img
La esencia del barrio alto
img
Ángel M. González | 23-08-2016 | 11:45| 0

En Cimadevilla, o Cimavilla según la oficialidad, se ha constituido un curioso lobby ciudadano, sin precedente ahora mismo en ninguna otra zona de Gijón, para impulsar un plan de dinamización que pretende mejorar la calidad de vida del barrio y proteger su identidad. Este grupo formado por colectivos variopintos, personas vinculadas al movimiento vecinal, al arte y a la cultura, hosteleros y comerciantes, presentaron esta semana, sin mesas por el medio y reunidos en círculo, toda una lista de peticiones al Ayuntamiento para adecentar el barrio, darle mayor habitabilidad, hacerlo más atractivo aún y poner en valor la memoria, todavía viva, de este lugar histórico y singular.
El catálogo de actuaciones que ya tienen en sus manos los mandatarios municipales tendría que ser atendido por lo razonable de las reclamaciones y porque supone una continuación, la segunda edición si cabe, del plan especial de reordenación interior que diseñaron Francisco Pol y José Luis Martín hace ya treinta años por encargo del gobierno local de entonces, que cambió radicalmente la fisonomía de Cimadevilla. La rehabilitación integral que acertadamente puso en marcha el Ayuntamiento en los ochenta, que implicó casi la reconstrucción del barrio, mucho más que un simple lavado de cara, a partir de la recuperación de la muralla romana y de la atalaya, permitió que aquel lugar cobrara una vida radicalmente distinta dentro de la ciudad. Cimavilla pasó de ser un barrio marginado y marginal, por el que daba miedo transitar, a recobrar la popularidad.
Haría bien el Consistorio en tener en cuenta el conjunto de ideas que plantea la llamada ‘comisión de dinamización’, desde el arreglo de calles y aceras, nuevo alumbrado, reforma de fachadas, mantenimiento de solares abandonados, recuperación de viviendas públicas para su alquiler o adecuación de las Casamatas del Cerro para uso público, y también de aquellos otros planteamientos que persiguen dar contenido al barrio. Me refiero, por ejemplo, al proyecto para revitalizar el pasado del casco histórico gijonés a través del arte urbano y a las propuestas sobre los usos del edificio de Tabacalera que, a mi juicio, tiene que convertirse en el pulmón de este resurgimiento.
Una de las propuestas que circulan es la apertura de un espacio para la Casa de la Sidra, siguiendo el ejemplo de The Scotch Whisky Experience, en Edimburgo, con todo lo que rodean a nuestra bebida madre. Es una idea interesante, pero yo la completaría con otros aspectos más vinculados directamente a lo que ha representado Cimavilla, a sus gentes y costumbres. Por ello, no estaría de más que la antigua fábrica dedicara dos buenos rincones a recrear la vida marinera que tan bien nos dejó tallada Sebastián Miranda en su Retablo del Mar y la actividad tabaquera durante casi dos siglos. Al fin y al cabo, pescaderas y cigarreras constituyeron la esencia misma del barrio alto y n o pueden caer en el olvido.

