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Un plan sin egos
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Ángel M. González | 08-08-2016 | 12:35| 0

Aunque lo ocurrido en la unión de empresas encargada de redactar el plan urbanístico de Gijón parezca grotesco mucho más sería que el documento que reunió el consenso mayoritario de la corporación más plural de la historia democrática de la ciudad resultara quebradizo por la descoordinación y las disensiones del equipo técnico contratado. El diseño del PGO en todas sus fases es un trabajo de alto riesgo, con material sensible, vital para el desarrollo de la ciudad, y su ejecución tiene que ser lejos de fuentes contaminantes, sin atender a cantos de sirena, aislado de las presiones, encapsulado diría yo. Por lo tanto, grotesco sería que estuviera sometido a un duelo de egos en los despachos de un grupo de expertos, tirando cada uno por su lado como si fuera el juego de la cuerda, tapando papeles para que el otro no los vea, queriendo ser unos más protagonistas que otros, cuando lo que realmente está en juego es el interés general, no particular, de toda una ciudad.
Bienvenida sea la decisión de don Emilio Ariznavarreta de prescindir de casi todo el equipo que le ha acompañado hasta ahora por pérdida de confianza y falta de coordinación si con ella se corrige una situación interna, como se ha calificado el conflicto en la UTE, y se impide que el documento en alguna de sus partes acabe viciado. Porque esto es lo realmente preocupante y a lo que se tendría prioritariamente que atender, evitar que termine débil o adulterado. El señor Ariznavarreta, además, como en el arte de la guerra, incorpora enemigos potenciales a sus filas para fortalecer el avance y eliminar francotiradores. Quiero entender que a ello responde el fichaje de los abogados urbanistas que derribaron los dos planes anteriores en los tribunales.
Don Fernando Couto, concejal responsable de urbanismo y portavoz del Gobierno municipal, mostró su convencimiento de que el revolcón en el equipo de redactores no alterará el plazo previsto para la aprobación definitiva del PGO, dentro de poco más de un año. La alcaldesa dijo que esperaba que el proceso se realizara en tiempo y forma. Aunque el foco político se ha puesto especialmente en el tiempo, no creo que un retraso en este caso sea realmente lo sustancial. A estas alturas, si el plan no está para diciembre de 2017, puede estarlo para el año siguiente. Lo relevante es la forma y el fondo.
Los nuevos redactores se enfrentan todavía a etapas claves de la tramitación. Además de contestar a las 1.426 alegaciones, tienen que elaborar el plan definitivo, prepararlo técnicamente bonito para que pase revista por ‘Madame CUOTA’ y realizar el texto refundido. Pero además, el gobierno local, atendiendo a la propuesta de Xixón Sí Puede, está dispuesto a abrir un nuevo periodo de información pública tras los cambios que el papel pueda sufrir por la incorporación de las sugerencias que ahora están sobre la mesa. El planteamiento no es descabellado. Al contrario, el refuerzo de la participación es más necesario si cabe después del trance de la UTE y del complicado parto que está teniendo. El blindaje jurídico del que tanto se habla tiene que impedir cualquier resquicio que pueda llevar a que tan arduo trabajo acabe tumbado en los juzgados, pero también que existan fichas retorcidas, vacíos legales, agujeros negros, que abran vías a operaciones encubiertas y a la especulación. Todo clarito y transparente, como agua de Fuensanta.

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El pacto de la palanca
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Ángel M. González | 08-08-2016 | 12:34| 0

Tenemos tan implantada la cultura de la concertación que concertamos a machamartillo. En Asturias llevamos unas cuantas, más de una incluso por legislatura, de tal manera que en las estanterías de nuestra particular biblioteca política encontramos una gran colección de pactos sociales, regionales, sectoriales y locales, algunos con nombres rimbombantes, que se quedaron en su mayor parte en tratados de buenas intenciones y cambalaches.

