El Comercio
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Pacto de Estado
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Ángel M. González | 10-09-2012 | 21:16| 0

No se puede concebir el desarrollo de ninguna sociedad sin que vaya respaldado de un amplio consenso entre todas las fuerzas que la integran. Y es impensable que podamos salir de la Gran Recesión sin que se produzca un acuerdo general sobre las medidas para hacer frente a la crisis e impulsar el crecimiento.
La delicada situación que atraviesa nuestro país, la más inquietante desde la instauración de la democracia, no sólo está socavando los pilares del estado de bienestar levantados en los últimos treinta años, sino que está provocando una desafección política que puede poner en riesgo el sistema. El retroceso en los derechos, el aumento de la tensión social, las posiciones nacionalistas, la falta de credibilidad en las instituciones, el creciente desapego a la idea de Europa y la progresiva pérdida de soberanía conforman un ‘coctail’ peligroso que solo se puede resolver con una acción responsable de quienes rigen nuestros destinos como sociedad. Y hasta ahora se produjo bastante irresponsabilidad.
El Banco Central Europeo está a la espera de que el Gobierno español solicite formalmente el rescate para intervenir en el mercado de la deuda con la compra sin límites de bonos aunque con “estrictas condiciones’. Aunque Mariano Rajoy quiere dilatar la petición por si se produce alguna mejora sustancial en el coste de la financiación por la evolución de la prima de riesgo, todo parece indicar que no pasaremos del mes de octubre sin que se produzca el ‘rescate suave’ de nuestro país.
Las condiciones para que se produzca la adquisición masiva de deuda no pueden ser las que nos imponga nuestros socios europeos del Norte o la famosa ‘troika’. Esas condiciones, los compromisos que España adquiera en el ‘memorándum’ de la intervención, tienen que ser las que nosotros mismos estemos dispuestos a cumplir para reducir el déficit público y enderezar el rumbo de la economía. Y por ello es irrenunciable un pacto de Estado sobre las medidas que se puedan aplicar que implique a partidos políticos, sindicatos, empresarios, comunidades autónomas y ayuntamientos.
El país tiene que dar imagen de unidad para frenar a todos aquellos que pretenden desmantelar nuestro modelo social con decisiones que se toman en Berlín o en Bruselas. Mariano Rajoy dijo que esperaba a conocer las condiciones que pone sobre la mesa el BCE para tomar una decisión y explicarla luego a los españoles. La mayoría absoluta le otorga legitimidad para ello, pero no puede hacer uso de ella para adoptar medidas injustas y contrarias al interés general, de la misma forma que el PSOE, como primer partido de la oposición, no puede renunciar de ninguna manera a intentar un acuerdo que suavice el enorme sacrificio en la lucha contra el déficit.
Un pacto de Estado es la única forma que España tiene de fortalecerse ante quienes pretenden llevarnos a toda costa por el camino de la helenización. Un pacto con todas las consecuencias.

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Estoy con Goldman
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Ángel M. González | 09-08-2012 | 11:34| 0

 

Hay quien empieza a hacer justicia. Goldman Sachs ha roto una lanza en favor de la banca española con un informe que llega a la conclusión de que nuestras entidades serán las más solventes de Europa dentro de la futura unión bancaria si esta se llega a conformar, con el permiso de los socios del Norte. El análisis de la firma norteamericana sitúa a seis bancos españoles a la cabeza del saneamiento financiero de Europa, en una lista de veintitrés entidades estudiadas. Santander, Banco Popular, BBVA, Bankinter y Sabadell figuran en las primeras posiciones del ranking de solvencia elaborado por Goldman y tan sólo entre ellas se cuela un alemán, el Erste Bank, que ocupa el cuarto lugar.

Por debajo hay más bancos germanos, franceses, belgas, italianos y portugueses y no aparecen, por ejemplo, entidades finlandesas, holandesas, austríacas o británicas, que no quiere decir que no sean de fiar, pero lo que sí está claro es que los cinco grupos españoles mencionados ofrecen las suficientes garantías como para guardar en ellas los dineros sin ningún tipo de miedo ni complejo.

