El Comercio
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El 'caso Papá Noel'
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Ángel M. González | 20-12-2016 | 12:42| 0

Santa Claus no tuvo la culpa. Digamos que se convirtió en víctima del cabreo monumental acumulado en la casa consistorial por la iluminación discreta y laica de las calles. El traslado del Papá Noel de la Plazuela al Seis de Agosto fue la expresión del puñetazo en la mesa. El muñecón orondo más retratado de estas fiestas, la envidia de las Letronas, resultó damnificado por la catástrofe colectiva de unas luces navideñas que no gustaron porque nacieron sin convicción, sin que todo ello sea responsabilidad única y exclusivamente de la empresa.
«Las luces son malas, no reflejan el espíritu navideño que se merece Gijón», dijo esta semana don Fernando Couto, en un estallido de sinceridad durante su entrevista en el programa La Lupa, de Canal 10. Son ese tipo de manifestaciones que se tienen que agradecer a cualquier político, más siendo portavoz gubernamental, porque reflejan el estado de ánimo tras un fracaso que no sólo compete a una parte. En el tema de las luces, la culpa tendría que ser compartida.
Cuando se resolvió el concurso, que de manera preceptiva tuvo que abrir el Ayuntamiento para atender las encomiendas de la Sindicatura de Cuentas, alguien tuvo que ver el proyecto artístico que la empresa había presentado para sostener su oferta. De lo contrario, estaríamos ante un gran engaño. Es decir, o bien nos dieron gato por liebre o el que repasó los bocetos estaba cegarato.
Lo cierto es que el resultado, ahora, salta a la vista. Por ejemplo, este año la cabalgata de los Reyes Magos discurrirá en penumbra. Desde Montevil hasta los Jardines de la Reina recorrerá cuatro kilómetros y medio y sólo se encontrará durante el desfile con tres calles iluminadas con cuatro arcos de bombillas. Vamos, el final de la civilización occidental.
Los munícipes en pleno advirtieron a la instaladora que si para la próxima campaña navideña no mejora la lumínica ornamental se le rescindirá el contrato. La duda es si será capaz a hacerlo por el mismo precio. De momento, otra figura ocupará el sitio en la plaza donde el entrañable gordo de San Nicolás reía feliz y Cimavilla tendrá algún adorno más. Pero al final es lo de siempre, lo barato sale caro, dice la conclusión en versión popular. Y en el Ayuntamiento se acumulan en los últimos tiempos las experiencias.
No hace falta ir muy allá para darse de bruces con desengaños producidos por una política de contrataciones un tanto chapucera. La obsesión de los que determinan con quien se convenia por el final de la raya sin más lupa que el precio conlleva irremediablemente al riesgo. Y luego surgen conflictos por contraposición de intereses, con la ciudadanía por el medio sufriendo las consecuencias. Ahí tenemos la conservación viaria, el mantenimiento de los semáforos, el servicio de alumbrado público, las obras de la calle Aguado y Marqués de San Esteban o lo más reciente, la limpieza de los museos.
Prometieron cambiar el sistema para tener en cuenta otros criterios en la valoración de las ofertas, pero continúan cosechando fiascos. En el chasco de las luces se salva Papá Noel, al que todo el mundo desea, pero también le ha tocado pagar el pato. Ante tanto ridículo, más de uno va a quedar sin regalo.

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La 'asturciudad'
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Ángel M. González | 16-12-2016 | 16:22| 0

