El Comercio
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La agenda del tren
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Ángel M. González | 14-11-2016 | 10:40| 0

De don Íñigo de la Serna destacan su municipalismo, voluntad negociadora y sentido común, tres virtudes sumamente necesarias para que el flamante ministro de Fomento afronte con solvencia los proyectos ferroviarios pendientes en esta región y el cúmulo de despropósitos en la variante de Pajares, abocada a convertirse en la obra con mayor sobrecoste de la historia de este país. Don Íñigo es ingeniero de caminos, sabe de medio ambiente, ejerció responsabilidades políticas en esta materia y además se le supone, de mano, esa capacidad natural para decidir de forma razonable el impulso que requieren las infraestructuras del tren en Asturias. Necesitamos un ministro que, de una vez por todas, actúe con firmeza y eficacia. Ni buenas palabras, ni falsas promesas, ni que nos llevamos bien o mal unos y otros. Comprometerse y cumplir los compromisos.
La llegada de la alta velocidad es un objetivo incuestionable, pero sin renunciar a nada de lo que se ha venido poniendo sobre la mesa se tendrían que definir con claridad las prioridades para conseguir unas comunicaciones ferroviarias propias del siglo en el que nos ha tocado vivir. Un sistema de transporte rápido, seguro, avanzado, competitivo, sostenible y respetuoso con el entorno.
La primera prioridad, no cabe duda, es finalizar cuanto antes la variante. La puesta en marcha de los túneles tiene que ser el primer apunte de la agenda de tareas inmediatas del nuevo titular de la cartera de Fomento. Las previsiones más optimistas apuntan a que nos queda todavía como mínimo un año para que se abra uno de los dos corredores. Ojalá no se alarguen más los plazos.
Luego, en teoría, se tendría que completar el trazado de AVE desde Lena hasta Gijón, pero sobre esta actuación se puede abrir una reflexión. No voy a decir, como lo hizo hace más de seis años el entonces líder de la patronal asturiana, Severino García Vigón, en una entrevista con este diario, que el AVE entre estos dos puntos es un lujo, aunque quizás sea el momento de repensar si tenemos que incluirlo en el máximo nivel de preferencias.
Las dos fases del trazado, de Lena a Oviedo y de Oviedo a Gijon y Avilés, incluida la ‘Y’ ferroviaria en Villabona, tienen un coste inicial que ronda los 1.600 millones, casi tanto como el presupuesto estimado de la variante cuando se puso la primera dovela en el año 2004 y que ya supera el doble.
Los proyectos en cuestión recibieron 178 alegaciones, tienen una amplia contestación social por parte de los vecinos de muchos de los pueblos afectados, prevén extender la nueva vía con más de una veintena de túneles y viaductos, llevarse por delante un montón de viviendas y atravesar acuíferos y pozos mineros, como relataba esta misma semana Ramón Muñiz en este periódico. Y además no resuelven los accesos a las ciudades. La inversión que requerirá, pues, será infinitamente superior.
Estamos aún a tiempo para llevar a cabo la reflexión aprovechando el cambio ministerial. De todo lo que se tiene previsto acometer puede que tenga cierta prevalencia la variante de Villabona con el fin de resolver el cuello de botella ante una falta de capacidad para absorber el más que probable aumento del tráfico de mercancías y viajeros. Sobre el resto habría que meditar si merece la pena tal desembolso y destrozo medioambiental para ahorrar diez o quince minutos de viaje a Madrid con toda la vía de altas prestaciones extendida desde la puerta de casa.
Por lo tanto, la segunda prioridad podría ser destinar ese dinero a mejorar lo que ahora tenemos en todo ese tramo, por supuesto, y a relanzar los servicios de cercanías para conseguir una buena comunicación metropolitana en la zona central de Asturias y con las alas. Abierto Pajares, la modernización de toda la red ferroviaria interna de la región es urgente e irrenunciable. Y esa transformación no se debe acometer sin antes definir y ejecutar el plan de vías de Gijón, que incluye la utilización del túnel del metrotrén desde el Humedal hasta Viesques.
No se puede concebir el desarrollo de un programa de conexiones de proximidad sin tener resuelto el proyecto de esta ciudad que, al fin y al cabo, es la que mayor tránsito aporta y la que garantiza la viabilidad de todo el sistema. Para ello es imprescindible la apuesta firme y concreta de Fomento. No todo tiene que estar condicionado a la obtención de plusvalías por la venta de terrenos. En Madrid se encuentra el jefe de estación al que compete ordenar la salida. El deseo es que el señor De la Serna haga sonar pronto el silbato.