Goldman Sachs, al menos, no los ha tenido en su radiografía. Sostiene el estudio que cuando la banca española concluya el saneamiento de los activos afectados por la burbuja inmobiliaria con las medidas impuestas por el Gobierno se convertirá en uno de los sistemas financieros más solventes de la Eurozona. ¡Viva Goldman! Por fin hay quien reconoce que el enorme esfuerzo que la banca española ha venido realizando en dotaciones para limpiar no sólo los balances sino también para intentar recuperar la credibilidad y la confianza de inversores y clientes está mereciendo la pena. Nuestra banca ha sufrido un castigo totalmente injusto, ha recibido durísimas acusaciones de falta de transparencia para dañarla sin excesivas razones y para tapar las vergüenzas de otras entidades del continente, de las que sabemos bas tante menos de lo que se sabe ahora del sector español. ¿Acaso son más transparentes los bancos germanos, los ingleses o los daneses?

Cuando se hicieron las famosas pruebas de estrés hace poco más de un año, de las 25 entidades españoles que se sometieron a los test tan solo cinco no las lograron superar, cuatro cajas y un banco. El resto recibieron el aprobado alto y en el paquete de suspendidos figuraban otros bancos europeos de los que después no se supo demasiado. Las cinco que suspendieron fueron absorbidas o intervenidas. ¿Qué pasó en este año? El estallido de la crisis en Bankia, con el riesgo sistémico que entrañaba, pero que estará resuelto una vez que se reciban los fondos del rescate.

Por lo tanto, de lo que se desprende del estudio estadounidense es que en cuanto pasemos el enorme socavón en el que nos hemos metido, el sector financiero español estará en mejores condiciones de solvencia incluso que cuando estalló la crisis, liberado de activos tóxicos y fuertemente capitalizados. Es decir, firmemente preparados para protagonizar la recuperación.

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¿Una Unión con dos monedas?
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Ángel M. González | 25-07-2012 | 14:19| 0

Es uno de los planteamientos que empiezan a estar sobre la mesa de economistas y euroburócratas. Antes que proponer la desaparición del euro, consideran que se podía establecer un nuevo sistema monetario con dos monedas, una de ellas para los países de la UE que no han sido contagiados por la crisis de la deuda y otra para aquellos socios comunitarios que se han visto golpeados por los mercados hasta llevarlos a la deriva de la intervención.
La idea es una reformulación mas o menos drástica de la llamada ‘Europa de dos velocidades’, de la que hemos estado rehuyendo prácticamente desde el ingreso en la Unión Europea aunque, si bien políticamente ha sido un concepto absolutamente rechazable, en la práctica ha sido una realidad palpable en nuestra historia comunitaria. La fijación de dos monedas es la consecuencia de las grandes diferencias en el desarrollo europeo y que, de alguna manera, constatan el fracaso de la Unión.
¿Como se cimentaría este nuevo sistema monetario? Se trataría de una formula de transición hacia la unión bancaria, fiscal y política de la zona euro, un proceso que puede necesitar aún unos cuantos años, de tal manera que se aislaría por un lado los países rescatados de aquellos que están en condiciones de salir indemnes de la convulsión financiera. Es decir, los países del sur, por un lado, y los del norte, por otro.
España estaría en el paquete de los rescatados, de aquellos controlados por la ‘troika’, cuya moneda tendría que reflejar las especiales circunstancias de la zona europea a la que representarían. Alemania encabezaría al grupo de países con el ‘euro fuerte’. El Banco Central Europeo sería el encargado de velar por este nuevo sistema monetario con dos cabezas, que obligaría también a emprender dos políticas monetarias distintas durante el tiempo de convergencia. El ‘euro español’ podría sufrir devaluaciones, los objetivos de inflación en esta zona podrían ser distintos a los de los socios ricos y las metas macroeconómicas también. La pregunta es, si es posible esta salida, ¿por cuánto tiempo podrían convivir las dos monedas sin que la UE saltara por los aires?