Arrancó la semana de tantos puentes como en el juego de la oca con don Fernando Couto rodeado de representantes de la ‘troupe’ opositora con la colección de banderas detrás para, en modo institucional, invitar a los munícipes del urbanismo de Oviedo, Avilés, Siero, Mieres y Langreo a sentarse en una mesa con el fin de hablar de la gran metrópolis. No encajó bien la idea la consejera de Fomento del Principado de Asturias, la señora Belén Fernández, que mucho más pródiga en palabras que el ministro De la Serna con el plan de vías, advirtió desde el despacho que para discutir sobre la ‘ciudad astur’ ya estaba creado un grupo de trabajo en la Federación de Concejos con la participación, y el liderazgo, del Gobierno regional. Por lo tanto, a tomar vientos, de nuevo, la iniciativa municipal en tan espinoso asunto.
Llama la atención como el envite de Gijón movilizó al socialismo. No faltó tiempo para que don José María Pérez saliera al paso de la propuesta de Foro y de sus socios de viaje con el calificativo de «postureo». El dirigente local del PSOE hizo además una lectura que da que pensar. Acusó al concejal de Urbanismo de utilizar la invitación de «escaparate». ‘Josechu’ considera a Couto el tapado en la sucesión si finalmente la alcaldesa decide volver al hospital cuando finalice su segundo mandato. Magnífica revelación. Habrá que estar atentos.
Pero a lo que íbamos. La idea de Gijón no halló respuesta en los municipios comandados por el partido socialista. En Avilés y Siero guardaron silencio y en Oviedo se produjo división. La formación de Wenceslao López no quiere ni oír hablar de ello y Somos, a través del edil competente en la materia, sostiene que ya era hora de que alguien moviera ficha. Así están las cosas en la ciudad invicta desde que gobierna el tripartito. Sólo Mieres y Langreo aceptaron de buen grado acudir a la mesa con coherencia, todo hay que decirlo. La misma coherencia que demostró el alcalde de Navia y presidente de la Federación de Concejos, don Ignacio García Palacios, al quitar hierro al asunto y concebir la ‘minicumbre’ como una cuestión complementaria a la comisión formada en la propia asociación municipal.
Mientras aguardamos a la reunión del grupo de concejos que ampara el Principado prevista para este miércoles, 14 de diciembre, nos encontramos con un debate que, como casi todos los temas importantes en esta región, se ha venido alargando más de treinta años. Echando la vista atrás recuerdo aquel documento, que en 1994 se convirtió en libro pero no llegó a ‘best seller’, llamado ‘Estrategias para la Reindustrializacion de Asturias’, elaborado por un equipo dirigido por el profesor Manuel Castells, que entre las recomendaciones que hacía figuraba la creación del sistema metropolitano central. Para ello establecía básicamente cuatro grandes medidas: mejorar la red de transporte público interurbano por carretera y ferrocarril, con nuevas estaciones centrales en Gijón, Oviedo y Avilés; modernizar las telecomunicaciones con la integración de todos los municipios de la zona central por igual; potenciar los consorcios intermunicipales para atender los servicios y armonizar los instrumentos de planificación urbana con las directrices regionales. En definitiva, lo mismo que se pretende hacer ahora dos décadas después. El mismo estribillo.
La constitución de la ‘asturciudad’ o de la ‘ciudad astur’, como queramos llamarle, es un buen objetivo. Irrenunciable, como dicen los políticos en su argot. Todos los pasos que se den para avanzar en la idea deberían ser bienvenidos. Sin medallas ni protagonismos, sin invasores ni invadidos. El respeto a la iniciativa de cada cual, a la identidad y a la autonomía tendrían que ser condiciones indispensables. La exclusión partidista, el pulso por el poder, la desconfianza o el cantonalismo no son el camino. Ni tampoco que tengamos más alcaldones de los que ya hay. Lo que acabo de exponer son obviedades, pero no pocas veces nuestros administradores tienen para las evidencias una memoria frágil. Por lo tanto, qué más da una reunión si luego nos encontramos con que en Asturias sentarse para debatir sin llegar a nada es un mal pactado con el diablo. Como el discurrir del tiempo.

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Carantoña y Camín
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Ángel M. González | 07-12-2016 | 10:39| 0

