El Comercio
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Los deberes de la renta social
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Ángel M. González | 09-06-2017 | 09:19| 0

Arrancaba la semana con un hito en esta ciudad sobre la atención a los más necesitados. Desde el lunes los centros municipales de Gijón reciben un goteo constante de personas que aspiran a cobrar la renta social puesta en marcha por el Ayuntamiento. Hay dos meses por delante para la tramitación y más de un millar de peticionarios han retirado los papeles necesarios para habilitarlos como perceptores. Nunca es tarde para aplicar una medida de estas características, aunque hemos tardado demasiado tiempo en convencernos sobre la necesidad de adoptarla. Han transcurrido casi diez años del estallido de la gran depresión y continuar mirando hacia otro lado mientras la pobreza se incrementaba era cuando menos una irresponsabilidad.
La renta social supondrá un alivio para quienes la perciban, desde luego, pero no se puede convertir en un instrumento que lleve a la cronificación de la penuria o genere, incluso, mayores desigualdades. Por ello su aplicación exige ahora cumplir ciertos deberes. Menciono algunos. La prestación está concebida como complemento a unos ingresos que no permiten a las familias alcanzar un mínimo vital. Sin embargo, deja sin atender a quienes aguardan para percibir el salario social y no tienen un euro para llevarse algo a la boca. Corregir esa situación es de justicia. De la misma manera que lo es, en provecho del propio sistema, aplicar con rigor todos los controles habidos y por haber para evitar la picaresca y el fraude e impedir también que accedan personas que rechacen ofertas de empleo por quedarse en casa cobrando la paga pública.
La renta social, al mismo tiempo, supone un reto para las finanzas del Ayuntamiento. Una vez que se decide incluir en la cartera de las prestaciones sociales resulta difícil ponerle un límite presupuestario a la ayuda si con ello se cierra la puerta al derecho a percibirla de cualquier ciudadano que reúna realmente los requisitos para ello. El elevado coste que puede llegar a alcanzar la medida es el mayor riesgo para la administración local, pero es obligado ahora poner todos los recursos económicos necesarios para que nadie quede sin la renta que le corresponda. La Fundación de Servicios Sociales acaba de incrementar en dos millones y medio la aportación para hacer frente a la prestación con cargo a su remanente, no sin antes recibir un apercibimiento. La intervención municipal ha advertido de que su decisión puede poner en peligro la liquidez de la entidad.
La verdad es que resulta inexplicable bajo el criterio del buen ciudadano que por un lado pasemos apuros y, por otro, tengamos más de 39 millones en la hucha sin poder tocar salvo para lo que diga el señor Montoro. El corralito originado en los ayuntamientos por la ley de estabilidad presupuestaria tiene un efecto perverso en cuanto que frena unos recursos en beneficio de los bancos que podrían contribuir a la aceleración de la recuperación económica. El dinero está inmovilizado en las cuentas, cuando se da salida es para amortizar deuda con las instituciones financieras y obliga a los consistorios a contraer préstamos si quieren acometer proyectos. En Asturias, la cifra secuestrada por Hacienda es relevante, más de 435 millones de euros.
La fórmula empleada para el pago de la renta social lleva implícita una inyección de recursos a la economía local con la compra mediante tarjeta en los comercios de Gijón. Por lo tanto, algún impacto tendrá en la dinamización. Lo que no se puede, a estas alturas, es seguir imponiendo la política de la estrechez allí donde existe margen para movilizar dinero y favorecer la creación de puestos de trabajo. El empleo es el mejor sistema para el sustento de la gente. No creo que nadie se encuentre cómodo en la depauperación, salvo que sea simulada.

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A vueltas con la autopista del mar
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Ángel M. González | 09-06-2017 | 09:18| 0

