>

Blogs

Adrián Ausín

Campo y playu

Tensión en el ambiente

Salgo de trabajar agotado, pero necesito aire fresco. Pongo rumbo a una sidrería donde está acabando un cumpleaños. La protagonista, un cachu pan, cumple 40. Brindo por sus 40. Los míos casi acaban conmigo. Fue durísimo el trance. Le animo a ella a no ser tan idiota como yo. Entonces un viejo conocido empieza a atacarme verbalmente. Arremete contra la prensa, contra la oligarquía, contra mí. Yo le digo que estoy cansado, que vengo de hacer mi trabajo lo mejor que sé. Pero da igual. Sigue adelante, algo alterado. Pasa de los periódicos a la huelga general en ciernes. Le digo que no creo en la bonanza de la huelga en primer lugar porque no creo en los convocantes: unos líderes sindicales absolutamente acomodados. Esos sí que son oligarquía en Asturias, le digo. Pero él ataca con los derechos de los trabajadores. Y yo quiero tomar un poco de sidra y relajarme. Hablar, por ejemplo, de los tejos y de las maravillosas jornadas organizadas en el Jardín Botánico, a las que he acudido en versión matinal. Nada. Suenan tambores de guerra. Acaba la cena y el cumpleaños se disuelve. Hay niños pequeños y la gente se va para su casa. Entonces me quedo con un amigo y nos vamos a tomar una cerveza en la creencia equivocada por mi parte de que ha terminado el fuego enemigo.

Ya estamos instalados en un chiringuito nuevo para mí, cerca de la tienda del Sporting. Está bien el sitio, aunque sea en un sotanillo. La siguiente carga de metralla viene con tres grandes ejes. El primero el Festival de Cine. Carga mi amigo contra la destitución de Cienfuegos. Asiento. No estuvo bien. Él mira orgulloso un cartel con una ceja revirada que viene a asociar al festival con el espíritu zetapé, lo cual me parece un craso error. Pero bueno, insisto, quiero tomar una cerveza. Entonces gira sus cañones hacia la alcaldesa de Gijón y me salta a la yugular con su ‘spot publicitario’ de meses atrás cuando salió en prensa la foto de ella operando en su tiempo libre. Yo quiero transmitirle que ese aspecto de la vida de la alcaldesa me parece anecdótico, pero él insiste en el error de lo que considera un spot, una difusión pública excesiva de su altruismo. Me parece un debate viejo, agotado y no quiero seguir por ahí. Quiero evasión. Pero él de repente me está gritando. Sufre, me parece, un acaloramiento progresivo que me incomoda. Y de ahí, no sé con qué tipo de pértiga, salta hasta La Zarzuela. Ataca al Rey por el caso Urdangarín. Entonces ya se me hinchan los cojones en grado sumo. Según mi percepción, habrá que atacar al chorizo, no a quien le instó a dejar los trapos sucios, a quien se ha enemistado con su propia familia a cuenta del yernísimo, a quien le emplazó a irse de España. Pero es que no quiero discutir. Pido a mi buen amigo que no me grite más, que baje el tono, que se relaje. Salgo a tomar una cerveza al mes y me encuentro con un viejo amigo gritándome en la oreja contra Carmen Moriyón, contra Cascos, contra el Rey…

Enlazo el ataque de la cena con éste y me pregunto: ¿A quién maté? Así que me despido amablemente tras acabar esta cerveza amarga, cojo la moto y recibo el aire fresco de las dos de la mañana en la cara. Hay electricidad en el ambiente, mala hostia, coyunturas personales difíciles. Lo curioso es que muchos de los que ahora lo están pasando mal (bien que lo siento por ellos) pusieron ocho años en el poder con su voto a un absoluto indocumentado que esquilmó las despensas y ahora responsabilizan de su situación a los nuevos. Quizás sean simplemente desahogos personales con nocturnidad y sin alevosía. Pero yo me voy para casa perplejo, entristecido. Si toda la carga eléctrica que he captado en el ambiente se la pudiéramos inyectar esta tarde al Sporting, no dudo de que volveríamos a repetir aquel glorioso 0-4 en el Nou Camp con goles de Flores, Eloy (2) y Luismi. Ojalá sea así. Esa hazaña sería un buen ejemplo a seguir de luchar por obtener un resultado positivo de las cosas. Disparar contra todo lo que se mueve no suele ser una buena política.

Temas

Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes lo hizo en Bilbao, Sevilla y Granada. También es escritor, con seis obras en su haber: 'Gijón escultural' (2919), 'Cilurnigutatis Boulevard' (2021), 'El buen salvaje' (2022), 'García' (2023), 'En el reino de Kiker' (2024) y 'El centollo vive arriba' (2025). Ha viajado por 42 países y hace su propia sidra.


marzo 2012
MTWTFSS
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031