{"id":204,"date":"2025-04-08T17:19:44","date_gmt":"2025-04-08T15:19:44","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/alguien-tiene-que-decirlo\/?p=204"},"modified":"2025-06-02T17:19:58","modified_gmt":"2025-06-02T15:19:58","slug":"hitchcock-y-las-gaviotas-urbanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcomercio.es\/alguien-tiene-que-decirlo\/2025\/04\/08\/hitchcock-y-las-gaviotas-urbanas\/","title":{"rendered":"Hitchcock y las gaviotas urbanas"},"content":{"rendered":"\n<p>Las nuestras tienen menos glamur. Se acercaron a las ciudades por los a\u00f1os 70, cuando crecieron los vertederos urbanos, y se asentaron porque las ciudades les proporcionan un h\u00e1bitat m\u00e1s acogedor que el natural.<\/p>\n\n\n\n<p>En la plaza del 6 de Agosto de Gij\u00f3n un camarero retiraba los restos de las consumiciones de la terraza cuando una gaviota se pos\u00f3&nbsp;aleteando en la bandeja, que cay\u00f3 con estruendo. A su reclamo, no s\u00e9 si de alarma o de fest\u00edn, otras gaviotas acudieron en confuso tropel de alas y graznidos. El camarero sali\u00f3 corriendo a refugiarse en el bar. Este oto\u00f1o protagonizamos un altercado similar en un pueblecito costero de Cornualles. Mientras camin\u00e1bamos por el muelle, mi mujer com\u00eda una empanadilla t\u00edpica cuando una gaviota se le pos\u00f3 en la cabeza y le arrebat\u00f3 el bocado que ten\u00eda en la mano, exactamente junto al cartel de &#8216;No alimentar a las gaviotas&#8217;. Como siempre, decenas de gaviotas se sumaron a la algarada disput\u00e1ndose el trozo de empanadilla que cay\u00f3 al suelo. Mi mujer retrocedi\u00f3 espantada, causalmente, hacia el lado correcto. De haber dado un par de pasos en la otra direcci\u00f3n habr\u00eda ca\u00eddo al agua. La ca\u00f3tica escena me record\u00f3 la pel\u00edcula de &#8216;Los p\u00e1jaros&#8217; y pens\u00e9 que tal vez Hitchcock veranease en uno de esos pueblos de Cornualles y sus agresivas gaviotas le hubiesen inspirado su pel\u00edcula. La cosa no iba desencaminada. La pel\u00edcula de Hitchcock estaba basada libremente en un relato de Daphne du Maurier y en otro suceso acaecido en California.<\/p>\n\n\n\n<p>Daphne du Maurier fue una escritora que vivi\u00f3 en Cornualles y escribi\u00f3 varias novelas trasladadas al cine por Alfred Hitchcock, como &#8216;La posada de Jamaica&#8217;, &#8216;Rebeca&#8217; y &#8216;Los p\u00e1jaros&#8217;; las tres originalmente ambientadas en aquella costa, aunque la versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica sit\u00faa la \u00faltima en California.<\/p>\n\n\n\n<p>La narraci\u00f3n que Du Maurier escribi\u00f3 en 1952 fue inspirada por un ataque de gaviotas a un granjero que araba sus tierras en Cornualles, que ella misma presenci\u00f3. El relato comienza cuando el protagonista, trabajando en una granja, se dispon\u00eda a comer una empanadilla cornuallesa y unas gaviotas le pasaron tan cerca de su cabeza que le tiraron la gorra. Casi como nos sucedi\u00f3 a nosotros. La historia crece cuando se producen unos inexplicables ataques de aves, peque\u00f1os p\u00e1jaros al principio, estorninos y c\u00f3rvidos despu\u00e9s, gaviotas, alcatraces y aves de presa, que se concentraban por millares y atacaban cuando sub\u00eda la marea, sin que nadie supiera c\u00f3mo reaccionar ante tan inexplicable comportamiento, mientras los muertos se acumulaban.