Ver Post >
Fiesta de mercadillos
img
Ángel M. González | 16-08-2016 | 11:34| 0

Confieso que siempre me gustaron los mercadillos. Animan las calles, ponen una nota de color, de originalidad, de imaginación. Me gustan aquellos que ofrecen artilugios, artesanía, prendas, productos gastronómicos o cachivaches fuera de lo convencional, los recorres en un instante y tomas decisiones impulsivas, sin planearlas, auxiliado por la amabilidad de quien está al otro lado del mostrador. El mercadillo, el buen mercadillo, por supuesto que dinamiza el comercio de la ciudad y da vida al sector, pero como todo en este mundo el exceso es malo y eso es en lo que hemos caído en Gijón, en la proliferación de zocos y ferias como setas.
Coincido, por lo tanto, con la apreciación del consejero Francisco Blanco, una persona a la que hay que agradecer su sinceridad en los análisis. La misma sinceridad que cuando dijo en sesión parlamentaria aquello de que la pérdida de control de Liberbank por el Principado había sido un expolio. Entidad, por cierto, a partir de cuya decisión sobre el Mercazoco se generó este debate. No abundan entre los políticos personas tan claras como el señor Blanco y cierto es que en esta ciudad y en toda la región «hay demasiados mercadillos y no todos tienen razón de ser», apropiándome de la textualidad de sus declaraciones. Claras como el apellido.
Hasta ahí estoy de acuerdo con él. Pero no comparto esa idea de que, de momento, no sea un problema objeto de regulación. Si hay multiplicación excesiva de la venta ambulante existen razones para que la Administración ponga orden con las tablas de la ley. A veces, cuando existen intereses contrapuestos, la buena voluntad y el diálogo no resultan suficientes si el resultado no se eleva a norma. A los ayuntamientos hay que decirles, de vez en cuando, señores se acabó.
En Gijón, la presencia de tenderetes se ha incrementado de manera exponencial. En el paseo de Begoña, en la plaza Mayor, a lo largo de Fomento, en palacios y museos, en el Muro, junto al Parchís, en la plaza del Seis de Agosto, en la Laboral, en el recinto ferial, en la plaza de toros, en el Jardín Botánico… Entre las razones del aumento experimentado por esta fórmula comercial de toda la vida, además de ser nicho de empleo, alternativa ocupacional a las escasas oportunidades que ofrece la crisis, la manera de iniciarse en un negocio, figuran también la voracidad recaudatoria de las instituciones públicas y la obsesión por trasladar a la ciudadanía esa sensación de actividad, de programación continua, de fiesta permanente. Es decir, existe un interés mutuo por parte y parte.
Ahora bien, resulta comprensible que el comerciante tradicional, por mucho que le hablen de ambiente y dinamización, vea en los mercadillos una amenaza para su negocio, un enemigo que se suma al que los gigantes de la distribución han venido representando. Y más aún cuando surgen como champiñones con cierta complicidad municipal en momentos de mayor afluencia y consumo, de tal manera que el monstruo cada vez es más grande en navidades, Semana Santa, verano y demás puentes festivos. Por lo tanto parece lógico que se ponga orden al calendario por escrito y se definan con claridad cuáles merecen la pena y cuáles no, con unos mínimos de calidad y diferenciación.

Ver Post >
El palacio del arte
img
Ángel M. González | 08-08-2016 | 12:35| 0

Bastó que el conde diera la voz para que las huestes se movilizaran en defensa del Palacio de Revillagigedo. El toque de atención de don Álvaro Armada y Barcáiztegui sobre el uso innoble que estaba haciendo la Fundación Bancaria Cajastur del noble edificio no pudo ser más eficaz y oportuno. La unanimidad en torno a la denuncia del aristócrata ha permitido abrir una senda para recuperar el espíritu para que el había sido concebido el emblemático conjunto de la plaza del Marqués cuando se produjo el traspaso de propiedad con el fin de pasar a formar parte del patrimonio público de Gijón.
Por las vueltas que da la vida es curioso que sea el conde quien activara la alarma sobre el excelso contenido comprometido para el hermoso inmueble cuando su antecesor familiar había planteado en los años setenta convertir el palacio en un hotel de alto standing con 35 habitaciones mediante un proyecto firmado por el inolvidable arquitecto Juan Bautista Martínez Gemar antes de que fuera rescatado por la administración y la Caja. Pero bueno, eso son anécdotas de la historia local.
Entiendo, aunque ello no quiere decir que en este caso tenga justificación, que la fundación buscara fórmulas para rentabilizar de alguna manera el palacio, que permitieran mantenerlo abierto aunque fuera con ferias y mercadillos, con el ánimo de contribuir a su mantenimiento mientras el negocio bancario no fuera fuente de recursos por su participación en Liberbank. La política era tan sencilla como salvémonos nosotros para poder salvar lo que tenemos. Estas mismas fórmulas son aplicadas también en otros equipamientos culturales de la ciudad por el Principado y el Ayuntamiento ante la estrechez presupuestaria y hasta ahora nadie ha protestado por ello.
Ahora bien, el compromiso de la Caja con Gijón, antes a través de la Obra Social y Cultural y luego mediante su heredera, la fundación, era que el palacio fuera un centro internacional de arte, así se llama, que no era simplemente colgar cuadros, como alguien llegó a expresar para ridiculizar la utilización original. Un lugar para el encuentro de las expresiones artísticas actuales con el público, para disfrutar de las nuevas tendencias y de la confrontación de ideas entre autores y estudiosos, además de ofrecer representaciones escénicas, musicales y de danza.
La fundación reaccionó con rapidez pidiendo disculpas, cancelando la celebración del zoco que se iba a tener lugar la próxima semana y prometiendo llenar el monumento de actividad en colaboración con instituciones y entidades públicas y privadas pero respetando, cómo no, los fines establecidos en sus estatutos. Y en los estatutos el término cultura, así de subrayado, brilla por su ausencia.
La nueva Cajastur está orientada a la acción social, a la promoción de la investigación científica y técnica y a la participación de proyectos institucionales que supongan un beneficio general para la sociedad. Solo teniendo encaje en este último objetivo, el Revillagigedo podría volver a entrar en los circuitos internacionales del arte y programar exposiciones tan relevantes como aquella antología de Eduardo Chillida que sirvió de apertura después de su cuantiosa rehabilitación hace veinticinco años este mismo mes. Con voluntad e imaginación se está todavía a tiempo de que la oferta del palacio recobre brillo para satisfacción de todos, incluida la del conde.