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Las camas de Cabueñes
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Ángel M. González | 11-11-2016 | 17:55| 0

Las esperas de pacientes en camillas y sillas de ruedas en los boxes de urgencias del Hospital de Cabueñes por falta de habitaciones mientras permanecen cerradas dos plantas desde el verano pone de manifiesto la dificultad que muchas veces padece el sistema sanitario para adaptarse a la demanda con agilidad y eficacia. La situación generada esta semana no es exclusiva del hospital gijonés, se produce lamentablemente con excesiva frecuencia en otros centros hospitalarios de la región y del país por la presión asistencial, la contención del gasto, el deficitario manejo de los recursos y, en algunos casos, el escaso compromiso profesional.
Estos cuatro factores, digamos, confluyeron en Cabueñes durante estos días de mayor afluencia sin que los usuarios obtuvieran la respuesta plenamente satisfactoria. El malestar y las quejas de familiares y enfermos son entendibles, al igual que la supresión de camas en aquellos periodos de menos ingresos hospitalarios como medida de ahorro, pero siempre y cuando se lleve a cabo sin menoscabo de la asistencia.
En el hospital gijonés se echó en falta la reacción ante un incremento de la demanda pese a que existen posibilidades y recursos disponibles en el área para hacer frente a momentos así de carácter coyuntural. La mejora en los tiempos de las altas, una gestión más ágil de las habitaciones o la desviación de pacientes a otros centros solo cuando es absolutamente indispensable son algunas de las acciones que pueden evitar que la persona que vaya a ingresar no tenga que aguardar horas y horas para que le preparen la cama.
En definitiva, más dinamismo y decisión. Tenemos la mejor sanidad pública del mundo, pero también muchas cosas que perfeccionar.
La reforma y ampliación del hospital que tiene previsto acometer el Principado no solucionará por sí sola este tipo de situaciones. La remodelación, cuyas obras en una primera fase coincidirán en 2018 con la celebración de los cincuenta años del primer edificio, pondrá orden desde el punto de vista físico y funcional a un centro que fue adquiriendo dimensión a base de añadidos. En ese sentido, el proyecto es una necesidad y resulta bienvenido por prioritario para una comarca que aporta la tercera parte de la población sanitaria de Asturias. La imagen que ahora ofrecen determinados servicios, el de urgencias por ejemplo, donde se mezclan pacientes de todas las edades, acompañantes y personal en salas y pasillos, no es la mejor muestra de un hospital moderno y contribuye a trasladar una mayor sensación de caos y saturación.
El nuevo Hospital Universitario de Cabueñes tendrá una distribución de espacios más racional y corregirá los problemas de comunicación que existen ahora, de tal manera que la percepción, al menos, promete ser distinta. Y también prevé aumentar el número de camas, 115 plazas más, para atender el crecimiento que se espera en un futuro que está a la vuelta de la esquina como consecuencia del envejecimiento de la población. Es decir, el centro va a tener que hacer frente a una presión cada vez mayor por parte de los usuarios.
Por lo tanto, sus gestores y, sobre todo, los profesionales, en todas sus categorías y funciones, tendrán que esmerarse para cambiar la cultura de trabajo que han venido practicando hasta ahora con una mayor corresponsabilidad. Empecemos a andar ese camino si queremos un hospital más eficaz, tecnológico y confortable.

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Cirugía en El Natahoyo
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Ángel M. González | 27-10-2016 | 11:29| 0