¿Qué pasa con la autopista del mar?, se preguntaba el director general de la Federación Asturiana de Empresarios en el Fórum celebrado por esta casa para analizar la situación de las infraestructuras ferroviarias en la región. Don Alberto González interrogaba al aire, sin tener lógicamente respuesta, al recordar la importancia estratégica que tiene la conexión marítima para El Musel como infraestructura básica de intermodalidad. Queremos engancharnos al corredor del Atlántico, que la alta velocidad entre en los puertos, llegue el ancho internacional si es posible hasta los muelles de La Osa, pero luego carecemos de algo aparentemente menos complicado que una línea regular que nos enlace con la fachada marítima más cercana al corazón de Europa.
Han transcurrido casi tres años desde que LD Lines diera la espantada después de devorar todos los fondos públicos destinados para consolidar la conexión sin que hasta ahora viéramos siquiera un atisbo de que el ferry vuelva a entrar en la dársena gijonesa. En ese tiempo estuvimos distraidos con el proyecto de Riva para recuperar el enlace, sin ningún convencimiento, cierto es, por parte ministerial, hasta que en el gobiernín se dieron cuenta de que el empresario de honda raíz gijonesa no tenía capacidad para avalar un crédito blando de un millón de euros. Nuestros administradores de recursos públicos tardaron bastante tiempo en percatarse que el interlocutor no era suficientemente válido para acometer un proyecto de estas características. La cuestión es que la compañía francesa tiene pendiente de devolver todas las subvenciones que absorbió de manera indebida y Riva, que se sepa, recibió en su cuenta 450.000 euros en ayudas que se comprometió públicamente a reintegrar.
Pero entonces, ¿qué pasa ahora con la autopista del mar? La contestación la ha dado esta misma semana el presidente de Puertos del Estado. «Hay una o dos navieras francamente interesadas en el relanzamiento», dijo don José Llorca, un hombre de demostrada firmeza allá donde los haya, con la confianza depositada en que alguna decida finalmente retomar el proyecto. Que estén «francamente» dispuestas a ello ya representa un avance sustancial sobre lo que había hasta el momento, pero todo depende del punto de interés real que tengan los aspirantes.
Puertos del Estado tiene previsto presentar en los próximos días las conclusiones de la consultora contratada para analizar la viabilidad de la línea y buscar empresas con barcos susceptibles de reanudarla. A priori, las condiciones para que la conexión marítima entre Gijón y la Bretaña francesa alcance la rentabilidad suficiente para hacer que el proyecto resulte atractivo son mejores que cuando se puso en marcha en septiembre de 2010. Las perspectivas económicas son distintas, los tráficos van en aumento y las exigencias para un transporte de mercancías respetuoso con el medio ambiente resultan cada vez más restrictivas. El señor Llorca mencionó además un aspecto relevante para facilitar la reapertura, la posibilidad de que se puedan subrogar las ayudas que ya fueron tramitadas para la iniciativa de Riva. El camino en materia de financiación está andado, pero el plazo es corto. En poco más de un mes tiene que haber una propuesta cerrada para que no se pierdan los fondos europeos. Ahora bien, sea cual sea la compañía que retome el enlace tiene que aportar las suficientes garantías para que la autopista del mar no vuelva a ser un caladero para pescar subvenciones. En definitiva, para evitar que se convierta en una nueva tomadura de pelo.

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El nuevo hospital
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Ángel M. González | 24-05-2017 | 12:06| 0