Ver Post >
Pokémon en El Infanzón
img
Ángel M. González | 08-08-2016 | 12:35| 0

Con el furor que se ha desatado con Pokémon Go hay responsables institucionales con cartera, en Madrid y en Asturias, que si se transformaran en personajes del juego de Nintendo pululando por Gijón, tipo Ivysaur, Charmeleon o Watortle, por mencionar alguno de esos bichitos de ataque, no habría lugar a dudas de que marcarían récord de cacerías. Pienso sobre todo en quienes llevan y han llevado hasta esta semana las riendas de las infraestructuras, aquí y en toda España, y que más por omisión que por acción se podrían perfectamente convertir en candidatos-candidatas objetivo de las capturas de muñequitos en un mundo virtual superpuesto a la aumentada realidad gijonesa.
Porque de la gestión que nos deja Ana Pastor y sus subordinados poco más se puede decir, si no es desearle suerte a la exministra en su cargo como tercera persona más relevante del Estado después del Rey y del presidente del Gobierno y que su sucesor en el Ministerio de Fomento no sea gallego ni catalán, por aquello de que barren para casa que da gusto.
Y luego tenemos a doña Belén Fernandez, la consejera autonómica que más tiempo lleva en el Gobierno regional de cuantos mandatarios acompañan a Javier Fernández, es decir, una veterana en toda regla, cuyo comportamiento con esta ciudad en materias de sus dominios ha sido como el de la Señorita Rottenmeier. No vamos a recordar aquí todos los temas en los que ha tenido y tiene protagonismo la consejera, solo un último hecho que relataba esta misma semana Marcos Moro a propósito del deterioro de la carretera Piles-Infanzón. El Ayuntamiento se hizo cargo de una serie de obras urgentes en la AS-247 ante la peligrosidad de los daños que va acumulando con el paso del tiempo, después de que viniera reclamando constantemente a la Consejería desde hace tres años el arreglo de la carretera ante el riesgo de convertirse en una caleya.
La administración local desembolsó un dinero para atender las reclamaciones de vecinos y usuarios que no le correspondía, es decir, a las competencias impropias en educación, sanidad y servicios sociales incorpora ahora las infraestructuras, un mal precedente a mi juicio, aunque prácticamente inevitable si hablamos de desidia regional. Es curioso que el mismo día que se publica la noticia en este periódico, nuestra consejera anuncia dos licitaciones para renovar los pavimentos de la carretera de Miravalles, en Villaviciosa, y de Percelles, en Cangas de Onís, obras seguramente tan necesarias como la de Gijón, pero por un importe diez veces superior a lo que el Consistorio destinó a reparaciones para ir tirando.
Por cierto, un tramo de esta vía es totalmente urbano, el que va desde el puente del Piles hasta el cruce de la avenida de Dionisio Cifuentes, incluso se puede extender hasta la intersección con el camino de los Nogales que conduce al Jardín, y los peatones se encuentran con zonas de acera donde los flacos solo pasan en fila india. Pero bueno, eso queda para otro día. Ahora lo que toca es, al menos, incluir en el programa de conservación viaria de doña Belén esta transitada comunicación. De lo contrario, temo que se plague de monstruos y no tengamos suficientes ‘pokeballs’ para encerrarlos.