Sobre la concertación planean dos males muy diferentes entre sí, aunque a veces vayan de la mano, que le han restado credibilidad. Lo que se amagüesta por debajo de la mesa y lo que se incumple de lo que está por encima, a la vista de todos. El pacto es recopilación, reparto y envoltorio, una especie de santísima trinidad que garantiza la llamada paz social y legitima al que gobierna. Pero, por lo general, le suele faltar un cuarto ingrediente, la pasta, que es lo que conduce irremediablemente a la decepción. Papel mojado, dicen en el argot, cuando el dinero no da apenas para el pago de los gastos corrientes de los firmantes.
Hace algo más de dos meses que fue suscrito el acuerdo regional, sin postureos decían sus protagonistas, pero transcurrido ese tiempo poco se puso en práctica, ni siquiera una mínima postura.
Esta semana se ha firmado el de Gijón, un hermano menor con distintos padres, y quienes lo hicieron exhibieron, cómo no, la fuerza del diálogo y el consenso para que la ciudad avance cual motor sobre ruedas. «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo», dijo Arquímedes. El pacto social es para la alcaldesa en minoría una palanca para mover su gobiernín, a pesar de que no hubiera conseguido sacar adelante aquella idea de que en la negociación intervinieran más agentes de los habituales, incluidos los vecinos. La participación, en este caso, se circunscribió a quienes llevan treinta años acreditados como interlocutores válidos, es decir, los que validan o invalidan según se tercie.
‘Gijón crece’, que así se ha bautizado el nuevo plan, el séptimo que se rúbrica en la ciudad desde 1993 y el segundo de la ‘era Moriyón, pretende destinar 160 millones en cuatro años a promover el crecimiento, la innovación, el talento y el empleo. Hasta ahí todo correcto. Como el pacto regional. No tenemos otra necesidad que acabar con el paro, la pobreza y la desigualdad que nos ha dejado la voraz depresión y no existe otra manera de hacerlo que el impulso a la economía remando juntos en la misma dirección. Y aquí se halla el éxito de que la palanca funcione o rompa cuando se active.
Para la foto de la firma posaron los firmantes, como es lógico, y representantes de todos los grupos políticos de la corporación plural gijonesa. Entiendo que el pacto, con los matices de color que cada uno de ellos quiera darle, recibe el saludo cortés de quienes tienen voz y voto en el ayuntamiento. Voz y voto también para poner en claro el contenido del acuerdo en unos presupuestos. Es decir, que además de papel, tengamos pasta. De lo contrario se corre el riesgo de que el plan, como tantos otros, resulte un fiasco.

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Conxuro en Gijón
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Ángel M. González | 08-08-2016 | 12:23| 0

