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Apuntes de un debate
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Ángel M. González | 04-10-2016 | 11:04| 0

Frente a la opinión de quienes consideran que los debates sobre el estado del municipio, de la región o del país son esos días en que los políticos de uno y otro signo se tiran los trastos a la cabeza sin tomar decisión alguna y de escasa utilidad para la ciudadanía, sí creo que ayudan a tomar el pulso a quienes nos representan para establecer un diagnóstico tanto sobre su tarea de gobierno como sobre su labor de oposición. En la sesión que hubo esta semana para radiografiar la situación municipal se pueden extraer numerosas conclusiones y aunque la más evidente es que nunca llueve a gusto de todos, me referiré a cuatro aspectos que marcaron la discusión y condicionan, a mi entender, la ejecutoria consistorial.
El estado asistencial. Puede que Gijón sea una de las ciudades medianas de este país con mayor red de asistencia social. El gasto en esta materia se ha multiplicado de manera considerable con la depresión para atender las necesidades vitales de familias enteras en situación precaria, de pobreza y exclusión. Los planes de empleo también han formado parte de ese conjunto de medidas, como las becas de comedor, las de libros, la teleasistencia, las ayudas al pago de la luz, las ayudas al alquiler de una vivienda, etcétera. Mantener esa red requiere ingentes recursos y una capacidad de administración a prueba de bomba. La alcaldesa, en el debate, expuso todas las cifras que demuestran la realidad de la que estamos hablando, pero también se aprecia la necesidad advertida por la oposición de mejorar la gestión de todo el entramado de acciones, ordenar lo que existe, adaptarlo a la demanda real por arriba o por abajo y agilizar el nivel de ejecución.
La parálisis municipal. Es de lo que más se quejan los grupos políticos, de izquierdas y de derechas, a la hora de enjuiciar al equipo de gobierno. En el paquete incluyen la falta de desarrollo de los programas sociales pero también un listado amplio de acuerdos adoptados en el pleno, de lo más variopinto, cuya desatención eleva el porcentaje de desagrado. Más que parálisis, tenemos un ayuntamiento encorsetado, con andar de tortuga en algunas materias, víctima de su propia debilidad, pero también de los filtros por los que tiene que pasar cualquier papel o decisión en todas las administraciones. Para lo bueno y para lo malo, los ayuntamientos están ahora más intervenidos que nunca. Quitando algún tema puntual, en la supuesta parálisis hay cierta corresponsabilidad.
El modelo de ciudad. Es un concepto difuso o poco aclarado. En la pluralidad municipal hay grupos que critican tal ausencia como una falta de rumbo. Antes podría estar definido por las grandes actuaciones. Ahora no existen proyectos estrella, pero sí proyectos estrellados. Véanse el plan de vías, la depuradora o la regasificadora, asuntos domésticos que se dilucidan fuera de casa. El gobierno local está más ocupado en gestionar lo que hay y dar utilidad al patrimonio que en desarrollar grandes emprendedurías. Además, la mayor parte del tiempo, tiene que atender imprevistos, nubes, manchas y toda clase de tormentas. Actúa a salto de mata. Ahora bien, en tramitación hay planes donde se establece, sin ninguna duda, un modelo, hoja de ruta o como queramos llamarlo. Uno de ellos, de suma importancia, el PGO.
El cambio de gobierno. La falta de entendimiento en la izquierda no ha sido superada. Los argumentos que impidieron el acuerdo en junio del año pasado entre las tres formaciones continúan vigentes. Por lo tanto, a priori, resulta difícil que sea atendida la llamada de Izquierda Unida para buscar puntos en común que permitan el desalojo de Foro. Pero como todo cabe en esta villa puede ocurrir que, al sentarse en la mesa para volver a discutir lo ya discutido, decidan que el ‘hombre bueno’ de la historia lidere la confluencia.