El azar o el destino han querido que dos grandes referentes de Gijón que trascendieron con su labor las fronteras locales, uno en el ámbito del arte y otro en el mundo del periodismo, sean recordados en espacios que ambos compartieron en vida con mutua admiración y fuertes lazos de amistad. Francisco Carantoña Dubert y Joaquín Rubio Camín regresan a escena, cada uno de modo distinto, con el reconocimiento de quienes tuvieron en consideración su trayectoria y su trabajo en el campo de la creación y de la intelectualidad.
‘Nueve años sin Camín’ es el nombre de la exposición que Cornión abrió este viernes para el reencuentro con el artista infinito, que cultivó todas las técnicas de expresión, ensayando materiales con la pasión de un enamorado de la naturaleza y del entorno, en constante búsqueda de lo esencial desde su particular santuario de Valdediós.
El recorrido que ofrece Amador Fernández en su galería coincide con la publicación este año del ‘Catálogo razonado’, que muy acertadamente ha editado la Fundación María Cristina Masaveu bajo la dirección de la catedrática de Historia del Arte, María Soledad Álvarez, y las aportaciones de Ana Johari Mejía y Ángel Antonio Rodríguez. Este bello viaje iba a ocupar dos tomos y al final salieron tres ante la ingente obra que nos ha legado. Estoy seguro de que Carantoña hubiese gozado con la recopilación sobre Rubio Camín, del que decía que «hizo siempre lo mismo: crear para los ojos, para el sentimiento y para la inteligencia».
Hace nueve años que el artista se fue y hace nueve también que publicaba en EL COMERCIO el dibujo de una mano extendida como homenaje al gran periodista para rememorar su muerte con la siguiente cita: «Amigo Paco, en el décimo aniversario de tu marcha, recordándote, te doy mi mano». Pocos días después, Camín nos dejaba.
El próximo jueves el Café Dindurra reinstalará la placa que el Ateneo Jovellanos dedicaba al exdirector de este periódico en el rincón del establecimiento donde a diario acudía.
Allí, sobre la mesilla de mármol, Miguel, el camarero que sabía tanto de los hábitos de Carantoña como quienes tuvimos la suerte de ejercer el periodismo bajo su magisterio, le servía el café con leche, el trozo de bizcocho y el vaso de agua nada más que le veía franquear la puerta giratoria del viejo local. Allí devoraba los periódicos con la cajetilla de Goya cerca, pergeñaba sus comentarios y entraba en tertulia con los amigos que osaban con permiso romper aquella disciplina. Uno de ellos Camín, que desde Villaviciosa se desplazaba a Gijón acompañado de Carmen, su esposa, al menos dos o tres días a la semana, y se pasaba por el café para charlar con Carantoña.
En el Dindurra, Francisco Carantoña le daba vueltas a la vida y trazaba historias envuelto por el discurrir del tiempo y el runrún de las mesas. Luego, siguiendo el ritual, aquella enorme figura se levantaba de repente de la silla y con el fajo de periódicos bajo el brazo se dirigía desgarbado hacia la calle de la Merced, con Cornión como primera parada. Una imagen que fue recogida de manera excepcional por el artista en la silueta de acero corten que ha quedado recortada en Begoña para siempre.
Con el regreso de la placa a su aposento, el Dindurra recupera su espíritu, el que le da sentido a lo que encierran sus paredes más allá de lo que de por sí representa para Gijón el noble y remodelado café.

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Pobres con techo
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Ángel M. González | 28-11-2016 | 17:08| 0

La consecuencia más desgarradora que trajo consigo la gran depresión ha sido, sin duda alguna, el incremento de la pobreza. Los rostros depauperados de la crisis son muchos y muy variados, se fueron manifestando de distintas maneras conforme las fauces de la recesión fue hincando sus dientes en las personas, debilitándolas, haciendo mella en sus vidas y conduciéndolas hacia situaciones agónicas. En Gijón, ahora mismo, hay más pobres que nunca. Una buena parte de esa realidad se ve en las calles, en la mirada triste de la gente, la que te encuentras en un corto paseo, de frente o en la esquina. Pero hay otra parte que la padece en silencio, sin revolución, en sus casas, sufriendo las penurias del invierno, cada vez más duro y frío, cada vez más eterno.
En Gijón han aumentado los pobres, como en otras ciudades, pero también ha crecido la solidaridad. Ha reforzado todo su entramado de atención social, incluso de forma envidiable para otros municipios, intentado responder a las necesidades que se fueron generando conforme se iba incrementado la desigualdad y el desarraigo.
La labor asistencial realizada por asociaciones y colectivos en colaboración con las instituciones sigue siendo determinante. Como lo ha sido también la articulación de un amplio catálogo de ayudas destinadas a las personas más desfavorecidas, en situación vulnerable o al borde de la exclusión, encabezadas por el salario social, la prestación regional cuya demanda obligó al Principado a multiplicar por diez los recursos que había previsto cuando se creó en 2006. Un catálogo que fue aumentando con el agotamiento de los subsidios de desempleo y con los desahucios para atender los gastos más básicos de cualquier familia, la alimentación, el alquiler, la luz, el agua y la calefacción. O para que numerosos niños puedan hacer en el colegio una comida caliente y completa al día.
Esta semana, el bloque de la izquierda en el Ayuntamiento favoreció con su abstención que los presupuestos de la Fundación de Servicios Sociales salieran adelante en el camino de la negociación para las cuentas municipales del próximo año. En el proyecto se incluye la creación de la renta social, una nueva ayuda que está aún pendiente de concretar pero que va destinada a complementar el conjunto de medidas asistenciales del municipio.
La implantación de esta figura supone una oportunidad para reordenar las prestaciones y los servicios de atención social con el fin de aumentar en eficacia y agilidad y afrontar la pobreza de manera más estructural. No solo para quienes por desgracia carecen de hogar o de empleo. Existen muchas personas que cobran por su trabajo remuneraciones ridículas, amparadas por la reforma laboral, que apenas alcanzan el salario mínimo. Gente con techo cuyos ingresos no les permiten llegar a fin de mes, pero tampoco beneficiarse de la protección social establecida. La renta básica puede ser el alivio para ese trabajador que no ha dejado de ser un desfavorecido porque su sueldo no le da para vivir.
Ahora bien, aunque existen ciudades en este país que han puesto en marcha figuras como esta, la prestación tendría que tener ámbito autonómico, incluso nacional diría yo. En el caso de Asturias puede ser una modalidad dentro del salario social, cofinanciado si se quiere, pero sin que su aplicación provoque mayor desigualdad social entre territorios ni ‘efecto llamada’, como ya ocurrió con otras ayudas.
Tal parece, de momento, que no hay voluntad en la región de que esto sea así, por lo que solo cabe esperar que este mínimo vital municipal sea coyuntural, con los recursos que tenga que tener, pero sin detraer de aquellos que puedan contribuir a la prosperidad colectiva para que el drama no se alargue.