Esta semana un mandatario gallego pisó Gijón no para birlarnos una idea sino para inspirarse en ella, algo que de mano es para congratularse. El vicepresidente de la Xunta vino a conocer el nuevo Palacio de Justicia para importar en Pontevedra un modelo de edificio funcional para una administración judicial moderna, a la que todavía le comen los papeles por mucho ordenador que tenga. Una visita así resulta agradecida cuando no viene con segundas a hacerse con la cartera.
No quiero que se entienda que exista cierto prejuicio con nuestra comunidad vecina, pero hay un cúmulo de experiencias en los últimos años que llevan a la conclusión de que Galicia ha salido siempre más favorecida que Asturias en aquellos asuntos donde compartíamos las mismas carencias, de tal manera que allí se han ido solventando en gran parte relegando las de aquí por el peso de sus paisanos en Madrid.
Hay una buena colección de temas que servirían de prueba ante cualquier tribunal de tamaña acusación entre primos y hermanos. Algunos se pueden quedar en la pura anécdota, como lo que sucedió hace tres años cuando Correos, con la ministra de Fomento de madrina, lanzó un sello con la estampa del ‘Puente de los Santos sobre la Ría de Ribadeo’, así de textual, con todas las letras, apoderándose del nombre de lo que más en común tenemos y, sin embargo, nos separa. Anécdotas, ya digo.
Porque lo que no es banal es que llevemos trece años con los túneles de Pajares para poner en marcha solo un tubo cuando finalice la ‘obrona’, si es que algún día finaliza, mientras todo el esfuerzo inversor se centra en que el AVE cruce Galicia entera cuanto antes mejor. Tampoco es trivial la paralización del plan de vías, que la regasificadora de Mugardos, en Ferrol, tenga todos los parabienes medioambientales por empuje gubernamental mientras la de Gijón siga muerta de risa, que los accesos a El Musel estén pendientes y en Vigo se lleve adelante la mejora de su conexión ferroviaria, y que el puerto sufra un estrangulamiento económico que le impide levantar cabeza. La pregunta es cómo es posible que La Coruña, con un sobrecoste similar, un crédito del mismo financiero, suscrito en la práctica en el mismo momento, pague un punto menos de intereses que El Musel. La respuesta está en la usura de un ente llamado Puertos del Estado, nuestro particular ‘Men in black’, empeñado en hacer caja con lo de aquí, de tal forma que, como hemos desvelado estos días en el periódico, lleva 49 millones ingresados vía réditos de una institución portuaria que lo que necesita es desahogo.
Y de la autopista del mar poco más se puede decir, salvo que mientras estamos a la espera de que el proyecto de Riva salve los obstáculos para recuperar el enlace con Nantes-Saint Nazaire, el ferry de Vigo, en el que hubo gran empeño ministerial, tiene captado prácticamente todo el tráfico que había conseguido Gijón y sigue aumentando su carga de mes en mes. Quiero decir que difícilmente puede llegar a tener viabilidad la línea si el mercado natural al que iba dirigido está ya esquilmado.
Por ello no es de extrañar que cuando vengan los emisarios capitalinos con el ánimo de aclarar todos esos malos pensamientos se encuentren con una buena queimada a modo de recibimiento para ahuyentar los espíritus. Ya saben, aquello de «mouchos, coruxas, sapos e bruxas…».

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Muelle ‘collection’
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Ángel M. González | 08-07-2016 | 16:45| 0

El sector turístico gijonés entra en el mes de julio de la mejor manera que lo podía hacer, con hoteles repletos, ambiente, buen tiempo y unas perspectivas para todo el verano que llevan a la conclusión de que volveremos a batir el récord de ocupación esta temporada, de la misma manera que España tiene previsto alcanzar los 70 millones de visitantes si el ‘Brexit’ lo permite, por supuesto. El optimismo es gratis y entrar con buen pie, como ha ocurrido en este fin de semana de fiesta y sociología, lo acentúa sin duda alguna.
El entusiasmo, sin embargo, no oculta las carencias que continúa padeciendo esta actividad, quizás la que más potencial tiene de crecimiento de cuantas se desarrollan en la ciudad y en Asturias. El déficit de las comunicaciones, el mal endémico que somos incapaces de solventar, con aviones contados, sin AVE, un servicio de cercanías nefasto y sin conexión marítima hacen que el despegue del turismo sea simplemente un milagro. La escasa afluencia de extranjeros, la baja presencia de ofertas entre operadores nacionales e internacionales y los problemas de desestacionalización se derivan, sobre todo, de esa dificultad para conectar con el mundo. Hemos mejorado en carreteras, pero en el resto de medios seguimos como hace treinta años.
Por ello, cualquier iniciativa que suponga potenciar lo que tenemos para favorecer el turismo como motor económico y de empleo hay que darle la bienvenida y recibirla con incienso. El hotel de cinco estrellas es una vieja aspiración. Resulta inconcebible que el municipio turístico por excelencia de esta región, capital de la Costa Verde, villa de la Ruta de la Plata, la ciudad más dinámica y con capacidad de atracción del verano en Asturias, siga careciendo de un establecimiento de alto standing en su catálogo hotelero. Si nos quedamos en cuatro, de cuatro seguiremos siendo destino.
Un empresario avilesino, de la mano de una cadena solvente, ha planteado convertir la centenaria sede de la Autoridad Portuaria en el Muelle en un hotel de lujo tipo ‘Collection’. Un cinco estrellas en la falda de la Atalaya, junto al puerto deportivo, en un edificio noble ahora muerto de risa. Con este proyecto, a la institución portuaria le ha tocado la lotería. Mantiene el patrimonio, se lo mejoran y percibe una renta todos los años por un inmueble que desde su cierre lo único que genera es gasto y grietas viendo pasar el tiempo. Es bueno para la administración de El Musel y buenísimo para Gijón que aparezcan promotores que confíen en las posibilidades de la ciudad y tomen el relevo de otros proyectos similares que resultaron fallidos, con arquitectos estrella y habitaciones piloto incluidos.
Sin embargo, viene un ente llamado Puertos del Estado, dependiente del mismo ministerio que frena la llegada de la alta velocidad, el ferry o una Feve moderna y útil, y le pone la proa a la idea porque lo que quiere es convertir en líquido todo aquello a lo que cree que puede sacar tajada. Tengo aún la esperanza de que alguien en Madrid recapacite porque, de lo contrario, habría que empezar a pregonar que es verdaderamente cierto eso de que con respecto a los gallegos en cuestiones de fomento somos de segunda.