Ver Post >
Un plan sin egos
img
Ángel M. González | 08-08-2016 | 12:35| 0

Aunque lo ocurrido en la unión de empresas encargada de redactar el plan urbanístico de Gijón parezca grotesco mucho más sería que el documento que reunió el consenso mayoritario de la corporación más plural de la historia democrática de la ciudad resultara quebradizo por la descoordinación y las disensiones del equipo técnico contratado. El diseño del PGO en todas sus fases es un trabajo de alto riesgo, con material sensible, vital para el desarrollo de la ciudad, y su ejecución tiene que ser lejos de fuentes contaminantes, sin atender a cantos de sirena, aislado de las presiones, encapsulado diría yo. Por lo tanto, grotesco sería que estuviera sometido a un duelo de egos en los despachos de un grupo de expertos, tirando cada uno por su lado como si fuera el juego de la cuerda, tapando papeles para que el otro no los vea, queriendo ser unos más protagonistas que otros, cuando lo que realmente está en juego es el interés general, no particular, de toda una ciudad.
Bienvenida sea la decisión de don Emilio Ariznavarreta de prescindir de casi todo el equipo que le ha acompañado hasta ahora por pérdida de confianza y falta de coordinación si con ella se corrige una situación interna, como se ha calificado el conflicto en la UTE, y se impide que el documento en alguna de sus partes acabe viciado. Porque esto es lo realmente preocupante y a lo que se tendría prioritariamente que atender, evitar que termine débil o adulterado. El señor Ariznavarreta, además, como en el arte de la guerra, incorpora enemigos potenciales a sus filas para fortalecer el avance y eliminar francotiradores. Quiero entender que a ello responde el fichaje de los abogados urbanistas que derribaron los dos planes anteriores en los tribunales.
Don Fernando Couto, concejal responsable de urbanismo y portavoz del Gobierno municipal, mostró su convencimiento de que el revolcón en el equipo de redactores no alterará el plazo previsto para la aprobación definitiva del PGO, dentro de poco más de un año. La alcaldesa dijo que esperaba que el proceso se realizara en tiempo y forma. Aunque el foco político se ha puesto especialmente en el tiempo, no creo que un retraso en este caso sea realmente lo sustancial. A estas alturas, si el plan no está para diciembre de 2017, puede estarlo para el año siguiente. Lo relevante es la forma y el fondo.
Los nuevos redactores se enfrentan todavía a etapas claves de la tramitación. Además de contestar a las 1.426 alegaciones, tienen que elaborar el plan definitivo, prepararlo técnicamente bonito para que pase revista por ‘Madame CUOTA’ y realizar el texto refundido. Pero además, el gobierno local, atendiendo a la propuesta de Xixón Sí Puede, está dispuesto a abrir un nuevo periodo de información pública tras los cambios que el papel pueda sufrir por la incorporación de las sugerencias que ahora están sobre la mesa. El planteamiento no es descabellado. Al contrario, el refuerzo de la participación es más necesario si cabe después del trance de la UTE y del complicado parto que está teniendo. El blindaje jurídico del que tanto se habla tiene que impedir cualquier resquicio que pueda llevar a que tan arduo trabajo acabe tumbado en los juzgados, pero también que existan fichas retorcidas, vacíos legales, agujeros negros, que abran vías a operaciones encubiertas y a la especulación. Todo clarito y transparente, como agua de Fuensanta.