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El gran cabreo
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Ángel M. González | 14-07-2012 | 14:55| 0

Una buena parte de las protestas de los empleados públicos durante el ’viernes negro’ que vivió España eran espontáneas, la expresión de una indignación cada vez mayor ante la asfixia a la que nos está sometiendo el Gobierno por las exigencias emanadas de quienes mandan en Europa para intentar combatir los ataques a la moneda única. Mientras miles y miles de funcionarios en Asturias se manifestaban ante los edificios oficiales y ante las sedes del PP con las manos en alto por el ‘atraco’, en las calles, en las plazas, por el paseo del Muro, en cualquier esquina, te encontrabas a alguien que vivía con angustia el tijeretazo de Rajoy. El cabreo es general. No hace falta demasiado llamamiento a alzar la voz para constatar el nivel de agobio y desesperación.

Encuentro en San Lorenzo a un conocido comerciante sumamente enfadado por la subida del IVA y la liberalización del sector. “Nos están matando”, me dice. “Y encima la paga que quitan a los funcionarios es la de navidad, justo en el periodo de mayor consumo”.

Un alto cargo de Hacienda, al repasar medidas, me comenta que lo de la amnistía fiscal, además de una barbaridad, es un absoluto fracaso. “Pero si los que se podría acoger ya no están ni en España”.

Un trabajador de la Administración de Justicia hace hincapié en el hartazgo. “Fueron todos los gobiernos igual: o nos congelaron o nos redujeron el sueldo; pero lo de ahora es un auténtico robo a mano armada, insoportable”. Entre el aumento de la jornada, la eliminación de moscosos y permisos y la extra, el recorte a los empleados públicos supera de una tacada el 7%.

Veo a un viejo amigo sentado en un banco de Begoña controlando a su hijo que disfruta de los juegos. “Estoy en el segundo ERE, pero esto no da más de sí. Quedamos cuatro y la empresa acabará cerrando”. El próximo curso el niño cambiará de colegio, de un concertado a un público. Sus ingresos dan poco más que para pagar la hipoteca y comer. Una vuelta más de tuerca y se ve sin plato ni techo. Voy a una agencia de viajes y el agente me dice que en lo que va de mañana, y son la una y media, lo único a lo que se dedicó fue a cancelar reservas.

Y un pequeño empresario, con nave en Tremañes, en un momento de la conversación, entre indignación y congoja, me pregunta: “¿Sabes algo de que vayan a tocar los pagos fraccionados? Es que no aguantamos mas. Trabajamos para mangantes”.

Pero, ¿quienes son los mangantes? Llegamos al punto de que en todos los casos existe comunión a la hora de buscar culpables. En la cola del paro, en la parada del autobús, en el taxi, en la ventanilla del registro, al comprar el pan, en la sidrería, sentado en el parque, en el mostrador de la sucursal del banco, la opinión es, como el cabreo, unánime: la culpa es de los políticos. “Fueron ellos los que nos llevaron a esta situación, los que despilfarraron, los que malgastaron, son ellos los que nos han administrado de manera nefasta, quienes provocaron la burbuja, los que permitieron la especulación, quienes se beneficiaron también de ella, los que hundieron a las cajas, quienes engordaron las administraciones, enchufaron a los amigos, se corrompieron en muchos casos…” La vicepresidenta del Gobierno, en la rueda de prensa después del Consejo de Ministros que aprobó el mayor recorte jamás sufrido en este país, reconoció que “España vive uno de los momentos más dramáticos de su reciente historia”. Ya no se trata solo de si estamos intervenidos, de que hemos perdido soberanía o si es el país entero el que necesita el rescate. Se trata también de no perder la confianza en el sistema, de emprender una regeneración, para recuperar la credibilidad en quienes tienen que llevar las riendas y sacarnos del marasmo.

 

 

 

 

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Mas que reformas, revolución
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Ángel M. González | 06-07-2012 | 07:57| 0

El Gobierno ha comenzado a “pisar el acelerador” en las reformas, como ha dicho Mariano Rajoy, para encarrilar el disparado déficit público en España y contentar a los mercados y a Alemania, pero la mayor parte de las medidas que prepara el Ejecutivo seguirán llevando el marchamo del ahogo. Reducción del sueldo a los funcionarios, congelación de las pensiones, recorte en las prestaciones por desempleo, subida del IVA… La tuerca pocas vueltas mas puede dar.

