha dejado de padecer los problemas que siempre ha tenido: industria cíclica, precios a la baja, continuas reestructuraciones, altos costes de organización y de capital fijo y mercados cada vez más globalizados. En el caso de Asturias, nuestra siderurgia se fue adaptando a esas circunstancias, pero siempre a base de reducir tamaño para intentar lograr mayor eficiencia y competitividad. Sin embargo, ambos objetivos, pese a los constantes esfuerzos a los fue sometida, nunca lograron ser alcanzados plenamente.

Con la entrada de Mittal en Arcelor, el empresario angloindio se convirtió en el magnate mundial del acero, dueño del primer grupo del sector, a enorme distancia del resto de competidores. El eje Gijón-Avilés, que había sido valor estratégico para la siderurgia europea, pasó a ser uno mas dentro del conglomerado de la multinacional. El enclave asturiano cobra importancia en virtud de la situación del mercado y del grado de respuesta que pueda ofrecer a las necesidades de ese mercado. Pero no hay compromiso territorial, ni social ni político.
Todos esos factores, que habían sido definitorios en otras etapas de la compañía, se han quedado atrás. Mittal solo actúa en función de la evolución del negocio y por ello surge un peligro en el que antes apenas se pensaba, el de la deslocalización. En estos momentos, las factorías asturianas de Arcelor se enfrentan a dos brutales enemigos: el hundimiento del mercado en el sur de Europa y los factores que ponen en riesgo su competitividad. La subida de tasas de El Musel y, sobre todo, el precio de la energía se encuadran en ese escenario. De nada sirve que Mittal consiga modificar las pautas laborales y de gestión de la siderurgia asturiana si todo ese cambio de cultura no viene acompañado de una adaptación del resto de los costes agregados que hacen que una empresa sea competitiva.
Arcelor-Mittal lleva acumuladas en el primer trimestre unas pérdidas en Asturias de 40 millones de euros y los ajustes, hasta ahora, no han dado los resultados esperados. El aumento de los costes portuarios, para una empresa de la dimensión de la multinacional siderúrgica, puede que sea considerado como un impedimento más psicológico que otra cosa, pero aún así suma y no está el momento para decisiones de este calibre. Arcelor tendrá que pagar cerca de tres millones de euros más por el movimiento de mercancías en El Musel, la misma cantidad que pretendía ahorrar con su reestructuración laboral. Lo comido por lo servido. Por eso hay que suavizar su impacto.
Pero más preocupante es aún si cabe la factura energética de las plantas asturianas, más de 60 millones de euros al año. Éste sí es un elemento determinante del emplazamiento. Y la respuesta de las autoridades no ha sido en absoluto favorable a resolver este mal sueño que tiene Mittal desde que tutela nuestra siderurgia. No solo no se ha resuelto, sino que incluso la situación ha empeorado desde que en 2008 fuera eliminada la tarifa que beneficiaba a los grandes consumidores de energía. Recientemente se redujo en un 10% la retribución del servicio de interrumpibilidad que ofrece la siderurgia en España y la Administración plantea ahora un incremento del coste por el consumo eléctrico industrial del 6,5%. El gravamen, para Arcelor, se vuelve insoportable.
Durante la última campaña de las elecciones autonómicas, el ministro de Industria, junto con la candidata regional del partido que gobierna el país, recibió a los responsables de las tres empresas afectadas por el alto precio de la energía para tranquilizarles y prometerles apoyo para que Arcelor, Asturiana de Zinc y Alcoa sigan en Asturias. El mejor apoyo en estos momentos sería establecer en el marco regulatorio del sector eléctrico un sistema que garantice una tarifa estable para estas industrias. Cuando la siderurgia era pública, la autoridad política llegaba a marcar el rumbo de la empresa. Ahora, tiene la responsabilidad de crear las condiciones para evitar que Mittal desmantele lo que nos queda.

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