Hace un par de años, por estas mismas fechas, el Ayuntamiento manejaba unas notas preliminares para el plan urbanístico que consideraban el suelo de Naval Gijón como una gran mancha residencial. Aquel borrador que guardaba como oro en paño la señora Lucía García, entonces concejala de la materia, no llegó a ver la luz porque una persona avezada, con diligencia y sentido común, se apresuró a tildar de error mayúsculo lo que figuraba en aquel papel, es decir, la posibilidad de construir pisos en los terrenos del astillero. Lo que estaba llamado a ser una metedura de pata política fue plenamente corregido en el documento de mayo del año pasado que sirvió para la aprobación inicial del plan general, donde Naval Gijón se convertía en «un espacio de elevada renta de situación para actividades económicas terciarias». Así de textual lo reflejaba el compendio, que añadía, además, que El Tallerón y Armón «pueden ser a largo plazo la continuación de este nuevo centro de servicios».
El PGO en tramitación transforma el suelo que ocupaba el antiguo astillero de industrial a terciario, donde tienen cabida desde espacios verdes, establecimientos de hostelería, empresas de servicios o equipamientos dotacionales. Es decir, nada de viviendas ni hoteles, que podrían dar lugar a pensar de que en la zona que inspiró ‘Los lunes al sol’ se permitiría la especulación. El veto, por lo tanto, se respeta, independientemente de que las fichas que desarrollen el plan se miren con lupa por si se cuela algo.
Ahora bien, el suelo de Naval Gijón tiene en estos momentos dos propietarios, el Puerto y Pymar, la sociedad de reconversión de los astilleros. La Autoridad Portuaria ha decidido sacar a subasta su parte de terreno por 5,4 millones de euros ante la imperiosa necesidad de hacer caja entre críticas políticas y sindicales por la precipitación en la medida. Sostienen que ni están definidos claramente los usos, ni está aprobado el plan urbanístico, ni fueron atendidas las reivindicaciones de los excedentes del cierre de la factoría, ni hay emplazamiento alternativo para la Semana Negra.
Es cierto que el PGO tiene aún por delante un año mínimo de tramitación y que, por lo tanto, la nueva catalogación del suelo carece de la bendición definitiva, pero parece difícil que la utilización del espacio que los rectores de El Musel ponen a la venta pueda ser cuestionada.
Por el contrario, merece un saludo todo lo que sea ganar tiempo en la búsqueda de una oportunidad que permita avanzar en el desarrollo urbanístico de la fachada marítima entre Poniente y El Arbeyal. El comprador tiene marcado de mano el destino de lo que está comprando. Para eso están las cláusulas.
El terreno que el Puerto pone en el mercado es el más próximo al mar; el que está en posesión de Pymar tiene características distintas por su emplazamiento. Aunque el tratamiento en el plan urbanístico es, en principio, el mismo, no sería descabellado reservar una franja para una actuación residencial suave que sirviera de transición hacia el espacio abierto que lleva a la bahía. Pura cirugía para un barrio prometedor.
La actuación tendría que ser concebida como continuación de lo que se hizo en Poniente y enlace con los tres planes de reforma interior que se proponen en El Natahoyo, que prevén la construcción de 440 viviendas. Una operación, además, que tendría que ir vinculada a la atención que demandan los últimos del naval. La nueva ubicación para la Semana Negra tiene solución. La de los excedentes condiciona que todo lo dicho tenga un buen resultado.

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Centralita central
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Ángel M. González | 18-10-2016 | 11:06| 0