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El camino de la ‘Millona’
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Ángel M. González | 26-06-2016 | 19:06| 0

Me gustaría saber lo que se les pasa por la cabeza a las personas que cuando estaban vinculadas al campus y al ayuntamiento impulsaron en los ochenta lo que conocemos como Parque Científico Tecnológico al ver hoy que aquellos praos de Cabueñes se han convertido en un polo de empresas avanzadas, generador de riqueza, exportador de ideas y servicios, donde se concentra una buena parte del talento de la región. Aquellas personas que, por suerte para todos, visionaron lo que treinta años después se ha convertido en el pulmón del conocimiento empresarial y de la innovación en un momento económico y social complicadísimo por las duras reconversiones de los sectores tradicionales, cuando nadie daba un duro por nuestro futuro industrial. Pues bien, el Parque Científico, la Milla por extensión, tiene que ser motivo de orgullo para todos los gijoneses. Yo diría que, pasado el tiempo, empieza a formar parte de esas enseñas de la ciudad que nos distingue, de todo aquello de lo que podemos presumir, como el puerto o la playa. Representa la imagen del Gijón moderno, el resucitar de un municipio peleón en busca de su transformación. La Milla del Conocimiento, el Parque y todo lo bueno que le rodea, va camino de convertirse en la ‘Millona’, como lo es El Molinón o la Escalerona.
La Asociación de Antiguos Alumnos del Instituto Jovellanos decidió esta semana concederle el premio Campanile por su contribución al progreso de la ciudad. La entrega de esta distinción es un buen momento para expresar el reconocimiento colectivo a lo que ha sido, sin ánimo de exagerar, la mejor labor que se ha hecho en esta villa en respuesta a la reconversión permanente. Un proyecto de factura exclusivamente municipal que fue asumido como suyo de verdad por el Ayuntamiento, independientemente del color y de la ideología gobernante. No en vano no hubo en este país iniciativa de estas características que fuera emprendida en solitario por una administración local de la misma manera que lo hizo el consistorio gijonés. Esa ha sido una de las claves del éxito. Otra, sin ninguna duda, la interrelación con el campus, la gran factoría de profesionales de la ingeniería y de la innovación.
El resultado de todo ello, desde que el Parque se pusiera en marcha hace ahora dieciséis años, es la realidad que hoy conocemos: 137 empresas instaladas, más de 4.000 empleos, 1.600 millones de euros al año en facturación, una aportación al PIB regional del 7%, el 25% de la inversión en I+D de Asturias y el 22% de las exportaciones. Un polo prestigiado por las firmas que alberga y que da prestigio a quien en él se instala.
Hay muchas cosas pendientes de acometer para favorecer su desarrollo y conseguir que el proyecto de la Milla sea más grande. Menciono solo dos. Blindar su crecimiento consiguiendo más espacio en la zona de la antigua Pecuaria y la finca de La Formigosa, es decir que lo que ya está previsto no se quede en un boceto, y lograr una mayor transferencia de tecnología, o sea que el trabajo de los equipos de investigación que se asientan en este enclave llegue al mercado. Dos retos para una buena causa.

