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Juan Höfer

Viviendo entre pingüinos

Día 14: Toda la verdad

Lo siento, pero ayer estaba demasiado destrozado para poder tomarme uno minutos para escribir. Creo que tarde menos de un parpadeo en caer profundamente dormido. Todo comenzó el domingo en la reunión de coordinación, cuando se organizan todas las actividades del día siguiente. “Chicos aquí tenéis el nuevo meteo y no pinta bien”. dia14-foto1

Una rápida mirada al papel nos confirmó lo dicho por el jefe de base. Nuestra preciosa ventana de dos días de buena mar parecía haberse cerrado de un porrazo y podría no abrirse en toda la semana. Así que con una rápida y cómplice mirada con mis compañeros me dieron el “ok”. Vamos a ir hasta el final, un “all in” que dicen en el póker. Cuando en la reunión llega mi turno me toca hacer nuestra petición. “Mañana queremos salir antes de las 4 de la mañana y no sabremos a qué hora volveremos. Pueden ser unas 12 horas de trabajo sin parar, aprovechando el día antes de que se estropee la meteo”. Nuestro botero, el jefe de base y el coordinador logístico nos dan luz verde, saben que nos quedan pocos días aquí, la meteo de esta semana no pinta bien y el trabajo del día siguiente es imprescindible entre los compromisos del centro IDEAL. Así que toca coordinar con los cocineros (benditos sean) unos “packs de superveniencia” para pasar todo el día en el agua. Después preparamos todos los materiales. Improvisamos unos bidones extra para recoger agua ya que no teníamos suficientes recipientes para traernos los 360L de agua de mar que íbamos a necesitar. Luego era hora de dormir para poder al menos descansar unas 4 horas antes de partir.

03:15 AM, suena la alarma y quieres lanzar el teléfono contra la pared con todas tus fuerzas, pero sabes que no puedes. Toca el ritual de todos los días, crema de sol, protector labial, gorro, bandana, gafas de sol, guantes de trabajo y altavoz portátil. Luego toca preparar chocolate caliente para la tropa y después cargar toda la “chatarra” oceanográfica en el bote. En este caso era tanto el material que casi no entrabamos nosotros en el bote.

04:10 AM, estamos saliendo hacia la bahía con un buen clima, la mar como una balsa de aceite y nos las prometemos muy felices. “Así da gusto trabajar”, “Para algo nos sirve madrugar” decimos. Durante la primera estación de trabajo junto al glaciar Collins todo son buenos ratos a pesar de lo temprano. Incluso aprovechamos para sacar alguna foto bonita con el glaciar de fondo, la clase de fotos que nos piden para actividades de divulgación (ver superior). Pero esta foto solo representa la parte bonita de nuestra realidad y ayer le vimos las dos caras. Así que voy a aprovechar para contarles toda la verdad y no solo la parte bonita.

06:30 AM, ya llevamos más de dos horas de trabajo y parece que la ventana de mal tiempo se ha adelantado y el pronóstico no era del todo acertado. Así que toca “aperrarse” que dirían los chilenos (tradúzcanlo por echarle un par de cojones), y sacar el trabajo adelante por lo civil o lo criminal. Este muestreo no puede quedar sin hacer y si el resto de la semana viene tan malo como habían predicho puede ser nuestra única oportunidad. Empieza a estar realmente incómodo para trabajar. Un poco peor y habría que parar por demasiado peligroso. La gente suele creer que cuando salimos a la mar vamos de crucero, tomando el sol en cubierta mientras vemos ballenas desde la proa. Pero eso no tiene poco que ver con nuestro trabajo, que consiste en largar equipos (a veces bastante pesados) por la borda del barco hasta grandes profundidades para conocer las condiciones del agua (temperatura, salinidad…) y recoger agua en botellas oceanográficas. Además, en mi caso hacemos lances de red (muy parecidos a los que haría un pescador). Todo ello con cabos que pueden llegar a tener 500m o más de longitud, ténganlo en cuenta para más adelante. Cuando la mar se pone mal todo se complica y las cosas empiezan a fallar, romperse, caerse, … y ayer no iba a ser una excepción. Así que tras romperse una pieza que sujetaba la maquinilla encargada de recuperar el cabo tuve mi pequeño momento “MacGyver”. Con un poco de cinta americana (Wicnha ploma en “chileno”) y unos pesos de buceo improvisé una forma de hacer los lances de red sin que diese demasiados problemas a una maquinilla que ahora sólo estaba sujeta por cabos. Pero aquí nada se detiene, “Show must go on”.