Don Gabino el laico siempre consideró que Gijón era un pueblo. Lo demostró en varias ocasiones, una de ellas cuando vino a hacer campaña de su salto al Congreso con la boina calada hasta los hombros y enfundado en una gabardinona para posar en el Muro. Ahora, el señor delegado del Gobierno, en el ejercicio de sus funciones, decide llevar a cabo lo que la Dirección General de la Policía ya emprendió en otros lugares, el cierre de la sala del 091 para centralizarla en Oviedo bajo el control de la gran Jefatura Superior. El argumento es la economía que supone para el Ministerio del Interior la concentración de operadores aquí y en todas las poblaciones donde se está planteando, es decir, política nacional, sin atender a otros criterios como tiempos de respuesta, eficacia policial, flujo de avisos y otros indicadores que llevan a concluir el nivel de protección en el que nos encontramos.
En Asturias presumimos de que disfrutamos de los mayores índices de seguridad del país y de Europa si me apuran. Lo hemos escuchado en los últimos días durante las intervenciones del propio representante gubernamental y de los mandos por las conmemoraciones patronales de la Policía y de la Guardia Civil. Gijón está a la cabeza en los buenos datos y estamos orgullosos de ello. Sin embargo, una decisión como la que se emprenderá dentro de quince días puede darle la vuelta a la estadística, no porque aumenten los cacos y maleantes, sino porque se corre el riesgo de perder eficacia en las actuaciones de las patrullas.
Imagínense ustedes la ingente tarea que van a tener los dos o tres operadores de la ‘centralita central’ cuando reciban llamadas de Gijón, más de 5.000 al mes, junto a las de Oviedo, Avilés, Luarca, Mieres, Siero, Noreña, Grado, la Villa o Cabañaquinta. Pasan de atender una población de poco más de 200.000 habitantes al triple, que en el caso de esta ciudad se dispara durante los meses de verano.
En este asunto, Gijón está siendo tratada como el pueblo que, como decíamos, consideraba don Gabino. En este caso, lo que los gerifaltes de la Dirección General pintan como un ahorro no se trata más que un recorte cuyas consecuencias están aún por ver por mucho que intenten explicar que los ensayos ya se han producido en otros lugares.
El señor Dámaso Colunga, que de ello sabe algo, propuso incluso como alternativa la creación de una sala conjunta con el 092 de la Policía Local. Es decir, existen razones para la preocupación. Una centralita común permitiría mejorar la coordinación entre las dos polis, como es lógico, pero no parece que esté en la agenda de prioridades del Ayuntamiento, que sería el que tendría que costear el desarrollo de la idea planteada por el comisario. Por lo tanto, solo veo otras dos opciones, que el puesto de control de Moreda permanezca como está o que la concentración de salas de las siete comisarías de Asturias se hagan en dos, en Oviedo y en Gijón. Como el señor delegado no va a tener en cuenta ninguna de estas posibilidades, solo nos queda desear éxito en el empeño por el bien de todos y que, al menos, en lugar de sobrantes tengamos más custodios.

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Memoria de la Laboral
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Ángel M. González | 10-10-2016 | 20:33| 0

La Universidad Laboral, ahora llamada Laboral Ciudad de la Cultura, fue construida con la puerta principal de espaldas a Gijón para que se pudiera contemplar todo su esplendor antes de entrar, y a espaldas convivieron villa y edificio durante casi medio siglo. Así hasta hace quince años, cuando la Laboral, tan apreciada por quienes tuvimos la suerte de formarnos allí y tan injustamente denostada por ajenos con sentimientos sectarios, cambió de manos y el nuevo regente tuvo la idea de rehabilitar el monumento, rescatarlo de los malos pensamientos y darle nuevos contenidos a este inmenso contenedor para disfrute de la ciudadanía en general. Un acierto, independientemente del debate sobre si el plan de usos diseñado entonces era o no mejorable.
Transcurrido el tiempo se puede concluir que el imponente edificio ha cobrado una nueva vida y su conexión con la ciudad se ha estrechado de forma notable. Por sus pasillos transitan a diario cientos de personas que acuden a los centros educativos que tienen allí su sede o a las actividades culturales que allí se programan, seminarios, congresos, eventos y reuniones. Es cierto que se quedaron algunos proyectos por el camino, el fallido hotel de cinco estrellas, o con escasa respuesta, como el aprovechamiento residencial de los minipisos, pero aunque todo puede parecer poco, menos era la nada.
La asociación de antiguos alumnos, que estos días ha iniciado un ciclo de conferencias en el Ateneo Jovellanos para revitalizar la memoria y los valores educativos transmitidos en aquella ‘fabricona’ de profesionales y talento desde mediados de los cincuenta, ha puesto sobre la mesa una idea que creo digna de consideración por parte de quienes llevan las riendas de la gestión. Propone que se habilite un espacio para una exposición permanente que reconstruya sin complejos la historia del edificio y su labor formativa con el fin de que el recuerdo no se quede sólo en la mente de los 60.000 estudiantes que pasaron por sus aulas.
Una buena iniciativa, continuación de la muestra que de forma tan exitosa llevó a cabo hace un año y que se suma a otro hito en el reciente devenir de la Laboral, logrado igualmente gracias al empeño de la misma asociación, la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) el pasado mes de mayo. El reconocimiento no es baladí, protege el complejo de los desaguisados, alguno en su entorno ya se llevó a cabo, y tuvo como primera consecuencia que allí no se celebrara, por ejemplo, un festival de gastronetas. La idea de los antiguos alumnos, ya digo, resulta atractiva para enriquecer los contenidos del singular monumento diseñado por Luis Moya, que Gijón y Asturias tienen la fortuna de conservar, con la puerta abierta mirando al sur y con todos y cada uno de sus sorprendentes elementos.

