Les presento a la Carlos Moreno (ver foto 1). Una de las embarcaciones que usamos aquí en Yelcho. Como podrán observar los lectores más avispados se trata de una lancha plástica pequeña, o chica en “chileno”, cuya única cabina es el cuerpecito de quién les escribe o el de cualquier otro que se suba a ella. Hoy ha estado nevando durante todo el día con una temperatura que oscilaba entre los 0 y los +1 ˚C. Además, para darle un poco de sabor extra ha habido un viento constante del noreste que después de pasar por el glaciar bajaba helado dentro de nuestra bahía. Pero la fuerza el viento ha disminuido, así que da igual lo frío que esté.
Hoy había que salir a tomar muestras. Por la mañana no fue una jornada especialmente larga, unas 3 o 4 horas, pero hemos pasado más frío que nunca. El viento y la ventisca no paró de golpear nuestra cara, como si un millón de agujas se te clavasen en los pómulos. Mientras, las manos iban pasando por diferentes etapas: primero un frío intenso que se cuela hasta tus huesos, luego empieza el dolor hasta que se detiene y finalmente pierdes toda sensibilidad. Hoy armado sólo con un par de guantes de laboratorio (por necesidades del muestreo) he llegado al punto en el que sabía que le había quitado la tapa al frasco porque mis ojos no me engañaban. Mi mano izquierda era incapaz de sentir ningún contacto y si alguna vez he tenido motricidad fina, cosa que dudo, esta se había perdido hacia unos 30 minutos. Pero mientras Eolo nos respetase allí seguiríamos hasta terminar el muestreo. Luego toco regresar a la base donde mis manos comenzaron a recuperar su temperatura, su color y su sensibilidad, que suena muy bonito, pero hace que regresen los dolores de antes corregidos y aumentados. Tras la hora de comer, sondeé la posibilidad de volver a salir por la tarde.
Un rotundo no, una risa (alguno todavía creía que bromeaba) y la iracunda mirada de mis compañeros me hicieron desistir. Mientras nosotros sufríamos para trabajar unas horas a la intemperie había otros, nuestros vecinos (ver foto 2), que dormían plácidamente como si de un domingo de playa se tratase. Obviamente somos la fauna inadecuada para estas latitudes. Ahora si me disculpan debo dejarles, con gran esfuerzo los logísticos de la base han solucionado parcialmente nuestro problema con el suministro de agua. Seguimos en estado de alerta, pero la cosa ya no es tan crítica. Así que voy a aprovechar mis 5 minutos de ducha antes de que se acabe el agua y no pueda remojarme hasta dentro de 3 días. Circunstancia, la de no ducharse, que tampoco parece quitar el sueño a nuestro vecino 😛
Suena de fondo ¨The Hero¨ de Mike Oldfield, porque no hay nada como una gaita para curar la morriña.