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Lo que diga la gente
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Ángel M. González | 26-06-2016 | 19:04| 0

En esta singular semana, a la amenaza de nuevas nubes de carbón y al descubrimiento de las fisuras secretas del emisario de Peñarrubia que sueltan la porquería a cuatrocientos metros de la playa, se ha añadido la aparición de los cangrejos rojos en el estanque animalario de la plaza de Europa. Los crustáceos de marras forman parte de esas situaciones sobrevenidas a las que nos estamos acostumbrando en Gijón, de la misma manera que lo han sido el mineral volador y la falta de depuración de los efluvios.
Si algo caracterizó el primer año de mandato municipal de la segunda ‘era Moriyon’ fueron precisamente, las circunstancias ambientales, en una interpretación libre y amplia de lo que le ha rodeado al gobierno. Las circunstancias del medio natural en el que vivimos, nos movemos y respiramos, las circunstancias por la situación social y económica derivada de la gran recesión y las circunstancias por la composición política del propio ayuntamiento. A mi entender, todo lo que ha venido aconteciendo en el ámbito consistorial ha tenido que ver, de una manera u otra, con esas tres tensiones del ecosistema. La prórroga presupuestaria, el gasto social, el caso de las fachadas, la parálisis eterna del plan de vías, la tramitación del plan urbanístico… Todo.
No creo que la tendencia de la mandataria se puede tildar de ‘podemización’, como sostienen populares y liberales cuando critican la actitud de la primera edil y de su equipo gubernamental. Ni en Xixón Sí Puede se ha producido la ‘forofilia’ para convertirse en muleta de Moriyón, como aprecian los socialistas. Más bien entiendo que lo que sucede en el Ayuntamiento es que cada vez se están socializando más las decisiones, aspecto, por otro lado, que entra dentro de las reglas normales del juego cuando se tiene que tender la mano para que alguien te la coja con el fin de hacer frente a aquellas circunstancias.
La socialización una veces se producen con unos actores y otras con otros, depende de la que se quiera socializar, de tal manera que a lo largo de estos doce meses hemos visto en el Ayuntamiento mayorías de derecha e izquierda, mayorías de izquierda y centro, mayorías solo de izquierda o plenas mayorías.
Esta socialización de las decisiones, además, se ha extendido a la ciudadanía mediante los canales de participación. La gente, un término que se ha convertido en más que una suma, algo así como un ente con sensibilidad determinada, depende de quien la interprete, expresa todo lo que se le ocurre sobre ordenanzas, equipamientos o cuentas. Lo que la gente piense, lo que diga la gente.
Y mientras las ideas reciben la bienvenida en la casa común de la plaza Mayor, que cada vez es más casa de todos, hay quien todavía mantiene la escopeta cargada para provocar el cambio en el sillón. ¿Qué hacemos con los cangrejos rojos? ¿Dejamos que nos invadan o los socializamos? Pues lo que diga la mayoría ciudadana.

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Las reclamaciones de la burbuja
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Ángel M. González | 13-06-2016 | 17:50| 0