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Apuntes de un debate
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Ángel M. González | 04-10-2016 | 11:04| 0

Frente a la opinión de quienes consideran que los debates sobre el estado del municipio, de la región o del país son esos días en que los políticos de uno y otro signo se tiran los trastos a la cabeza sin tomar decisión alguna y de escasa utilidad para la ciudadanía, sí creo que ayudan a tomar el pulso a quienes nos representan para establecer un diagnóstico tanto sobre su tarea de gobierno como sobre su labor de oposición. En la sesión que hubo esta semana para radiografiar la situación municipal se pueden extraer numerosas conclusiones y aunque la más evidente es que nunca llueve a gusto de todos, me referiré a cuatro aspectos que marcaron la discusión y condicionan, a mi entender, la ejecutoria consistorial.
El estado asistencial. Puede que Gijón sea una de las ciudades medianas de este país con mayor red de asistencia social. El gasto en esta materia se ha multiplicado de manera considerable con la depresión para atender las necesidades vitales de familias enteras en situación precaria, de pobreza y exclusión. Los planes de empleo también han formado parte de ese conjunto de medidas, como las becas de comedor, las de libros, la teleasistencia, las ayudas al pago de la luz, las ayudas al alquiler de una vivienda, etcétera. Mantener esa red requiere ingentes recursos y una capacidad de administración a prueba de bomba. La alcaldesa, en el debate, expuso todas las cifras que demuestran la realidad de la que estamos hablando, pero también se aprecia la necesidad advertida por la oposición de mejorar la gestión de todo el entramado de acciones, ordenar lo que existe, adaptarlo a la demanda real por arriba o por abajo y agilizar el nivel de ejecución.
La parálisis municipal. Es de lo que más se quejan los grupos políticos, de izquierdas y de derechas, a la hora de enjuiciar al equipo de gobierno. En el paquete incluyen la falta de desarrollo de los programas sociales pero también un listado amplio de acuerdos adoptados en el pleno, de lo más variopinto, cuya desatención eleva el porcentaje de desagrado. Más que parálisis, tenemos un ayuntamiento encorsetado, con andar de tortuga en algunas materias, víctima de su propia debilidad, pero también de los filtros por los que tiene que pasar cualquier papel o decisión en todas las administraciones. Para lo bueno y para lo malo, los ayuntamientos están ahora más intervenidos que nunca. Quitando algún tema puntual, en la supuesta parálisis hay cierta corresponsabilidad.
El modelo de ciudad. Es un concepto difuso o poco aclarado. En la pluralidad municipal hay grupos que critican tal ausencia como una falta de rumbo. Antes podría estar definido por las grandes actuaciones. Ahora no existen proyectos estrella, pero sí proyectos estrellados. Véanse el plan de vías, la depuradora o la regasificadora, asuntos domésticos que se dilucidan fuera de casa. El gobierno local está más ocupado en gestionar lo que hay y dar utilidad al patrimonio que en desarrollar grandes emprendedurías. Además, la mayor parte del tiempo, tiene que atender imprevistos, nubes, manchas y toda clase de tormentas. Actúa a salto de mata. Ahora bien, en tramitación hay planes donde se establece, sin ninguna duda, un modelo, hoja de ruta o como queramos llamarlo. Uno de ellos, de suma importancia, el PGO.
El cambio de gobierno. La falta de entendimiento en la izquierda no ha sido superada. Los argumentos que impidieron el acuerdo en junio del año pasado entre las tres formaciones continúan vigentes. Por lo tanto, a priori, resulta difícil que sea atendida la llamada de Izquierda Unida para buscar puntos en común que permitan el desalojo de Foro. Pero como todo cabe en esta villa puede ocurrir que, al sentarse en la mesa para volver a discutir lo ya discutido, decidan que el ‘hombre bueno’ de la historia lidere la confluencia.