La reforma y ampliación del Hospital de Cabueñes es el proyecto más trascendental de los próximos años en Gijón. No hay en cartera ninguna otra actuación en esta ciudad que tenga tanta relevancia desde el punto de vista del servicio al ciudadano como la que se está programando en el centro hospitalario. De ahí la importancia que tiene la participación de administraciones, fuerzas políticas, usuarios y profesionales en el proceso de maduración del proyecto para que el hospital resultante pueda sentirse de todos, no solo de la parte contratante, como en un principio se quiso trasladar buscando un rédito electoral absurdo. Por ello, la presentación del esbozo que maneja la Consejería de Sanidad en la sala de recepciones del Ayuntamiento fue un acto noble y destacado. Bien distinto sería que en lugar de la Casa Consistorial hubiera sido en la del Pueblo o en cualquier otra casa, como se hizo hace cuatro años. El nuevo hospital ha pasado de ser gancho de partido a un proyecto colectivo en el que tiene que implicarse toda la ciudad.
La remodelación en ciernes supondrá una transformación total del servicio que ofrece ahora el centro hospitalario gijonés y la posibilidad de aplicar un modelo sanitario y de gestión mucho más acorde con los tiempos que corren. Este cambio se sustenta en cinco grandes acciones, podríamos decir, que de llevarse a cabo con suficiente debate, diálogo, mano izquierda y mano derecha, conducirán con absoluta seguridad a convertir Cabueñes en el complejo moderno, funcional y eficaz que todos deseamos.
La primera es la ampliación de espacios y equipamientos para quirófanos, reanimación, cuidados intensivos, cirugías sin ingreso y urgencias. El proyecto prevé también un nuevo edificio para consultas externas con mejor comunicación con el resto del complejo, un incremento del número de habitaciones y la creación de estancias individuales para las parturientas. Es decir, el hospital ganará en capacidad para atajar las esperas y en comodidad para el alivio de los pacientes.
La segunda es la concentración de las especialidades que ahora albergan el antiguo ambulatorio de Pumarín y la Casa del Mar. Su traslado a Cabueñes corrige una dispersión precisamente provocada por el encorsetamiento sufrido por el hospital en sus cincuenta años de existencia. La descentralización de la atención especializada, que en su momento se entendía positiva por el acercamiento de servicios al ciudadano, ha ido demostrando con el paso del tiempo que puede provocar pérdida de eficiencia para los profesionales.
La tercera, la oportunidad que se abre para la ordenación del entorno del centro hospitalario. El Ayuntamiento tiene que desplegar aquí todas sus competencias para que el gran polo formado por el hospital, el parque tecnológico y la Laboral solvente los problemas de movilidad. El proyecto incluye la construcción de un aparcamiento subterráneo de pago con más plazas que las que hay ahora disponibles, una idea desde luego nada desdeñable, pero que tendría que venir acompañada de otros lugares de estacionamiento adicionales y gratuitos. La conexión directa con la autovía resulta una prioridad absoluta y la potenciación del transporte público, incluida la extensión del metrotrén, también. La Consejería, además, plantea con acierto la necesidad de reservar suelo para que el hospital tenga un cinturón amplio que permita en el futuro una nueva expansión. Arreglarlo ahora es mejor que hacerlo cuando la remodelación ya esté finalizada.
La cuarta consiste en la potenciación de la labor docente e investigadora del centro. La intención es derribar las actuales instalaciones de la Facultad de Enfermería y construir un edificio dedicado única y exclusivamente a la docencia. No se trata de competir en este aspecto con el HUCA, pero sí complementarlo y poner en valor el apellido universitario que se la ha dado al hospital aprovechando el talento y el conocimiento que alberga.
Y la quinta acción tiene que ver con el personal. Poco se puede hacer si no existen suficientes recursos para ello. Las organizaciones sindicales han venido denunciando la incapacidad de atender la carga asistencial generada en los últimos años con el volumen de plantilla existente. El hospital será mucho más funcional, permitirá ahorros en una buena parte de los costes fijos que registra ahora, pero también tendrá más capacidad para atender una demanda cada vez más creciente por el progresivo envejecimiento de la población. De nada serviría el esfuerzo inversor previsto en la reforma, incluida la tecnología, si luego se escatima en dotar a Cabueñes del personal suficiente para prestar la mejor atención a la que se puede aspirar. El plan tiene que ir acompañado de una revisión a fondo de las necesidades en este campo.
Una súplica a modo de posdata. Los gestores tienen otros dos retos por delante no menos importantes: cumplir el presupuesto sin sobresaltos ni sobrecostes, y si el compromiso es que la primera fase de la ampliación esté finalizada en 2021, que no sea cinco años después. No parece que sea mucho pedir. En plazo y sin desviaciones.

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A la espera de Fomento
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Ángel M. González | 16-05-2017 | 11:54| 0

Resulta chocante que la izquierda haya tardado casi dos años en reaccionar al acuerdo entre el gobierno local y el Ministerio de Fomento para construir la estación intermodal junto al Museo del Ferrocarril. No encuentro explicaciones convincentes para llevar al pleno el rechazo a la idea cuando se podía haber hecho en el momento en que Gijón al Norte aprobaba el cambio de ubicación de la terminal con el objetivo de ganar centralidad.

Los mismos argumentos habría entonces para que aquel pacto fuera cuestionado por la mayoría municipal que ahora quiere hacer valer la soberanía plenaria en un intento de tumbar el proyecto. No existen más razones salvo que hayan visto la oportunidad de darle la puntilla a un acuerdo que quedó aletargado y con el tiempo se ha ido convirtiendo en moribundo.

Los motivos que dieron lugar al proyecto eran razonables, pero nació con escasa fe e insuficientes apoyos.

Difícilmente se puede llevar adelante la decisión con el Principado enseñando las uñas, cuando a la Administración regional le toca desempeñar un papel relevante en todo el planteamiento urbanístico y de infraestructuras de la zona. De la misma forma que la vía de ancho ibérico prevista para la variante de Pajares quedará guardada en el cajón para en su lugar colocar el ancho internacional que usa el AVE, el proyecto de Gijón corre el peligro de saltar por los aires.

El equipo de gobierno ha pedido a los grupos políticos que esperen a que Fomento presente el desarrollo de aquel acuerdo en la próxima reunión de la sociedad gestora, que por cierto poco gestiona, ni tiene medios para hacerlo, a la vez que ha criticado la ambigüedad de don Íñigo de la Serna y sus adláteres sobre el plan de vías. El PP local hizo público esta semana un comunicado, raras veces lo hace, ratificando la decisión de marzo de 2015, bajo el ministerio de Ana Pastor, y el compromiso de enero de 2017, en el viaje sabatino de su sucesor. Fue entonces cuando el señor De la Serna dijo aquello de que volveremos con un estudio económico y financiero de lo que queremos hacer aquí, que garantice la viabilidad de la operación. El problema es mantener una propuesta de actuación en contra de la mayoría de la Corporación municipal, de las asociaciones vecinales y del Ejecutivo regional por muy sensata que sea.