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El califato municipal
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Ángel M. González | 30-09-2016 | 15:34| 0

Los munícipes con mando en plaza han decidido dar un revolcón a la estructura organizativa del Ayuntamiento y entidades dependientes porque tal como está hoy le cuesta atender las necesidades de una administración moderna, con una buena gestión de los recursos humanos y con capacidad para dar respuesta rápida y eficaz a las demandas de los ciudadanos. Es decir, el organigrama actual ni tiene contento al personal ni satisface plenamente al administrado. El caos se esconde en un orden aparente.
La institución pública, esta casa de todos regentada por políticos y comandada por funcionarios, se ha convertido con el paso del tiempo en la ‘gran empresona’ de Gijón, con su matriz y sus filiales, una empleadora de 2.500 personas, incluidas las que no entraron por oposición, que dedica a nóminas el 40 por ciento mínimo del presupuesto disponible por el Consistorio.
El crecimiento en los últimos treinta años ha sido tremendo. Se fueron abriendo despachos y creando servicios a tutiplén por la presión de la gente y de su propia plantilla, conforme iba asumiendo nuevas competencias e incrementando el papeleo. Después, la obsesión por acercar más lo que ya se tiene cerca, de tal manera que se pasó de estar todo en la plaza Mayor a llevar oficinas hasta la puerta de casa por aquello de una descentralización hasta el extremo. Y luego la incapacidad para dar marcha atrás, que obligó a mantener estructuras pese a haber desaparecido incluso su contenido. Gigantismo, inmovilismo y burocracia, los tres males del asunto que tratamos. A ello se añade un cuarto factor que acrecentó el problema, la nefasta política de personal.
El diagnóstico realizado por la consultora que contrató el Ayuntamiento para que certificara lo que se veía nada más rascar un poco ha sido demoledor con simplemente poner todo el relato junto en un papel. Ni flexibilidad, ni adaptación, ni carrera profesional, ni planes de formación, ni incentivos, ni motivación, ni mejora continua, ni excelencia. Hay jefaturas sin personal, personal sin jefaturas, directivos sin experiencia, ausencia de liderazgo… Existe un enorme individualismo, se trabaja mirando de reojo, sin saber a veces lo que está haciendo el compañero y mucho menos el resto de los servicios, fundaciones, patronatos y empresas municipales. Los técnicos por un lado, los administrativos por otro. La coordinación brilla por su ausencia. Vamos, si el funcionariado funciona lo hace de milagro.
A partir de todo ello, el gobierno en minoría plantea coger el toro por los cuernos y cambiarlo de arriba a abajo. La propuesta esbozada esta semana por la concejala de Hacienda pretende romper la actual estructura para «acabar con los reinos de taifas», en palabras de la señora Ana Braña. O sea, reconstruir el califato municipal poniéndole orden, agrupándolo y aclarando las jerarquías mediante departamentos, una nueva relación de puestos y tres ‘supergerentes’ que reportarán al consejo político. El proyecto, como es lógico, requiere el mayor consenso posible para que no quedar en un intento fallido de reforma y evitar que le cuelguen la etiqueta de herencia envenenada. Y lo más importante, para que cuando el administrado acuda a la ventanilla encuentre al otro lado a alguien que resuelva y, a poder ser, devuelva el saludo con una sonrisa.

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Hoja en blanco
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Ángel M. González | 20-09-2016 | 11:11| 0