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La resurrección urbanística
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Ángel M. González | 23-11-2016 | 10:50| 0

Ante todo, la anulación del último plan urbanístico gijonés no parece que fuera tan desastrosa para la ciudad al producirse en un momento en que la construcción sufrió el mayor freno desde que uno tiene uso de razón. Visto con la perspectiva que ofrece el transcurso del tiempo, el hecho de que aquel PGO fuera a la papelera por decisión judicial no provocó un mayor hundimiento que el que ya estaba instalado en Gijón por el estallido de la burbuja.
El golpe de los tribunales tuvo lugar entonces en el mejor de los momentos, salvo, claro está, para quienes se habían hecho con la propiedad del cinturón rural más cercano a la urbe con el fin de no perder la costumbre del pelotazo gracias a un documento que permitía que el globo siguiera hinchando. Con el plan anulado y el nuevo aún en tramitación vemos que la construcción se reactiva ante la más mínima oportunidad con actuaciones sobre antiguos edificios y solares en el corazón urbano y vendiendo promociones enteras en Nuevo Roces, por ejemplo, donde todavía queda espacio para llenar el barrio de más familias. O sea, que incluso se logra renovar y compactar la ciudad sin que exista la necesidad de amparar el lucro sin escrúpulos. Por lo tanto, todavía hay campo suficiente para favorecer el despegue de una actividad que tanta mano de obra genera.
Mientras, el largo proceso para definir el futuro PGO continúa. Los grupos políticos han recibido un avance del informe de alegaciones elaborado por los técnicos con los puntos políticamente más calientes del documento, sin que se produzcan grandes cambios sobre las líneas generales que inspiraron el texto inicial que recibió el apoyo mayoritario de la Corporación. Resucita la discusión sobre los trazos gruesos del urbanismo gijonés, aunque los problemas más agudos surgirán luego en el examen de la letra pequeña.
Los redactores mantienen el modelo que suprimió de forma sensata los urbanizables en la zona rural, de la misma manera que plantea ahora el Gobierno regional para su proyecto de área metropolitana, e intentan librar el plan de la judicialización en los flancos más débiles. De esta forma, lo adaptan a la ordenación urbanística del litoral definida por el Principado que aumentará los litigios con los propietarios, lo preparan para que pueda pasar el examen de la CUOTA, atienden a intereses de última hora y abren el camino para garantizar que Arcelor, Armón y El Tallerón puedan seguir desarrollando su actividad industrial sin una espada de damocles sobre los terrenos que ocupan. Menos mal. Lo contrario, que hizo saltar las alarmas en la multinacional del acero, era simple y llanamente una aberración.
Ahora bien, la siderurgia tendrá que adoptar mayores medidas medioambientales y, si cabe, rodearse de arbolinos para despistar el impacto, de la misma manera que hace años el astillero levantó un seto de leylandis en su linde con el vecindario.
Y sobre Naval Gijón, más de lo mismo. El Gobierno local propone que el suelo de la antigua factoría, tanto el que subastará la Autoridad Portuaria como el que está en manos de Pymar, estará exento de viviendas en favor del consenso general de los grupos políticos. El destino es el polo tecnológico, con espacios para el esparcimiento ciudadano y la hostelería.
Una buena utilización, desde luego, aunque sigo pensando en que todo ello era compatible con una pequeña franja residencial a modo de transición que continuara lo que ya está construido en Poniente, los famosos edificios ‘barco’, hasta conectar con los futuros desarrollos de El Natahoyo, entre otras cosas para que el proyecto ganase en viabilidad sin que ello supusiera hablar de especulación. Naval Gijón y lo que finalmente se haga en el plan de vías conformarán un nuevo centro en el alma urbanística de la ciudad. Cuanto mayor atractivo tenga, mejor para todos.