Si queremos que el proyecto de integración ferroviaria se lleve a buen puerto y disfrutemos de ello todos los gijoneses hace falta que unos y otros abandonen la terquedad de una vez por todas.

La pelota está en el tejado de Fomento, pero hay que ayudar a que caiga. Lo mejor que puede ocurrir, visto el panorama, es que los responsables ministeriales acompañen el dichoso informe de alternativas distintas, técnicas y financieras, que garanticen la intermodalidad y la centralidad de los servicios.

Hay unas cuantas combinaciones que se pueden proponer dependiendo de lo que las administraciones estén dispuestas a desembolsar y de los terrenos que se decidan sacar al mercado. Opciones que pueden incluir el soterramiento hasta La Calzada, la extensión del metrotrén hasta Cabueñes bajo tierra o en superficie, o dejar el solarón como está, convertido en ‘central park’ para gozo vecinal y belleza urbana. Pero lo que presenten tiene que ser pensando en favorecer el consenso político y ciudadano que requiere un proyecto de estas características, no como se ha venido haciendo hasta ahora. Hay que evitar, a toda costa, que el diseño del plan de vías siga estando al albur de los peritos de chigre de turno.

 

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Las obras del coche
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Ángel M. González | 16-05-2017 | 11:53| 0

Me he convertido en víctima de las obras como miles de convecinos de Gijón. Sufro con resignación las consecuencias evidentes de las reparaciones que se están haciendo en las calles en esta especie de loca carrera emprendida por el Ayuntamiento, a falta de proyectos estrella como aquellos que ilustraban la época de la borrachera, a la que esta semana aludió don Cristobal Montoro, el ministro que con habitual gracejo te limpia el bolsillo como si nada. Obras son amores, la afición de los alcaldones, en este caso alcaldesona, en momentos de necesaria abstemia como los que seguimos viviendo, digan lo que digan las estadísticas oficiales. Y soy de los que caen, una y otra vez, en la trampa, como buen animal de costumbres, de tal forma que, una y otra vez, me veo envuelto en el atasco. Ni rutas alternativas ni leches. Caigo en la red, de la misma manera que lo haces cuando a la vuelta de la esquina entras sin remedio en la zona de caza de conductores perjudicados acotada por la policía local.

Las obras siempre causan molestias. No conozco a nadie encantado de verse atrapado en un colapso, ni a ningún vecino feliz de tener que librar vallas para entrar en el portal, ni a ningún comerciante que reciba con gozo el trasiego de las máquinas, las nubes de polvo entrando por las tiendas y el olor a alquitrán. Pero una ciudad sin obras no es una ciudad, de la misma manera que no se concibe sin peatones ni coches, que es aquí donde realmente quería llegar.

Los arreglos que se están acometiendo en las calles tienen dos partes, dejan la calzada llana para disfrute de los usuarios y retranquean las paradas de autobuses allí en los sitios donde haya oportunidad. Así que con el nuevo aglomerado se gana en comodidad y fluidez para la circulación de los medios de locomoción públicos y privados. Cuán placentero resulta rodar por una vía recién pavimentada.

Hace tiempo que el coche se merecía algo así. Su utilización la hemos maltratado, se ha convertido en un objeto perseguible, molesto para el centro, un bicho ruidoso que nos envenena poco a poco, el causante de una buena parte de nuestros males al que se tiene que ir exterminando. De ahí, la obsesión cada vez mayor de expulsarlo del casco urbano.

Las peatonalizaciones han convertido Gijón en una ciudad más paseable, vital y acogedora. No cabe duda de que la experiencia ha sido buena, hasta el punto de que sería deseable su continuación con la conquista de más espacios para el viandante desde el límite de la carretera de la Costa hasta Cimadevilla. Pero también siguen pendientes otras asignaturas en materia de movilidad, además de completar la red de carriles bici, como un replanteamiento a fondo de la ORA. No es posible que haya quinientas tarjetas más de residentes que plazas de estacionamiento en zona azul. Encontrar a media mañana un hueco donde dejar el vehículo es jugar a la lotería. O habilitar más lugares de aparcamiento disuasorio, como se dice ahora. Sería un buen destino para los terrenos del plan de vías que no lucen el verde del ‘solarón’. Por ideas que no falten.