Cuando todavía no ha empezado el partido se aventura, de mano, que vuelva a desembocar en prórroga. El gobierno local prepara el borrador de los presupuestos municipales para el próximo año que tendrá que servir de base para la discusión con el resto de los grupos políticos. En el ánimo del equipo de Carmen Moriyón está alcanzar un acuerdo que permita que Gijón tenga cuentas nuevas y no se vea en la complicada tesitura de tener que funcionar con otro aplazamiento, el segundo en la segunda etapa del mandato forista. Ahora bien, una cosa es el ánimo de quien gobierna en minoría y otra el que tenga la mayoría opositora. De momento, unos y otros son polos que se repelen.
Esta misma semana se puso de manifiesto que en cuestión de números el camino del entendimiento se encuentra aún muy lejos. El rechazo a destinar diez millones del remanente del año pasado a amortizar deuda del ayuntamiento con los bancos demuestra cuán diferentes son los criterios entre quienes tiene que gestionar las arcas y quienes determinan con la suma de sus votos el uso final del dinero. El portavoz municipal no cree que con la decisión se pueda hablar de situación de bloqueo, pero sí parece que la utilización que finalmente se haga del ‘cash’ determinará en buena medida el gasto y la inversión en 2017 teniendo en cuenta que los créditos, por norma, hay que pagarlos. He aquí una de las peleas.
Y otra que también empezó a traslucir puede venir por los ingresos. Los administradores del municipio plantean una congelación de tasas y precios de servicios públicos, que lógicamente viene de perlas para la ciudadanía especialmente cuando el escenario de inflación parece que está cambiando. La medida, además, se añade a la aplicación de un IBI revisado a la baja que es la envidia de Oviedo, cuyo ‘gobierno a tres’ se propone ahora meter el rejón a quienes por allí generan algo de riqueza. Bueno, pues el mayor grupo opositor le da una vuelta a la propuesta y la enreda.
El planteamiento es que se pague en función de los niveles de renta. A priori es difícil oponerse a la idea, pero el problema es cómo se articula con el control debido de todas las situaciones y sin poner en riesgo la salud financiera del Ayuntamiento. La propuesta tiene un coste evidente, que a lo mejor se contrarresta encareciendo las exacciones para otros colectivos, como en la capital de don Wenceslao. La negociación presupuestaria, por lo tanto, se presenta muy complicada, pero Moriyón y sus concejales no cesarán en el empeño de lograr un acuerdo porque de ello depende también que la debilidad en la que se encuentran sea algo más llevadera.
La alcaldesa dijo, en la entrevista que esta semana emitió Canal 10 conducida por Juan Neira, que estaba dispuesta a poner sobre la mesa «una hoja en blanco» en favor del consenso con tal de evitar lo que sucedió hace un año. Lo recordamos. Después de que el Gobierno local aceptara todas las enmiendas de unos y otros cuando llegó la hora de votar dieron la espantada. Un hecho de mundo insólito perjudicial para la ciudad. El deseo, esta vez, es que el papel una vez relleno no acabe en la papelera.

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El efecto de la manchona
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Ángel M. González | 20-09-2016 | 11:10| 0

El lunes la alcaldesa respiró tranquila al conocer los primeros resultados de los análisis de la porquería flotante entre Peñarrubia y La Ñora. Ya estaban los monstruos echándose encima cuando el microscopio determinó que aquella amalgama sospechosa era una mezcla putrefacta de ‘Asparagopsis armata’ y ‘Aequorea forskalea’, es decir, algas rojas y medusas en cristiano. No aparecían, por tanto, detritus humanos, desechos de cloacas, grasas y otras pestes, pero las manchas dichosas, con todo lo que tuvieron de alarma, hicieron un gran servicio a la ciudadanía.
Durante el verano el debate sobre el saneamiento de las aguas residuales quedó un tanto aletargado, aunque con la preocupación a flor de piel mientras miles de bañistas ocupaban las playas desde San Lorenzo hacia el Oriente. La manchona surgida como un espectro sirvió para volver a remover la imperiosa necesidad de que las administraciones solventen el desaguisado que originaron con la ubicación de la depuradora de El Pisón, el cierre de la Plantona antes de tiempo y las fisuras del emisario de Peñarrubia por las que se escapan ‘hilillos’ fecales por izquierda y derecha del litoral. La podredumbre dándose un baño fue como una bofetada en el despertar, pero solo para algunos.
Sinceramente da gusto ver, en este caso, como dos instancias van de la mano, al menos de cara a la galería, para exigirle al Ministerio de Medio Ambiente que aborde cuanto antes el asunto. Gijón reclama soluciones. Si el Ayuntamiento y el Principado gritan al unísono que el saneamiento es una cuestión de estado, alquien en Madrid, digo yo, tendrá que ejercer sus funciones, que en eso llevan casi un año, con el fin de que en este ‘affaire’ triunfe el interés general. De momento, la idea de recuperar el pretratamiento que se hacía hasta hace unos meses es lo más razonable.
Mientras la atención estaba puesta en lo que se avistaba en la mar desde la Providencia, en Aboño se arrancaba, a modo de pruebas, la desnitrificadora de la central térmica. La planta de EdP ha pasado de ser uno de los grupos de generación eléctrica más contaminante del país a pionera en España en la adopción de medidas para no adulterar el aire que respiramos. La instalación de la que hablamos permite reducir en un 80 por ciento las emisiones a la atmósfera de los óxidos de nitrógeno que se originan por la combustión del carbón en la caldera.
De la misma forma que tenemos que ser exigentes con las empresas para que reduzcan su impacto ambiental y contribuyan al bienestar, sin bajar la guardia en ningún momento, también debemos aplaudir cuando se hacen las cosas bien, como es en este caso. Por lo tanto, EdP está de enhorabuena.
Y para finalizar, siguiendo con temas relacionados con la mejora del hábitat, no alcanzo a entender bien lo que nuestros mandatarios municipales preparan con la Quinta La Vega, en Jove. Resulta que están dispuestos a pagar 1,3 millones de euros por este activo ahora en manos del puerto con el pretexto de convertir la noble casona de Nava en un vivero de empresas medioambientales.
Es decir, teniendo en cuenta que El Musel es una institución pública que adquirió la finca y rehabilitó los inmuebles con una inversión cuantiosa hace quince años, es como si los ciudadanos pagaramos dos veces por lo mismo. La dedución es una interpretación libre de la operación en ciernes, pero ¿no sería más factible que el propio puerto dedicara el edificio al uso que plantea el Ayuntamiento antes de gastarse todo ese dinero? O lo que es lo mismo, poner la Quinta La Vega a disposición de la ciudad como compensación a las molestias por el carbón volador.