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La agenda del tren
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Ángel M. González | 14-11-2016 | 10:40| 0

De don Íñigo de la Serna destacan su municipalismo, voluntad negociadora y sentido común, tres virtudes sumamente necesarias para que el flamante ministro de Fomento afronte con solvencia los proyectos ferroviarios pendientes en esta región y el cúmulo de despropósitos en la variante de Pajares, abocada a convertirse en la obra con mayor sobrecoste de la historia de este país. Don Íñigo es ingeniero de caminos, sabe de medio ambiente, ejerció responsabilidades políticas en esta materia y además se le supone, de mano, esa capacidad natural para decidir de forma razonable el impulso que requieren las infraestructuras del tren en Asturias. Necesitamos un ministro que, de una vez por todas, actúe con firmeza y eficacia. Ni buenas palabras, ni falsas promesas, ni que nos llevamos bien o mal unos y otros. Comprometerse y cumplir los compromisos.
La llegada de la alta velocidad es un objetivo incuestionable, pero sin renunciar a nada de lo que se ha venido poniendo sobre la mesa se tendrían que definir con claridad las prioridades para conseguir unas comunicaciones ferroviarias propias del siglo en el que nos ha tocado vivir. Un sistema de transporte rápido, seguro, avanzado, competitivo, sostenible y respetuoso con el entorno.
La primera prioridad, no cabe duda, es finalizar cuanto antes la variante. La puesta en marcha de los túneles tiene que ser el primer apunte de la agenda de tareas inmediatas del nuevo titular de la cartera de Fomento. Las previsiones más optimistas apuntan a que nos queda todavía como mínimo un año para que se abra uno de los dos corredores. Ojalá no se alarguen más los plazos.
Luego, en teoría, se tendría que completar el trazado de AVE desde Lena hasta Gijón, pero sobre esta actuación se puede abrir una reflexión. No voy a decir, como lo hizo hace más de seis años el entonces líder de la patronal asturiana, Severino García Vigón, en una entrevista con este diario, que el AVE entre estos dos puntos es un lujo, aunque quizás sea el momento de repensar si tenemos que incluirlo en el máximo nivel de preferencias.
Las dos fases del trazado, de Lena a Oviedo y de Oviedo a Gijon y Avilés, incluida la ‘Y’ ferroviaria en Villabona, tienen un coste inicial que ronda los 1.600 millones, casi tanto como el presupuesto estimado de la variante cuando se puso la primera dovela en el año 2004 y que ya supera el doble.
Los proyectos en cuestión recibieron 178 alegaciones, tienen una amplia contestación social por parte de los vecinos de muchos de los pueblos afectados, prevén extender la nueva vía con más de una veintena de túneles y viaductos, llevarse por delante un montón de viviendas y atravesar acuíferos y pozos mineros, como relataba esta misma semana Ramón Muñiz en este periódico. Y además no resuelven los accesos a las ciudades. La inversión que requerirá, pues, será infinitamente superior.
Estamos aún a tiempo para llevar a cabo la reflexión aprovechando el cambio ministerial. De todo lo que se tiene previsto acometer puede que tenga cierta prevalencia la variante de Villabona con el fin de resolver el cuello de botella ante una falta de capacidad para absorber el más que probable aumento del tráfico de mercancías y viajeros. Sobre el resto habría que meditar si merece la pena tal desembolso y destrozo medioambiental para ahorrar diez o quince minutos de viaje a Madrid con toda la vía de altas prestaciones extendida desde la puerta de casa.
Por lo tanto, la segunda prioridad podría ser destinar ese dinero a mejorar lo que ahora tenemos en todo ese tramo, por supuesto, y a relanzar los servicios de cercanías para conseguir una buena comunicación metropolitana en la zona central de Asturias y con las alas. Abierto Pajares, la modernización de toda la red ferroviaria interna de la región es urgente e irrenunciable. Y esa transformación no se debe acometer sin antes definir y ejecutar el plan de vías de Gijón, que incluye la utilización del túnel del metrotrén desde el Humedal hasta Viesques.
No se puede concebir el desarrollo de un programa de conexiones de proximidad sin tener resuelto el proyecto de esta ciudad que, al fin y al cabo, es la que mayor tránsito aporta y la que garantiza la viabilidad de todo el sistema. Para ello es imprescindible la apuesta firme y concreta de Fomento. No todo tiene que estar condicionado a la obtención de plusvalías por la venta de terrenos. En Madrid se encuentra el jefe de estación al que compete ordenar la salida. El deseo es que el señor De la Serna haga sonar pronto el silbato.