En Oviedo, los legados acaban con la hacienda. Ya lo advirtió el alcalde capitalino esta semana cuando conoció el mazazo de la ‘Operación de los palacios’. El Ayuntamiento está cayendo en una situación financiera crítica por los pufos que dejaron quienes mandaron antes de que el gobierno de las tres partes se hiciera con las riendas del Consistorio carbayón.
Con lo que tiene que pagar por los desatinos de Villa Magdalena y del Calatrava, en total más de 52 millones de euros, el bueno de Wenceslao se queda sin dinero para inversiones municipales durante todo lo que le resta de mandato. Ello sin tener en cuenta lo que aún está por venir. Menuda herencia la que han recibido los ovetenses de don Gabino el laico y el señor Caunedo. Hasta la lideresa del partido se ha desmarcado pidiéndoles responsabilidades, no vaya a ser que el caso salpique.
Pues bien, hay quien aventura, quizás para desquitarse, que en Gijón puede ser todavía más gordo. La culpa, el plan urbanístico. Las reclamaciones patrimoniales por los cambios en la calificación de los praos de Castiello, Granda y Vega-La Camocha pueden alcanzar los 200 millones de euros. Es decir, casi todo el presupuesto municipal. Por lo tanto, yo estaría preocupado.
El nuevo PGO no permite construir villas ni palacios, pero tampoco pisos en aquellas parroquias donde hace ocho años unos cuantos empresarios, gente adinerada, se hicieron con terrenos al calor de la burbuja para multiplicar los panes y los peces. Sin embargo, fueron más listos los paisanos, aquellos que vendieron y cobraron, claro. Estos socios de las juntas de compensaciones piden ahora eso, compensación, por no poder embolsar la recompensa.
Hasta el momento, los recursos de los constructores exigiendo daños y perjuicios por la supresión de los urbanizables no fueron atendidos en los tribunales, pero insisten en agotar las vías ante la imposibilidad de recuperar, si quiera, el dinero de la compra. Reclaman una indemnización a la Administración local, gastos incluidos, hasta el del registro de la propiedad si cabe, con un argumento tan peculiar como el de las expectativas incumplidas cuando no valoraron suficientemente los riesgos de unas operaciones al amparo de unos planes, los dos PGO con sello socialista, que ya estaban amenazados con ser tumbados por la judicatura.
Ni se llegó a parcelar ni a poner una tubería, por lo que aquellas fincas que iban a ser el maná, con la edificación de miles de viviendas, ahora solo sirven para hierba o cultivar patatas. Lo bueno que tiene la Justicia es que, al final, pone a cada uno en su sitio. Es lo que está ocurriendo en Oviedo. Y si en Gijón alguien cree tener derecho a haber obtenido el lucro porque el papel lo permitía, pues es competencia de los jueces que lo aclaren.

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La parcelona de Naval
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Ángel M. González | 13-06-2016 | 09:59| 0

La transformación de la fachada marítima del oeste para uso y disfrute de todos los gijoneses supone una de las grandes operaciones de cirugía urbanística pendientes de acometer en esta ciudad. La posibilidad de darle continuidad al paseo desde Poniente hasta el Arbeyal, completando la maravillosa ruta abierta al mar desde la Ñora, es una aspiración irrenunciable.
El plan urbanístico representa una gran oportunidad para establecer las pautas del diseño de esa parte del litoral, ahora tan degradada y que pide a gritos una actuación. El consenso es fundamental para que la intervención sea viable y el acuerdo tiene que partir de dos premisas absolutamente fundamentales: el compromiso adquirido con quienes durante los años duros de la reconversión velaron para que el suelo liberado de Naval Gijón no fuera objeto de especulación y el blindaje industrial de los espacios ocupados por El Tallerón y Astilleros Armón, sin duda alguna.
En el caso de Naval Gijón, la propuesta municipal plantea convertir la catalogación de esos terrenos, cuya propiedad recae en un 65 por ciento en la Autoridad Portuaria y el restante 35 por ciento en la sociedad de reconversión de los astilleros Pymar, en uso de carácter terciario. Es decir, que la parcelona de 63.000 metros cuadrados pueda albergar establecimientos hosteleros, de ocio, comerciales y oficinas, pero nada de viviendas residenciales u hoteles, que podrían incrementar el valor del suelo en primera línea de costa con vistas a la atalaya, pero quebraría el espíritu de los ‘lunes al sol’.
El planteamiento del PGO recibió alegaciones de partidos y sindicatos, que en el fondo refuerzan el destino previsto, aderezado si queremos con ideas como el desarrollo en ese área de la llamada ‘economía azul’. La aportación de los vecinos de Poniente, por el contrario, defiende un modelo distinto, basado en la construcción de pisos amables con el entorno y zonas verdes que permitan compactar la ciudad y fijar población.
La petición vecinal no es descabellada, puede incluso encajar en un proyecto global siempre que ese espacio residencial represente una pequeña parte de toda la actuación sobre el suelo que ocupaba el antiguo astillero y se conciba como transición suave hacia el resto de equipamientos que den vida a la zona.
Desde luego, la concepción que finalmente se decida para todo ese área, esencial para la extensión de la trama urbana gijonesa, tiene que conseguir que sea atractiva para la inversión empresarial, sin la cual sería imposible lograr su revitalización urbanística, para el desarrollo de actividades vinculadas a los servicios que generen movimiento y empleo, y para el deleite de la ciudadanía, de tal manera que pasear por lo que fuera el viejo dique reconforte el espíritu y revitalice la memoria.

