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Adrián Ausín

Campo y playu

Gijoneses en el Gulag

Allá por los años 30, 40 y 50, millones de rusos fueron deportados al Gulag por el imperio del terror stalinista. Al igual que sucediera con los judíos en Alemania, los hacinaban en un tren y, dos o tres semanas después, iniciaban una nueva vida, al filo de la muerte, en los campos de trabajo dispersos por toda la Unión Soviética, sobre todo en Siberia y muchos por encima del Círculo Polar Ártico. A diferencia de los judíos, en este caso no era una cuestión de raza. Simplemente, de desafecto. Bastaba ser hijo de un deportado (al que había denunciado un vecino que ambicionaba su casa) para recibir la visita nocturna.

Construcción de la "Carretera de los Huesos" en el extremo oriental de Siberia, con presos del Gulag.

Construcción de la “Carretera de los Huesos” en el extremo oriental de Siberia, con presos del Gulag.

Pero en el Gulag no solo penaron los rusos. También hubo españoles y, entre éstos, dos o tres marineros gijoneses. El final de la guerra civil española les pilló atracados en Odesa y, al ser republicanos, decidieron en un primer momento no volver a la España de Franco. Los rusos los acogieron, pero cuando pasado un tiempo les exigieron implicarse en su causa, en especial tras entrar en guerra con Alemania, 45 de ellos recelaron y quisieron abandonar la URSS. Fueron tratados de traidores, detenidos y encarcelados en 1941. Solo uno regresaría con vida a España trece años después.

Julio Martínez Berros (Gijón, 1900) fue el que menos resistió. Tras pasar por varios campos de tránsito por las estepas centrales, llegó a Yakutsk, «una ciudad de hielo y penumbra», donde estuvo dos meses trabajando en una línea férrea a -40 grados. Las temperaturas caían a veces hasta los -65, la ropa de los presos no era adecuada, algunos forraban zapatos de caucho con papel de periódico y cartones;y la comida era la justa para sobrevivir: medio kilo de pan al día, una sopa de coles y un porcentaje mínimo de proteínas. El paisaje tampoco contribuía: en la tundra, llanuras de hielo con apenas líquenes y musgos, el invierno duraba nueve meses, una parte de ellos nocturna, y en los veranos había unos mosquitos casi peores que el frío. Berros sobrevivió a las vías del tren, pero sucumbió en la posterior construcción de una carretera entre Norilsk y Dudinka. Fue uno de los seis u ocho españoles que fallecieron entre 1941 y 1942. No consta el motivo. Solía ser escorbuto, disentería, debilidad cardiaca, accidentes o algo muy parecido al hambre. Al muerto le hacían el honor de atarle su nombre a un pie, escrito en una tablilla, antes de lanzarlo a una fosa común.

gulag-reduxAvelino Acebal Pérez (Jove, 1894) tuvo mejor suerte. Llegó a Odesa como fogonero del buque gijonés ‘Inocencio Figaredo’ y, trece años después de su confinamiento en Siberia, sería uno de los 286 españoles que embarcaron en el mismo puerto soviético en el ‘Semíramis’ rumbo a Barcelona. Fue en 1954, un año después de la muerte de Stalin. Junto a Acebal, regresaron ocho marineros asturianos y otras ‘tipologías’ de encarcelados:presos de la División Azul, aprendices de piloto a quienes pilló en Rusia el fin de la contienda española y algún niño de la guerra. Todos ellos habían hecho piña en los campos de trabajo pese a tener unas ideologías contrapuestas que en el caso de los republicanos se debilitaron con el stalinismo. En el Gulag coincidirían también con personajes como Lina Codina, madrileña, esposa de Prokófiev, quien aprendió a sacarle matices de felicidad, en plena Siberia, a unas franjas rojizas que irrumpían un par de horas en el cielo en las inacabables noches de invierno; o la mujer de Molotov, o la amante de Boris Pasternak y su hija, en quienes el escritor se inspiró para su universal ‘Doctor Zhivago’. De todos ellos da cuenta el escritor leonés Secundino Serrano en su apasionante libro ‘Españoles en el Gulag’, del que también han escrito descarnadamente el nobel Solzhenitsyn y, este último año, la checa Monika Zgustova.

