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Adrián Ausín

Campo y playu

Dunnottar, Glamis y Stone (tres castillos)

(Once días en Escocia 10)

Stonehaven es un acierto. Guarida de Piedra se llama este bonito pueblo situado al sur de Aberdeen. Cuando las autopistas se acercan a las ciudades empiezan a estar llenas de rotondas comunes para ambos sentidos. Un peligro. Y cometes el error de ir primero hacia Aberdeen, meterte en la boca del lobo con mucho tráfico y desviarte luego hacia Stonehaven siguiendo la autopista. Siempre mejor las carreteras secundarias en Escocia, salvo algún tramo concreto. El bed & breakfast es, dicho está, de revista. Todo medido al milímetro. Un casero orgulloso de su casoplón repasándote las excelencias de cada planta con un discurso que parece esté grabando en directo para la BBC. Todo perfecto, cálido, acogedor, con fotos de la feliz pareja y sus hijos adornando las escaleras, con un ventanal mirando al pueblo desde la habitación del ático y un desayuno a la carta de foto al que solo le falta el matrimonio tocando arpa y violinín. El espigado casero, con gafas y perilla, oferta el uso de un gran salón con decantador de güisqui incluido y tras una buena cena en el enésimo pub con encanto en el paseo marítimo (el Ship Inn) no dudarás en pegarle un tiento para rematar oportunamente la ruta del güisqui recorrida durante el día.

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Por la mañana, a primera hora, Stonehaven ofrece un paseo litoral hasta su gran atractivo: las ruinas del castillo de Dunnottar. Espectaculares. Recortadas contra el mar. Mitad ‘Inmortales’, mitad ‘Braveheart’, mitad ‘Hamlet’; esta última, en versión de 1990, con Mel Gibson de rudo protagonista, rodada aquí en parte. De esta ruina fantasmal pasarás en menos de una hora de coche a un palacio rebosante de esplendor: Glamis. En el castillo de Glamis nació la reina madre (Isabel, 1900-2002) cuando no sabía que reinaría. Resulta que ‘Cocinitas’ (como la llamaban por su aspecto simple), de familia noble, se casó con un tartamudo hijo de rey pero destinado a ser solo infante. La abdicación de Eduardo VIII para casarse con la Simpson, una mujer divorciada, un pecado en aquella Inglaterra de rancio abolengo, fue el desencadenante de que cambiase la historia. Murió Jorge V en enero de 1936 y Eduardo VIII fue rey  hasta diciembre, cuando, antes de ser coronado, decidió pegarse el abierto con su amada en un gesto digno de película, lo cual derivó los focos hacia su hermano menor, el tartamudo de la película ‘El discurso del rey’.

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s3Todo ello se cuenta en la interesantísima serie ‘The crown’ (La corona). Y todo queda perfectamente al descubierto en Glamis, donde verás los salones donde almorzaban la Reina Madre, Jorge VI y sus hijos: la futura Isabel II (1926) y Margarita, que nació en el propio castillo y murió el mismo año que su madre (1930-2002). Todo ello, cabe insistir, cuando la línea sucesoria era otra y ellos solo estaban

The Drawing Room houses a Jacob de Wet painting, one of hundreds of art works throughout. Image courtesy Glamis Castle

destinados a ser una familia noble, adinerada y real, pero sin cargos institucionales. Glamis fue durante siglos residencia real. En la I Guerra Mundial, el castillo se convierte en hospital militar y la reina madre, entonces una adolescente, asiste a los soldados. La familia real británica aún acude a Glamis y utiliza los salones que se admiran en la visita. En una inmensa chimenea con dos bancos a cada lado, explica la guía, se sentaban Isabel y Margarita charlando y contemplando el fuego. En  el sofá de al lado jugaban a las cartas. Salones, dormitorios, capilla, cocinas… Todo está a la vista en este imponente castillo/palacio rodeado de jardines. Hoy, esta mansión pertenece a un codiciado soltero. No a la descendencia de Isabel Bowes-Lyon, pues la reina madre fue la menor de nueve hermanos, por tanto la herencia del castillo está en manos de un sobrino nieto, cuya imagen se puede apreciar en algunos retratos enmarcados. La visita guiada no tiene desperdicio.

st1La última escala del día está a tres cuartos de hora en coche. Stone es la cuna de Escocia y en su castillo se coronaron sus primeros reyes, allá por el siglo XIV. Como estamos en invierno, en este caso está cerrado. Pero te dejan recorrer sus jardines, donde no falta un laberinto tipo ‘El resplandor’, y circunvalar su fachada. Entras al laberinto, pero al cuarto giro tomas consciencia de que la cosa no va de broma y reculas. Si aparece Jack Nicholson con un hacha eres hombre muerto. De las ruinas de Dunnottar al esplendor de Glamis y la sobriedad de Stone en unas horas. El día está más que cumplido. Toca poner rumbo al último bed & breakfast. Al día siguiente aún queda material antes de despegar desde Edimburgo a media tarde.

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Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.

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