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Las camas de Cabueñes
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Ángel M. González | 11-11-2016 | 17:55| 0

Las esperas de pacientes en camillas y sillas de ruedas en los boxes de urgencias del Hospital de Cabueñes por falta de habitaciones mientras permanecen cerradas dos plantas desde el verano pone de manifiesto la dificultad que muchas veces padece el sistema sanitario para adaptarse a la demanda con agilidad y eficacia. La situación generada esta semana no es exclusiva del hospital gijonés, se produce lamentablemente con excesiva frecuencia en otros centros hospitalarios de la región y del país por la presión asistencial, la contención del gasto, el deficitario manejo de los recursos y, en algunos casos, el escaso compromiso profesional.
Estos cuatro factores, digamos, confluyeron en Cabueñes durante estos días de mayor afluencia sin que los usuarios obtuvieran la respuesta plenamente satisfactoria. El malestar y las quejas de familiares y enfermos son entendibles, al igual que la supresión de camas en aquellos periodos de menos ingresos hospitalarios como medida de ahorro, pero siempre y cuando se lleve a cabo sin menoscabo de la asistencia.
En el hospital gijonés se echó en falta la reacción ante un incremento de la demanda pese a que existen posibilidades y recursos disponibles en el área para hacer frente a momentos así de carácter coyuntural. La mejora en los tiempos de las altas, una gestión más ágil de las habitaciones o la desviación de pacientes a otros centros solo cuando es absolutamente indispensable son algunas de las acciones que pueden evitar que la persona que vaya a ingresar no tenga que aguardar horas y horas para que le preparen la cama.
En definitiva, más dinamismo y decisión. Tenemos la mejor sanidad pública del mundo, pero también muchas cosas que perfeccionar.
La reforma y ampliación del hospital que tiene previsto acometer el Principado no solucionará por sí sola este tipo de situaciones. La remodelación, cuyas obras en una primera fase coincidirán en 2018 con la celebración de los cincuenta años del primer edificio, pondrá orden desde el punto de vista físico y funcional a un centro que fue adquiriendo dimensión a base de añadidos. En ese sentido, el proyecto es una necesidad y resulta bienvenido por prioritario para una comarca que aporta la tercera parte de la población sanitaria de Asturias. La imagen que ahora ofrecen determinados servicios, el de urgencias por ejemplo, donde se mezclan pacientes de todas las edades, acompañantes y personal en salas y pasillos, no es la mejor muestra de un hospital moderno y contribuye a trasladar una mayor sensación de caos y saturación.
El nuevo Hospital Universitario de Cabueñes tendrá una distribución de espacios más racional y corregirá los problemas de comunicación que existen ahora, de tal manera que la percepción, al menos, promete ser distinta. Y también prevé aumentar el número de camas, 115 plazas más, para atender el crecimiento que se espera en un futuro que está a la vuelta de la esquina como consecuencia del envejecimiento de la población. Es decir, el centro va a tener que hacer frente a una presión cada vez mayor por parte de los usuarios.
Por lo tanto, sus gestores y, sobre todo, los profesionales, en todas sus categorías y funciones, tendrán que esmerarse para cambiar la cultura de trabajo que han venido practicando hasta ahora con una mayor corresponsabilidad. Empecemos a andar ese camino si queremos un hospital más eficaz, tecnológico y confortable.

