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Adrián Ausín

Campo y playu

Suenan las motosierras

En plena invernada, con los termómetros y el ánimo bajo cero, el campo es la válvula de escape perfecta. Da igual que esté encharcado. Solo es cuestión de ponerse las botas de agua, equiparse y aguardar como un raposo esos tiempos intermedios que van dejando los chaparrones. El frío glacial mantiene la naturaleza estática, hay tal quietud en los prados que cualquier tarea tiene un resultado de larga duración. Una de las principales entre enero y febrero son las podas, que le dejan a uno la misma sensación que cuando sale del barbero. Cortar para fortalecer, para regenerar, para reequilibrar.

motAsí, desde Fano hasta Castiello, desde Fontaciera hasta Deva, en la zona rural es moneda común en estos días toparse con el sonido de las motosierras haciendo su contradictoria labor. Pues cortan vida para renovarla. Y, de paso, llenan las leñeras de provisiones para afrontar con éxito otra guerra paralela: la del calor contra el frío, la del fuego contra (en casos extremos)la nieve.
Antes de empezar la tarea, es bueno rodear el árbol, escrutarlo, analizar inclinaciones peligrosas sobre las que puede cebarse un vendaval, descubrir ramas que distorsionan la armonía interna y, con el plan de ataque en mente, arrancar la motosierra. Cuando el grosor es importante, procede ir de fuera adentro, lo cual permite ya trocear los tucos para la chimenea en el propio árbol. El característico sonido balbuceante del acelerador inunda el campo a media mañana, dejándose oír en la distancia como una injerencia no del todo desagradable. Del eficaz trabajo de la motosierra salen enseguida una montaña de troncos, por un lado, y otra de ramas, por otro. Ambas para quemar, una en la vivienda y otra en la hoguera cuando haya secado un poco. La poda resulta esencial con los manzanos que, en su caótico crecimiento, tienen especial querencia a las declinaciones más inverosímiles, los chupones y cruces de caminos que acaban afeándolos y haciéndolos vulnerables. Algunas veces, ojo, también graciosos.

La peligrosa maquinona hace su tarea a velocidad de vértigo. Solo falta criterio. Luego vendrán las tijeras de podar para las ramas menores. Finalmente, una buena inyección de cobre y antídotos contra las ‘formas invernantes’, esa maravillosa semántica que engloba a línquenes, hongos y musgos varios. Una buena fumigada resultará providencial para que, llegada la primavera, todo esté en perfecto estado de revista.
El campo le marca los tiempos al hombre. Seguirlos es garantía de éxito. Y de paz interior. Cuando en un par de meses la sidra esté fermentada en las barricas, lista para el embotellado, quien haya hecho ahora los deberes podrá laborar tranquilo mientras su pomarada se despereza con fuerza. La motosierra actuó a tiempo.

(Publicado en EL COMERCIO el sábado 10 de febrero de 2018)

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Campo y playu y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.

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