Si queremos que el coche, uno de los mejores inventos del siglo XX, siga teniendo futuro en nuestra ciudad no hay más remedio que mejorar su ordenación y hacer obras tan chinchantes como las que padecemos estos días.

 

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A propósito de la residencia
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Ángel M. González | 16-05-2017 | 11:51| 0

Gijón se ha convertido en zona oscura para la construcción. Podría aceptarse como premisa que la carencia de una planificación urbanística en toda regla no suponía hasta hace poco motivo real de preocupación ante la larga agonía sufrida por el sector como consecuencia de la gran depresión. Daba lo mismo que existiera norma o no porque nadie en plena recesión iba a colocar un ladrillo. El daño, en todo caso, sería para aquellos que tenían en perspectiva hacer negocio con el suelo adquirido para levantar viviendas en praos convertidos en fuente de riqueza mediante un papel cuya legalidad resultó invalidada por los tribunales. El tiempo ha ido transcurriendo, la crisis ha dejado de apretar las mandíbulas y empieza a haber movimientos que indican la cercana recuperación de una actividad, que llegó a ser intensa en empleo y producción. Sin embargo, seguimos sin definir el plan que permita sustentar ese despegue. En Gijón, ahora, empezamos a tener un grave problema. Una ciudad sin plan urbanístico retrasa su propio desarrollo. No podemos ser ajenos a cualquier atisbo de reactivación.

Todo ello viene a propósito del debate suscitado esta semana con el proyecto para construir la residencia de estudiantes en la parcela del campus universitario que tenía como destino la Semana Negra. El promotor no está dispuesto a iniciar la obra mientras no tenga la licencia definitiva. Tal como está trazado ese suelo en el PGO que se está tramitando, el permiso puede tardar más de dos años en recibirlo si las cosas van bien. Primero tiene que haber plan general y luego uno especial. Es decir, la residencia en cuestión puede irse al garete.

Don Fernando Couto, el concejal comandante del urbanismo, ha garantizado un cambio de oficio para que el empresario tenga la autorización correspondiente en dos meses, aprovechando la aprobación de las últimas alegaciones al plan. Hay que confiar que así sea, pero en materia tan sensible como la que estamos abordando la buena voluntad de los regidores no es suficiente. Si para todos los grupos políticos es prioritaria la residencia, y si tiene tanta importancia para la urbe que haya un plan general, se echa de menos mayor corresponsabilidad.

El empresario argumentaba la inseguridad jurídica en la que se podía encontrar el proyecto con las directrices del PGO. Esa desconfianza es precisamente la que puede llevar a Gijón a perder las oportunidades que buscan los inversores en los prolegómenos de la recuperación. La falta de plan, la inexistencia del catálogo urbanístico y la pelea política municipal está frenando el interés por el desarrollo de iniciativas inmobiliarias en esta ciudad.

Hablando de plazos, el gobierno local fía la aprobación final del documento para mediados del próximo año en el caso de que la tramitación vaya como es debido. Por ejemplo, depende de si la CUOTA falla en quince días o en cuatro meses, que está por ver. Más allá de ese calendario entramos en contienda electoral y los partidos, a las puertas de la batalla, empiezan a verse como enemigos, huyendo de alianzas y acuerdos para la causa que sea.

En paralelo, seguimos siendo incapaces de sacar adelante dos grandes actuaciones de cirugía urbanística. No tiene nada que ver una con la otra, pero la imagen que se transmite es similar. Al este, la transformación de la Ería del Piles lleva más una década dormitando por la indefinición, la guerra con los propietarios y ahora la crisis de la promotora, que ha pasado la pelota a los bancos. Al oeste, el ‘solarón’ convertido en ‘central park’, donde ni siquiera hay una idea clara del tamaño que tendrían que tener las parcelas para poder darles salida. Mientras, a veintiocho kilómetros al sur, un ‘pool’ de constructoras, alguna de ellas con un papel relevante en Gijón antes de que pinchara la burbuja, convertirá la entrada de la capital en un gran bulevar. El grupo de empresas destinarán más de 100 millones para la resurrección de El Vasco. Por aquí, ni se asoman.