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Con permiso del jardinero
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Ángel M. González | 05-09-2016 | 11:34| 0

En esta semana de transición hacia la ‘rentrée’, después de tanto ajetreo agosteño y tanta fiesta ocupando la agenda de los políticos, se produjeron varios hechos en esta ciudad, unos de mayor trascendencia y significado que otros, dignos de repaso a modo de miscelánea sin ninguna otra pretensión. El primero que me gustaría destacar es la apertura de la residencia de la Asociación Gijonesa de Caridad en Somió. Un centro para personas mayores sin recursos que constituye toda una expresión de solidaridad en una sociedad a veces terriblemente insolidaria con quienes sufren, aquí mismo, las penurias de una crisis injusta y desgarradora. La buena gente de la Cocina Económica, cuyo altruismo merece el mayor de los altares, cumple con la residencia la voluntad de aquel hombre, solitario y huraño, al que le gustaban las golondrinas quizás por ser aves de paso como cualquiera de nosotros, y que quiso que su fortuna tuviera un destino benéfico. «La caridad es un deber, la forma de hacerla un derecho», dejó escrito Concepción Arenal. Desconozco si la ausencia de autoridades, salvo la de la concejala Eva Illán, tiene que ver con lo que voy a decir, pero mas allá del debate caridad-solidaridad, de que la igualdad tiene que estar por encima de todo, de que la discriminación no tiene defensa alguna, don Evaristo Luis Bango quiso ejercer su generosidad con unas condiciones que quienes recibieron su herencia tienen ahora que respetar. En una columna de la residencia se ha colocado una placa de metacrilato que, de forma discreta, recuerda al benefactor. En Gijón se han dado calles a personas con bastantes menos méritos que el multimillonario de Jove.
Segundo tema, la autopista del mar. Más de dos años tardó Riva en tener todo el papeleo y ahora tiene que cubrir otra etapa tan complicada como la anterior, pero que depende ya más de su pericia empresarial: comprar el barco adecuado y desplegar la acción comercial para reanudar una línea que no tenía que haber desaparecido. Tiene otro año por delante para que el ‘Villa de Gijón’ ponga rumbo a Saint Nazaire si no se producen más cacicadas en favor de intereses ajenos a los nuestros.
Tercer asunto, las ayudas a los vecinos de Francisco Eiriz, en Jove, para pagar la sobrefiscalidad de las subvenciones que recibieron por el arreglo de las fachadas. Es decir, ayudas sobre ayudas con escaso acierto, que podrían resultar ilegales a tenor del dictamen jurídico. Por lo tanto, la alternativa es que los vecinos reclamen al Ayuntamiento si quieren cobrar una indemnización. Conclusión: Estamos ante un desatino monumental. Lo peor que le puede pasar a un munícipe es ofrecer soluciones sin asesorarse antes de que las puede llevar a cabo.
Y cuarto. Es una pena la invasión que la próxima semana sufrirá el parque de Isabel la Católica, la segunda en poco tiempo. Si las nutrias se comían a los patos, las casetas devoran el espacio. Ahora bien, más lástima me produce la amenaza del edil de turno con una sobrexplotación del parque a partir de ahora como multinacional en el Amazonas. Aunque sea con permiso del jardinero.