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Carta a los refugiados
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Ángel M. González | 31-05-2016 | 17:15| 0


Carta abierta a los refugiados. Bienvenidos a Asturias. Esta es vuestra tierra de acogida. Llegáis huyendo de países en guerra, masacrados por el fanatismo, donde la vida ni siquiera es un derecho. Y aquí teneis ahora la oportunidad de ser personas, de desarrollar un proyecto vital, entre los asturianos, que son gente integradora, que conoce vuestras penurias y que se vuelca a la hora de desplegar los lazos de amistad y solidaridad con los más necesitados, con los deprimidos y con quienes, como vosotros, buscan amparo ante tanta crueldad e injusticia.
Cerca de un millar de personas han pasado por esta región en una situación parecida a la vuestra en los últimos años. Estáis en vuestra casa. Echad aquí vuestras raíces porque la necesidad es mutua. Y que la estancia sirva para seguir abriendo las puertas a quienes sueñan simplemente con vivir en paz y armonía.

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La vía es la cordura
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Ángel M. González | 31-05-2016 | 11:08| 0

La historia del saneamiento de las aguas negras del Este de Gijón es un cúmulo de incompetencias, errores, tropelías y fiascos que sólo se pueden atribuir a quienes gobiernan las instituciones con irresponsabilidad y despotismo. La osadía con la que se llevó adelante la gestión de la ‘plantona’, primero, y de la depuradora, después, quedará anotada en el haber de sus protagonistas.
Resulta inconcebible que después de un periplo de más de veinte años nos encontremos ahora en la misma situación de partida en cuanto al tratamiento de los residuos de la mitad de los ciudadanos de Gijón. Son de una incredulidad manifiesta los argumentos esgrimidos por responsables de las administraciones implicadas para justificar la cadena de decisiones que se fueron adoptando hasta llevarnos de vuelta al punto de salida. Se han sepultado decenas de millones de euros mientras manteníamos vivo un engaño, desenmascarado por unos tribunales que lo único que han hecho fue atender a la razón de unos vecinos que se defendieron del atropello con la ley en la mano, la misma que se saltaron a la torera quienes acusan ahora de hacer aspavientos a los que reclaman una solución.
Pues claro que hay que resolverlo. La depuración de las aguas no es sólo una obligación medioambiental, algo que tengamos que acometer porque si no vienen los hombres de negro de la UE y nos meten un buen clavel, sino que es un derecho sin excepción alguna, consustancial a la salud, al bienestar y al ecosistema.
Hay que buscar una solución con sensatez, dejando a un lado la refriega política e institucional, con la colaboración de todos, incluso diría yo de quienes tienen la capacidad para ceder en favor del interés general, que es el de los gijoneses, con el compromiso de su reconocimiento. Actuemos con cordura para tender cuanto antes al arreglo, sin dejar pasar más tiempo, y ya llegará el momento de pedir responsabilidades por este descomunal desaguisado.

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