El Comercio
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El ensayo del mínimo vital
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Ángel M. González | 18-01-2017 | 13:13| 0

La renta social que tiene previsto poner en marcha el Ayuntamiento como consecuencia del acuerdo tripartito que permitió la aprobación presupuestaria generará con toda seguridad efectos colaterales dependiendo del éxito o no que coseche el proyecto. De momento, la expectación es grande en la ciudad y fuera de ella. Gijón se convierte en una especie de tubo de ensayo de laboratorio sobre la viabilidad y eficacia que tendría la paga del mínimo vital que algunos partidos proponen a escala de país y que cuando descienden cambian su discurso.
El gobierno de Moriyón y los socios que promovieron la idea se la juegan. Entre la gloria y el fracaso hay solo un paso. En Gijón, como en todos los sitios, existe una pobreza visible y otra oculta, ambas víctimas de la crisis en una sociedad que intenta cabalgar bajo el imperio de la ‘modernidad líquida’, que diagnosticaría el ahora recordado Zygmunt Bauman.
La renta que se propugna tiene razón de ser si contribuye a paliar el agobio económico que padecen muchas personas y familias que carecen de recursos suficientes para subsistir y a las que no se les puede usurpar el derecho a vivir con dignidad. Negar esta realidad es de tozudos. Mirar hacia otro lado, una irresponsabilidad.
El proyecto del gobierno municipal es ambicioso. Plantea garantizar un ingreso de al menos 532 euros al mes a todo aquel gijonés que lo requiera, sea pensionista, trabajador en activo o desempleado. La fórmula que se adopte necesita un amplio consenso, pero sobre todo tiene que tener en cuenta que el dinero es limitado y, por lo tanto, limitado tiene que ser también el alcance de la medida. La renta social no puede poner en riesgo la situación financiera del municipio. De lo contrario, lo que se presenta como una necesidad pasaría a ser una bomba de relojería.
Luego está su encaje normativo. El Principado utiliza este argumento para reprobar el proyecto. «No se pueden generar falsas expectativas», advirtió la consejera Pilar Varela después de la curiosa reunión entre su equipo técnico y representantes de Xixón Sí Puede, con Mario Suárez del Fueyo a la cabeza, desconozco si como concejales delegados del Ejecutivo local.
Estoy absolutamente de acuerdo con la señora Varela. La renta básica, o como lo quieran denominar, debe tener cobertura legal para garantizar la compatibilidad de las prestaciones y evitar sustos a los beneficiarios. Además de las medidas para evitar el efecto llamada y la picaresca, el blindaje jurídico y fiscal es una condición indispensable. El aviso esta suficientemente explicitado. Los receptores del salario social no pueden recibir ningún otro ingreso periódico porque perderían el derecho a cobro. Si todos los meses perciben un complemento, aunque sea como subvención finalista, alguien puede entender que existe tal periodicidad en la ayuda.
El recelo del Gobierno regional es, por otro lado, lógico desde el punto de vista de que la experiencia de Gijón amenaza con poner en cuestión su política social y, especialmente, la que se emprende en el resto de los ayuntamientos asturianos. El Principado tiene tareas pendientes. Una de ellas, afrontar una reforma de la ley para vincular la percepción del salario social directamente al empleo y a la formación con incentivos específicos para favorecer la integración laboral. Reducir la nómina de esta prestación, que alcanza niveles impensables cuando se creó hace casi diez años, es un objetivo prioritario y la única manera de hacerlo es mediante el mercado de trabajo.
Ahora, con el proyecto gijonés, se pueden acumular los problemas a la Administración regional. Algún otro deber conllevará si municipios con menos capacidad empiezan a sentir la presión que supone el lugar de residencia como hecho de discriminación entre la gente más necesitada.

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Gripe y polución
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Ángel M. González | 18-01-2017 | 13:09| 0