Ver Post >
El pacto de la palanca
img
Ángel M. González | 08-08-2016 | 12:34| 0

Tenemos tan implantada la cultura de la concertación que concertamos a machamartillo. En Asturias llevamos unas cuantas, más de una incluso por legislatura, de tal manera que en las estanterías de nuestra particular biblioteca política encontramos una gran colección de pactos sociales, regionales, sectoriales y locales, algunos con nombres rimbombantes, que se quedaron en su mayor parte en tratados de buenas intenciones y cambalaches.

Sobre la concertación planean dos males muy diferentes entre sí, aunque a veces vayan de la mano, que le han restado credibilidad. Lo que se amagüesta por debajo de la mesa y lo que se incumple de lo que está por encima, a la vista de todos. El pacto es recopilación, reparto y envoltorio, una especie de santísima trinidad que garantiza la llamada paz social y legitima al que gobierna. Pero, por lo general, le suele faltar un cuarto ingrediente, la pasta, que es lo que conduce irremediablemente a la decepción. Papel mojado, dicen en el argot, cuando el dinero no da apenas para el pago de los gastos corrientes de los firmantes.
Hace algo más de dos meses que fue suscrito el acuerdo regional, sin postureos decían sus protagonistas, pero transcurrido ese tiempo poco se puso en práctica, ni siquiera una mínima postura.
Esta semana se ha firmado el de Gijón, un hermano menor con distintos padres, y quienes lo hicieron exhibieron, cómo no, la fuerza del diálogo y el consenso para que la ciudad avance cual motor sobre ruedas. «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo», dijo Arquímedes. El pacto social es para la alcaldesa en minoría una palanca para mover su gobiernín, a pesar de que no hubiera conseguido sacar adelante aquella idea de que en la negociación intervinieran más agentes de los habituales, incluidos los vecinos. La participación, en este caso, se circunscribió a quienes llevan treinta años acreditados como interlocutores válidos, es decir, los que validan o invalidan según se tercie.
‘Gijón crece’, que así se ha bautizado el nuevo plan, el séptimo que se rúbrica en la ciudad desde 1993 y el segundo de la ‘era Moriyón, pretende destinar 160 millones en cuatro años a promover el crecimiento, la innovación, el talento y el empleo. Hasta ahí todo correcto. Como el pacto regional. No tenemos otra necesidad que acabar con el paro, la pobreza y la desigualdad que nos ha dejado la voraz depresión y no existe otra manera de hacerlo que el impulso a la economía remando juntos en la misma dirección. Y aquí se halla el éxito de que la palanca funcione o rompa cuando se active.
Para la foto de la firma posaron los firmantes, como es lógico, y representantes de todos los grupos políticos de la corporación plural gijonesa. Entiendo que el pacto, con los matices de color que cada uno de ellos quiera darle, recibe el saludo cortés de quienes tienen voz y voto en el ayuntamiento. Voz y voto también para poner en claro el contenido del acuerdo en unos presupuestos. Es decir, que además de papel, tengamos pasta. De lo contrario se corre el riesgo de que el plan, como tantos otros, resulte un fiasco.