01:30 PM, la mar sigue en condiciones parecidas así que avanzamos lentamente, pero de momento hemos podido ir haciendo todo sin mayores complicaciones; de momento. Mientras recogíamos uno de los equipos el pequeño bote dio un bandazo que hizo saltar la cuerda en la maquinilla atrapando uno de mis dedos, que soy quién se encarga de manipular el congelado cabo. Por fortuna, experiencia o que se yo, conseguí retirar el dedo antes de que el cabo me lo apretase de forma realmente dolorosa y peligrosa. Sólo hay una baja que lamentar, la de mi amado guante de trabajo. dia14-foto2

Así que tras un par de exabruptos y buscar reemplazo para el guante caído, continuamos la maniobra. Parece que está empeorando así que no hay tiempo que perder por un dedo que sólo está ligeramente dolorido.

04:30 PM, ya llevamos más de 12 horas en una mar que lleva horas azotándonos sin demasiada piedad. Estamos haciendo el último punto con un equipo a 500m de profundidad y todo empieza a ponerse peor. Más viento, olas más grandes y además se está cerrando la niebla. Así que una rápida charla decidimos que es hora de terminar la maratón. Toca recoger el equipo que está en el agua y dar por terminada la jornada en el mar, aún queda todo el laboratorio. Son 500m de cabo con un mar revoltoso y oímos como protesta la maquinilla. La maniobra es complicada por las circunstancias, pero va todo bastante bien hasta que al final el cabo se enrolla en una de las partes del bote. Es momento de parar la maquinilla y recoger los últimos metros mediante tracción animal, “yo”. Por suerte son solo unos 10m porque este equipo es el más pesado y caro que tenemos. Para recuperar el equipo primero tenemos que arreglar el enredo y para eso hubo que usar el ingenio, el bichero y bastante fuerza bruta. Pasado el momento de tensión y con el equipo de vuelta en el bote es hora de regresar a la base. Hicimos todo lo que pudimos (sólo nos faltaron 80L de agua), pero la seguridad debe ser siempre lo primero.

05:30 PM, ya de regreso a la base es el turno del laboratorio. Hay que fijar muestras, congelar otras, analizar otras tras una breve incubación de 3 horas y sobre todo hay que filtrar los 280L de agua de mar que hemos traído. La titánica tarea recae sobre las compañeras que hoy no salieron al mar y les llevará hasta las 03:30 AM del día siguiente. En total fueron casi 24 horas de trabajo sin parar que sin un increíble equipo humano serían inviables.

09:00PM, después de cenar y tener la reunión de coordinación para el día siguiente (aquí nunca se para) toca irse a dormir. En el proceso descubro las marcas de la batalla de hoy.

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Hasta ahora ni me había percatado de ellas, pero reflejan fielmente toda la verdad de nuestro trabajo y no sólo esa “versión de postal” que solemos enseñar para hacerla más atractiva durante la divulgación.

Suena de fondo ¨Darling be home soon¨ de The Lovin’ Spoonful, porque regresar es siempre la parte más importante de marcharse.

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Sobre el autor

Mi nombre es Juan Höfer, y como otros muchos soy un ¨refugiado¨ económico-científico que tuvo que abandonar la tierrina en busca de oportunidades. Nacido en Gijón y doctor en Biología por la Universidad de Oviedo, ahora tengo la fortuna de ejercer como investigador dentro del centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas marinos de Altas Latitudes (IDEAL), el mayor proyecto de investigación antártica jamás desarrollado en Chile. País, que me ha acogido con los brazos abiertos brindándome la posibilidad de cumplir uno de mis sueños de infancia. Viajar a la Antártida. El centro IDEAL investiga el funcionamiento de los ecosistemas marinos antárticos y sub-antárticos, así como los efectos que el cambio global tendrá sobre ellos. Por ello pasó muchos meses al año en terreno, bien embarcado bien en las bases chilenas, disfrutando de los increíbles paisajes helados de la Patagonia más austral o la península antártica. Y ahora, durante los próximos dos meses voy a intentar transmitir en ¨tiempo real¨ la experiencia que supone pasar un verano en el continente blanco. Pónganse su mejor polar, y a ¡disfrutar!


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