Hoy ha sido uno de “esos días”. Todo empezó la noche anterior cuando el jefe logístico y el de base nos dieron el “sí quiero”. Así que hoy toca hacer la primera de nuestras incubaciones, eso significa despertarse a las 03:00 am porque aquí el sol casi no descansa y es el fotoperiodo quién manda.
Eolo y el mar siguen de nuestro lado así que toca madrugar. Hay que aprovechar cada día con buenas condiciones, algo que por aquí no abunda. Antes de las 04:00 am llegamos al punto que queda a la sombra del glaciar Collins y comenzamos las maniobras.
El primer contacto con el frío agua de mar me despeja totalmente arrancado todo rastro somnolencia. Nada como un pequeño shock térmico para despertar. En menos de tres horas ponemos en el agua nuestro sistema de incubación, que se quedará todo el día registrando la actividad fotosintética de las micro-algas que flotan en estas aguas polares. Después de cenar y aprovechando las prolongadas horas de luz viene la segunda parte. Retirar nuestra incubación y analizar los resultados. Pero siendo honesto eso ……. eso no es lo más importante ahora mismo, porque de regreso a la base coincidimos con un par de ballenas jorobadas que estaban nadando y saltando dentro de la bahía. La ventaja de pasar tanto tiempo en el mar pasando frío es que uno tiene más posibilidades de disfrutar de alguna de estas “visitas inesperadas”. Ahora tras terminar el desayuno lo que toca es volver a la cama y dormir unas pocas horas mientras el resto del equipo, el que no madrugó, procesa las muestras. ¡Nos vemos a la hora de comer!
Suena de fondo “These days” de The Black Keys. Porque, aunque sean las 6 de mañana los oceanógrafos de este bote no pierden su romanticismo, si es que alguna vez lo hemos tenido 😉