{"id":901,"date":"2016-04-02T09:20:56","date_gmt":"2016-04-02T09:20:56","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.elcomercio.es\/2-laps-to-go\/?p=901"},"modified":"2016-04-02T09:20:56","modified_gmt":"2016-04-02T09:20:56","slug":"cuando-un-libro-puede-leerse-online","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/2-laps-to-go\/2016\/04\/02\/cuando-un-libro-puede-leerse-online\/","title":{"rendered":"Cuando un libro puede leerse online"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blog.elcomercio.es\/2-laps-to-go\/?attachment_id=10687\" rel=\"attachment wp-att-10687 external nofollow\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-large wp-image-10687\" src=\"https:\/\/manuelguisande.files.wordpress.com\/2016\/02\/img_9480.jpg?w=640\" alt=\"IMG_9480\" width=\"640\" height=\"961\" \/><\/a><\/p>\n<p>Ya tenemos la segunda edici\u00f3n de <strong><span style=\"color: #008080\">Relatos de absurdo contenido<\/span><\/strong>, \u00a0que se puede adquirir en papel \u00a0(9,99 \u20ac) o descargralo por 7,99 (<a href=\"http:\/\/vpbooks.envirtual.es\/\" rel=\"external nofollow\">pincha aqu\u00ed)<\/a> . Ya sabes que por eso de \u00ablibro comprado, escritor alimentado\u00bb, pues si lo compras. Gracias<\/p>\n<p><span><em>Os dejo con un relato<\/em><span style=\"color: #008080\"><strong> para animaros\u00a0\ud83d\ude09<\/strong><\/span><\/span><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center\"><strong><span style=\"color: #008080\">El comandante<\/span><\/strong><\/h2>\n<p>No sab\u00eda muy bien por qu\u00e9, pero siempre quiso ser piloto de aviaci\u00f3n. Desde peque\u00f1o le atra\u00eda la aeron\u00e1utica y en su casa a\u00fan guardaba toda una colecci\u00f3n de aviones de juguete que iban desde los primeros que empezaron a surcar los cielos hasta los m\u00e1s modernos.<\/p>\n<p>Un problema en la vista le hab\u00eda impedido realizar los cursos de formaci\u00f3n; sin embargo, \u00e9l, con casi 50 a\u00f1os, se sent\u00eda comandante, aunque a nadie se lo dec\u00eda para que no lo tomaran por loco. Desgraciadamente, sab\u00eda que en la sociedad en que viv\u00eda, contar las ilusiones, aunque fueran inalcanzables, era sin\u00f3nimo de incomprensi\u00f3n, y por eso sol\u00eda permanecer callado, como si no estuviera en este mundo, ausente; pero \u00e9l, a su manera, hac\u00eda realidad su sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Cuando llegaba a casa, se sentaba tranquilamente en una silla, sobre una mesa colocaba varios avioncitos a la altura de los ojos y con una potente lupa escrutaba hasta los m\u00e1s m\u00ednimos detalles: las formas de las h\u00e9lices, de las alas, los timones, las cabinas, los mandos, los trenes de aterrizaje, las ruedas\u2026 eran reproducciones tan fieles, tan aut\u00e9nticas, tan extremadamente exactas que en ocasiones pensaba que, si pudiera volverse muy peque\u00f1ito, se introducir\u00eda en ellos y volar\u00eda. Eran pensamientos que iban y ven\u00edan; luego retornaba a la realidad, a lo que era su trabajo: t\u00e9cnico en mantenimiento de ascensores.<\/p>\n<p>Su quehacer diario nada ten\u00eda que ver con las aeronaves, pero cuando arreglaba una aver\u00eda, imaginaba que los cables y chips del cuadro el\u00e9ctrico del elevador eran las entra\u00f1as del motor de un Boeing o de un Airbus. Incluso a veces, cuando ten\u00eda que probar si el aparato funcionaba correctamente y accionaba alguna clavija para ponerlo en marcha, el sonido que produc\u00eda era un sonoro y seco clic que identificaba con las comprobaciones del instrumental de vuelo para iniciar el despegue.<\/p>\n<p>A su modo era feliz y, para seguir sintiendo esa pasi\u00f3n que ten\u00eda por volar, hab\u00eda alquilado un piso cerca de una gasolinera. No solo era por el olor a combustible, que le hac\u00eda creer que estaba en una pista de un aeropuerto a la espera de llenar los tanques de queroseno, sino tambi\u00e9n para acercarse al surtidor y, al ver como repostaba un coche, los n\u00fameros que marcaban los litros\u2026 5, 20, 37, 50, 60\u2026 para \u00e9l eran los pies que marcaba el alt\u00edmetro y le indicaba c\u00f3mo iba el ascenso.