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Cirugía en El Natahoyo
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Ángel M. González | 27-10-2016 | 11:29| 0

Hace un par de años, por estas mismas fechas, el Ayuntamiento manejaba unas notas preliminares para el plan urbanístico que consideraban el suelo de Naval Gijón como una gran mancha residencial. Aquel borrador que guardaba como oro en paño la señora Lucía García, entonces concejala de la materia, no llegó a ver la luz porque una persona avezada, con diligencia y sentido común, se apresuró a tildar de error mayúsculo lo que figuraba en aquel papel, es decir, la posibilidad de construir pisos en los terrenos del astillero. Lo que estaba llamado a ser una metedura de pata política fue plenamente corregido en el documento de mayo del año pasado que sirvió para la aprobación inicial del plan general, donde Naval Gijón se convertía en «un espacio de elevada renta de situación para actividades económicas terciarias». Así de textual lo reflejaba el compendio, que añadía, además, que El Tallerón y Armón «pueden ser a largo plazo la continuación de este nuevo centro de servicios».
El PGO en tramitación transforma el suelo que ocupaba el antiguo astillero de industrial a terciario, donde tienen cabida desde espacios verdes, establecimientos de hostelería, empresas de servicios o equipamientos dotacionales. Es decir, nada de viviendas ni hoteles, que podrían dar lugar a pensar de que en la zona que inspiró ‘Los lunes al sol’ se permitiría la especulación. El veto, por lo tanto, se respeta, independientemente de que las fichas que desarrollen el plan se miren con lupa por si se cuela algo.
Ahora bien, el suelo de Naval Gijón tiene en estos momentos dos propietarios, el Puerto y Pymar, la sociedad de reconversión de los astilleros. La Autoridad Portuaria ha decidido sacar a subasta su parte de terreno por 5,4 millones de euros ante la imperiosa necesidad de hacer caja entre críticas políticas y sindicales por la precipitación en la medida. Sostienen que ni están definidos claramente los usos, ni está aprobado el plan urbanístico, ni fueron atendidas las reivindicaciones de los excedentes del cierre de la factoría, ni hay emplazamiento alternativo para la Semana Negra.
Es cierto que el PGO tiene aún por delante un año mínimo de tramitación y que, por lo tanto, la nueva catalogación del suelo carece de la bendición definitiva, pero parece difícil que la utilización del espacio que los rectores de El Musel ponen a la venta pueda ser cuestionada.
Por el contrario, merece un saludo todo lo que sea ganar tiempo en la búsqueda de una oportunidad que permita avanzar en el desarrollo urbanístico de la fachada marítima entre Poniente y El Arbeyal. El comprador tiene marcado de mano el destino de lo que está comprando. Para eso están las cláusulas.
El terreno que el Puerto pone en el mercado es el más próximo al mar; el que está en posesión de Pymar tiene características distintas por su emplazamiento. Aunque el tratamiento en el plan urbanístico es, en principio, el mismo, no sería descabellado reservar una franja para una actuación residencial suave que sirviera de transición hacia el espacio abierto que lleva a la bahía. Pura cirugía para un barrio prometedor.
La actuación tendría que ser concebida como continuación de lo que se hizo en Poniente y enlace con los tres planes de reforma interior que se proponen en El Natahoyo, que prevén la construcción de 440 viviendas. Una operación, además, que tendría que ir vinculada a la atención que demandan los últimos del naval. La nueva ubicación para la Semana Negra tiene solución. La de los excedentes condiciona que todo lo dicho tenga un buen resultado.

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Centralita central
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Ángel M. González | 18-10-2016 | 11:06| 0