Una de las actuaciones que más impacto tendrá es el adelgazamiento de las administraciones, el ajuste del sector público, necesario desde luego, pero también enormemente gravoso para España. Miles de empleados públicos serán despedidos al amparo de la reforma laboral como consecuencia de las acciones que prepara el Gobierno para ahorrar 30.000 millones de euros de las arcas públicas. El coste social será grande, al igual que también lo será la reconversión pendiente en el sector financiero, obligado a cerrar oficinas y a echar trabajadores para eliminar lastre de los balances. En definitiva, entre bancos y administraciones se pueden perder más de 100.000 empleos en año y medio en nuestro país.

Ante este panorama lo que se viene encima no es más que la prolongación de la recesión y la mayor asfixia social desde que se inició la crisis hace cinco años. Seguir con este estrangulamiento, que es mucho más que la llamada austeridad, es un camino suicida. Cuando estamos a las puertas de la ’Gran Depresión’, el Gobierno no tiene más remedio que idear un plan de choque que contrarreste el golpe brutal de lo que está por llegar, un plan que conlleve una inyección de dinero a la economía productiva para que los motores puedan seguir funcionando en busca de una salida, aunque sea psicológica. Cuando estamos aún pendientes en qué se traduce el famoso acuerdo entre Alemania, Francia, Italia y España sobre el fondo de 130.000 millones de euros para aplicar medidas de crecimiento en la zona euro, el Gobierno debería de estar ideando un cuaderno de ruta para cambiar la estructura productiva en nuestro país con un horizonte temporal mínimo de diez años que permita ir corrigiendo el rumbo de la economía. Hay que definir un modelo distinto al que se tuvo hasta ahora que, sin olvidar las aportaciones de la construcción, de la industria tradicional o del turismo, tenga como objetivo el desarrollo de aquellos sectores con mayor capacidad de crecimiento y dinamismo. Mientras no brote el crédito de los bancos, el Gobierno tiene que ejercer el papel de animador y empezar con una buena dosis de recursos a favorecer las condiciones para el tránsito hacia una economía moderna y sostenible. Hay sectores con enormes posibilidades, que sólo requieren un empujón. No hace falta inventar nada: la biotecnología, las nuevas energías, la industria aeroespacial, los nuevos bienes de equipo, las tecnologías de la información y de la comunicación, la economía creativa en la industria cultural o el sector sanitario y de bienestar social.

La capacidad para generar empleo en las actividades golpeadas directamente por la crisis será muy escasa o nula en la próxima década. Hay que pensar en el recambio, en una nueva revolución industrial. Seguir metiendo solo la tijera es llevar al país al desastre.

 

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¿Y ahora cómo vendemos?
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Ángel M. González | 25-06-2012 | 14:23| 0

No solo el enfermo va peor, sino que lo que hasta ahora mantenía sano empieza también a resentirse. La exportación, uno de los músculos que mantenían con vida la economía española junto al turismo, está comenzando a desvanecerse. Los últimos datos de comercio exterior de España reflejan un descenso de nuestras ventas en el extranjero después de años consecutivos de incremento, de tal manera que las empresas han comenzado a perder terreno en aquellos mercados que tan costosamente lograron abrir en la década prodigiosa de nuestra economía. En el caso de las empresas asturianas, la caída de las exportaciones durante lo que va de año supera el 2,5%, un porcentaje significativo si se tiene en cuenta que llegamos a registrar incrementos anuales de dos dígitos con la incorporación, de año en año, de más empresas a la lista de firmas con presencia en el exterior. Este aumento, aunque notable, no ha sido tampoco suficiente, teniendo en cuenta que poco más de trescientas empresas de la región exportan sus productos de forma regular.

La atonía generalizada de la economía es una de las razones de la disminución de la actividad exportadora, pero existen otros dos factores que están repercutiendo en el dinamismo de las empresas en el exterior, otros dos motivos que frenan la capacidad de desarrollo que tienen las compañías en los mercados extranjeros, uno de ellos con carácter global y otro de índole regional.

