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Adrián Ausín

Campo y playu

Ponga a Craviotto en su vida

Así como nuestro señor Jesucristo determinó un antes y un después en la vida de los hombres, como bien nos recuerda el calendario; en estos pagos gijoneses estamos llegando a la conclusión de que todo fue antes y después de Saúl Craviotto, quien acaso no por casualidad tiene en estos momentos la edad de Cristo crucificado: 33 hermosos, admirados y nunca suficientemente ponderados años.

Gijon. 06/08/2018. Saul Cravioto (piragüista) Pregonero de las fiestas de Begoña. Foto: Daniel Mora.

Gijon. 06/08/2018. Saul Cravioto (piragüista) Pregonero de las fiestas de Begoña.
Foto: Daniel Mora.

Desde su última victoria en Río de Janeiro, el piragüista olímpico, poli bueno leridano y gijonés de adopción ha dado tal salto a la fama que ya nada se concibe sin su amable, educada, ejemplar y guapa presencia. Pese a haber sido medallista en Pekín 2008 y campeón del mundo en 2009, 2010 y 2011, el fenómeno Craviotto no se nos fue de las manos hasta 2016. Tras su triunfal regreso de Brasil, nuestro deportista ‘tope gama’ empezó a exhibir su bonhomía en colegios y galas solidarias, a recibir premios de todos los colores y acudir ahí adonde le llamasen. También escribió un libro. El salto a la televisión era solo cuestión de tiempo y durante unos meses ahí estuvo cocinando para todos los españoles en ese insufrible reality llamado ‘Masterchef’ que se le mete a uno hasta el cuarto de baño de casa aunque tenga el televisor apagado. «Va a ganar Craviotto. Da muy bien en cámara». El comentario educado que no dejaba de escuchar el cilúrnigo, unas palabras suaves encubridoras del pensamiento universal femenino, o sea «¡qué bueno está!», resultó profético. Cómo no iba a ganar nuestro nuevo mesías. Acabó el culebrón de los fogones televisivos y el cilúrnigo, allá por junio, se fue de vacaciones creyéndose a salvo de Craviotto, mirando de reojo en los hoteles de las islas del Egeo por si esta mole de 98 kilos irrumpía en cualquier momento hablando griego o incluso, tan majo él, disculpándose por un control policial y poniendo de paso en jaque su matrimonio. Milagrosamente, no apareció. Pero hete aquí que, de vuelta, en El Prat, ¿a quién se encuentra en la cola de Vueling para regresar a Asturias? El cilúrnigo ve de perfil un brazo como cien ñoclas juntas, con unos aros olímpicos tatuados. ¿Yquién ye? ¿Lo adivinan? ¡Craviotto! Como los astures somos muy nuestros, les muyeres guardan las formas, pero hay un repaso generalizado del rimel y un retoque del pelo… por si las moscas.

De nuevo en la villa de Jovellanos, nuestro hombre no podía faltar. Sale en fotografías calentando en el embalse de Trasona, en actos públicos y se cuela también en campañas publicitarias en prensa, radio y televisión. Ahora nos anima a «separar y reciclar» la basura. Y nosotros obedecemos. Es palabra de Craviotto.

La semana arranca rutinaria en el Alimerka. El cilúrnigo se aprovisiona con unos productos básicos, llega a la cola y no se lo puede creer. ¿A quién tiene delante? ¿No lo adivinan? Es nada más y nada menos que Saúl Craviotto (y señora). No solo es olímpico, poli bueno, majo (que lo es), cocinitas para toda la Hispanidad e imagen pública de campañas de sensibilización. ¡También hace la compra! Yes sumamente cortés con la cajera.

Durante un tiempo, las españolas promovieron aquello de ‘César Cabo, contrólame a mí’, en alusión a aquel agraciado controlador aéreo que saltó a la palestra en plena huelga nacional en los aeropuertos. ¿Lanzarán ahora una invitación a Craviotto para que las detenga? Cuestión de tiempo.

(Publicado en EL COMERCIO el viernes 28 de septiembre de 2018)

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Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.


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