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	<title>El peluquero de Pableras | Campo y playu - Blogs elcomercio.es</title>
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		<title>El peluquero de Pableras | Campo y playu - Blogs elcomercio.es</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Nov 2012 14:01:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Gijonadas]]></category>

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		<description><![CDATA[Pablo tenía por costumbre ir siempre al mismo peluquero, cerca de su casa. Iba bastante y el tío había cogido confianza. Así que el corte estaba siempre acompañado de unas importantes peroratas. Un día Pableras fue al peluquero con un resacón del quince. No quería hablar, ni mucho menos escuchar. Entró, se sentó, dio sus [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/REC-html40/loose.dtd">
<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><strong>Pablo tenía por costumbre ir siempre al mismo peluquero, cerca de su casa. Iba bastante y el tío había cogido confianza. Así que el corte estaba siempre acompañado de unas importantes peroratas. Un día Pableras fue al peluquero con un resacón del quince. No quería hablar, ni mucho menos escuchar. Entró, se sentó, dio sus indicaciones sobre lo que quería y cuando el hombre de la tijera empezaba a coger carrerilla, le espetó: Hoy no quiero hablar. El buen peluquero, (...)<br/>Read the rest of <a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/2012/11/17/el-peluquero-de-pableras/">El peluquero de Pableras</a> (359 words)charlatán profesional, quedó descolocado. Cortó el pelo a Pablo en riguroso silencio, cobró su servicio y se despidieron secamente. Este incidente diplomático le iba a pasar factura a mi buen amigo en sus siguientes visitas. Había estado ciertamente borde, pero no veía forma de arreglar el asunto y la rutina pasó a ser esa. Un corte de pelo profesional, silencioso y tenso. El peluquero de Pableras estaba herido en su corazoncito. Consideraba que no debía hablar hasta recibir una ‘señal’, pero ésta no llegaba y el hombre, incombustible parlanchín, iba hinchando progresivamente. Tal parecía que fuera a explotar. Pableras se había acostumbrado a la nueva situación, e incluso le resultaba cómoda, pues su estado resacoso era más que habitual. Sin embargo, tras tres o cuatro cortes silenciosos creyó llegado el momento de devolver la voz a aquel buen hombre y, ni corto ni perezoso, cuando éste iniciaba su profesional tarea sobre su cabellera, soltó </strong><strong>de repente: Parece que va a llover.</strong></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><strong>Jamás una frase tan liviana provocó tal bocanada de felicidad, tal estallido de gozo, tal reacción en cadena, tal sucesión de frases acumuladas en una parrilla de salida con el paso de los meses. El buen peluquero de Pableras se puso a hablar sin parar hasta, quizá, provocar cierto arrepentimiento en nuestro protagonista por ese buen gesto con el que quería solapar aquel ‘hoy no quiero hablar’ que atormentó durante meses a su peluquero. Anoche estuve con Pableras, pero olvidé preguntarle por su relación actual con su peluquero, si hablan o callan cuando le corta el pelo. Yo, que llevo más de quince años yendo a Delfín a trasquilarme cada tres o cuatro meses, no dejo de hablar con él, hasta el punto de considerarlo a día de hoy tan peluquero (perdón, estilista) como amigo. Siempre hablamos de viajes, de política, de las cosas de Gijón, de todo un poco, hasta el punto que se me queda corto el tiempo del corte para soltar todo lo que quisiera contarle. Pableras, joder, no seas así. ¡Habla con tu peluquero!</strong></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p> </p>
<p>Pd.-Cerrado por evasión mental hasta el lunes 3 de diciembre.<br>
Amenazo con un pequeño serial portugués (gran tierra y mejores xentes).</p>
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<hr />
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