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Miguel Ángel Rodríguez Caveda

Al otro lado del Atlántico

Laporta debe dimitir

Cuando un presidente –ya sea del Gobierno o de una comunidad de vecinos- es objeto de una moción de censura, debería interpretarlo como una señal de que algo se está haciendo mal bajo su mandato. Digo debería, porque –como en todo- hay excepciones. El último ejemplo de éstas es el todavía presidente del FC Barcelona Joan Laporta, que parece vivir en una dimensión paralela a la del resto de barcelonistas del mundo.

El siempre político y polémico presidente azulgrana ha asegurado esta semana que no piensa dimitir, pese al amplio triunfo de la moción de censura presentada en su contra (con un 60% de votos favorables). Para que dicha moción prosperase era necesario un 66%. Escasísimo margen que, sin embargo, ha permitido a Laporta afirmar que piensa agotar su mandato hasta 2010 por “coherencia, sentido de la responsabilidad y legitimidad”. Es decir: el mandatario culé se olvida de los 24.000 socios que han votado por que deje el cargo (por sólo 15.000 a favor de que se quede) y concluye que, como unos 80.000 no han votado, su mandato es legítimo. Lo llama “mayoría silenciosa”. Y califica el resultado del sufragio como una “dulce derrota”. Vaya muestra de “coherencia” para un presidente.

La debacle de esta junta directiva electa en 2006 ha tenido dos motivos principales. Por un lado, la obsesión compulsiva de Laporta por convertirse en un político radical catalanista, una especie de pseudo-portavoz del independentismo catalán erigido desde el sillón equivocado. Suyas son perlas como “Cataluña es un país entre España y Francia”, “crear la República Catalana del Barcelona” o “mi sueño es que Cataluña juegue un Mundial”. Claramente, a Laporta se le ha olvidado que dirige un club deportivo, y que ser aficionado o seguidor del Barcelona no implica comulgar con sus extremos ideales políticos.

Por otro lado, los resultados deportivos del club, que son los que debía cuidar, han sido desastrosos. En todas las disciplinas, no sólo en fútbol. Un club vive de éxitos, de títulos. Y si es el Barça, ésta no es una opción: es una exigencia.

Pero a pesar de estos dos motivos, Laporta quiere seguir al frente de un club y de unos socios que le han perdido la confianza y el respeto. Quizá sea ahora un buen momento de crear la “República Independiente de Laporta”, y que no salga de su casa.

www.miguelangelrodriguezcaveda.com

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Sobre el autor

El periodista asturiano Miguel Ángel Rodríguez Caveda analiza la actualidad de España vista desde Estados Unidos


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