Vivimos estos días acosados por la gripe y los malos humos. Estamos expuestos a estos dos riesgos que dificultan la respiración y nos debilitan mientras aguardamos el remedio para librarnos de su tortura. El tiempo en invierno contribuye a ello. Incluso haciendo bueno, el rayo de sol embauca para que el frío ataque a traición, mientras la presión en el cielo embolsa la emanación. Polución y virus son fenómenos que se tocan, coinciden muchas veces en las causas y sus efectos, en no pocas ocasiones, son desgraciadamente irreparables.
La mayor y más virulenta epidemia de gripe registrada en Asturias en los últimos ocho años está poniendo a prueba nuestro sistema sanitario. Los pacientes que esperan ya no sólo están en las listas sino en los propios hospitales, que estos días registran plena ocupación. Los servicios de urgencias se colapsan por momentos, en las plantas no caben una cama adicional más, los médicos de los centros de salud tienen las agendas repletas, la atención continuada no da más de sí por la afluencia de enfermos y la bolsa de sanitarios que estaban disponibles se ha quedado vacía. La gripe lleva al límite la capacidad asistencial, aunque la respuesta profesional está siendo por lo general encomiable. Ahora bien, también vuelve a poner de manifiesto que el sistema, aunque no es el peor de los posibles, tampoco es el mejor. Ya se advirtió una falta de previsión cuando a la administración se le ocurrió convocar oposiciones en el periodo en el que comienza a brotar el virus y se volvió a advertir en el momento en que los centinelas de nuestra salud detectan que la epidemia llega con prisa antes de tiempo. El refuerzo no se puede hacer después de producirse los estragos. Hay que adelantarse para evitar que gane en el sprint. Al igual que falló también otra prevención, la de la propia población con respecto a las vacunas. No libran del contagio, pero sí pueden impedir que el desenlace sea nefasto. Es difícil de entender que 30.000 dosis aguarden todavía en las consultas y que solo menos de la mitad de la gente mayor haya recibido la profilaxis. Está pendiente de realizar mucha labor de concienciación.
Y algo similar ocurre con la lucha contra la contaminación, uno de los grandes desafíos a la que nos enfrentamos. Daba miedo días atrás observar la gran mancha que cubría el área central de Asturias en los gráficos del Sistema Caliope del Centro Nacional de Supercomputación. La acumulación de partículas llegaba a ser comparable con las zonas más calientes de España, Madrid y Barcelona. Por lo tanto, el problema es grave y aunque la lluvia alivia no lo resuelve de raíz, como parece claro. No se trata de criminalizar la industria o el uso del coche, sino de ser más eficaces en los controles y adoptar, como en la gripe, medidas de prevención. Esperar a que las estaciones que miden los niveles de porquería que nos amenaza se pongan en rojo para actuar puede calificarse, cuando menos, de imprudente. En la polución, como en el virus, se echan en falta planes de contingencia y más rapidez en la reacción.

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A la espera de la inyección
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Ángel M. González | 10-01-2017 | 12:41| 0

Veinticuatro mil parados. Esa es la cifra absoluta con la que Gijón cerró el registro del desempleo antes de que inaugurásemos el año y a la que nos seguimos enfrentando en el proceloso camino de volver a construir el empleo que sin concesiones destruyó la gran recesión. Veinticuatro mil parados son menos que el récord que llegamos a contabilizar hace cuatro años cuando la depresión ejercía su mayor asfixia y en esta ciudad superábamos las 30.000 personas inscritas en las oficinas de empleo en busca de un trabajo. Aunque la tendencia desde entonces ha sido el descenso, con un comportamiento ligeramente más favorable que en el resto de la región, todavía queda un larguísimo trecho para recuperar el nivel de puestos laborales generados durante la bonanza económica hace una década, antes de que la crisis arrasara la construcción y una buena parte de la industria, barriera la banca y contrajera el consumo hasta límites nunca vistos ahogando a la hostelería y al comercio hasta la extenuación.
La respuesta de las instituciones a aquella escalada no fue otra que contribuir a que se volviera imparable: Más recortes y menos inversión. Es decir, la receta fue morfina para el dolor. Quienes regentan los despachos públicos dirán que no tenían otra salida que la impuesta por las autoridades superiores, los hombres de negro o el señor Montoro, pero creo que algo más sí podrían haber hecho para que la sangría no fuera letal.
En el caso que nos toca, el de Gijón, la Administración central y el Principado no hicieron más que agudizar la economía en coma. En lugar de aprovechar la condición de la comarca como motor de generación de riqueza en la región a poco que se moviera el dinero para intentar frenar en lo posible el angustioso aumento del paro y de la pobreza, recortaron todo lo que pudieron y cuando acabaron volvieron a hacerlo sobre lo ya recortado. Y lo hicieron más que en ningún otro concejo en el caso del gobiernín o más que cualquier otro municipio del país del mismo tamaño, en el otro caso. Vaya a usted a saber las razones, aunque para averiguarlas no hace falta pensar en exceso.
No sería de extrañar que un buen día fuera plantada la bandera rojiblanca en el picu San Martín para desde lo alto proclamar a voces «de aquí no pasan». A buen seguro que algunos lo llegaron a pensar al comprobar los dineros procedentes de las arcas de todos los asturianos para los planes de empleo o cuando los gallegos recibían los favores nacionales en detrimento de sus vecinos menos espabilados.
No obstante, hay que pensar que existe una segunda oportunidad, que todavía se puede cambiar de rumbo. Los recientes anuncios para acometer los accesos a la ZALIA en un tercer intento y el primer tramo de autovía que conectará con El Musel podrían suponer el inicio de una nueva etapa, radicalmente distinta a aquella en la que los proyectos dormían de manera placentera el sueño de los justos.
Veinticuatro mil parados en Gijón son muchos parados todavía. Casi la tercera parte del desempleo total registrado en Asturias. Pero si la maquinaria de la obra pública vuelve a funcionar, las administraciones susodichas reactivan el gasto, las empresas empiezan a recuperar la confianza y los ciudadanos van incrementando paulatinamente su consumo se irán solventando los males que han impedido la reconstrucción del empleo perdido. Puede resultar una obviedad, pero hace falta esa inyección.

