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Adrián Ausín

Campo y playu

Que levante el dedo

Papá, ¿cuánto hay que trabajar para tener paro? ¿cómo secobra la renta social? Un gijonés de 18 años recién cumplidos deja patidifuso a su padre al preguntarle por su

RENTA SOCIAL ETIQUETAS FOTO ARNALDO GARCIA

‘futuro’. El chaval fue tres meses jardinero a los 16, pero cansó y volvió a estudiar. Ahora, influido por el ambiente circundante, calibra la forma de vivir sin pegar ni sello. El padre, trabajador infatigable, se desespera. Dicen que la realidad supera la ficción. Veamos unos ejemplos.

1.-Un joven uruguayo alquila una habitación en El Coto. Llega sin un céntimo. Cobrará la renta social en unos días. El casero le presta 20 euros para que se compre algo (fianza a la inversa) y el chaval llega al cabo de un rato con una bolsa llena de cervezas. En los cuatro primeros días se dedica a fumar y jugar con el móvil. Declara que no tiene intención de buscar empleo. Llegó a Asturias por una novia y ahora simplemente vegeta. Pasan los días y no paga. Ni limpia. El casero solo le ha puesto una norma imperativa: cerrar la puerta de la calle para que no se escape el gato. Una mañana, al mediodía, se encuentra la puerta está abierta de par en par y el ilustre inquilino duerme plácidamente. Le invita a marcharse.

2.-T. es gijonés, rebasa los 50 y lleva varios años cobrando renta social y ayuda a la vivienda. Casi 700 al mes. El Ayuntamiento le ha sumado la ‘tarjeta black’, cargada con dos mil y pico euros. Pese a ser titulado superior y dominar tres idiomas, lleva unos diez años sin hincarla. El piso son 350 y con el resto tiene para sus vicios. Los padres le echan algún capote y la lectura, el deporte y los amigos le mantienen plenamente entretenido. ¿Trabajar? Sus carcajadas llegan hasta el Cerro.

3.-K. es africano y se las sabe todas. Cobra renta social, ‘tarjeta black’, ayuda a la vivienda y ayuda por hijos. Tiene tres. En total, ronda los mil euros, engordados con alguna chapucilla en ‘b’. En su país, explica, «hay que trabajar como un animal para comer». En Asturias, «se puede vivir sin trabajar». Abismal diferencia que sus compatriotas valoran debidamente. De hecho, ya tiene varios afincados en Gijón disfrutando de este singular paraíso natural arruinado de costumbres millonarias.

4.-H. es un profesional de las ayudas. Frisa los 40 y no se le conoce por la Seguridad Social. Todo lo más, este gijonés a veces coge su guitarra y se va a cantar al Muro para sacarse un sobresueldo con el que mantener el coche y algunos vicios no tan básicos. A sus amigos les entonaba unos hirientes ripios que fueron reduciendo la nómina de allegados:«Bien comido, bien dormido / ¿qué más quieres cuerpo mío? / ¿Trabajar? / Todo no se te puede dar». Que remataba con una risa tipo ‘Amadeus’.

Podría seguirse enumerando a personas jóvenes y sanas viviendo del cuento. El Principado dedicó 150 millones de euros en 2018 y el Ayuntamiento, 8,1 a este capítulo. Mientras Finlandia ha suspendido su ensayo de renta básica al concluir que «hacía a la gente pasiva» aquí se dispara el derroche.
Salvo dependientes y personas jubiladas sin recursos, de obligada atención, ¿qué hacer en Asturias con el resto? Obviamente, ¡a trabajar! Hay mucho ciudadano irritado con este pozo sin fondo y el 26-M toca votar. Si algún partido piensa poner fin al cachondeo, por favor, que levante el dedo.

PD.-Caso 5. Otro gijonés perceptor de renta social lleva un par de años viviendo en Centroamérica con unos euros de aquí que allí son sustanciosos. Basta dejar un sherpa que atienda el correo.

 

Publicado en EL COMERCIO el jueves 7 de marzo de 2019

Temas

Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.


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