El deterioro de la marca del país. La imagen de España está absolutamente tocada. Para exportar hay que reunir muchísimas condiciones, la primera desde luego ser competitivos, pero también disponer de respaldo financiero, seguridad jurídica, apoyo logístico, labor comercial… Y marca de país, que es tanto o mas que una denominación de origen. Desgraciadamente, la proyección de España en estos momentos ya no es la que era. Somos envidiados por los éxitos en algunos deportes de masas, pero hemos perdido peso como potencia económica y empresarial, no generamos confianza. Hace unos días, durante una jornada del ‘Forum de EL COMERCIO’ sobre el programa ’Exportar para crecer’, que lidera el Sabadell, hubo algún asistente que puso el dedo en la llaga en este tema. “Nos devuelven avales del CESCE simplemente porque esta sociedad está partipada por bancos españoles”. Hasta Chipre se nos sube a las barbas, en el sentido más simbólico de la expresión. Pide mil y un garantías para que las empresas españolas puedan vender algo allí. España ha perdido crédito y la repercusión en la actividad exportadora es notable, una cuestión que la Administración tiene que resolver de forma prioritaria.

El abandono de Asturex. Es un problema más local. La sociedad mixta de exportación es la herramienta básica que tiene Asturias para promover la salida de las pymes al exterior y, sin embargo, su capacidad está siendo muy limitada en gran parte por falta de recursos suficientes para llevar adelante su labor. Muchos empresarios se han venido quejando del funcionamiento de Asturex y de la falta de una apuesta sólida por parte de la Administración regional, el mayor partícipe de la sociedad. Incluso hubo algún partido de la oposición que, ni corto ni perezoso, alimentó esa desgana por la promotora al considerarla un “chiringuito” más del sector público asturiano. Asturex tiene que ser potenciado. Es el instrumento que mejor puede catalizar la imperiosa necesidad del tejido empresarial asturiano para abrir nuevos mercados fuera donde colocar sus productos. La internacionalización es uno de los pocos caminos que nos queda para afrontar la crisis y lograr el crecimiento. Ahora bien, si queremos recorrer ese camino en busca de oportunidades necesitamos apoyo. Asturex es un buen bastón, pero requiere mayor refuerzo.

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Escalada peligrosa
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Ángel M. González | 16-06-2012 | 16:15| 7

 

En la reciente historia de la conflictividad social en Asturias encontramos una larga lista de episodios de la lucha obrera que destacan por su trascendencia, radicalidad y virulencia, hasta el punto de poner a prueba en su día la capacidad del estado democrático para responder a situaciones extremas o fuera de control. En las reconversiones del carbón, de la siderurgia, de las fábricas de armas, de los astilleros, del campo o de Duro Felguera, durante los durísimos años ochenta y noventa, con tasas de paro igualmente insoportables, en medio de fuertes crisis económicas, de declive social e inestabilidad política, Asturias protagonizó escenas dramáticas en aquellas protestas, que ahora, con los disturbios de los mineros, quizás sea bueno extraerlas del rincón de la memoria para abrir una reflexión. En las páginas negras de aquellas movilizaciones quedaron escritos nombres como Raúl Losa o Lorenzo Gallardo, que permanecen en el recuerdo del movimiento obrero asturiano.  
La tensión en el conflicto de la minería aumenta de día en día. Las refriegas en los pozos y en las carreteras son cada vez más violentas y la escalada ya ha entrado en zona peligrosa. Los ‘partes de guerra’ al final de cada jornada así lo demuestran. Lo peor que les puede pasar a los mineros es que sus actos de reivindicación se conviertan en crónicas de sucesos porque corren el riesgo de que la legitimidad que tienen resulte mermada.
La movilización de la minería se produce en circunstancias totalmente distintas a las que se vivieron en anteriores procesos de reconversión. En Asturias llevamos más de una década de paz social, los sindicatos han ido perdiendo crédito, su influencia política ya no es la que era, la sensibilidad hacia los problemas del carbón no es la misma, su peso en la economía regional tampoco, y la solidaridad que tantas veces proclamaron sus dirigentes con el resto de territorios no resulta del todo comprendida.
Aunque los mineros tienen sobrados argumentos para hacer valer sus protestas, la defensa de la razón no puede ser de cualquier forma o a cualquier precio, ya que cosechan más rechazos que adhesiones, pierden más que ganan. Ahora bien, el Gobierno y el partido que lo sustenta también tienen una responsabilidad de la que no pueden escapar. Los mineros reclaman el cumplimiento de un compromiso pactado con contrapartidas por ambas partes, que ha sido roto de manera unilateral. Y el gabinete de Rajoy no ha mostrado hasta ahora un mínimo gesto de diálogo o, al menos, la misma voluntad de entendimiento que aquel Ejecutivo de su mismo color que en 1998 llegó a suscribir el mejor plan del carbón que tuvo el sector y las comarcas donde se asienta. La capacidad de ceder y encontrar una salida es lo que tiene que reforzar. Ni los mineros ni el Gobierno necesitan héroes para recapacitar. En la mesa de negociación es donde hay que desfallecer. No ante las barricadas.