Ver Post >
Conxuro en Gijón
img
Ángel M. González | 08-08-2016 | 12:23| 0

Esta semana un mandatario gallego pisó Gijón no para birlarnos una idea sino para inspirarse en ella, algo que de mano es para congratularse. El vicepresidente de la Xunta vino a conocer el nuevo Palacio de Justicia para importar en Pontevedra un modelo de edificio funcional para una administración judicial moderna, a la que todavía le comen los papeles por mucho ordenador que tenga. Una visita así resulta agradecida cuando no viene con segundas a hacerse con la cartera.
No quiero que se entienda que exista cierto prejuicio con nuestra comunidad vecina, pero hay un cúmulo de experiencias en los últimos años que llevan a la conclusión de que Galicia ha salido siempre más favorecida que Asturias en aquellos asuntos donde compartíamos las mismas carencias, de tal manera que allí se han ido solventando en gran parte relegando las de aquí por el peso de sus paisanos en Madrid.
Hay una buena colección de temas que servirían de prueba ante cualquier tribunal de tamaña acusación entre primos y hermanos. Algunos se pueden quedar en la pura anécdota, como lo que sucedió hace tres años cuando Correos, con la ministra de Fomento de madrina, lanzó un sello con la estampa del ‘Puente de los Santos sobre la Ría de Ribadeo’, así de textual, con todas las letras, apoderándose del nombre de lo que más en común tenemos y, sin embargo, nos separa. Anécdotas, ya digo.
Porque lo que no es banal es que llevemos trece años con los túneles de Pajares para poner en marcha solo un tubo cuando finalice la ‘obrona’, si es que algún día finaliza, mientras todo el esfuerzo inversor se centra en que el AVE cruce Galicia entera cuanto antes mejor. Tampoco es trivial la paralización del plan de vías, que la regasificadora de Mugardos, en Ferrol, tenga todos los parabienes medioambientales por empuje gubernamental mientras la de Gijón siga muerta de risa, que los accesos a El Musel estén pendientes y en Vigo se lleve adelante la mejora de su conexión ferroviaria, y que el puerto sufra un estrangulamiento económico que le impide levantar cabeza. La pregunta es cómo es posible que La Coruña, con un sobrecoste similar, un crédito del mismo financiero, suscrito en la práctica en el mismo momento, pague un punto menos de intereses que El Musel. La respuesta está en la usura de un ente llamado Puertos del Estado, nuestro particular ‘Men in black’, empeñado en hacer caja con lo de aquí, de tal forma que, como hemos desvelado estos días en el periódico, lleva 49 millones ingresados vía réditos de una institución portuaria que lo que necesita es desahogo.
Y de la autopista del mar poco más se puede decir, salvo que mientras estamos a la espera de que el proyecto de Riva salve los obstáculos para recuperar el enlace con Nantes-Saint Nazaire, el ferry de Vigo, en el que hubo gran empeño ministerial, tiene captado prácticamente todo el tráfico que había conseguido Gijón y sigue aumentando su carga de mes en mes. Quiero decir que difícilmente puede llegar a tener viabilidad la línea si el mercado natural al que iba dirigido está ya esquilmado.
Por ello no es de extrañar que cuando vengan los emisarios capitalinos con el ánimo de aclarar todos esos malos pensamientos se encuentren con una buena queimada a modo de recibimiento para ahuyentar los espíritus. Ya saben, aquello de «mouchos, coruxas, sapos e bruxas…».

