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Adrián Ausín

Campo y playu

Gustos Paradisíacos

Parece imposible de creer, pero es así. Ni José Luis Álvarez (1950) ni Chema Castañón (1954) tienen móvil, acaso una razón más para que Paradiso pueda etiquetarse, sin duda, como la librería-disquería más auténticamente genuina de la ciudad. O para que ambos cultiven su pasión compartida por la música y la literatura con un poco más de tiempo, y sabiduría, que los demás. ¿Qué leen, qué escuchan, cuáles son los gustos de estos dos gijoneses ilustrados de la calle La Merced que reconocen funcionar, 40 años después, casi «como un matrimonio bien avenido» que apenas necesita hablar para entenderse? La indagación no tiene desperdicio.

parad-redux-1Era José Luis estudiante, apenas un niño, cuando su padre decidió regalarle un tocadiscos. La compra implicaba la elección de tres elepés y el primero elegido fue uno de Cliff Richard. Ahí empezó todo. José Luis estudió Perito y Profesor Mercantil en la Escuela de Comercio, donde convivió con integrantes de Los Surcos, Los Bríos y más gente de la movida de entonces. También fue cantautor «de estilo pre-sabiniano». La experiencia resultó breve. Un concierto en el María Cristina, otro en Gesto, dos en Madrid y colgó la guitarra. Aquello requería dedicación completa y, aún así, el resultado sería incierto. Entonces, corría 1976, abrió Paradiso en Cimavilla y a los dos años se trasladó al santuario de La Merced, donde paradiso-6-reduzxxxxcontinúa cuatro décadas después con sus pausadas maneras y unos gustos acuñados en otro tiempo a los que jamás renunciará. «Yo vengo de la época hippie», proclama. A José Luis le marcaron los Beatles. «Es el grupo de mi vida, el que más escuché. Surgió en el momento adecuado y fue el más creativo». Si tuviera que elegir un disco, se quedaría sin embargo con el ‘Freewhelin’ de Dylan en un ‘hit parade’ que completa con T-Bone Walker, Otis Redding, Nina Simone, Jaume Sisa, Vainica Doble, Violeta Parra, Camarón, y Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. Estos son los músicos que le marcaron, aunque hoy ande enfrascado en nuevos descubrimientos (el último Sufjan Stevens) mientras despacha elepés en Paradiso, visita el Rastro cada domingo o está en el «refugio» de su casa, esa habitación ‘zen’ donde guarda con mimo su colección de vinilos (cedés pocos). Ahí es donde al padre de Mar y Alicia, las Pauline en la Playa, le gusta recogerse un rato a diario, escuchar música a un volumen discreto («voy a cumplir 68…») o, simplemente, estar.

paradiso-redux-3parad-redux-2Tras Julio Verne, Karl May y otras andaduras juveniles, Chema se adentró en la literatura picoteando en aquellas «tentaciones» que le enviaban los editores a su padre, Luciano Castañón, en su condición de crítico literario. De aquellas «golosinas» pasó casi directamente a Paradiso en 1979 tras un paréntesis para licenciarse en Historia y hacer la mili. Y allí sigue. Con la literatura como profesión y pasión, a la que entrega las tardes libres y todas las noches después de cenar, hasta que le vence el sueño, amén de leerse tres periódicos diarios y varios suplementos literarios semanales. Para Chema, las vacas sagradas están claras:«Kafka, Poe, Bretón, Borges, Rimbaud, Pavese, Octavio Paz, Lezama Lima, Cortázar…» y, en el ámbito local, «Ricardo Menéndez Salmón», a quien sitúa en la vanguardia española, donde también reseña, sobremanera, los diarios de Trapiello. Con los años, Chema ha ido orillando la novela por «ese progresivo descrédito de la ficción» que dejó paso a biografías, obras de hechos reales, la literatura del yo y, muy especialmente, poesía. Si debiera elegir un libro se queda con los ‘Aforismos’ de Lichtenberg. Pero para una isla desierta quizá cambiase estas máximas filosóficas aceradas y agudas, a veces un tanto amargas, por los haikus de Matsuo Basho, «más espirituales». Ahí duda José Luis. Al final se decanta por el disco de Dylan, «aunque dentro de tres meses te diría uno distinto». Gustos paradisíacos, sin duda, de dos vidas que navegan entre la música y la literatura.

(Publicado en EL COMERCIO el viernes 5 de octubre de 2018)

 

POSDATA
Las limitaciones del papel impiden recoger la apuesta realizada por Chema y José Luis a pie cambiado; es decir, el disquero, de libros; y el librero, de discos. Ahí van, con algunas similitudes entre ambos, pues ser de la misma generación y verse a diario resultan factores un tanto mimetizantes.

JOSÉ LUIS tiene como libro favorito ‘En el camino’, de Keruac. No quiere esto decir, advierte, que lo juzgue el mejor libro de la historia, sino que le marcó especialmente cuando lo leyó. Y de escritores enumera los siguientes: a Edgar Allan Poe, Franz Kafka, Jorge Luis Borges, Fernando Pessoa, Thomas de Quincey, Robert Louis Stevenson, Charles Baudelaire y Henry David Thoreau.

CHEMA, musicalmente, destaca ‘Streetnoise’ de Julie Driscoll, Brian Auger & The Trinity; como un disco “plenamente recomendable”. Y su chuletón de favoritos lo integran Bill Evans, Charles Mingus, Billie Holiday, John Lee Hooker, Joao Gilberto, Caetano Veloso, The Kinks, Steely Dan, Van Morrison, Marianne Faithfull y Kiko Veneno.

Ahí queda eso.

(La foto en blanco y negro es del verano de 1978, primer año de Paradiso en La Merced tras dos temporadas en Cimata, donde José Luis inauguró la librería-disquería. Aquel verano, Chema trabajó un mes en Paradiso, aprovechando las ‘vacaciones’ de la mili y fue tras terminar el servicio militar en 1979 cuando se incorporó definitivamente a Paradiso.

Temas

Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.


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