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El califato municipal
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Ángel M. González | 30-09-2016 | 15:34| 0

Los munícipes con mando en plaza han decidido dar un revolcón a la estructura organizativa del Ayuntamiento y entidades dependientes porque tal como está hoy le cuesta atender las necesidades de una administración moderna, con una buena gestión de los recursos humanos y con capacidad para dar respuesta rápida y eficaz a las demandas de los ciudadanos. Es decir, el organigrama actual ni tiene contento al personal ni satisface plenamente al administrado. El caos se esconde en un orden aparente.
La institución pública, esta casa de todos regentada por políticos y comandada por funcionarios, se ha convertido con el paso del tiempo en la ‘gran empresona’ de Gijón, con su matriz y sus filiales, una empleadora de 2.500 personas, incluidas las que no entraron por oposición, que dedica a nóminas el 40 por ciento mínimo del presupuesto disponible por el Consistorio.
El crecimiento en los últimos treinta años ha sido tremendo. Se fueron abriendo despachos y creando servicios a tutiplén por la presión de la gente y de su propia plantilla, conforme iba asumiendo nuevas competencias e incrementando el papeleo. Después, la obsesión por acercar más lo que ya se tiene cerca, de tal manera que se pasó de estar todo en la plaza Mayor a llevar oficinas hasta la puerta de casa por aquello de una descentralización hasta el extremo. Y luego la incapacidad para dar marcha atrás, que obligó a mantener estructuras pese a haber desaparecido incluso su contenido. Gigantismo, inmovilismo y burocracia, los tres males del asunto que tratamos. A ello se añade un cuarto factor que acrecentó el problema, la nefasta política de personal.
El diagnóstico realizado por la consultora que contrató el Ayuntamiento para que certificara lo que se veía nada más rascar un poco ha sido demoledor con simplemente poner todo el relato junto en un papel. Ni flexibilidad, ni adaptación, ni carrera profesional, ni planes de formación, ni incentivos, ni motivación, ni mejora continua, ni excelencia. Hay jefaturas sin personal, personal sin jefaturas, directivos sin experiencia, ausencia de liderazgo… Existe un enorme individualismo, se trabaja mirando de reojo, sin saber a veces lo que está haciendo el compañero y mucho menos el resto de los servicios, fundaciones, patronatos y empresas municipales. Los técnicos por un lado, los administrativos por otro. La coordinación brilla por su ausencia. Vamos, si el funcionariado funciona lo hace de milagro.
A partir de todo ello, el gobierno en minoría plantea coger el toro por los cuernos y cambiarlo de arriba a abajo. La propuesta esbozada esta semana por la concejala de Hacienda pretende romper la actual estructura para «acabar con los reinos de taifas», en palabras de la señora Ana Braña. O sea, reconstruir el califato municipal poniéndole orden, agrupándolo y aclarando las jerarquías mediante departamentos, una nueva relación de puestos y tres ‘supergerentes’ que reportarán al consejo político. El proyecto, como es lógico, requiere el mayor consenso posible para que no quedar en un intento fallido de reforma y evitar que le cuelguen la etiqueta de herencia envenenada. Y lo más importante, para que cuando el administrado acuda a la ventanilla encuentre al otro lado a alguien que resuelva y, a poder ser, devuelva el saludo con una sonrisa.

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Hoja en blanco
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Ángel M. González | 20-09-2016 | 11:11| 0

