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Adrián Ausín

Campo y playu

La partitura

El silencio forma parte de la partitura. Hay silencio antes y hay silencio después. En la naturaleza, el silencio es una nota musical más, con la que congenian maravillosamente los pájaros, el viento, el sonido del río e incluso los animales salvajes. Entre los hombres, cuando se hace el silencio la cosa cambia. Puede ser un reposo. Pero puede ser un drama.
papis-reduxEn 1958, un avión procedente de Bilbao trajo a Gijón a un joven de 26 años con toda la ilusión del mundo. Aterrizó en La Morgal y, tras hacer escala en Vigo, al día siguiente cayó al mar en Barcelona dejando catorce muertos. De aquel avión estrellado aterrizó en la villa de Jovellanos una persona que enseguida lució su buena estrella en esta ciudad. Le fue bien en el trabajo, dando impulso a la empresa que vino a dirigir, Hierros Vasco Asturianos; hizo un montón de amigos, se enamoró y se casó. ¿Casástete?, le decían. Y él, gijonés ya de adopción, replicaba «casémeme» pensando que era así como se decía. El habla autóctona le costó un poco, pues si la típica muyer le decía «yes bobu» a modo coloquial él no lo entendía muy bien y pensaba que le estaban insultando. Tuvo cuatro hijos y se hizo tan gijonés que enseguida dejó de lado al Athletic de Bilbao de sus amores para ser un entusiasta socio de la Tribunona, donde tendría asiento durante 54 años. Se hizo sportinguista y, con el devenir del tiempo, también ateneísta, aliado de todas las causas musicales (la OSPA, la Sociedad Filarmónica, la Coral Polifónica…) y culturales, socio colaborador de una larga lista de entidades benéficas, veterano suscriptor de EL COMERCIO y personaje inequívoco del día a día. Ya en su vejez, era normal verlo atravesado por el centro, con sus recados, sus manos a la espalda rozando los dedos, dispuesto siempre a dejar patentes sus indiscutibles señas de identidad: una bonhomía y generosidad con el prójimo sin límites aderezadas por el ingenio y el gusto por el humor e incluso, a veces, la provocación amistosa.

El bilbaíno reconvertido en entusiasta gijonés también cultivó secretamente la poesía. Así, en su casa, no era extraño encontrar un sobre del banco con unos versos encadenados en el reverso: «Si volviera a amanecer / de los pájaros, la melodía / de los vientos, la caricia / de la luna, poesías / de las artes, maravillas / de las hadas, la belleza / de las almas, la bondad / de los cielos, las estrellas…».

El pasado domingo, ese señor que llegó de Bilbao en avión se apagó en un instante dejando la partitura en silencio para siempre. Gijón perdió a un entusiasta vecino adoptivo que se pasó la vida cantando las excelencias de esta ciudad a quien quisiera escucharle;y el rincón donde reposa ya en la naturaleza, entre robles y viejas rocas, ganó una maravillosa compañía.

Si volviera a amanecer, padre, para mí la quisiera.

(Publicado en EL COMERCIO el sábado 3 de febrero de 2018)

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Campo y playu y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.

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