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Paraíso siderúrgico
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Ángel M. González | 29-08-2016 | 09:30| 0

Una de las noticias que más satisfacción me produjo en este mes de estío plagado de visitantes, que también resulta muy grato, ha sido el inicio de la ampliación del tren de carril de ArcelorMittal en Gijón. En cambio, aunque llevábamos años en Asturias suspirando por las inversiones siderúrgicas, con sobresaltos por el medio por las embestidas de la crisis, el día que arrancaba el primer proyecto de un plan más ambicioso para apuntalar nuestro mayor tractor, hay quienes optaban por seguir contando turistas confiando en el recambio. Todo suma en el PIB, pero la industria multiplica. Ahí está la diferencia. Por ello cuando Neto, nuestro dibujante de Última, pintaba esta semana un caravanista llevándose un hórreo del paraíso se podría pensar que mejor arramblar con eso que con una chimenea, sin restarle importancia al patrimonio etnográfico. Ni uno ni otro, por supuesto, pero una chimenea es, por desgracia, más difícil de levantar.
En Asturias tenemos la gran suerte de que el gigante siderúrgico, mientras desmantela y reduce actividad en otros lugares, refuerza su presencia aquí con el centro de investigación y desarrollo más exclusivo que tiene en Europa y el paquete de obras que acaba de poner en marcha en sus instalaciones para incrementar la competitividad del polo Gijón-Avilés. En total, cerca de 200 millones de euros en apenas cuatro años que incluyen, además del tren de carril, la reforma integral de la acería LD-III, en Tabaza, y las nuevas baterías de cok en la factoría gijonesa.
Sin embargo, a una empresa que teníamos que mimar por su decidida apuesta por permanecer le ponemos cada vez más trabas a que siga aportando riqueza y empleo. Así de dura la aseveración. A la invasión de productos chinos y al precio de la energía, dos factores sobre los que, por desgracia, tienen competencias otras instancias, sumamos ahora nuestros propios obstáculos, los planeamientos urbanísticos y las exigencias medioambientales, que hacen la tarea cada vez más difícil.
Nuestros munícipes, por ejemplo, le han colocado un cinturón a la compañía en el PGO con desclasificaciones de suelo industrial que amenaza con ahogar cualquier posibilidad de expansión. Algo así como ponerle una barrera para aislar al monstruo por si se le ocurre moverse. Inaudito. Un intento similar tuvo lugar en Corvera, pero los tribunales acabaron dándole la razón a la empresa siderúrgica imponiendo la cordura.
Y luego la preocupación medioambiental, sobre la que existe cada vez una mayor concienciación, loable por otra parte, pero que puede llegar a ser una osadía si los planteamientos se llevan obsesionadamente al extremo. Para Arcelor y para todas las empresas en general.
El Principado ha advertido que vigilará que las nuevas baterías cumplan con los límites de polución que establece la legalidad vigente. Faltaría más. Lo contrario sería, desde luego, de juzgado de guardia. Pero la reacción de la autoridad regional se produce después de que una plataforma de amigos del estado natural alegara en contra del proyecto porque, según su visión, la multinacional no prevé levantar unas instalaciones nuevas y ecológicas, sino reconstruir sobre las antiguas, paradas hace tres años. Hombre, resulta poco serio pensar que las futuras baterías, sean del paquete o tuneadas, no vayan a respetar los valores máximos de emisión permitidos por ley, salvo que la vayamos cambiando y bajando los límites para contentar a los preservacionistas y al final decirte «te pillé». El oso y la industria son compatibles, cada uno en sitio. La siderurgia y las personas también si no nos volvemos todos tarumbas.