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El fondo de la ZALIA
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Ángel M. González | 30-12-2016 | 19:35| 0

Entiendo la reacción de la alcaldesa de Gijón sobre el largo y costoso parto de la ZALIA. Comprendo, como lo han hecho el resto de los grupos políticos municipales que también así lo han expresado, que el Ayuntamiento no suelte un euro más mientras no se defina un plan de futuro, yo diría más bien hasta que no se vislumbre su viabilidad, que no es otra que conseguir que las parcelas vayan siendo poco a poco ocupadas. La alcaldesa puso en su boca lo que la mayoría de los ciudadanos piensan de la zona logística, eso de que el polígono se ha convertido en un pozo sin fondo.
Doña Carmen Moriyón ha demostrado no pocas veces que sabe conectar con la gente. Pero la capacidad que tiene para ganarse la simpatía, que algunos de manera peyorativa califican de populismo, no siempre conlleva que tenga razón en todo. Sin embargo, en este caso, merece dársela en dos aspectos. Uno al denunciar que sólo sean el Principado y el Ayuntamiento de Gijón quienes estén poniendo dinero mientras el resto de accionistas actúan de figurantes. Que los puertos, bajo tutela estatal, no estén aportando la parte que les corresponde es simple y llanamente inconcebible. Su implicación tendría que ser mayor, proporcional al beneficio que llegarán a obtener cuando la ZALIA sea una realidad. Como también es inconcebible que la participación de la Administración central brille por su ausencia, un fallo de nacimiento sin duda. Y tiene razón igualmente cuando defiende un redimensionamiento de todo el proyecto, de la misma manera que lo hacen el resto de partidos salvo el PSOE, que una vez más se ha vuelto a quedar solo. Dejar la zona logística en un tamaño adecuado, que puede ser el millón de metros cuadrados urbanizados hasta ahora, no significa que pierda su interés estratégico como espacio complementario a la ampliación de El Musel. Pero hace falta que lo que ya está hecho sea atractivo para convertirlo en imán de inversiones empresariales que contribuyan al dinamismo portuario y de la actividad económica de la región.
Hay que tener en cuenta que otros territorios vecinos participan en una endiablada carrera por incrementar el peso de sus puertos con plataformas similares a la que se puso en marcha en Asturias hace ya casi doce años. El Gobierno de Cantabria, aprovechando que el titular de Fomento es de casa y por consiguiente tan casero como sus antecesores, impulsa la creación de un área logística como la ZALIA en Piélagos de 2,6 millones de metros cuadrados para dar servicio al puerto santanderino, con conexión ferroviaria incluida. El Ejecutivo del avispado Revilla pretende responder con este proyecto a la ampliación ya en marcha del ‘superpuerto’ de Bilbao, mirando de reojo a lo que estamos haciendo, para no perder competitividad por falta de infraestructuras y de espacio. Hablan de una inversión superior a los 350 millones de euros. En Vigo, llevan quince años de obras para construir el polígono logístico de Salvaterra, la mayor área industrial de Galicia, con un desembolso de la Xunta y el puerto de 150 millones y los mismos problemas que aquí. El próximo año pondrán a la venta 700.000 metros cuadrados de terreno después de reducir la extensión inicial del ‘macroproyecto’, mientras afrontan cientos de denuncias por las expropiaciones.
La alcaldesa estalló precisamente ante el notable sobrecoste que puede llegar a suponer el resultado de los litigios de los expropiados. La factura de la ZALIA, que acumula ya una deuda cercana a los 100 millones de euros, amenaza con dispararse conforme los tribunales vayan atendiendo las demandas de los antiguos propietarios por el precio al que tuvieron que entregar sus fincas. He aquí el factor no calculado que puede llevar al área logística a convertirse en un sumidero ingente de dinero, aunque ello no puede impedir que el proyecto avance. Hubo otros imprevistos por errores de escándalo, como en los accesos al polígono, pero lo que cabe ahora esperar es que las obras de las conexiones se lleven a cabo con agilidad y atino y que se construya cuanto antes la estación intermodal, que es la que dará sentido al emplazamiento.
La ZALIA necesita el último empujón. Si quiere ganar la carrera y convertirse en la plataforma logística de referencia en el Norte de España para todo el Arco Atlántico, la zona logística requiere un impulso de verdad a las infraestructuras que precisa para poner en valor su suelo. Ese es su futuro. El plan para lo que realmente fue concebida frente al derroche de recursos y de tiempo.

