{"id":142,"date":"2022-06-23T18:28:23","date_gmt":"2022-06-23T16:28:23","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/alguien-tiene-que-decirlo\/?p=142"},"modified":"2022-07-11T18:29:50","modified_gmt":"2022-07-11T16:29:50","slug":"academicos-a-la-grena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/alguien-tiene-que-decirlo\/2022\/06\/23\/academicos-a-la-grena\/","title":{"rendered":"Acad\u00e9micos a la gre\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p><strong>Pocos cient\u00edficos se hacen ricos; su patrimonio es su notoriedad. La ciencia es una tarea que exige confianza entre colegas y la desconfianza arruina su fama y su gloria, que tambi\u00e9n son objeto de competencia<\/strong><\/p>\n<p>Johan Beringer, decano de Medicina de la Universidad de W\u00fcrzburg, hombre prestigioso por sus investigaciones y su praxis m\u00e9dica, fue v\u00edctima de una especie de broma que lo llev\u00f3 a la tumba. Se dice que era famoso, terco y arrogante, con facilidad para granjearse enemigos. Como m\u00e9dico tambi\u00e9n estaba interesado en los objetos naturales curiosos. Cuando todav\u00eda se discut\u00eda la naturaleza y el origen de los f\u00f3siles, los buscaba, estudiaba y clasificaba en la caliza conch\u00edfera de los alrededores de su ciudad. A partir de 1724 comenzaron a aparecer f\u00f3siles cada vez m\u00e1s llamativos, con figuras de p\u00e1jaros, ranas, ara\u00f1as, insectos; incluso algunos con inscripciones en hebreo, una de las cuales formaba la palabra Jehov\u00e1. Tan importantes parecieron los hallazgos que se origin\u00f3 un activo comercio de tales curiosidades, llegando a constatarse unas dos mil &#8216;piedras figuradas&#8217;. El propio Beringer public\u00f3 dos a\u00f1os m\u00e1s tarde un libro titulado &#8216;Lithographia Wirceburgensis&#8217; donde daba a conocer sus descubrimientos y solicitaba la colaboraci\u00f3n de los especialistas para que le ayudasen a investigar el fen\u00f3meno. La leyenda dice que cuando apareci\u00f3 un f\u00f3sil con su propio nombre se descubri\u00f3 el enga\u00f1o: seg\u00fan unos ni esta prueba lo sac\u00f3 de su obstinaci\u00f3n, seg\u00fan otros lo llev\u00f3 a denunciar a las autoridades el enga\u00f1o y seg\u00fan todos acab\u00f3 muriendo a causa del disgusto. Lo cierto es que tres j\u00f3venes que le hab\u00edan vendido los f\u00f3siles fueron acusados de fraude. Ante el juez culparon a una cuarta persona de haberles inducido al negocio, que, a su vez implic\u00f3 a dos profesores de la universidad que hab\u00edan urdido el plan para desacreditar a Beringer \u00abporque era soberbio y les despreciaba\u00bb. El que apareci\u00f3 como principal promotor de la trama fue nada menos que Johann von Eckhart, disc\u00edpulo y colaborador de Leibniz, padre de la investigaci\u00f3n prehist\u00f3rica en Alemania, que dividi\u00f3 la Prehistoria en las tres \u00e9pocas que a\u00fan hoy se distinguen: la Edad de Piedra, de Bronce y de Hierro. Beringer consideraba que Eckhart era un oportunista, adem\u00e1s de un \u00abenvidioso sabelotodo\u00bb, que siempre quer\u00eda ser la primera figura en todas partes. Choque de trenes. El burlado Beringer trat\u00f3 de recuperar todos sus libros para destruirlos, de manera que los que sobrevivieron son cotizados ejemplares de bibli\u00f3filo y las &#8216;piedras figuradas&#8217; se pagan hoy en el mercado mucho m\u00e1s caras que los f\u00f3siles aut\u00e9nticos. La leyenda tambi\u00e9n dice que la verg\u00fcenza sufrida llev\u00f3 al pobre m\u00e9dico a la tumba poco tiempo despu\u00e9s. La verdad es que muri\u00f3 a los 73 a\u00f1os, catorce despu\u00e9s de descubrirse el pastel.