<\/p>\n<p>En ocasiones, cuando en la estaci\u00f3n de servicio se deten\u00eda un cami\u00f3n de gran tonelaje, lo que no suced\u00eda habitualmente, bajaba inmediatamente de casa y disfrutaba viendo c\u00f3mo llegaba a una altura de 300 y 400 metros que \u00e9l multiplicaba por veinte. Entonces, de forma inconsciente, levantaba la cabeza, se ajustaba la corbata y miraba el cielo azulado sintiendo lo que era volar. Adem\u00e1s, para darle un mayor realismo, para sentirse un aut\u00e9ntico comandante, sol\u00eda llevar trocitos de algod\u00f3n en los bolsillos, creaba diversas formas y figuras, las dejaba caer al suelo y, seg\u00fan descend\u00edan suavemente, las observaba al igual que si fueran nubes mientras su aeronave cortaba el firmamento.<\/p>\n<p>Nadie conoc\u00eda su secreto, pero mientras pilotaba irradiaba felicidad al escuchar el ruido de los motores de los autom\u00f3viles que pasaban frente a la gasolinera y que para \u00e9l eran los de su avi\u00f3n. Se sent\u00eda libre, con una paz infinita, y si por cualquier circunstancia no circulaban turismos y hab\u00eda un silencio absoluto, \u00e9l, convencido de que hab\u00eda alg\u00fan problema en el rotor, imaginariamente consultaba los datos del vuelo: altitud, velocidad, inclinaci\u00f3n, temperatura\u2026 y en voz baja, sin que nadie lo oyera, informaba a la tripulaci\u00f3n y al pasaje de lo que estaba sucediendo en tanto se pon\u00eda en contacto con la torre de control m\u00e1s pr\u00f3xima.<\/p>\n<p>Nunca, pero nunca, hab\u00eda tenido un incidente y todos sus vuelos eran un ejemplo de suavidad tanto en el despegue como en el aterrizaje, y a veces hasta so\u00f1aba que daba charlas y conferencias sobre la profesi\u00f3n de comandante, la responsabilidad que supon\u00eda que de \u00e9l dependieran cientos de vidas y c\u00f3mo actuar en caso de una situaci\u00f3n de emergencia.<\/p>\n<p>Si ten\u00eda tiempo sol\u00eda cambiar de gasolinera, iba a otras de la ciudad y de esta forma cre\u00eda que se trataba de un vuelo transcontinental y que estaba en otro aeropuerto para hacer una escala t\u00e9cnica. Cuando esto suced\u00eda, nada m\u00e1s llegar a la estaci\u00f3n de servicio, con paso firme y decidido iba directamente a los lavabos y saludaba a los empleados, que para \u00e9l era el personal de tierra. Hasta en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n preguntaba si cambiar\u00eda el tiempo, para as\u00ed estar al tanto de las posibles alteraciones meteorol\u00f3gicas y adoptar las medidas que consideraba oportunas para una mayor seguridad.<\/p>\n<p>Muchas tardes las pasaba as\u00ed, planificando viajes, rutas, pensando en alternativas ante posible eventualidades, memorizando los diversos protocolos y estudiando los nuevos avances de la navegaci\u00f3n a\u00e9rea. Por la noche, cuando se acostaba, ten\u00eda en su mesilla unos veinte relojes de diferentes tama\u00f1os dispuestos en arco frente a sus ojos. Cada uno de ellos marcaba distintas horas y, al apagar la luz, las manecillas fluorescentes resplandec\u00edan y cre\u00eda que se trataba de un vuelo nocturno con todo el instrumental encendido al alcance de la vista. Hab\u00eda adquirido tal destreza y ma\u00f1a que, tumbado en cama y con una sola mano, era capaz de mover las agujas para modificar las caracter\u00edsticas del vuelo.<\/p>\n<p>Normalmente, tras una media hora tocando las manecillas se quedaba profundamente dormido hasta que la luz del d\u00eda entraba por la ventana y la claridad le despertaba. Entonces miraba instintivamente los controles, se frotaba los ojos, bostezaba, se desperezaba, hac\u00eda que se ajustaba la corbata y para s\u00ed mismo confirmaba lo que siempre hab\u00eda pensado: los pilotos autom\u00e1ticos casi nunca fallan, pero el factor humano es imprescindible y para eso, \u00e9l estaba all\u00ed.<\/p>\n<p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ya tenemos la segunda edici\u00f3n de Relatos de absurdo contenido, \u00a0que se puede adquirir en papel \u00a0(9,99 \u20ac) o descargralo por 7,99 (pincha aqu\u00ed) . Ya sabes que por eso de \u00ablibro comprado, escritor alimentado\u00bb, pues si lo compras. 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