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La esencia del barrio alto
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Ángel M. González | 23-08-2016 | 11:45| 0

En Cimadevilla, o Cimavilla según la oficialidad, se ha constituido un curioso lobby ciudadano, sin precedente ahora mismo en ninguna otra zona de Gijón, para impulsar un plan de dinamización que pretende mejorar la calidad de vida del barrio y proteger su identidad. Este grupo formado por colectivos variopintos, personas vinculadas al movimiento vecinal, al arte y a la cultura, hosteleros y comerciantes, presentaron esta semana, sin mesas por el medio y reunidos en círculo, toda una lista de peticiones al Ayuntamiento para adecentar el barrio, darle mayor habitabilidad, hacerlo más atractivo aún y poner en valor la memoria, todavía viva, de este lugar histórico y singular.
El catálogo de actuaciones que ya tienen en sus manos los mandatarios municipales tendría que ser atendido por lo razonable de las reclamaciones y porque supone una continuación, la segunda edición si cabe, del plan especial de reordenación interior que diseñaron Francisco Pol y José Luis Martín hace ya treinta años por encargo del gobierno local de entonces, que cambió radicalmente la fisonomía de Cimadevilla. La rehabilitación integral que acertadamente puso en marcha el Ayuntamiento en los ochenta, que implicó casi la reconstrucción del barrio, mucho más que un simple lavado de cara, a partir de la recuperación de la muralla romana y de la atalaya, permitió que aquel lugar cobrara una vida radicalmente distinta dentro de la ciudad. Cimavilla pasó de ser un barrio marginado y marginal, por el que daba miedo transitar, a recobrar la popularidad.
Haría bien el Consistorio en tener en cuenta el conjunto de ideas que plantea la llamada ‘comisión de dinamización’, desde el arreglo de calles y aceras, nuevo alumbrado, reforma de fachadas, mantenimiento de solares abandonados, recuperación de viviendas públicas para su alquiler o adecuación de las Casamatas del Cerro para uso público, y también de aquellos otros planteamientos que persiguen dar contenido al barrio. Me refiero, por ejemplo, al proyecto para revitalizar el pasado del casco histórico gijonés a través del arte urbano y a las propuestas sobre los usos del edificio de Tabacalera que, a mi juicio, tiene que convertirse en el pulmón de este resurgimiento.
Una de las propuestas que circulan es la apertura de un espacio para la Casa de la Sidra, siguiendo el ejemplo de The Scotch Whisky Experience, en Edimburgo, con todo lo que rodean a nuestra bebida madre. Es una idea interesante, pero yo la completaría con otros aspectos más vinculados directamente a lo que ha representado Cimavilla, a sus gentes y costumbres. Por ello, no estaría de más que la antigua fábrica dedicara dos buenos rincones a recrear la vida marinera que tan bien nos dejó tallada Sebastián Miranda en su Retablo del Mar y la actividad tabaquera durante casi dos siglos. Al fin y al cabo, pescaderas y cigarreras constituyeron la esencia misma del barrio alto y n o pueden caer en el olvido.

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Fiesta de mercadillos
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Ángel M. González | 16-08-2016 | 11:34| 0