<\/p>\n<p>Otro encontronazo m\u00e1s conocido es el protagonizado por Georges Cuvier y el caballero de Lamarck. Lamarck, de una generaci\u00f3n anterior, defend\u00eda que los animales cambiaban a lo largo del tiempo, por el uso o desuso de sus \u00f3rganos, mientras que Cuvier manten\u00eda que las especies eran inmutables. Poco importa aqu\u00ed qui\u00e9n ten\u00eda raz\u00f3n, puesto que las teor\u00edas cient\u00edficas est\u00e1n para ser sustituidas por otras. Lo que importa es el comportamiento mostrado. En aquellos tiempos Cuvier estaba en la c\u00faspide de su fama: hab\u00eda sido ministro, consejero de Estado, canciller de la Sorbona, miembro de la Academia Francesa y hab\u00eda accedido a la nobleza como bar\u00f3n y par de Francia. Adem\u00e1s, por ser un cient\u00edfico metodol\u00f3gicamente puntilloso, dotado de gran intuici\u00f3n y brillantez expositiva, as\u00ed como por respetar los hechos por encima de todo, se hab\u00eda ganado entre el gremio el t\u00edtulo oficioso de pr\u00edncipe de los cient\u00edficos. Ambos daban sus clases en el Museo de Historia Natural en aulas vecinas. No resultaba extra\u00f1o que los alumnos del bar\u00f3n aumentasen en la medida de su fama, mientras que los del caballero disminuyesen a medida que las teor\u00edas que explicaba parec\u00edan obsoletas. Mientras aumentaba el enconamiento y la agresividad de Cuvier contra su adversario cient\u00edfico, Lamarck qued\u00f3 ciego y necesitaba ser acompa\u00f1ado en el aula por su hija. Se cuenta que en una ocasi\u00f3n Cuvier irrumpi\u00f3 en el aula de Lamarck, porque eso de que la funci\u00f3n crea al \u00f3rgano era una estupidez que atacaba su obra y le ofend\u00eda personalmente, as\u00ed que le acus\u00f3 de estar ciego, \u00abciego para los hechos de la naturaleza\u00bb. La cosa no termin\u00f3 ah\u00ed. Siguiendo su teor\u00eda, el mismo Lamarck ser\u00eda el responsable de su ceguera porque \u00absi se hubiera dedicado a observar m\u00e1s a menudo la naturaleza, en lugar de hacer filosof\u00eda, habr\u00eda estado en condiciones de librarse de su padecimiento\u00bb. Desde entonces Lamarck tuvo que abandonar sus clases, perdi\u00f3 su trabajo ante la mirada sospechosa de sus colegas y se hundi\u00f3 en la depresi\u00f3n. A su muerte la Academia Francesa le dedic\u00f3 un libro conmemorativo del que fue excluido el obituario escrito por Cuvier, por resultar desagradablemente mordaz y sarc\u00e1stico.<\/p>\n<p>Como se ve, tambi\u00e9n los cient\u00edficos, aun los m\u00e1s, excelsos, tienen sus luces y sus sombras. Pocos cient\u00edficos se hacen ricos; su patrimonio es su notoriedad. Como cantaba Juan de la Encina: \u00abTodos los bienes del mundo pasan presto y su memoria, salvo la fama y la gloria\u00bb. La ciencia es una tarea que exige confianza entre colegas y la desconfianza arruina su fama y su gloria, que tambi\u00e9n son objeto de competencia. Se pueden llevar mal los miembros del parnaso de la ciencia, como los de las congregaciones religiosas, los m\u00fasicos, los vecinos de una comunidad o los pol\u00edticos, especialmente entre correligionarios (competidores). Que en todas las profesiones haya personas buenas, regulares y malas es lamentable, pero no extraordinario. Quien se rasgue las vestiduras corre el riesgo de quedarse desnudo.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pocos cient\u00edficos se hacen ricos; su patrimonio es su notoriedad. 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