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Las condiciones del rescate
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Ángel M. González | 11-06-2012 | 13:42| 1

No conozco ni un solo préstamo en el que el prestamista no imponga condiciones, las que sea, al prestatario y, por lo tanto, decir que el crédito que España recibirá para el rescate bancario no conllevará exigencias es negar lo evidente. O al gobierno le han tomado el pelo, o nos lo está tomando. Habrá que esperar al memorándum que el Ejecutivo de Rajoy suscribirá con las autoridades económicas y comunitarias que facilitarán el préstamo para conocer las contraprestaciones que conllevará el rescate, pero en líneas generales se pueden resumir en dos acciones claras.
Primera: El crédito, sea cual sea el mecanismo que finalmente se adopte para habilitarlo, será otorgado directamente al Estado aunque tenga un carácter finalista, y es el Estado el que tendrá que devolverlo. La inyección al Fondo de Reestructuración Bancaria (FROB) deberá hacerla la Administración central con la aplicación de un interés que puede ser incluso mayor al que cobrarán las autoridades económicas. Es decir, las condiciones que impondrá la ‘troika’ (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) serán al titular del préstamo y una de ellas, sin duda, consistirá en la aplicación de una nueva reforma financiera que endurezca los requisitos de funcionamiento de los bancos. A los ajustes de plantilla y oficinas que tendrán que acometer las entidades, posibles nuevas fusiones, reducciones de los consejos, recortes en las remuneraciones de directivos y empleados, etcétera, se añadirán otras actuaciones más vinculadas directamente a la actividad, como el endurecimiento de las exigencias para las hipotecas o salvaguardas en los créditos, y a sus balances, cual es la reducción del peso de las participadas en la estructura de los bancos. Y el Gobierno tendrá que responder de la reforma ante Bruselas durante la vida del crédito.

Segunda. Los intereses del préstamo tendrán que ser contabilizados por el Estado como déficit y el principal, como deuda, diga lo que diga el ministro Luis de Guindos y el presidente del Gobierno. Los socios de la UE, especialmente aquellos que mostraron reticencias al rescate bancario de España (Holanda, Finlandia y Austria) y los que ya están intervenidos serán implacables en exigir todo tipo de garantías para que el dinero que se reciba no caiga al pozo y, por ello, es inevitable pensar que reclamen más ajustes. Algunas de las condiciones ya están en la agenda. Hay que llevarlas a cabo. El Gobierno de Rajoy tendrá que meter en vereda a todas las comunidades autónomas para que cumplan con las líneas marcadas por el Ejecutivo para acometer los recortes en sanidad y educación. Hasta ahora, hubo cierta indisciplina, incluso con amenazas de recursos ante el Constitucional. Los cumplimientos del objetivo de déficit por las autonomías es clave para pasar los exámenes. Y el segundo gran paquete de contraprestaciones consiste en convertir las recomendaciones en obligaciones: subida del IVA, retraso de las jubilaciones, endurecimiento del seguro por desempleo, y reducción del tamaño de las administraciones y del sector público. No hay otra manera y hasta aquí sería lo menos malo.