 

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Doña Mercedes y la aldea gala
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Ángel M. González | 24-04-2017 | 11:56| 0

Tienen algo en común los responsables de la Administración autonómica y los primeros espadas de los partidos a nivel regional, que es su ausencia en Gijón. Son contadas con los dedos de una mano las veces que los miembros del Gobierno asturiano, presidente y consejeros, aparecen por estos lares para expresar en directo su acción en el Ejecutivo, por no decir que apenas pisan territorio salvo para dormir aquellos que tienen la suerte de tener aquí su residencia. Lo mismo sucede con los representantes de los grupos políticos que se sientan en la Junta General. Es como si esta plaza fuera la aldea gala para los ‘patricios de Ovetus’, un lugar al que solo se debe acudir con el fin de pedir el voto o hacerse selfies bien arropados.
Por ello resultan llamativas las apariciones de doña Mercedes Fernández González y sus ‘boys’ por la ciudad. La última, la ‘minicumbre’ entre diputados y concejales en el Parador Nacional Molino Viejo, que fue rematada con la retahíla de declaraciones de la lideresa popular sobre aves, gerentes y otras especies de animales a los que hay que devorar en el plato del poblado irreductible.
Desconozco si hay una estrategia detrás, encuestas que lo aconsejen, necesidad de reforzar mensajes, flancos que cubrir, caminos por recorrer, debilidades por corregir o cónclaves a la puerta, pero hace bien la presidenta del PP en desfilar un poquito más por la ciudad en la que también nació políticamente, ahora que ha tomado con fuerza las riendas de un partido tan pendiente de recuperar espacios perdidos.
Según el concepto clásico, política es la capacidad para ejercer el poder o aspirar a ejercerlo, tanto en los partidos como en las instituciones. Según el concepto moderno, el arte de la integración frente a la dominación. Cherines tiene un cometido por delante, la integración interna y externa. Gijón puede ser un buen escenario para iniciar esa tarea. ¿Será capaz la dama de conseguir el objetivo sin emplear sus técnicas más férreas?
Volviendo a la reunión del Parador, llama la atención, quizás sea simplemente una causalidad, que después del encuentro con la presidenta el concejal don Pablo González retirase la enmienda transaccional para su debate en el pleno que planteaba la solución de la alta velocidad por Pajares: ancho internacional por uno de los túneles y triple hilo por el otro. Finalmente el PP respaldó la moción de Foro con vía de alta velocidad por los dos tubos, aunque se impuso la mayoría de la izquierda, que insiste en el trazado convencional. Bueno, a lo mejor lo de la propuesta del edil popular es sólo una anécdota.
Si nos ponemos en el lugar del interés público, en lo que se supone tanto piensan los políticos, Mercedes Fernández tiene un papel relevante que jugar para que los ciudadanos de esta ciudad puedan juzgarle en su momento. Es la jefa del partido que gobierna en Madrid y por lo tanto, baluarte de una administración de la que dependen las grandes actuaciones pendientes en Gijón. La llegada de la alta velocidad, el desarrollo del plan de vías, la modernización del servicio de cercanías, los accesos a El Musel y los desbloqueos de la planta regasificadora y de la depuradora del Este para la puesta en marcha de ambas instalaciones son cuestiones que solo puede impulsar el Ejecutivo del señor Rajoy. Cherines tiene aún tiempo para aprovechar esa baza.

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Palabra ministerial
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Ángel M. González | 24-04-2017 | 11:56| 0

El Ministerio de Fomento no ha entrado en contradicción. Pudiera interpretarse que así lo hacía con el comunicado que emitió cuando se supo que sus presupuestos no recogían partida alguna para el plan de vías por el desacuerdo entre las administraciones y su posterior aclaración en este periódico sobre su intención de destinar fondos una vez que se conozca el estudio técnico-económico con la estación central a la altura del Museo del Ferrocarril. Tal parece que entre ambas posturas se produce una incoherencia, pero sin el informe que determine la viabilidad de la terminal intermodal más cercana al centro y sin el acuerdo unánime de todas las partes será difícil llevar adelante el proyecto, con o sin dinero reservado en la cuenta estatal.

Al fin y al cabo que el estadillo ministerial refleje este año una cifra para la integración ferroviaria de Gijón no tiene más que un valor simbólico, el compromiso político con una actuación que lleva quince años empantanada porque en el momento que estamos de ejercicio, suponiendo que los presupuestos sean aprobados en junio, de poca utilidad tendrá ya esos fondos. Gijón al Norte, la sociedad formada por las tres administraciones, dispone todavía de recursos para ir avanzando en la tarea. Lo que hace falta es voluntad real por parte de todas las instituciones implicadas para definir un proyecto que esté a salvo del devenir político y de las ocurrencias del representante público de turno. Por ello es crucial que el plan de vías tenga el respaldo más amplio posible, el de la inmensa mayoría ciudadana, además del detalle expresado como previsión presupuestaria. Ya lo he comentado en otra ocasión, pero sin el apoyo del Principado al cambio de ubicación de la estación todo lo que se pueda plantear corre el riesgo de convertirse en fuegos de artificio.

