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Adrián Ausín

Campo y playu

El fruto de la sidra

Hay fenómenos de la naturaleza que, pese a verlos cada año, no dejan de parecer milagrosos. Contemplar durante meses a los árboles convertidos en espectros, con sus ramas resecas sin un atisbo de vida hace inverosímil el misterio de la primavera. Los manzanos en flor son un espectáculo mayúsculo y no hace falta salir de Gijón para verlos. Basta tomar cualquier senda en busca de una pomarada. Aquí, a pie de concejo, tenemos un fenómeno digno del boato de los extremeños del Jerte con sus cerezos y no estaría nada mal que lo disfrutásemos también en algunas zonas verdes del núcleo urbano, pues, además de los oricios y los centollos, poco habrá más asturiano que un manzano y en la ciudad brillan por su ausencia.

De la floración se pasa al segundo milagro: las manzaninas. Cuando asoman esas canicas verdosas y rojizas ya sabes que, salvo vendaval, nada detendrá el proceso. Solo les falta engordar, coger carne y dejarse caer, graciosamente, al inicio de la otoñada.

manzas-reduxEl tercer milagro ya no es cosa de la naturaleza. Ese lo pone el hombre al convertir el fruto en sidra, ese néctar de los dioses celtíberos con el cual practicamos el sacrosanto ritual del escanciado. La sidra es nuestro grial y fabricarla constituye una religión. En todo ello piensa el cilúrnigo cuando pasea por su pequeña pomarada contemplando ramilletes de vida de lo más dispares y viendo, asimismo, crecer con vigor la huerta plantada hace apenas tres semanas.
Los manzanos están cargados. Es año impar. La sidra de 2017 salió de restallu. El año pasado casi no hubo producción y si los árboles descansaron su guardián hizo lo propio. Éste piensa seguir todas las pautas adquiridas, tras cometer gruesos errores, para alcanzar la excelencia de la sidra casera. Mezclar bien los tipos de manzana, dejarla oxidar un día en el llagar antes de empezar a prensar, cortarlo al cabo de tres jornadas y volver a prensar, intercambiar un poco de caldo con un par de productores amigos para enriquecer las variedades del fruto y estar ojo avizora para buscar el momento adecuado y corchar. Los sidreros metidos en años aguardan mucho; les gusta un caldo bien cuajado. El cilúrnigo la embotella tierna, alegre, cantarina, allá por marzo.

manzas-redux-2Queda mucho para ese tercer milagro. El de la conversión de las guirnaldas navideñas de la fotografía en sidra. Pero todo acaba por llegar. Es así como si entre los hombres se sustancian amarguras, en el campo reinan de forma natural la vida y la alegría. De modo que cuando brota la flor de un manzano mentalmente puedes comenzar ya a escanciar.

(Publicado en EL COMERCIO el jueves 30 de mayo de 2019)

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Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.


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