Cuando todavía no ha empezado el partido se aventura, de mano, que vuelva a desembocar en prórroga. El gobierno local prepara el borrador de los presupuestos municipales para el próximo año que tendrá que servir de base para la discusión con el resto de los grupos políticos. En el ánimo del equipo de Carmen Moriyón está alcanzar un acuerdo que permita que Gijón tenga cuentas nuevas y no se vea en la complicada tesitura de tener que funcionar con otro aplazamiento, el segundo en la segunda etapa del mandato forista. Ahora bien, una cosa es el ánimo de quien gobierna en minoría y otra el que tenga la mayoría opositora. De momento, unos y otros son polos que se repelen.
Esta misma semana se puso de manifiesto que en cuestión de números el camino del entendimiento se encuentra aún muy lejos. El rechazo a destinar diez millones del remanente del año pasado a amortizar deuda del ayuntamiento con los bancos demuestra cuán diferentes son los criterios entre quienes tiene que gestionar las arcas y quienes determinan con la suma de sus votos el uso final del dinero. El portavoz municipal no cree que con la decisión se pueda hablar de situación de bloqueo, pero sí parece que la utilización que finalmente se haga del ‘cash’ determinará en buena medida el gasto y la inversión en 2017 teniendo en cuenta que los créditos, por norma, hay que pagarlos. He aquí una de las peleas.
Y otra que también empezó a traslucir puede venir por los ingresos. Los administradores del municipio plantean una congelación de tasas y precios de servicios públicos, que lógicamente viene de perlas para la ciudadanía especialmente cuando el escenario de inflación parece que está cambiando. La medida, además, se añade a la aplicación de un IBI revisado a la baja que es la envidia de Oviedo, cuyo ‘gobierno a tres’ se propone ahora meter el rejón a quienes por allí generan algo de riqueza. Bueno, pues el mayor grupo opositor le da una vuelta a la propuesta y la enreda.
El planteamiento es que se pague en función de los niveles de renta. A priori es difícil oponerse a la idea, pero el problema es cómo se articula con el control debido de todas las situaciones y sin poner en riesgo la salud financiera del Ayuntamiento. La propuesta tiene un coste evidente, que a lo mejor se contrarresta encareciendo las exacciones para otros colectivos, como en la capital de don Wenceslao. La negociación presupuestaria, por lo tanto, se presenta muy complicada, pero Moriyón y sus concejales no cesarán en el empeño de lograr un acuerdo porque de ello depende también que la debilidad en la que se encuentran sea algo más llevadera.
La alcaldesa dijo, en la entrevista que esta semana emitió Canal 10 conducida por Juan Neira, que estaba dispuesta a poner sobre la mesa «una hoja en blanco» en favor del consenso con tal de evitar lo que sucedió hace un año. Lo recordamos. Después de que el Gobierno local aceptara todas las enmiendas de unos y otros cuando llegó la hora de votar dieron la espantada. Un hecho de mundo insólito perjudicial para la ciudad. El deseo, esta vez, es que el papel una vez relleno no acabe en la papelera.

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El efecto de la manchona
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Ángel M. González | 20-09-2016 | 11:10| 0

El lunes la alcaldesa respiró tranquila al conocer los primeros resultados de los análisis de la porquería flotante entre Peñarrubia y La Ñora. Ya estaban los monstruos echándose encima cuando el microscopio determinó que aquella amalgama sospechosa era una mezcla putrefacta de ‘Asparagopsis armata’ y ‘Aequorea forskalea’, es decir, algas rojas y medusas en cristiano. No aparecían, por tanto, detritus humanos, desechos de cloacas, grasas y otras pestes, pero las manchas dichosas, con todo lo que tuvieron de alarma, hicieron un gran servicio a la ciudadanía.
Durante el verano el debate sobre el saneamiento de las aguas residuales quedó un tanto aletargado, aunque con la preocupación a flor de piel mientras miles de bañistas ocupaban las playas desde San Lorenzo hacia el Oriente. La manchona surgida como un espectro sirvió para volver a remover la imperiosa necesidad de que las administraciones solventen el desaguisado que originaron con la ubicación de la depuradora de El Pisón, el cierre de la Plantona antes de tiempo y las fisuras del emisario de Peñarrubia por las que se escapan ‘hilillos’ fecales por izquierda y derecha del litoral. La podredumbre dándose un baño fue como una bofetada en el despertar, pero solo para algunos.
Sinceramente da gusto ver, en este caso, como dos instancias van de la mano, al menos de cara a la galería, para exigirle al Ministerio de Medio Ambiente que aborde cuanto antes el asunto. Gijón reclama soluciones. Si el Ayuntamiento y el Principado gritan al unísono que el saneamiento es una cuestión de estado, alquien en Madrid, digo yo, tendrá que ejercer sus funciones, que en eso llevan casi un año, con el fin de que en este ‘affaire’ triunfe el interés general. De momento, la idea de recuperar el pretratamiento que se hacía hasta hace unos meses es lo más razonable.
Mientras la atención estaba puesta en lo que se avistaba en la mar desde la Providencia, en Aboño se arrancaba, a modo de pruebas, la desnitrificadora de la central térmica. La planta de EdP ha pasado de ser uno de los grupos de generación eléctrica más contaminante del país a pionera en España en la adopción de medidas para no adulterar el aire que respiramos. La instalación de la que hablamos permite reducir en un 80 por ciento las emisiones a la atmósfera de los óxidos de nitrógeno que se originan por la combustión del carbón en la caldera.
De la misma forma que tenemos que ser exigentes con las empresas para que reduzcan su impacto ambiental y contribuyan al bienestar, sin bajar la guardia en ningún momento, también debemos aplaudir cuando se hacen las cosas bien, como es en este caso. Por lo tanto, EdP está de enhorabuena.
Y para finalizar, siguiendo con temas relacionados con la mejora del hábitat, no alcanzo a entender bien lo que nuestros mandatarios municipales preparan con la Quinta La Vega, en Jove. Resulta que están dispuestos a pagar 1,3 millones de euros por este activo ahora en manos del puerto con el pretexto de convertir la noble casona de Nava en un vivero de empresas medioambientales.
Es decir, teniendo en cuenta que El Musel es una institución pública que adquirió la finca y rehabilitó los inmuebles con una inversión cuantiosa hace quince años, es como si los ciudadanos pagaramos dos veces por lo mismo. La dedución es una interpretación libre de la operación en ciernes, pero ¿no sería más factible que el propio puerto dedicara el edificio al uso que plantea el Ayuntamiento antes de gastarse todo ese dinero? O lo que es lo mismo, poner la Quinta La Vega a disposición de la ciudad como compensación a las molestias por el carbón volador.