Confieso que siempre me gustaron los mercadillos. Animan las calles, ponen una nota de color, de originalidad, de imaginación. Me gustan aquellos que ofrecen artilugios, artesanía, prendas, productos gastronómicos o cachivaches fuera de lo convencional, los recorres en un instante y tomas decisiones impulsivas, sin planearlas, auxiliado por la amabilidad de quien está al otro lado del mostrador. El mercadillo, el buen mercadillo, por supuesto que dinamiza el comercio de la ciudad y da vida al sector, pero como todo en este mundo el exceso es malo y eso es en lo que hemos caído en Gijón, en la proliferación de zocos y ferias como setas.
Coincido, por lo tanto, con la apreciación del consejero Francisco Blanco, una persona a la que hay que agradecer su sinceridad en los análisis. La misma sinceridad que cuando dijo en sesión parlamentaria aquello de que la pérdida de control de Liberbank por el Principado había sido un expolio. Entidad, por cierto, a partir de cuya decisión sobre el Mercazoco se generó este debate. No abundan entre los políticos personas tan claras como el señor Blanco y cierto es que en esta ciudad y en toda la región «hay demasiados mercadillos y no todos tienen razón de ser», apropiándome de la textualidad de sus declaraciones. Claras como el apellido.
Hasta ahí estoy de acuerdo con él. Pero no comparto esa idea de que, de momento, no sea un problema objeto de regulación. Si hay multiplicación excesiva de la venta ambulante existen razones para que la Administración ponga orden con las tablas de la ley. A veces, cuando existen intereses contrapuestos, la buena voluntad y el diálogo no resultan suficientes si el resultado no se eleva a norma. A los ayuntamientos hay que decirles, de vez en cuando, señores se acabó.
En Gijón, la presencia de tenderetes se ha incrementado de manera exponencial. En el paseo de Begoña, en la plaza Mayor, a lo largo de Fomento, en palacios y museos, en el Muro, junto al Parchís, en la plaza del Seis de Agosto, en la Laboral, en el recinto ferial, en la plaza de toros, en el Jardín Botánico… Entre las razones del aumento experimentado por esta fórmula comercial de toda la vida, además de ser nicho de empleo, alternativa ocupacional a las escasas oportunidades que ofrece la crisis, la manera de iniciarse en un negocio, figuran también la voracidad recaudatoria de las instituciones públicas y la obsesión por trasladar a la ciudadanía esa sensación de actividad, de programación continua, de fiesta permanente. Es decir, existe un interés mutuo por parte y parte.
Ahora bien, resulta comprensible que el comerciante tradicional, por mucho que le hablen de ambiente y dinamización, vea en los mercadillos una amenaza para su negocio, un enemigo que se suma al que los gigantes de la distribución han venido representando. Y más aún cuando surgen como champiñones con cierta complicidad municipal en momentos de mayor afluencia y consumo, de tal manera que el monstruo cada vez es más grande en navidades, Semana Santa, verano y demás puentes festivos. Por lo tanto parece lógico que se ponga orden al calendario por escrito y se definan con claridad cuáles merecen la pena y cuáles no, con unos mínimos de calidad y diferenciación.

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El palacio del arte
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Ángel M. González | 08-08-2016 | 12:35| 0

Bastó que el conde diera la voz para que las huestes se movilizaran en defensa del Palacio de Revillagigedo. El toque de atención de don Álvaro Armada y Barcáiztegui sobre el uso innoble que estaba haciendo la Fundación Bancaria Cajastur del noble edificio no pudo ser más eficaz y oportuno. La unanimidad en torno a la denuncia del aristócrata ha permitido abrir una senda para recuperar el espíritu para que el había sido concebido el emblemático conjunto de la plaza del Marqués cuando se produjo el traspaso de propiedad con el fin de pasar a formar parte del patrimonio público de Gijón.
Por las vueltas que da la vida es curioso que sea el conde quien activara la alarma sobre el excelso contenido comprometido para el hermoso inmueble cuando su antecesor familiar había planteado en los años setenta convertir el palacio en un hotel de alto standing con 35 habitaciones mediante un proyecto firmado por el inolvidable arquitecto Juan Bautista Martínez Gemar antes de que fuera rescatado por la administración y la Caja. Pero bueno, eso son anécdotas de la historia local.
Entiendo, aunque ello no quiere decir que en este caso tenga justificación, que la fundación buscara fórmulas para rentabilizar de alguna manera el palacio, que permitieran mantenerlo abierto aunque fuera con ferias y mercadillos, con el ánimo de contribuir a su mantenimiento mientras el negocio bancario no fuera fuente de recursos por su participación en Liberbank. La política era tan sencilla como salvémonos nosotros para poder salvar lo que tenemos. Estas mismas fórmulas son aplicadas también en otros equipamientos culturales de la ciudad por el Principado y el Ayuntamiento ante la estrechez presupuestaria y hasta ahora nadie ha protestado por ello.
Ahora bien, el compromiso de la Caja con Gijón, antes a través de la Obra Social y Cultural y luego mediante su heredera, la fundación, era que el palacio fuera un centro internacional de arte, así se llama, que no era simplemente colgar cuadros, como alguien llegó a expresar para ridiculizar la utilización original. Un lugar para el encuentro de las expresiones artísticas actuales con el público, para disfrutar de las nuevas tendencias y de la confrontación de ideas entre autores y estudiosos, además de ofrecer representaciones escénicas, musicales y de danza.
La fundación reaccionó con rapidez pidiendo disculpas, cancelando la celebración del zoco que se iba a tener lugar la próxima semana y prometiendo llenar el monumento de actividad en colaboración con instituciones y entidades públicas y privadas pero respetando, cómo no, los fines establecidos en sus estatutos. Y en los estatutos el término cultura, así de subrayado, brilla por su ausencia.
La nueva Cajastur está orientada a la acción social, a la promoción de la investigación científica y técnica y a la participación de proyectos institucionales que supongan un beneficio general para la sociedad. Solo teniendo encaje en este último objetivo, el Revillagigedo podría volver a entrar en los circuitos internacionales del arte y programar exposiciones tan relevantes como aquella antología de Eduardo Chillida que sirvió de apertura después de su cuantiosa rehabilitación hace veinticinco años este mismo mes. Con voluntad e imaginación se está todavía a tiempo de que la oferta del palacio recobre brillo para satisfacción de todos, incluida la del conde.