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El viejo y el tren
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Ángel M. González | 30-12-2016 | 19:32| 0

Existen dos males que condicionan el devenir de Asturias, nuestra viabilidad como región, que tienen una evidente relación con el desarrollo y con las oportunidades, hasta el punto de coartarlas en muchos casos. El déficit en las comunicaciones y el desplome de la demografía nos están jugando una mala pasada. Seguimos sufriendo un aislacionismo por tierra, mar y aire, al tiempo que continuamos perdiendo habitantes por la escasa natalidad y la emigración de los más jóvenes, que ha cobrado mayor intensidad con la gran depresión agudizando el grave problema estructural de la población. Y entre trenes y viejos existe una tercera maldición, el discurrir del tiempo, que tal parece que se comporta de manera diferente en Asturias, de tal manera que van pasando los años, como el 2016 ya finalizado, y los objetivos continúan lejanos, en la inalcanzable línea del horizonte. La mejora del sistema ferroviario es uno de ellos. La construcción de la variante de Pajares va camino de convertirse en la obra pública más costosa del país. El dinero invertido duplica ya el presupuesto inicial como consecuencia, sobre todo, de una planificación nefasta que no ha tomado en serio las dificultades de nuestra orografía. De esta manera, seguimos sin conocer el momento en que se abrirá al menos uno de los dos túneles para reducir el tiempo de viaje en tren hacia cualquiera de los destinos más allá de la frontera, después de doce años de trabajos. Como está sin resolver el diseño del resto de los tramos con León a la entrada y a la salida de la variante desde Gijón o el destino de los servicios de cercanías, que han sufrido un año negro con el deterioro de la red y de los propios trenes, la escasez de personal y el desplome de viajeros. El nuevo titular del Ministerio de Fomento tiene repleta la agenda de tareas pendientes en Asturias. En su primer encuentro con las autoridades de la región no se comprometió a poner en funcionamiento la variante en el plazo de un año y se limitó a tomar nota del resto de asuntos sin solucionar. Por lo tanto, mantenemos la espera bailando la yenka.
Y luego está la demografía. La reducción de la población es un fenómeno imparable. La comunidad pierde veinte habitantes al día y las proyecciones estadísticas arrojan unas conclusiones dramáticas. Al ritmo que llevamos en quince años estaremos muy por debajo del umbral del millón de residentes. Cada vez hay menos activos y más viejos y este desequilibrio genera cada vez más tensiones en la capacidad presupuestaria. La región envejece y se empobrece al mismo tiempo y la nueva geografía humana requiere unos servicios cada vez más costosos y difíciles de gestionar con escasos recursos en la sanidad y en la atención social. El despoblamiento, además, está haciendo mella en unos territorios más que en otros. Las alas se vacían mientras la densidad poblacional se concentra en el ‘ocho asturiano’, donde el Principado ha vuelto a resucitar un debate de más de tres décadas, de nuevo el maldito tiempo, con el plan para la ordenación del área central de la regional. Las comunicaciones y los servicios comunes para una gran metrópolis en retroceso son los ejes de la ‘ciudad astur’. No hay más remedio que abordar el proyecto sin prejuicios ideológicos, respeto a la autonomía municipal y sentido común.