Como lo puede ser también que el pleno del Ayuntamiento apruebe una moción para reclamar que la alta velocidad llegue hasta Gijón, como propone el grupo de Foro con intención, como es lógico. Es una propuesta para el retrato, a ver cómo los munícipes justifican que no quieren AVE, aunque lo prioritario en estos momentos es que el tren llegue velozmente hasta Lena desde León y viceversa atravesando los túneles de Pajares para acabar con los veinticinco años que llevamos de retraso en Asturias en comunicación ferroviaria. Hace un cuarto de siglo que los sevillanos viajan en alta velocidad y nosotros aún estamos discutiendo el tipo de carril que tenemos que instalar para transportarnos.

Ello en cuanto al largo recorrido, porque en materia de cercanías la situación resulta tanto o más grave. Simplemente se está dejando morir por inanición. En Gijón se han perdido más de medio millón de viajeros desde que los trenes salen de la terminal prefabricada sobre Sanz Crespo y en la región los usuarios han caído a más de la mitad por una infraestructura decimonónica, lenta y mal trazada. Sin embargo, la necesidad de modernizar la red está quedando en un segundo plano ante el trascendental debate sobre sí queremos un tren de alta velocidad o de velocidad alta con Madrid. En este asunto echo de menos mayor escandalera y la palabra ministerial.

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El modelo de Lyon
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Ángel M. González | 24-04-2017 | 11:55| 0

Mientras en Gijón discutíamos qué hacer para impedir que Hacienda llevara a cabo el embargo de la marca de la Semana Negra, en Lyon se celebraba el éxito que un año más cosechaba el festival de literatura y cine dedicado al mismo género que, de la mano de Paco Ignacio Taibo II, llegó a convertir a esta ciudad en capital internacional. Por la Plaza de la Bolsa y la Sala de Comercio de la villa francesa, donde tiene su sede la Interpol y la intriga y lo policíaco cala hasta los huesos, desfilaron el pasado fin de semana cerca de cien mil personas por un certamen que cada vez tiene más tirón y, sobre todo, potencial para crecer después de doce ediciones consecutivas.

La Semana Negra de Gijón y el ‘Quais du Polar’ de Lyon son festivales de igual temática pero conceptos diferentes. A buen seguro que sobre esta afirmación se producen discrepancias, pero en cuanto al contenido cultural ninguno de ellos es mejor que el otro. Ahora bien, como las comparaciones son odiosas, vayamos a ellas. En Lyon solo el ayuntamiento de la localidad aporta 200.000 euros para la celebración de un evento que dura cuatro días, intensos eso sí y, como aquí, con una enorme repercusión internacional. La cantidad es superior a la que ha venido recibiendo la Semana Negra en los últimos años, sumando las aportaciones directas del municipio y de la Administración regional, aunque lo envidiable realmente es la lista de patrocinadores que consigue la organización del certamen francés, más de un centenar de todos los niveles sin ninguna exageración. Un ilustre que está permanentemente a la que salta me envió el enlace digital con los ‘partenaires’ y un apunte: “no solo aportan perres, sino prestigio”. Efectivamente en la relación de colaboradores, además de las administraciones culturales galas y numerosas empresas de todos los sectores, figuran el British Council, el Goethe Institute, el Istituto Italiano di Culture o el Instituto Cervantes junto a otras relevantes instituciones europeas.

En el caso de Gijón, de lo poco que se conoce de las cuentas de la Semana Negra, la mitad de la financiación es pública y la otra mitad viene de cuatro patrocinadores y de los ingresos que se obtienen por la ocupación del espacio, también público, de los chiringuitos, la noria, el tren de la bruja y las fritangas. Con ello no quiero decir que la fórmula de Lyon sea mejor que la de aquí, ni que haya que restar esa parte popular que hizo que el festival entroncara tan perfectamente con el visitante gijonés desde aquella primera edición en el puerto de El Musel hace veintinueve años. Pero creo que es necesario abrir una reflexión sobre la necesidad o no de cambiar el modelo, sin que ello suponga perder la personalidad adquirida durante todo ese tiempo, y reorientar la gestión, que quedó blindada cuando se decidió convertir la organización en una asociación de carácter privado y libre, por lo tanto, de la rendición de todos sus números.