<\/p>\n\n\n\n<p>El 18 de agosto de 1961 el &#8216;Santa Cruz Sentinel&#8217;, un diario local de la bah\u00eda de Monterrey, public\u00f3 una noticia a toda p\u00e1gina bajo el titular \u00abUna invasi\u00f3n de aves marinas golpea los hogares costeros\u00bb, a la vez que anunciaba de forma m\u00e1s discreta la construcci\u00f3n del muro de Berl\u00edn. Informaba el peri\u00f3dico que la noche anterior una lluvia de p\u00e1jaros se estrell\u00f3 contra las casas, a\u00f1adiendo fotos de los ayudantes del sheriff rodeados de pardelas vivas y muertas. Tres d\u00edas despu\u00e9s, el diario inform\u00f3 que Hitchcock, interesado por el hecho, hab\u00eda pedido una copia del peri\u00f3dico porque estaba preparando una pel\u00edcula sobre el relato de Du Maurier y quer\u00eda ampliarlo con la experiencia local, aprovechando para negar cualquier responsabilidad sobre el ataque y asegurando que no fue un truco publicitario, sino una simple coincidencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque la historia se basaba en la agresiva actitud de las gaviotas de Cornualles, el caso californiano tuvo un origen diferente. Las aves de California eran pardelas cenicientas que preparaban las reservas para su migraci\u00f3n atiborr\u00e1ndose de anchoas, puesto que el peri\u00f3dico inform\u00f3 que al d\u00eda siguiente, junto con los cad\u00e1veres de las pardelas, hab\u00eda abundantes restos de anchoas semidigeridas regurgitadas.<\/p>\n\n\n\n<p>No atacaban a la gente, pero miles de pardelas ofuscadas provocaron da\u00f1os materiales y heridas a ocho vecinos. La primera explicaci\u00f3n dada sobre el tema fue que una densa niebla pudo desorientar a las aves, que, atra\u00eddas por las luces, chocaban contra las casas, algo que Hitchcock incorpor\u00f3 a su pel\u00edcula.<\/p>\n\n\n\n<p>Treinta a\u00f1os despu\u00e9s aparecieron en las playas californianas aves y focas moribundas. Las necropsias mostraron que estaban envenenadas por \u00e1cido domoico, conocido como la toxina amn\u00e9sica de los moluscos, un compuesto t\u00f3xico para el sistema nervioso producido por unas diatomeas \u2013algas unicelulares\u2013 capaces de reproducirse de forma masiva en poco tiempo. Este estudio record\u00f3 el suceso de 1961 y especul\u00f3 que \u00e9sta pod\u00eda ser la causa.<\/p>\n\n\n\n<p>En 2012, cient\u00edficos de la Universidad de California publicaron otro trabajo titulado: &#8216;El misterio detr\u00e1s de &#8216;Los p\u00e1jaros&#8217; de Hitchcock&#8217;. Recurrieron a un registro de monitorizaci\u00f3n de plancton iniciada en 1949 tratando de encontrar pruebas que relacionasen los sucesos de 1961 y de 1991 y, en efecto, encontraron que en agosto de 1961 el zooplancton que se alimentaba de estas diatomeas en la bah\u00eda de Monterrey ten\u00eda niveles elevados de la toxina, lo que \u00abapoya la afirmaci\u00f3n de que el \u00e1cido domoico caus\u00f3 el frenes\u00ed de las aves marinas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestras gaviotas tienen menos glamur. Se acercaron m\u00e1s a las ciudades all\u00e1 por los a\u00f1os 70, cuando crecieron los vertederos urbanos antes de concentrarse en Cogersa, y se asentaron porque las ciudades les proporcionan un h\u00e1bitat m\u00e1s acogedor que el natural (tejados inaccesibles, mejores temperaturas que facilitaban una reproducci\u00f3n m\u00e1s temprana, mayor supervivencia de los pollos, habituaci\u00f3n a la gente) y adem\u00e1s contribuimos a que se acostumbrasen a considerarnos suministradores de alimento, voluntaria o involuntariamente. Un estudio, realizado, c\u00f3mo no, en Cornualles, comprob\u00f3 que si las miras directamente reduces la probabilidad de que te arrebaten la comida, tardan m\u00e1s en acercarse y lo hacen m\u00e1s lentamente. Lo que no dice es qu\u00e9 puedes hacer cuando te atacan por la espalda.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las nuestras tienen menos glamur. Se acercaron a las ciudades por los a\u00f1os 70, cuando crecieron los vertederos urbanos, y se asentaron porque las ciudades les proporcionan un h\u00e1bitat m\u00e1s acogedor que el natural. 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