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Con permiso del jardinero
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Ángel M. González | 05-09-2016 | 11:34| 0

En esta semana de transición hacia la ‘rentrée’, después de tanto ajetreo agosteño y tanta fiesta ocupando la agenda de los políticos, se produjeron varios hechos en esta ciudad, unos de mayor trascendencia y significado que otros, dignos de repaso a modo de miscelánea sin ninguna otra pretensión. El primero que me gustaría destacar es la apertura de la residencia de la Asociación Gijonesa de Caridad en Somió. Un centro para personas mayores sin recursos que constituye toda una expresión de solidaridad en una sociedad a veces terriblemente insolidaria con quienes sufren, aquí mismo, las penurias de una crisis injusta y desgarradora. La buena gente de la Cocina Económica, cuyo altruismo merece el mayor de los altares, cumple con la residencia la voluntad de aquel hombre, solitario y huraño, al que le gustaban las golondrinas quizás por ser aves de paso como cualquiera de nosotros, y que quiso que su fortuna tuviera un destino benéfico. «La caridad es un deber, la forma de hacerla un derecho», dejó escrito Concepción Arenal. Desconozco si la ausencia de autoridades, salvo la de la concejala Eva Illán, tiene que ver con lo que voy a decir, pero mas allá del debate caridad-solidaridad, de que la igualdad tiene que estar por encima de todo, de que la discriminación no tiene defensa alguna, don Evaristo Luis Bango quiso ejercer su generosidad con unas condiciones que quienes recibieron su herencia tienen ahora que respetar. En una columna de la residencia se ha colocado una placa de metacrilato que, de forma discreta, recuerda al benefactor. En Gijón se han dado calles a personas con bastantes menos méritos que el multimillonario de Jove.
Segundo tema, la autopista del mar. Más de dos años tardó Riva en tener todo el papeleo y ahora tiene que cubrir otra etapa tan complicada como la anterior, pero que depende ya más de su pericia empresarial: comprar el barco adecuado y desplegar la acción comercial para reanudar una línea que no tenía que haber desaparecido. Tiene otro año por delante para que el ‘Villa de Gijón’ ponga rumbo a Saint Nazaire si no se producen más cacicadas en favor de intereses ajenos a los nuestros.
Tercer asunto, las ayudas a los vecinos de Francisco Eiriz, en Jove, para pagar la sobrefiscalidad de las subvenciones que recibieron por el arreglo de las fachadas. Es decir, ayudas sobre ayudas con escaso acierto, que podrían resultar ilegales a tenor del dictamen jurídico. Por lo tanto, la alternativa es que los vecinos reclamen al Ayuntamiento si quieren cobrar una indemnización. Conclusión: Estamos ante un desatino monumental. Lo peor que le puede pasar a un munícipe es ofrecer soluciones sin asesorarse antes de que las puede llevar a cabo.
Y cuarto. Es una pena la invasión que la próxima semana sufrirá el parque de Isabel la Católica, la segunda en poco tiempo. Si las nutrias se comían a los patos, las casetas devoran el espacio. Ahora bien, más lástima me produce la amenaza del edil de turno con una sobrexplotación del parque a partir de ahora como multinacional en el Amazonas. Aunque sea con permiso del jardinero.

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