El servicio de intervención municipal ha pedido a la Semana Negra más documentación para liberar el pago de las ayudas correspondientes porque en el balance presentado no están claras las cifras, al tiempo que, como es lógico, mientras no liquide la deuda fiscal no podrá recibir la subvención. Lo mínimo que se le puede exigir a una entidad que disfruta de tal volumen de dinero público es transparencia y buenas prácticas. El Ayuntamiento ha decidido incrementar su aportación al certamen este año para recuperar el nivel de recursos que salían de las arcas municipales antes de que empezaran los recortes. Ochenta mil euros más.  Supongo que para tal inyección se endurecerán las condiciones sobre cómo se tienen que administrar y justificar estos recursos porque la alternativa, ya planteada de una u otra forma, es su rescate.

 

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El pan del horno alto
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Ángel M. González | 06-04-2017 | 18:19| 0

Confieso que tenía cierto temor sobre la reacción que se podría generar en la séptima planta de Berkeley Square House ante los elevados costes energéticos y medioambientales para mantener la actividad siderúrgica en Asturias cuando se necesita atender un mercado cada vez más complicado donde el factor precio resulta determinante. No me quiero imaginar lo que llegaría a pensar el astuto señor del acero sentado en su despacho londinense cuando en Gijón se hablaba de acordonar la factoría mediante la ordenación urbanística como si padeciera la peste para limitar su expansión por los malos humos, a la vez que paga por la electricidad lo que no se conoce en ninguna otra parte de Europa. Lakshmi Mittal podría haber decidido batirse en retirada para centrarse en enclaves menos exigentes, poco a poco y con el menor ruido posible. Sin embargo, ha optado justamente por lo contrario, mantener la confianza en las posibilidades que aún ofrece esta cabecera y responder a los retos con nuevas inversiones. Resulta una obviedad, pero Arcelor sigue siendo una suerte para Gijón y Asturias. El mayor deseo que podemos tener es conservarla.
En los últimos días hemos contado en estas páginas tres actuaciones de la multinacional que ponen de manifiesto que el eje siderúrgico Gijón-Avilés sigue siendo fundamental para el negocio del magnate del sector pese a las adversidades. La inversión de cinco millones de euros en la instalación de un filtro electromagnético para captar las partículas de la acería y el inicio de la demolición de las baterías de cok con el fin de reconstruir las instalaciones, alargar la vida otros cincuenta años y reducir las emisiones contaminantes son una demostración de lo que estoy diciendo. Mittal acomete en las baterías el mayor desembolso que ha realizado en Asturias desde que se convirtió en propietario de la siderurgia, cerca de 150 millones de euros, la inversión más cuantiosa que hubo en l a región en la última década junto a la que destinó EdP a sus centrales, también para la mejora medioambiental.
Puede que existan voces que todavía muestren su insatisfacción, que promuevan mantener la presión hasta doblegar a la industria para que no se produzca una pizca de polución, pero justo es reconocer el compromiso que las empresas evidencian con estas acciones. Mientras derriba todo el refractario de las baterías, Arcelor está a la espera de que la autoridad regional apruebe el informe de impacto ambiental para levantar las nuevas instalaciones. Solo cabe esperar que la Administración sea ágil y resuelva de manera positiva el expediente sin dejarse llevar por consideraciones que puedan todavía puedan poner en riesgo el plan. Y el tercer hito al que me refería es la inyección que recibe el centro de investigación de la compañía en Avilés para el desarrollo de nuevos proyectos. Cuarenta millones de euros en ayudas de la Unión Europea para este laboratorio de ideas de Arcelor que se ha ido convirtiendo en una de las perlas que tiene la multinacional por empeño de la propia familia Mittal. El impulso al centro de I+D, del que tenemos que estar tan orgullosos como lo estamos de los hornos altos, tendrá una repercusión inmediata. Mañana mismo se incorporan diecisiete personas para reforzar las tareas investigadoras y, además, contribuirá a dinamizar la actividad de otros polos tecnológicos de la región, como la Milla del Conocimiento, y del campus universitario.
En definitiva, la presencia de Arcelor sale un poco más reforzada, pero las convulsiones que aún puede sufrir siguen siendo una amenaza. Una de ellas derivada de la invasión del mercado por parte del acero chino y en la que se echa en falta una política de protección más contundente y eficaz por parte de la Unión Europea. Otra, la ‘Operación Ilva’, que para Mittal representa una oportunidad, pero que para Asturias puede suponer también un riesgo.
En estos momentos no existe garantía alguna de que el ‘renacimiento’ de la compañía italiana de la mano de Arcelor si prospera su oferta con Marcegaglia no tenga ningún impacto en la estructura de producción de la empresa en Gijón.
Por ello todos los esfuerzos que se realicen para mejorar la fabricación, la productividad, la calidad de las elaboraciones, la seguridad y el medio ambiente han de ser bienvenidos. Mantenerse en esa carrera es el pan de mañana.

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