Ayer fue un día largo, pero lo disfruté como un niño pequeño en una tienda que vende gominolas al peso 😀 Los oceanógrafos estamos necesitados de “plataformas” de trabajo adecuadas y según las características de la embarcación disponible diseñamos nuestros muestreos. El día de ayer podría considerarse casi histórico.
Por primera vez una embarcación con pabellón chileno ha navegado a la Antártida con el único propósito de hacer ciencia. Llevábamos más de un año esperando este día. El año pasado por diversas dificultades no pudimos contar con el apoyo de la Karpuj (ver fotos 2 y 3), lo que nos impidió abandonar las bahías donde se encuentran las bases donde vivimos mientras estamos aquí. El Instituto Antártico Chileno (INACH), quien nos da el apoyo logístico aquí, ha realizado un gran esfuerzo para que la Karpuj llegase este verano aquí. Saben lo importante que es para nosotros conocer que está pasando en el Océano Austral que nos rodea para analizar cómo estas circunstancias “más regionales” afectan a nuestras bahías. El sábado fueron unas 12 horas en la mar, pero la posibilidad de lanzar equipos a 1000m de profundidad en el estrecho Bransfield es algo que no podemos desaprovechar. A pesar de su escaso tamaño (25m de eslora) la Karpuj cuenta con un buen güinche, 4000 metros de cable de acero y una buena tripulación. Y con ese equipamiento el pasado sábado partimos para empezar a conocer los misterios del azul profundo que rodea la isla desde donde tecleo estas líneas. Aún nos dura la sonrisa desde ayer, pero este hito abre una nueva serie de posibilidades muy interesantes para nosotros.
Suena de fondo ¨Personal Jesus¨ de Depeche mode.