Queda un gijonés. José Sáez Menéndez (1900). Un enigma. Si Berros murió y Acebal sobrevivió a Siberia, Sáez figura como desaparecido. El primer maquinista del ‘Inocencio Figaredo’ intentó fugarse a través de Rumanía en enero de 1940 con otros cinco marineros y ocho pilotos españoles al no permitírseles abandonar la Unión Soviética. Los detuvieron a todos. ¿Acabó sus días en el Gulag o en un paredón? ¿Volvió a fugarse? ¿O se integró? Solo Stalin lo sabe.

(Publicado en EL COMERCIO el viernes 26 de octubre de 2019)

 

pd.-quedan mil asuntos en el tintero:

1.La lista completa de nueve asturianos que volvieron del Gulag en el ‘Semíramis’ es: 1. Avelino Acebal Pérez (Gijón). 2.Alfredo Carreño Sánchez (Siero). 3.Santos González Cangas (Oviedo). 4. Nicanor Gutiérrez Fernández (Pola de Lena). 5. José Jiménez Díaz (Sama). 6.Gabriel Moreno Martínez (Mieres). 7. José Rojo Rojo (Sevares). 8. Jerónimo Arias Pérez (Laviana) y 9. Ricardo Álvarez Pérez (Ribadesella). Recordemos que Avelino era marino y los otros ocho habían sido apresados en las filas de la División Azul.

2.Curioso dato es que la mortandad en los campos no superaba a la del resto de la Unión Soviética. Muchos morían a consecuencia del trabajo intensivo en condiciones pésimas, pero todos los días tenían un rancho justito para ir tirando; mientras la población libre en ocasiones sí moría de hambre.

3.Curioso también que el Gobierno de la República en el Exilio, asentado en París, miró para otro lado durante esos años de Gulag entre 1941 y 1954. Si había republicanos apresados por Stalin algo habrían hecho. Esa era su teoría. Ni se les pasaba por la cabeza ‘enfrentarse’ al genocida ruso, al que trataban como un héroe. Franco, entretanto, tampoco miró para los presos de la División Azul, en este caso al descartar ‘rebajarse’ a negociar con un estado enemigo como era la Unión Soviética. Muerto Stalin, las gestiones finales para fletar el barco que los trajo a España fueron desde la España franquista.

4. El común enemigo en que se convirtió Stalin anuló todo recelo entre rojos y azules en los campos de trabajo, donde prevaleció su origen español.

5. Las tareas en los campos eran variadas según dónde estuvieran: explotaciones mineras (la más dura), construcción de carreteras, canales y puentes (tampoco estaba mal), tala de árboles en los escasos bosques, intendencia, etc. Como castigo, también cabía que te mandasen cavar una gran zanja sobre un suelo helado duro como una piedra y una vez abierta, taparla de nuevo.

6. El libro de Secundino Serrano es un compendio de datos interesantísimos que hace innecesaria la literatura. En el de Zgustova, centrado en las mujeres que sobrevivieron al Gulag, varias dicen que no reniegan de esta experiencia extrema. Consideran que sin ella no sabrían valorar la vida como lo hicieron después. Un comportamiento singular que es común a veces a otras personas que han vivido una experiencia extrema. Lo que les rodea luego lo consideran a veces liviano, superficial, confuso. El de Solzhenitsyn, el archifamoso ‘Archipiélago Gulag’ que le valió el Nobel, es una enmeración de hechos ciertos vividos por él y por otros compañeros de prisión. Aún estoy en él. Dos anécdotas antológicas son: una, la que lo inicia: unos trabajadores descubren en el subsuelo un río helado y en él peces helados quién sabe cuántos cientos de años atrás. ¡Se los comieron! La otra ilustra el imperio del terror. Acto stalinista en una fábrica de papel. Acaba. Aplausos. Aplausos. Aplausos. 3, 4, 5, 6, 7 minutos. Nadie se atreve a dejar de aplaudir. Agotamiento total. Aplausos. Aplausos. 8, 9, 10 minutos. A los 11 minutos, el director de la fábrica toda la decisión. Deja de aplaudir y se sienta. Agradecimiento generalizado. Ha salvado vidas. Pero a la mañana siguiente es detenido. En el juicio rápido le acusan de ‘genéricos’ como desafección al régimen y cosas por el estilo. Pero cuando se va (diez, veinte años al Gulag) el juez le susurra: ¿CÓMO SE LE OCURRE DEJAR DE APLAUDIR EL PRIMERO?

 

FIN

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Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.


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