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Juan Höfer

Viviendo entre pingüinos

Día 15: El continente de todos

Hoy ha sido un “día tranquilo” sin cosas demasiado interesantes o novedosas que contar. Los científicos somos así. Nos gusta la repetición y lo regular, y poco a poco esta rutina profesional permea lentamente hasta otras esferas de nuestra vida. “Deformación profesional” podríamos llamarlo, aunque obviamente esto afecta de forma muy diferente a cada persona.dia15-foto1
Por eso hoy querría aprovechar la ocasión para hablar de otra cosa. La Antártida (el continente) actualmente no es territorio soberano de ningún país. No sería de nadie, aunque hay varios países que tienen reclamaciones territoriales pendientes o suspendidas. Estas reclamaciones no han desaparecido ni han cambiado su status, pero al entrar en vigor el tratado Antártico, quien regula todo lo antártico en la actualidad, quedaron en un estado de hibernación y si algún día el tratado terminase volverían a activarse. El tratado antártico goza de buena salud y eliminarlo resultaría bastante complicado, por lo que se podría decir que la Antártida no es de nadie, pero yo prefiero pensar que en realidad es de todos. Es un continente aislado, hostil y ajeno a todo lo humano y por eso es un sitio especial, donde nadie se siente extranjero o emigrante pues nadie es lugareño u oriundo. Además, aquello que ocurre aquí abajo nos afecta a todos. En la historia terrestre reciente (geológicamente hablando) los cambios que se han producido aquí afectaron masivamente al clima de todo el globo. No se olviden que el océano austral comunica el Atlántico, el Pacífico y el Índico. Además, las corrientes marinas que circulan alrededor del continente junto con el hielo marino modulan en gran medida el clima de todo el hemisferio sur.
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Por eso me gusta pensar que este sitio nos pertenece a todos, aunque sea un “pertenecer” más espiritual o sentimental y menos político o económico. Quizás haya gente que opine que es muy fácil escribir esto desde aquí abajo, como si estar por aquí de paso nos diese algún título de propiedad, y por eso me agrada mucho poder escribir esta entrada. Como parte del consejo internacional de la asociación para investigadores polares en “etapa temprana” (APECS por sus siglas en inglés) me ha tocado el honor de viajar a la Antártida no sólo mis sueños. En el Reino Unido, unos pequeños han diseñado unas banderas antárticas y yo he sido el encargado de traer conmigo sus ilusiones, haciendo mi maleta un poco más ligera. Estas banderas han viajado desde Doncaster a Isla Rey Jorge, pasando brevemente por la casa de un asturiano en Valdivia, mientras cuatro chilenos, una colombiana, un ecuatoriano, una alemana y una brasileña posaban con ellas. Si este no es continente de todos que alguien me lo explique.

 

Suena de fondo ¨Delirium tremens¨ de Joaquín Sabina y Fito Paez.

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Sobre el autor

Mi nombre es Juan Höfer, y como otros muchos soy un ¨refugiado¨ económico-científico que tuvo que abandonar la tierrina en busca de oportunidades. Nacido en Gijón y doctor en Biología por la Universidad de Oviedo, ahora tengo la fortuna de ejercer como investigador dentro del centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas marinos de Altas Latitudes (IDEAL), el mayor proyecto de investigación antártica jamás desarrollado en Chile. País, que me ha acogido con los brazos abiertos brindándome la posibilidad de cumplir uno de mis sueños de infancia. Viajar a la Antártida. El centro IDEAL investiga el funcionamiento de los ecosistemas marinos antárticos y sub-antárticos, así como los efectos que el cambio global tendrá sobre ellos. Por ello pasó muchos meses al año en terreno, bien embarcado bien en las bases chilenas, disfrutando de los increíbles paisajes helados de la Patagonia más austral o la península antártica. Y ahora, durante los próximos dos meses voy a intentar transmitir en ¨tiempo real¨ la experiencia que supone pasar un verano en el continente blanco. Pónganse su mejor polar, y a ¡disfrutar!


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