Ver Post >
Muelle ‘collection’
img
Ángel M. González | 08-07-2016 | 16:45| 0

El sector turístico gijonés entra en el mes de julio de la mejor manera que lo podía hacer, con hoteles repletos, ambiente, buen tiempo y unas perspectivas para todo el verano que llevan a la conclusión de que volveremos a batir el récord de ocupación esta temporada, de la misma manera que España tiene previsto alcanzar los 70 millones de visitantes si el ‘Brexit’ lo permite, por supuesto. El optimismo es gratis y entrar con buen pie, como ha ocurrido en este fin de semana de fiesta y sociología, lo acentúa sin duda alguna.
El entusiasmo, sin embargo, no oculta las carencias que continúa padeciendo esta actividad, quizás la que más potencial tiene de crecimiento de cuantas se desarrollan en la ciudad y en Asturias. El déficit de las comunicaciones, el mal endémico que somos incapaces de solventar, con aviones contados, sin AVE, un servicio de cercanías nefasto y sin conexión marítima hacen que el despegue del turismo sea simplemente un milagro. La escasa afluencia de extranjeros, la baja presencia de ofertas entre operadores nacionales e internacionales y los problemas de desestacionalización se derivan, sobre todo, de esa dificultad para conectar con el mundo. Hemos mejorado en carreteras, pero en el resto de medios seguimos como hace treinta años.
Por ello, cualquier iniciativa que suponga potenciar lo que tenemos para favorecer el turismo como motor económico y de empleo hay que darle la bienvenida y recibirla con incienso. El hotel de cinco estrellas es una vieja aspiración. Resulta inconcebible que el municipio turístico por excelencia de esta región, capital de la Costa Verde, villa de la Ruta de la Plata, la ciudad más dinámica y con capacidad de atracción del verano en Asturias, siga careciendo de un establecimiento de alto standing en su catálogo hotelero. Si nos quedamos en cuatro, de cuatro seguiremos siendo destino.
Un empresario avilesino, de la mano de una cadena solvente, ha planteado convertir la centenaria sede de la Autoridad Portuaria en el Muelle en un hotel de lujo tipo ‘Collection’. Un cinco estrellas en la falda de la Atalaya, junto al puerto deportivo, en un edificio noble ahora muerto de risa. Con este proyecto, a la institución portuaria le ha tocado la lotería. Mantiene el patrimonio, se lo mejoran y percibe una renta todos los años por un inmueble que desde su cierre lo único que genera es gasto y grietas viendo pasar el tiempo. Es bueno para la administración de El Musel y buenísimo para Gijón que aparezcan promotores que confíen en las posibilidades de la ciudad y tomen el relevo de otros proyectos similares que resultaron fallidos, con arquitectos estrella y habitaciones piloto incluidos.
Sin embargo, viene un ente llamado Puertos del Estado, dependiente del mismo ministerio que frena la llegada de la alta velocidad, el ferry o una Feve moderna y útil, y le pone la proa a la idea porque lo que quiere es convertir en líquido todo aquello a lo que cree que puede sacar tajada. Tengo aún la esperanza de que alguien en Madrid recapacite porque, de lo contrario, habría que empezar a pregonar que es verdaderamente cierto eso de que con respecto a los gallegos en cuestiones de fomento somos de segunda.

Ver Post >
El camino de la ‘Millona’
img
Ángel M. González | 26-06-2016 | 19:06| 0

Me gustaría saber lo que se les pasa por la cabeza a las personas que cuando estaban vinculadas al campus y al ayuntamiento impulsaron en los ochenta lo que conocemos como Parque Científico Tecnológico al ver hoy que aquellos praos de Cabueñes se han convertido en un polo de empresas avanzadas, generador de riqueza, exportador de ideas y servicios, donde se concentra una buena parte del talento de la región. Aquellas personas que, por suerte para todos, visionaron lo que treinta años después se ha convertido en el pulmón del conocimiento empresarial y de la innovación en un momento económico y social complicadísimo por las duras reconversiones de los sectores tradicionales, cuando nadie daba un duro por nuestro futuro industrial. Pues bien, el Parque Científico, la Milla por extensión, tiene que ser motivo de orgullo para todos los gijoneses. Yo diría que, pasado el tiempo, empieza a formar parte de esas enseñas de la ciudad que nos distingue, de todo aquello de lo que podemos presumir, como el puerto o la playa. Representa la imagen del Gijón moderno, el resucitar de un municipio peleón en busca de su transformación. La Milla del Conocimiento, el Parque y todo lo bueno que le rodea, va camino de convertirse en la ‘Millona’, como lo es El Molinón o la Escalerona.
La Asociación de Antiguos Alumnos del Instituto Jovellanos decidió esta semana concederle el premio Campanile por su contribución al progreso de la ciudad. La entrega de esta distinción es un buen momento para expresar el reconocimiento colectivo a lo que ha sido, sin ánimo de exagerar, la mejor labor que se ha hecho en esta villa en respuesta a la reconversión permanente. Un proyecto de factura exclusivamente municipal que fue asumido como suyo de verdad por el Ayuntamiento, independientemente del color y de la ideología gobernante. No en vano no hubo en este país iniciativa de estas características que fuera emprendida en solitario por una administración local de la misma manera que lo hizo el consistorio gijonés. Esa ha sido una de las claves del éxito. Otra, sin ninguna duda, la interrelación con el campus, la gran factoría de profesionales de la ingeniería y de la innovación.
El resultado de todo ello, desde que el Parque se pusiera en marcha hace ahora dieciséis años, es la realidad que hoy conocemos: 137 empresas instaladas, más de 4.000 empleos, 1.600 millones de euros al año en facturación, una aportación al PIB regional del 7%, el 25% de la inversión en I+D de Asturias y el 22% de las exportaciones. Un polo prestigiado por las firmas que alberga y que da prestigio a quien en él se instala.
Hay muchas cosas pendientes de acometer para favorecer su desarrollo y conseguir que el proyecto de la Milla sea más grande. Menciono solo dos. Blindar su crecimiento consiguiendo más espacio en la zona de la antigua Pecuaria y la finca de La Formigosa, es decir que lo que ya está previsto no se quede en un boceto, y lograr una mayor transferencia de tecnología, o sea que el trabajo de los equipos de investigación que se asientan en este enclave llegue al mercado. Dos retos para una buena causa.