 

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La señora de negro
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Ángel M. González | 09-06-2012 | 11:08| 2

No se puede decir que la política de Merkel haya sido del todo nefasta para el euro y Europa, pero la canciller ha cubierto ya su etapa como dama del ajuste y guardiana de la austeridad. Enrocarse ahora en sus recetas espartanas es suicida para el continente y para la propia Alemania. En octubre de 2013 los alemanes acuden a la urnas para elegir al gobierno que tendrá que contribuir a la recuperación europea y la mandataria germana corre el riesgo de llegar a la cita desgastada internamente, sin socios en la UE que le rindan honores y escasos aliados en los organismos económicos internacionales.
Ante este panorama, Angela Merkel aún tiene tiempo de rectificar. Su respaldo al rescate bancario en España mediante la inyección de fondos sin llegar a una intervención total del país puede ser el inicio de un cambio de actitud, pero no nos podemos engañar. La ‘señora de negro’ reclamará contraprestaciones en forma de mayores recortes, que es la única política que entiende y maneja. Alemania tiene una buena parte de culpa en la génesis de la crisis, se ha beneficiado de ella, pero la recesión en la que estamos inmersos amenaza con convertirse en un ‘boomerang’ para la férrea disciplina impuesta desde Berlín. Sólo esto puede doblegar a la canciller en favor de la adopción de estrategias de crecimiento, sin tanta tijera.
Una banca poderosa. Los bancos alemanes han sido los grandes prestamistas de Europa. Inyectaron más de 100.000 millones de euros a las entidades financieras españolas para el juego del ladrillo a cambio de ingentes beneficios, que luego ni siquiera invirtieron en su país, de tal forma que han constituido la mayor reserva de euros del continente. Son quienes marcan la ruta a la canciller y al Banco Central Europeo en sus presiones sobre España, aterrorizados ante la posibilidad, hasta ahora ínfima, de que la moneda única salte por los aires.
Financiación gratis. La crisis de la deuda no ha podido resultar más provechosa para el tesoro alemán. Sus bonos y obligaciones se han convertido en refugio para los inversores ante las fuertes tormentas que sacuden los mercados, hasta el punto de que casi se paga por ‘papel’ germano. Mientras España tiene que remunerar sus emisiones con tipos de interés cercanos al 7%, Alemania ofrece tipos cero. La hacienda de aquel país ahorrará más de 30.000 millones de euros en los próximos cinco años por aquel concepto, la misma cuantía que tendrá que destinar España este año sólo al pago de la deuda.
Pero no son tan ricos. Alemania lleva más diez años apretándose el cinturón. Tienen hechos los deberes que está obligando a cumplir a España. Redujo sueldos, aplicó su reforma laboral, puso en marcha severos ajustes en todos los niveles de las administraciones públicas, congeló inversiones, pero también se produjo un preocupante aumento de la desigualdad social. El paro en Alemania alcanzó su nivel más bajo en veinte años, en mayo se situó en el 6,7% de la población activa y existen algunas regiones, como Baviera, que han logrado el pleno empleo. Pero las cifras resultan engañosas. En el país hay más de 40 millones de ocupados, pero siete millones son ‘minijobs’, cobran como mucho 400 euros al mes. Son subempleados con una nómina que apenas le da para comer.
La industria empieza a flojear. Las fábricas están empezando a notar las consecuencias del deterioro económico en Europa. Alemania vive de las exportaciones, es el país del mundo con mayor capacidad para el mercado exterior gracias a la altísima productividad que consiguió con elaboraciones de gran calidad y eficiencia. La fortaleza y estabilidad del euro contribuyó en estos diez años a la potencia exportadora germana que, pese a la crisis, no se ha venido abajo, al menos hasta hace un par de meses. Porque el sector del automóvil ha comenzado a reducir su producción por la caída del mercado y la atonía se agudizará conforme avance la recesión.
El miedo a la inflación. Es una auténtica obsesión para Merkel y el Banco Central, vigilar que los precios no salten la barrera de la estabilidad. La contención es salud para la competitividad y el ahorro de Alemania, todavía afectada psicológicamente por la hiperinflación de la República de Weimar. Sin embargo, subidas de precios por encima del 2% convertido en regla, favorecen el crecimiento sin provocar estados de ruina. El prestigioso economista Ha-Joon Chang, en su obra ’23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo’, lo dice bien claro: “La inflación se ha convertido en el coco que se usa para justificar políticas cuyos principales beneficiarios han sido los titulares de activos financieros, en detrimento de la estabilidad a largo plazo, del crecimiento económico y de la felicidad humana”.
¿Nos dejará Angela Merkel ser algún día felices?

