Blogs

Adrián Ausín

Campo y playu

La ruta el güisqui

(Once días en Escocia 9)

En Escocia es obligado visitar una destilería. ¿Cuál? Hombre, ya puestos, mejor en la llamada Ruta del Whisky. Con el güisqui en Escocia no se juega. Siempre te ofrecerán un güisqui puro de malta y el más básico de doce años. Lo que para nosotros el alta calidad para ellos es la base. De doce para arriba. En Oban, por ejemplo, te ponen un dedal de la marca local y te cobran 4 libras. En Portree le has dejado al camarero elegir y el muy capullo te planta un dedal de 10 libras. Luego verás que en el pub tienen ‘carta de güisquis’ con una interminable lista de marcas patrias. Estamos al norte de las Highlands en Inverness y enseguida, al salir de la ciudad rumbo a la derecha para ir cayendo hacia Edimburgo por la costa este te anuncian la Ruta del Whisky, o sea, de las destilerías.h

g1g2Pones el coche rumbo a Aberlour, un pueblo guapín con un precioso río, el Spey, y una sorpresa unos metros antes de llegar: la fábrica de las galletas Walkers. Lo primero es dar un paseo por la orilla del río, nevada, en el que te ratificas en tu teoría de los colores de Escocia: ríos negros brillantes como la cerveza y montes ocres como el güisqui. Luego visitas la tienda de Walkers, donde los precios curiosamente son idénticos a los del resto del país en todas las modalidades. En todas, salvo en una fundamental: una vitrina tiene paquetes sin el envoltorio tradicional. Una caja de plástico transparente y una bolsa también transparente de cierre propician el ofertón: medio kilo de Walkers 2,20 libras. Pillas Walkers para toda la familia. Luego, antes de la destilería, toca de nuevo un pub para comer: The Mash Tun. Precioso por fuera y amable por dentro.

g3g4Con la panza alimentada, una pequeña carretera secundaria te conduce a las dos de la tarde a Dufftown, donde reina la Glenfiddish Destilery, todo un imperio. Está a apenas cinco kilómetros de Aberlour y entremedias te topas con una imagen sorprendente. Una fábrica de toneles con montañas y montañas de cubas apiladas a la intemperie cubiertas por la nieve, que según te enterarás más tarde no sólo no las estropea sino que las curte para su próximo destino. En la Glenfiddish, son las dos y cuarto, te ofrecen visita guiada a las cuatro. Putada. Pero merece la pena esperar. La recepcionista se apiada de la espera y cuela a los astures en la de las tres, que ya estaba llena. Empieza bien la cosa.

g5g6g7Llega un perfecto british y empieza a contar la historia. La recolección de la malta, la mezcla con agua de manantial, el paso por los alambiques, la estancia g8g9en la barrica… Glenfiddish data de 1886 y, según comprobarás en el aeropuerto, la botella más barata parte de los cuarenta y pico euros. Ahí es nada. En la cata final probarás de 12, 15, 18 y 25 años, cada güisqui con su matiz. Más madera, más suave, más cañero… Los escoceses están orgullosos de tener un producto auténtico, con mucha historia detrás y sin mezclas de ningún tipo. Un cereal, la malta, deriva en todo un tratado de reconversión a una bebida depurada que es religión en la barra del bar. Algunos tienen cientos de marcas. Normalmente, lo toman solo. Por dedales. Y no está mal visto rebajarlo con agua. Hasta ahí. La visita de hora y media resulta muy didáctica, con pequeñas bromas british del guía, con perfecta cara de inglés clásico en el vestir y trasgresor en el salir. La cata deja el paladar caliente. En los inicios del proceso, en las barricas llega a haber un líquido de casi cien grados de alcohol. Al final rondará los 40, que es lo que calienta los cuerpos antes de abandonar Glenfiddish. Y por supuesto de brindar en los idiomas de la docena de visitantes: Cheers, Skol y Salud.

g10A las 4.30 de la tarde es de noche en Escocia. Al tomar la carretera rumbo a Stonehaven, la cosa está cruda. Cero grados, cielo negro y unos pequeños copos de nieve empezando a caer. En la carretera secundaria inicial hay hielo y toca ir pisando huevos hasta llegar a la general y luego la autopista. El güisqui calienta el ánimo camino del bed & breakfast de este bonito pueblo costero, unos kilómetros al sur de Aberdeen. La casa es de revista y el casero hará una visita guiada a la que solo le falta una pareja de violinistas haciendo los coros. Hay salón con chimenea y botella de güisqui a disposición del cliente. Y ático con vistas al pueblo y el mar para los asturianos recién llegados. 

Temas

Campo y playu y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.

diciembre 2017
MTWTFSS
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031