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Adrián Ausín

Campo y playu

Se busca verano

Cuando el verano no acaba de entrar por la ventana de casa, procede ponerse el traje de explorador y salir a buscarlo. Pero igual, en tierra autóctona, no logramos dar con él por mucho que lo intentemos. Entonces se puede aplicar el ‘plan b’. O sea, buscar sensaciones aproximativas. Una es ir a cortarse el pelo. Con dos kilos menos de peso en la cabeza, el cerebro funciona mejor. Gana, digamos, dinamismo vacacional. Otra es precisamente esa: irse de vacaciones. Apagar el ordenador un mes es la terapia más veraniega a la que uno puede aspirar, máxime en este junio convulso en el que se apilan acontecimientos sin tregua. España estrena Gobierno con astronauta incluido (¿pidió la Luna?), Asturias se prepara para el barbonismo y el bilingüismo artificial; y Gijón, mientras urde una moción de censura a la española y recibe la visita del lobo hasta la trastienda de Cañamina, se ha vuelto marrón. Hartos del gris cielo, nos ha dado por innovar y lucimos últimamente un ‘caca’ marinero que es el último grito de los telediarios. Tan famosos nos hemos hecho que la ciudadanía ya duda si ir al baño de casa o bajarse los pantalones en el puente del Piles y deponer copiosamente para que el marrón mantenga su brillo y, a falta de soles, garanticemos este año un turismo sin complejos ávido de nuevas experiencias.

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r2r3El miedo a las consecuencias de otra monumental cagada, alinear a Álex Pérez (y a otros seis titulares) en Córdoba, se consumó anoche con la derrota en Valladolid. Perdimos seguridad atrás y frescura; y ocurrió lo previsible. Ahora toca remar a contracorriente en El Molinón. r4Siempre resurgía Preciado con aquello de que mañana saldrá el sol. Pero eso, en este junio de tonos marrones y grises, no sabemos si será mucho decir. Quizá sea mejor practicar con el futbolín, recién pintado y barnizado, donde nadie le impide a uno fabular con un Sporting-Madrid e incluso ganar a los ‘florentino boys’ aunque pite Borrás del Barrio.

Esa ha sido la primera tarea prevacacional: lijar, barnizar y pintar el fubolo. La segunda, tras ensayar el ascenso a pequeña escala, pasa forzosamente por emigrar antes de que la botritis propia de las huertas arraigue en el cerebro. El gijonés pervive con una endémica carencia de vitamina D y en lugar de pasar el verano quejándose lo que debe hacer, sin ninguna duda, son las maletas. De lo contrario, el marrón está asegurado.

(Publicado en EL COMERCIO el 8 de junio de 2018)

 

PD.-Pintar un futbolín no es moco de pavo. ¡Cuatro horas! Pero presta un huevo. Zapatos y pelo en negro; medias y pantalones rojo pitufo, fondo de camiseta blanco y, al final del todo, las rayas rojas que llegaron como una explosión de color. Parecía acabado pero de repente te das cuenta de que los jugadores no tienen ojos. Se gastaron de tanto apuntar y así vuelves al negro y vas colocando sendos puntos en los veintidós hombres de campo. Y de propina, para rematar, te animas con unas patillas, alguna mosca, una perilla aquí, un bigote allá que completan las alineaciones. ¡A jugar!

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Campo y playu y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.

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