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El 'caso Papá Noel'
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Ángel M. González | 20-12-2016 | 12:42| 0

Santa Claus no tuvo la culpa. Digamos que se convirtió en víctima del cabreo monumental acumulado en la casa consistorial por la iluminación discreta y laica de las calles. El traslado del Papá Noel de la Plazuela al Seis de Agosto fue la expresión del puñetazo en la mesa. El muñecón orondo más retratado de estas fiestas, la envidia de las Letronas, resultó damnificado por la catástrofe colectiva de unas luces navideñas que no gustaron porque nacieron sin convicción, sin que todo ello sea responsabilidad única y exclusivamente de la empresa.
«Las luces son malas, no reflejan el espíritu navideño que se merece Gijón», dijo esta semana don Fernando Couto, en un estallido de sinceridad durante su entrevista en el programa La Lupa, de Canal 10. Son ese tipo de manifestaciones que se tienen que agradecer a cualquier político, más siendo portavoz gubernamental, porque reflejan el estado de ánimo tras un fracaso que no sólo compete a una parte. En el tema de las luces, la culpa tendría que ser compartida.
Cuando se resolvió el concurso, que de manera preceptiva tuvo que abrir el Ayuntamiento para atender las encomiendas de la Sindicatura de Cuentas, alguien tuvo que ver el proyecto artístico que la empresa había presentado para sostener su oferta. De lo contrario, estaríamos ante un gran engaño. Es decir, o bien nos dieron gato por liebre o el que repasó los bocetos estaba cegarato.
Lo cierto es que el resultado, ahora, salta a la vista. Por ejemplo, este año la cabalgata de los Reyes Magos discurrirá en penumbra. Desde Montevil hasta los Jardines de la Reina recorrerá cuatro kilómetros y medio y sólo se encontrará durante el desfile con tres calles iluminadas con cuatro arcos de bombillas. Vamos, el final de la civilización occidental.
Los munícipes en pleno advirtieron a la instaladora que si para la próxima campaña navideña no mejora la lumínica ornamental se le rescindirá el contrato. La duda es si será capaz a hacerlo por el mismo precio. De momento, otra figura ocupará el sitio en la plaza donde el entrañable gordo de San Nicolás reía feliz y Cimavilla tendrá algún adorno más. Pero al final es lo de siempre, lo barato sale caro, dice la conclusión en versión popular. Y en el Ayuntamiento se acumulan en los últimos tiempos las experiencias.
No hace falta ir muy allá para darse de bruces con desengaños producidos por una política de contrataciones un tanto chapucera. La obsesión de los que determinan con quien se convenia por el final de la raya sin más lupa que el precio conlleva irremediablemente al riesgo. Y luego surgen conflictos por contraposición de intereses, con la ciudadanía por el medio sufriendo las consecuencias. Ahí tenemos la conservación viaria, el mantenimiento de los semáforos, el servicio de alumbrado público, las obras de la calle Aguado y Marqués de San Esteban o lo más reciente, la limpieza de los museos.
Prometieron cambiar el sistema para tener en cuenta otros criterios en la valoración de las ofertas, pero continúan cosechando fiascos. En el chasco de las luces se salva Papá Noel, al que todo el mundo desea, pero también le ha tocado pagar el pato. Ante tanto ridículo, más de uno va a quedar sin regalo.

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La 'asturciudad'
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Ángel M. González | 16-12-2016 | 16:22| 0