Don Gabino el laico siempre consideró que Gijón era un pueblo. Lo demostró en varias ocasiones, una de ellas cuando vino a hacer campaña de su salto al Congreso con la boina calada hasta los hombros y enfundado en una gabardinona para posar en el Muro. Ahora, el señor delegado del Gobierno, en el ejercicio de sus funciones, decide llevar a cabo lo que la Dirección General de la Policía ya emprendió en otros lugares, el cierre de la sala del 091 para centralizarla en Oviedo bajo el control de la gran Jefatura Superior. El argumento es la economía que supone para el Ministerio del Interior la concentración de operadores aquí y en todas las poblaciones donde se está planteando, es decir, política nacional, sin atender a otros criterios como tiempos de respuesta, eficacia policial, flujo de avisos y otros indicadores que llevan a concluir el nivel de protección en el que nos encontramos.
En Asturias presumimos de que disfrutamos de los mayores índices de seguridad del país y de Europa si me apuran. Lo hemos escuchado en los últimos días durante las intervenciones del propio representante gubernamental y de los mandos por las conmemoraciones patronales de la Policía y de la Guardia Civil. Gijón está a la cabeza en los buenos datos y estamos orgullosos de ello. Sin embargo, una decisión como la que se emprenderá dentro de quince días puede darle la vuelta a la estadística, no porque aumenten los cacos y maleantes, sino porque se corre el riesgo de perder eficacia en las actuaciones de las patrullas.
Imagínense ustedes la ingente tarea que van a tener los dos o tres operadores de la ‘centralita central’ cuando reciban llamadas de Gijón, más de 5.000 al mes, junto a las de Oviedo, Avilés, Luarca, Mieres, Siero, Noreña, Grado, la Villa o Cabañaquinta. Pasan de atender una población de poco más de 200.000 habitantes al triple, que en el caso de esta ciudad se dispara durante los meses de verano.
En este asunto, Gijón está siendo tratada como el pueblo que, como decíamos, consideraba don Gabino. En este caso, lo que los gerifaltes de la Dirección General pintan como un ahorro no se trata más que un recorte cuyas consecuencias están aún por ver por mucho que intenten explicar que los ensayos ya se han producido en otros lugares.
El señor Dámaso Colunga, que de ello sabe algo, propuso incluso como alternativa la creación de una sala conjunta con el 092 de la Policía Local. Es decir, existen razones para la preocupación. Una centralita común permitiría mejorar la coordinación entre las dos polis, como es lógico, pero no parece que esté en la agenda de prioridades del Ayuntamiento, que sería el que tendría que costear el desarrollo de la idea planteada por el comisario. Por lo tanto, solo veo otras dos opciones, que el puesto de control de Moreda permanezca como está o que la concentración de salas de las siete comisarías de Asturias se hagan en dos, en Oviedo y en Gijón. Como el señor delegado no va a tener en cuenta ninguna de estas posibilidades, solo nos queda desear éxito en el empeño por el bien de todos y que, al menos, en lugar de sobrantes tengamos más custodios.

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Memoria de la Laboral
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Ángel M. González | 10-10-2016 | 20:33| 0

La Universidad Laboral, ahora llamada Laboral Ciudad de la Cultura, fue construida con la puerta principal de espaldas a Gijón para que se pudiera contemplar todo su esplendor antes de entrar, y a espaldas convivieron villa y edificio durante casi medio siglo. Así hasta hace quince años, cuando la Laboral, tan apreciada por quienes tuvimos la suerte de formarnos allí y tan injustamente denostada por ajenos con sentimientos sectarios, cambió de manos y el nuevo regente tuvo la idea de rehabilitar el monumento, rescatarlo de los malos pensamientos y darle nuevos contenidos a este inmenso contenedor para disfrute de la ciudadanía en general. Un acierto, independientemente del debate sobre si el plan de usos diseñado entonces era o no mejorable.
Transcurrido el tiempo se puede concluir que el imponente edificio ha cobrado una nueva vida y su conexión con la ciudad se ha estrechado de forma notable. Por sus pasillos transitan a diario cientos de personas que acuden a los centros educativos que tienen allí su sede o a las actividades culturales que allí se programan, seminarios, congresos, eventos y reuniones. Es cierto que se quedaron algunos proyectos por el camino, el fallido hotel de cinco estrellas, o con escasa respuesta, como el aprovechamiento residencial de los minipisos, pero aunque todo puede parecer poco, menos era la nada.
La asociación de antiguos alumnos, que estos días ha iniciado un ciclo de conferencias en el Ateneo Jovellanos para revitalizar la memoria y los valores educativos transmitidos en aquella ‘fabricona’ de profesionales y talento desde mediados de los cincuenta, ha puesto sobre la mesa una idea que creo digna de consideración por parte de quienes llevan las riendas de la gestión. Propone que se habilite un espacio para una exposición permanente que reconstruya sin complejos la historia del edificio y su labor formativa con el fin de que el recuerdo no se quede sólo en la mente de los 60.000 estudiantes que pasaron por sus aulas.
Una buena iniciativa, continuación de la muestra que de forma tan exitosa llevó a cabo hace un año y que se suma a otro hito en el reciente devenir de la Laboral, logrado igualmente gracias al empeño de la misma asociación, la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) el pasado mes de mayo. El reconocimiento no es baladí, protege el complejo de los desaguisados, alguno en su entorno ya se llevó a cabo, y tuvo como primera consecuencia que allí no se celebrara, por ejemplo, un festival de gastronetas. La idea de los antiguos alumnos, ya digo, resulta atractiva para enriquecer los contenidos del singular monumento diseñado por Luis Moya, que Gijón y Asturias tienen la fortuna de conservar, con la puerta abierta mirando al sur y con todos y cada uno de sus sorprendentes elementos.

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