Ver Post >
Lo que diga la gente
img
Ángel M. González | 26-06-2016 | 19:04| 0

En esta singular semana, a la amenaza de nuevas nubes de carbón y al descubrimiento de las fisuras secretas del emisario de Peñarrubia que sueltan la porquería a cuatrocientos metros de la playa, se ha añadido la aparición de los cangrejos rojos en el estanque animalario de la plaza de Europa. Los crustáceos de marras forman parte de esas situaciones sobrevenidas a las que nos estamos acostumbrando en Gijón, de la misma manera que lo han sido el mineral volador y la falta de depuración de los efluvios.
Si algo caracterizó el primer año de mandato municipal de la segunda ‘era Moriyon’ fueron precisamente, las circunstancias ambientales, en una interpretación libre y amplia de lo que le ha rodeado al gobierno. Las circunstancias del medio natural en el que vivimos, nos movemos y respiramos, las circunstancias por la situación social y económica derivada de la gran recesión y las circunstancias por la composición política del propio ayuntamiento. A mi entender, todo lo que ha venido aconteciendo en el ámbito consistorial ha tenido que ver, de una manera u otra, con esas tres tensiones del ecosistema. La prórroga presupuestaria, el gasto social, el caso de las fachadas, la parálisis eterna del plan de vías, la tramitación del plan urbanístico… Todo.
No creo que la tendencia de la mandataria se puede tildar de ‘podemización’, como sostienen populares y liberales cuando critican la actitud de la primera edil y de su equipo gubernamental. Ni en Xixón Sí Puede se ha producido la ‘forofilia’ para convertirse en muleta de Moriyón, como aprecian los socialistas. Más bien entiendo que lo que sucede en el Ayuntamiento es que cada vez se están socializando más las decisiones, aspecto, por otro lado, que entra dentro de las reglas normales del juego cuando se tiene que tender la mano para que alguien te la coja con el fin de hacer frente a aquellas circunstancias.
La socialización una veces se producen con unos actores y otras con otros, depende de la que se quiera socializar, de tal manera que a lo largo de estos doce meses hemos visto en el Ayuntamiento mayorías de derecha e izquierda, mayorías de izquierda y centro, mayorías solo de izquierda o plenas mayorías.
Esta socialización de las decisiones, además, se ha extendido a la ciudadanía mediante los canales de participación. La gente, un término que se ha convertido en más que una suma, algo así como un ente con sensibilidad determinada, depende de quien la interprete, expresa todo lo que se le ocurre sobre ordenanzas, equipamientos o cuentas. Lo que la gente piense, lo que diga la gente.
Y mientras las ideas reciben la bienvenida en la casa común de la plaza Mayor, que cada vez es más casa de todos, hay quien todavía mantiene la escopeta cargada para provocar el cambio en el sillón. ¿Qué hacemos con los cangrejos rojos? ¿Dejamos que nos invadan o los socializamos? Pues lo que diga la mayoría ciudadana.

Ver Post >