Arrancó la semana de tantos puentes como en el juego de la oca con don Fernando Couto rodeado de representantes de la ‘troupe’ opositora con la colección de banderas detrás para, en modo institucional, invitar a los munícipes del urbanismo de Oviedo, Avilés, Siero, Mieres y Langreo a sentarse en una mesa con el fin de hablar de la gran metrópolis. No encajó bien la idea la consejera de Fomento del Principado de Asturias, la señora Belén Fernández, que mucho más pródiga en palabras que el ministro De la Serna con el plan de vías, advirtió desde el despacho que para discutir sobre la ‘ciudad astur’ ya estaba creado un grupo de trabajo en la Federación de Concejos con la participación, y el liderazgo, del Gobierno regional. Por lo tanto, a tomar vientos, de nuevo, la iniciativa municipal en tan espinoso asunto.
Llama la atención como el envite de Gijón movilizó al socialismo. No faltó tiempo para que don José María Pérez saliera al paso de la propuesta de Foro y de sus socios de viaje con el calificativo de «postureo». El dirigente local del PSOE hizo además una lectura que da que pensar. Acusó al concejal de Urbanismo de utilizar la invitación de «escaparate». ‘Josechu’ considera a Couto el tapado en la sucesión si finalmente la alcaldesa decide volver al hospital cuando finalice su segundo mandato. Magnífica revelación. Habrá que estar atentos.
Pero a lo que íbamos. La idea de Gijón no halló respuesta en los municipios comandados por el partido socialista. En Avilés y Siero guardaron silencio y en Oviedo se produjo división. La formación de Wenceslao López no quiere ni oír hablar de ello y Somos, a través del edil competente en la materia, sostiene que ya era hora de que alguien moviera ficha. Así están las cosas en la ciudad invicta desde que gobierna el tripartito. Sólo Mieres y Langreo aceptaron de buen grado acudir a la mesa con coherencia, todo hay que decirlo. La misma coherencia que demostró el alcalde de Navia y presidente de la Federación de Concejos, don Ignacio García Palacios, al quitar hierro al asunto y concebir la ‘minicumbre’ como una cuestión complementaria a la comisión formada en la propia asociación municipal.
Mientras aguardamos a la reunión del grupo de concejos que ampara el Principado prevista para este miércoles, 14 de diciembre, nos encontramos con un debate que, como casi todos los temas importantes en esta región, se ha venido alargando más de treinta años. Echando la vista atrás recuerdo aquel documento, que en 1994 se convirtió en libro pero no llegó a ‘best seller’, llamado ‘Estrategias para la Reindustrializacion de Asturias’, elaborado por un equipo dirigido por el profesor Manuel Castells, que entre las recomendaciones que hacía figuraba la creación del sistema metropolitano central. Para ello establecía básicamente cuatro grandes medidas: mejorar la red de transporte público interurbano por carretera y ferrocarril, con nuevas estaciones centrales en Gijón, Oviedo y Avilés; modernizar las telecomunicaciones con la integración de todos los municipios de la zona central por igual; potenciar los consorcios intermunicipales para atender los servicios y armonizar los instrumentos de planificación urbana con las directrices regionales. En definitiva, lo mismo que se pretende hacer ahora dos décadas después. El mismo estribillo.
La constitución de la ‘asturciudad’ o de la ‘ciudad astur’, como queramos llamarle, es un buen objetivo. Irrenunciable, como dicen los políticos en su argot. Todos los pasos que se den para avanzar en la idea deberían ser bienvenidos. Sin medallas ni protagonismos, sin invasores ni invadidos. El respeto a la iniciativa de cada cual, a la identidad y a la autonomía tendrían que ser condiciones indispensables. La exclusión partidista, el pulso por el poder, la desconfianza o el cantonalismo no son el camino. Ni tampoco que tengamos más alcaldones de los que ya hay. Lo que acabo de exponer son obviedades, pero no pocas veces nuestros administradores tienen para las evidencias una memoria frágil. Por lo tanto, qué más da una reunión si luego nos encontramos con que en Asturias sentarse para debatir sin llegar a nada es un mal pactado con el diablo. Como el discurrir del tiempo.

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Carantoña y Camín
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Ángel M. González | 07-12-2016 | 10:39| 0

El azar o el destino han querido que dos grandes referentes de Gijón que trascendieron con su labor las fronteras locales, uno en el ámbito del arte y otro en el mundo del periodismo, sean recordados en espacios que ambos compartieron en vida con mutua admiración y fuertes lazos de amistad. Francisco Carantoña Dubert y Joaquín Rubio Camín regresan a escena, cada uno de modo distinto, con el reconocimiento de quienes tuvieron en consideración su trayectoria y su trabajo en el campo de la creación y de la intelectualidad.
‘Nueve años sin Camín’ es el nombre de la exposición que Cornión abrió este viernes para el reencuentro con el artista infinito, que cultivó todas las técnicas de expresión, ensayando materiales con la pasión de un enamorado de la naturaleza y del entorno, en constante búsqueda de lo esencial desde su particular santuario de Valdediós.
El recorrido que ofrece Amador Fernández en su galería coincide con la publicación este año del ‘Catálogo razonado’, que muy acertadamente ha editado la Fundación María Cristina Masaveu bajo la dirección de la catedrática de Historia del Arte, María Soledad Álvarez, y las aportaciones de Ana Johari Mejía y Ángel Antonio Rodríguez. Este bello viaje iba a ocupar dos tomos y al final salieron tres ante la ingente obra que nos ha legado. Estoy seguro de que Carantoña hubiese gozado con la recopilación sobre Rubio Camín, del que decía que «hizo siempre lo mismo: crear para los ojos, para el sentimiento y para la inteligencia».
Hace nueve años que el artista se fue y hace nueve también que publicaba en EL COMERCIO el dibujo de una mano extendida como homenaje al gran periodista para rememorar su muerte con la siguiente cita: «Amigo Paco, en el décimo aniversario de tu marcha, recordándote, te doy mi mano». Pocos días después, Camín nos dejaba.
El próximo jueves el Café Dindurra reinstalará la placa que el Ateneo Jovellanos dedicaba al exdirector de este periódico en el rincón del establecimiento donde a diario acudía.
Allí, sobre la mesilla de mármol, Miguel, el camarero que sabía tanto de los hábitos de Carantoña como quienes tuvimos la suerte de ejercer el periodismo bajo su magisterio, le servía el café con leche, el trozo de bizcocho y el vaso de agua nada más que le veía franquear la puerta giratoria del viejo local. Allí devoraba los periódicos con la cajetilla de Goya cerca, pergeñaba sus comentarios y entraba en tertulia con los amigos que osaban con permiso romper aquella disciplina. Uno de ellos Camín, que desde Villaviciosa se desplazaba a Gijón acompañado de Carmen, su esposa, al menos dos o tres días a la semana, y se pasaba por el café para charlar con Carantoña.
En el Dindurra, Francisco Carantoña le daba vueltas a la vida y trazaba historias envuelto por el discurrir del tiempo y el runrún de las mesas. Luego, siguiendo el ritual, aquella enorme figura se levantaba de repente de la silla y con el fajo de periódicos bajo el brazo se dirigía desgarbado hacia la calle de la Merced, con Cornión como primera parada. Una imagen que fue recogida de manera excepcional por el artista en la silueta de acero corten que ha quedado recortada en Begoña para siempre.
Con el regreso de la placa a su aposento, el Dindurra recupera su espíritu, el que le da sentido a lo que encierran sus paredes más allá de lo que de por sí representa para Gijón el noble y remodelado café.