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La industria se nos cae
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Ángel M. González | 29-05-2012 | 19:03| 0

Graciano Torre, en sus primeras declaraciones a EL COMERCIO después de ser renombrado consejero de Economía y Empleo por cuarta vez, ahora por Javier Fernández, señalaba que Asturias necesitaba poner un marcapasos a su corazón industrial porque tiene arritmias. Y yo creo que lo que la industria regional necesita no es solo un marcapasos sino una intervención en toda regla a corazón abierto porque, de lo contrario, el enfermo se nos muere.
La producción industrial en Asturias está registrando las mayores caídas en el índice de actividad desde que se mide este parámetro. En un año, casi el 10%, con reducciones por ramas que superan el 20%. El desplome, además, ha cogido una gran velocidad en el primer semestre. Estamos ante un año negro para la industria asturiana.
Primero con el declive y ahora inmersos en la gran recesión, se ha comenzado a destruir una parte del entramado empresarial tejido en los últimos treinta años desde la puesta en marcha de las zonas de urgente reindustrialización, los distintos planes para la dinamización económica de Asturias y para reactivación de las cuencas o más recientemente los fondos mineros. En estos treinta años, al mismo tiempo que sufríamos los embates de la durísima reconversión del sector público, se fue construyendo poco a poco una estructura industrial, si no alternativa desde luego sí complementaria, que permitió sostener la actividad como aportadora de riqueza y empleo. Pero el castillo se está desmoronando. Muchas de las iniciativas empresariales no llegaron a alcanzar el grado de madurez suficiente para aguantar la crisis y otras están sufriendo un tremendo debilitamiento que puede llevarles a la agonía. Ejemplos hay en todos los polígonos industriales del área central de Asturias, en Gijón, en Avilés, en Siero, en Llanera y en las cuencas.
Pero a este deterioro se suma otro mucho más peligroso y preocupante. Y es que la situación que atraviesan las grandes empresas tractoras de la economía regional es enormemente grave, la más severa de cuantas pudo haber visto y toreado Graciano Torre desde que se hizo cargo del departamento de Industria del Principado hace algo más de diez años.
Al cierre anticipado de la minería por la tajada en las ayudas cuando las comarcas del carbón todavía viven del ‘suspiro’ del sector, se unen los nubarrones sobre la siderurgia, que sigue siendo alma de la economía regional, con la supresión de las inversiones y las dudas que planean sobre uno de los dos hornos altos de Gijón. La reducción a la mitad del tamaño de la cabecera supone un golpe brutal a sesenta años de actividad siderúrgica en la región. Riesgo existe y los franceses de Marsella se quieren comer el poco pastel que hay sobre la mesa. Igual que existe riesgo de deslocalización de otras empresas por la dichosa tarifa eléctrica que el Gobierno es incapaz de resolver, como Alcoa o Asturiana de Zinc; o porque el mercado aquí se agota y hacen imposible una presencia viable, como es Duro Felguera, o porque las oportunidades en España y en Europa ya no son las que eran para las grandes multinacionales que otrora eligieron Asturias como enclave para el desarrollo del negocio continental. Ojo, que algún campamento es fácilmente desmontable.
Graciano Torre tiene un buen papelón. A buen seguro tomará Asturias como bandera para defender la industria regional y toda la comunidad estará con él y con el Gobierno de Fernández, pero la capacidad de presión ya no es como cuando hablábamos hace veinte años del plan de competitividad de la siderurgia integral o de la privatización de Aceralia. Ni los destinatarios los mismos. Ante decisiones que se puedan tomar, de la noche a la mañana, por imposiciones de los mercados, solo nos cabe ser mejores, incluso protestando.

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