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Pokémon en El Infanzón
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Ángel M. González | 08-08-2016 | 12:35| 0

Con el furor que se ha desatado con Pokémon Go hay responsables institucionales con cartera, en Madrid y en Asturias, que si se transformaran en personajes del juego de Nintendo pululando por Gijón, tipo Ivysaur, Charmeleon o Watortle, por mencionar alguno de esos bichitos de ataque, no habría lugar a dudas de que marcarían récord de cacerías. Pienso sobre todo en quienes llevan y han llevado hasta esta semana las riendas de las infraestructuras, aquí y en toda España, y que más por omisión que por acción se podrían perfectamente convertir en candidatos-candidatas objetivo de las capturas de muñequitos en un mundo virtual superpuesto a la aumentada realidad gijonesa.
Porque de la gestión que nos deja Ana Pastor y sus subordinados poco más se puede decir, si no es desearle suerte a la exministra en su cargo como tercera persona más relevante del Estado después del Rey y del presidente del Gobierno y que su sucesor en el Ministerio de Fomento no sea gallego ni catalán, por aquello de que barren para casa que da gusto.
Y luego tenemos a doña Belén Fernandez, la consejera autonómica que más tiempo lleva en el Gobierno regional de cuantos mandatarios acompañan a Javier Fernández, es decir, una veterana en toda regla, cuyo comportamiento con esta ciudad en materias de sus dominios ha sido como el de la Señorita Rottenmeier. No vamos a recordar aquí todos los temas en los que ha tenido y tiene protagonismo la consejera, solo un último hecho que relataba esta misma semana Marcos Moro a propósito del deterioro de la carretera Piles-Infanzón. El Ayuntamiento se hizo cargo de una serie de obras urgentes en la AS-247 ante la peligrosidad de los daños que va acumulando con el paso del tiempo, después de que viniera reclamando constantemente a la Consejería desde hace tres años el arreglo de la carretera ante el riesgo de convertirse en una caleya.
La administración local desembolsó un dinero para atender las reclamaciones de vecinos y usuarios que no le correspondía, es decir, a las competencias impropias en educación, sanidad y servicios sociales incorpora ahora las infraestructuras, un mal precedente a mi juicio, aunque prácticamente inevitable si hablamos de desidia regional. Es curioso que el mismo día que se publica la noticia en este periódico, nuestra consejera anuncia dos licitaciones para renovar los pavimentos de la carretera de Miravalles, en Villaviciosa, y de Percelles, en Cangas de Onís, obras seguramente tan necesarias como la de Gijón, pero por un importe diez veces superior a lo que el Consistorio destinó a reparaciones para ir tirando.
Por cierto, un tramo de esta vía es totalmente urbano, el que va desde el puente del Piles hasta el cruce de la avenida de Dionisio Cifuentes, incluso se puede extender hasta la intersección con el camino de los Nogales que conduce al Jardín, y los peatones se encuentran con zonas de acera donde los flacos solo pasan en fila india. Pero bueno, eso queda para otro día. Ahora lo que toca es, al menos, incluir en el programa de conservación viaria de doña Belén esta transitada comunicación. De lo contrario, temo que se plague de monstruos y no tengamos suficientes ‘pokeballs’ para encerrarlos.

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