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Pobres con techo
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Ángel M. González | 28-11-2016 | 17:08| 0

La consecuencia más desgarradora que trajo consigo la gran depresión ha sido, sin duda alguna, el incremento de la pobreza. Los rostros depauperados de la crisis son muchos y muy variados, se fueron manifestando de distintas maneras conforme las fauces de la recesión fue hincando sus dientes en las personas, debilitándolas, haciendo mella en sus vidas y conduciéndolas hacia situaciones agónicas. En Gijón, ahora mismo, hay más pobres que nunca. Una buena parte de esa realidad se ve en las calles, en la mirada triste de la gente, la que te encuentras en un corto paseo, de frente o en la esquina. Pero hay otra parte que la padece en silencio, sin revolución, en sus casas, sufriendo las penurias del invierno, cada vez más duro y frío, cada vez más eterno.
En Gijón han aumentado los pobres, como en otras ciudades, pero también ha crecido la solidaridad. Ha reforzado todo su entramado de atención social, incluso de forma envidiable para otros municipios, intentado responder a las necesidades que se fueron generando conforme se iba incrementado la desigualdad y el desarraigo.
La labor asistencial realizada por asociaciones y colectivos en colaboración con las instituciones sigue siendo determinante. Como lo ha sido también la articulación de un amplio catálogo de ayudas destinadas a las personas más desfavorecidas, en situación vulnerable o al borde de la exclusión, encabezadas por el salario social, la prestación regional cuya demanda obligó al Principado a multiplicar por diez los recursos que había previsto cuando se creó en 2006. Un catálogo que fue aumentando con el agotamiento de los subsidios de desempleo y con los desahucios para atender los gastos más básicos de cualquier familia, la alimentación, el alquiler, la luz, el agua y la calefacción. O para que numerosos niños puedan hacer en el colegio una comida caliente y completa al día.
Esta semana, el bloque de la izquierda en el Ayuntamiento favoreció con su abstención que los presupuestos de la Fundación de Servicios Sociales salieran adelante en el camino de la negociación para las cuentas municipales del próximo año. En el proyecto se incluye la creación de la renta social, una nueva ayuda que está aún pendiente de concretar pero que va destinada a complementar el conjunto de medidas asistenciales del municipio.
La implantación de esta figura supone una oportunidad para reordenar las prestaciones y los servicios de atención social con el fin de aumentar en eficacia y agilidad y afrontar la pobreza de manera más estructural. No solo para quienes por desgracia carecen de hogar o de empleo. Existen muchas personas que cobran por su trabajo remuneraciones ridículas, amparadas por la reforma laboral, que apenas alcanzan el salario mínimo. Gente con techo cuyos ingresos no les permiten llegar a fin de mes, pero tampoco beneficiarse de la protección social establecida. La renta básica puede ser el alivio para ese trabajador que no ha dejado de ser un desfavorecido porque su sueldo no le da para vivir.
Ahora bien, aunque existen ciudades en este país que han puesto en marcha figuras como esta, la prestación tendría que tener ámbito autonómico, incluso nacional diría yo. En el caso de Asturias puede ser una modalidad dentro del salario social, cofinanciado si se quiere, pero sin que su aplicación provoque mayor desigualdad social entre territorios ni ‘efecto llamada’, como ya ocurrió con otras ayudas.
Tal parece, de momento, que no hay voluntad en la región de que esto sea así, por lo que solo cabe esperar que este mínimo vital municipal sea coyuntural, con los recursos que tenga que tener, pero sin detraer de aquellos que puedan contribuir a la prosperidad colectiva para que el drama no se alargue.

