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	<title>Campo y playuLa División Azul &#8211; Campo y playu</title>
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		<title>La División Azul</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jun 2011 09:57:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Gijonadas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><strong>Suena ciertamente extraño imaginar a miles de soldados españoles invadiendo la URSS. Sin embargo, ocurrió. Entre 1941 y 1944. Y lo mas gordo del asunto es que algunos aún viven para contarlo. Estar paseando por el Muro, en Gijón, y poder decir mirando al mar “Sí, yo pertenecí a la División Azul” parece algo lindante con la irrealidad, algo que invita a pensar que no hace <span id="more-836"></span>tanto tiempo de la barbarie nazi, del exterminio judío, de la II Guerra Mundial. Yo puedo contar que tengo un tíoabuelo divisionario, como se les llamaba entonces. Tiene 93 años y sus recuerdos de aquello resultan de lo más inocentes. Entonces, recuerda, tenía 23 y quería viajar. Surgió la oportunidad de alistarse y no lo dudó. Un tren le llevó a Berlín y otro a Riga. Allí conoció a las berlinesas y a las riguesas, unas rubias espectaculares, y no realizó un solo disparo. Desde Riga se adentró en el frente, hubo un fuego cruzado a cañonazo limpio con los rusos, sin cuerpo a cuerpo, pero con bajas incluidas, y dio la vuelta. Eso fue todo. En ocho meses no hizo otra cosa que viajar en tren y conocer mundo, y berlinesas y riguesas. Debió de ponerse las botas. Ni mató un ruso ni lo mataron a él. ¿Y no viste como iban matando a los judíos? En absoluto, replica. Sólo recuerda una ocasión, en la estación de tren de Riga, en la que vio a un grupo de soldados nazis llevando a unos 500 prisioneros judíos descalzos y “con muy mala pinta”. Aquello le impresionó, pero no era entonces consciente de la magnitud de lo que estaba ocurriendo. Quizás por aquel recuerdo o por los cuarenta años de franquismo posteriores, se convirtió en un fiel votante de izquierdas y en un incondicional lector de ‘El País’. Ahora que se ha venido a vivir a Gijón he logrado que también lea ‘El Comercio’, e incluso que lo alabe. “No sabía que estuviera tan bien”, confiesa.</strong></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><strong>De su ilesa experiencia en la División Azul he pasado a la no tan inocente de otros miles de españoles que, voluntarios o empujados, fueron a Rusia a secundar la causa antibolchevique y antisemita de Hitler. Lo cuenta Jorge M. Reverte en su libro ‘La División Azul, 1941-1944’, que ha salido a la luz recientemente. Ahí se refieren experiencias dispares de los primeros 18.000 voluntarios; mientras unos remoloneaban en Berlín otros sufrían penurias a 50 grados bajo cero y tenían continuos enfrentamientos con los rusos en zonas intermedias próximas a Leningrado. Su misión inicial era estar en la retaguardia, pero acabaron siendo protagonistas de numerosos episodios bélicos y de otros tan absurdos como enviar un destacamento de 200 hombres al rescate de unos alemanes sitiados y sobrevivir apenas 12 no por haber sido emboscados, sino por morirse literalmente de frío. Abunda Reverte en la actividad de exterminio de los judíos en cada pueblo y en cada ciudad rusa llevada a cabo por los nazis, pero deja meridianamente claro que el contingente español fue ajeno a esa barbarie, si bien en algunos casos llegaron a intuir lo que estaba ocurriendo. Estoy acabando el libro. Tras sus labores de retaguardia, no exentas de lucha, los generales españoles le piden a Hitler más protagonismo y éste accede a que tomen parte en la vanguardia del asedio a Leningrado, que se prolongaría durante 900 días con sus noches. </strong></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p><strong>Cuando lees las matanzas de Stalin de la población rusa, los millones y millones de campesinos a los que llevó caprichosamente a la muerte, justificas mentalmente la invasión de su país. Pero no bajo los preceptos de otro chiflado llamado Adolf Hitler, ni con el apoyo de soldados hispanos con ganas de galones y aventuras. Por fortuna, hoy ni Alemania loa a Hitler, ni Rusia a Stalin ni España a Franco. Sin embargo, curiosamente, Francia honra la memoria de Napoleón, otro chiflado, un poco más lejano, que llevó a la muerte a millones de humanos sólo para satisfacer su ego. Como median dos siglos deben de pensar que sólo queda la memoria de haber intentado conquistar Europa. Craso error.</strong></p>
<p><strong>Que la División Azul existiera hace 70 años no debe dejar indiferente a nadie. Parece la prehistoria, pero hay gente paseando por el Muro que estuvo allí con un rifle, con una granada o con una berlinesa. Luego no podemos considerarnos a salvo absolutamente de nada por mucho confort que tengamos ahora mismo en nuestras vidas. Quien puede afirmar, en 2011, que un buen día invadió Rusia puede dar fe de ello. </strong></p>
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