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La resurrección urbanística
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Ángel M. González | 23-11-2016 | 10:50| 0

Ante todo, la anulación del último plan urbanístico gijonés no parece que fuera tan desastrosa para la ciudad al producirse en un momento en que la construcción sufrió el mayor freno desde que uno tiene uso de razón. Visto con la perspectiva que ofrece el transcurso del tiempo, el hecho de que aquel PGO fuera a la papelera por decisión judicial no provocó un mayor hundimiento que el que ya estaba instalado en Gijón por el estallido de la burbuja.
El golpe de los tribunales tuvo lugar entonces en el mejor de los momentos, salvo, claro está, para quienes se habían hecho con la propiedad del cinturón rural más cercano a la urbe con el fin de no perder la costumbre del pelotazo gracias a un documento que permitía que el globo siguiera hinchando. Con el plan anulado y el nuevo aún en tramitación vemos que la construcción se reactiva ante la más mínima oportunidad con actuaciones sobre antiguos edificios y solares en el corazón urbano y vendiendo promociones enteras en Nuevo Roces, por ejemplo, donde todavía queda espacio para llenar el barrio de más familias. O sea, que incluso se logra renovar y compactar la ciudad sin que exista la necesidad de amparar el lucro sin escrúpulos. Por lo tanto, todavía hay campo suficiente para favorecer el despegue de una actividad que tanta mano de obra genera.
Mientras, el largo proceso para definir el futuro PGO continúa. Los grupos políticos han recibido un avance del informe de alegaciones elaborado por los técnicos con los puntos políticamente más calientes del documento, sin que se produzcan grandes cambios sobre las líneas generales que inspiraron el texto inicial que recibió el apoyo mayoritario de la Corporación. Resucita la discusión sobre los trazos gruesos del urbanismo gijonés, aunque los problemas más agudos surgirán luego en el examen de la letra pequeña.
Los redactores mantienen el modelo que suprimió de forma sensata los urbanizables en la zona rural, de la misma manera que plantea ahora el Gobierno regional para su proyecto de área metropolitana, e intentan librar el plan de la judicialización en los flancos más débiles. De esta forma, lo adaptan a la ordenación urbanística del litoral definida por el Principado que aumentará los litigios con los propietarios, lo preparan para que pueda pasar el examen de la CUOTA, atienden a intereses de última hora y abren el camino para garantizar que Arcelor, Armón y El Tallerón puedan seguir desarrollando su actividad industrial sin una espada de damocles sobre los terrenos que ocupan. Menos mal. Lo contrario, que hizo saltar las alarmas en la multinacional del acero, era simple y llanamente una aberración.
Ahora bien, la siderurgia tendrá que adoptar mayores medidas medioambientales y, si cabe, rodearse de arbolinos para despistar el impacto, de la misma manera que hace años el astillero levantó un seto de leylandis en su linde con el vecindario.
Y sobre Naval Gijón, más de lo mismo. El Gobierno local propone que el suelo de la antigua factoría, tanto el que subastará la Autoridad Portuaria como el que está en manos de Pymar, estará exento de viviendas en favor del consenso general de los grupos políticos. El destino es el polo tecnológico, con espacios para el esparcimiento ciudadano y la hostelería.
Una buena utilización, desde luego, aunque sigo pensando en que todo ello era compatible con una pequeña franja residencial a modo de transición que continuara lo que ya está construido en Poniente, los famosos edificios ‘barco’, hasta conectar con los futuros desarrollos de El Natahoyo, entre otras cosas para que el proyecto ganase en viabilidad sin que ello supusiera hablar de especulación. Naval Gijón y lo que finalmente se haga en el plan de vías conformarán un nuevo centro en el alma urbanística de la ciudad. Cuanto mayor atractivo tenga, mejor para todos.

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