Cilurnigutatis Boulevard 28 (El encuentro) | Campo y playu - Blogs elcomercio.es

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Adrián Ausín

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Cilurnigutatis Boulevard 28 (El encuentro)

28.

Tarita caminaba radiante de carisma. Iba sencilla, con camiseta y vaqueros, pero espectacular. Llevaba el pelo recogido y liso, con una hermosa cola que se balanceaba levemente hacia los lados. Su característico andar acompasado, recogido, suave como una pluma la impulsaba a un lado y otro imprimiendo un cadencioso ritmo a sus pasos. Con la cara despejada, sobresalían sus ojos rasgados, una nariz perfecta, acaso esculpida por Miguel Ángel, una boca muy sensual con el labio superior ligeramente abierto hacia afuera y una dentadura hermosa y generosa que parecía irradiar luz cada vez que reía. La frente y los pómulos completaban la obra de arte. Todo en ella era armonioso, discreto, elegante y, a la par, exótico. Podría pasar por tahitiana o por el resultado del clásico matrimonio que combina dos nacionalidades, una europea y otra oriental, asiática, polinesia…

Como habituaba por las mañanas, Cílur estaba en pantalón corto, camiseta y camisa de manga corta. Relajado en el vestir y cómodo. El baño le acababa de dejar nuevo. De modo que su humor era el mejor de los posibles. Y recibió a su más secreta aspiración con la expresión fresca y el cuerpo totalmente relajado. Esta vez no disimuló ni guardó las formas. Había pasado ya demasiado tiempo; quizá fuera ahora o nunca.

-Hombre, qué alegría. ¡Mira quién está aquí! ¡Tarita superstar!
-(risas) Ya será menos.

Cílur aprovechó la coyuntura para darle dos besos mientras la cogía con una mano por el brazo. No pudo evitar lanzar el primer piropo.

-Oye, vaya bien que te sienta rodar. ¡Estás impresionante!
-(risas) Será el baño que te acabas de dar, que lo ves todo color de rosa. ¿Cómo está el agua?
-Pues creo que a veinte grados. Está genial. Para mi gusto, mejor que en agosto. Ahora no corre el viento y está el mar como una balsa de aceite.

Entonces don Miguel de Mingotes se despidió.
-Voy dir subiendo, que hoy tócame preparar la comida:
-¿Estás castigao?
-(Risas) No, hacemos turnos.
-¿Ya conoces a la nueva estrella de Gijón?
-Vila (vite) en el periódico. Cómo no la voy a conocer; apuntó sonriente.
Venga hasta luego.

Entonces Cílur pasó al ataque.
-Si no tienes prisa, tomamos algo en el Café San Pedro y me cuentas.
-Estaba de paseo…
-Venga, aprovecha, que no traje grabadora. Será todo off the record (risas).
-Bueno, vale, que tengo un ratín.

Cílur pidió una caña y Tarita un mosto, que trajeron con unas deliciosas aceitunas gordas bien encurtidas. Se sentaron mirando al mar, que se movía perezoso, muy al estilo de septiembre, consagrado ya desde hacía años como un mes totalmente veraniego, una calidez que solía adentrarse también en octubre. Un grupo de gaviotas al vuelo emitió su característico graznido, con una sonoridad fuera de lo común y Cílur aprovechó para iniciar su indagación.
-Yo creo que te acaban de reconocer y lo están comentando.
-Seguro que sí. Me pasa también con las palomas (risas).
-Bueno, ahora en serio, ¿qué se siente en brazos de Braz? (la pregunta era abierta pues en apariencia aludía al rodaje pero quedaba a discreción de la dama una interpretación más íntima).
-No te voy a engañar. Ha habido momentos peores en mi vida (ironía sincera).
-Ya sabes que con Marlon Brando la cosa acabó en boda… ¿Corremos peligro de perder a nuestra estrella? (esto es ahora o nunca, pensaba él para sus adentros).
-Pues creo que no. Me parece un mundo muy artificial. Yo no soy actriz. Date cuenta de que ni siquiera hablo en el rodaje. Estoy ahí como un florero.
-Un florero que sale en todas las portadas y en todas las promociones con Brad Pitt y Russell Patata Crowe…
-Creo que ya me entiendes. La experiencia ha estado genial, pero yo no sé actuar, me gusta mucho bailar y me concentré en eso. En lo demás salgo como una ‘mujer objeto’. Creo que va a ser todo muy pasajero y lo prefiero así. Te recuerdo que soy historiadora del arte y aunque sea difícil quiero dedicarme a eso sí o sí.
-Te entiendo, aunque en el cine podrías ganar una pasta gansa y luego dedicarte a tus gustos.
-Fíjate en el caso de Tarita. No la volvieron a llamar más. Y su vida con Marlon Brando fue un infierno. Mis padres lo tienen muy claro y yo también.
-O sea que no hubo flechazo con Brad Pitt.
-Hubo dos días de rodaje y para de contar.
-¿No intimasteis?
-Solo hablamos un poco en la fiesta de Abanico en que me demostraste tus dotes de baile. Cuatro frases y enseguida le llamó Polanski para hablar de la película. Ese día me sentí fatal. Tuve claro que no pintaba nada allí. Oye, con ese estilín, estoy pensando que igual puedes pedir tú un papel en el próximo musical…
-Aprecio ironía en vuestras palabras Maimití.
-Tenían que haberte grabado (risas).
-Hombre, la verdad, nunca estaré a la altura de tu baile frontolateral. Eso son palabras mayores. Parece que naciste de verdad en la Polinesia.
-Sí, en la Polinesia del Sanatorio del Carmen.
-Ya tengo curiosidad por ver a tus padres. Seguro que uno de los dos es extranjero.
-Pues no. De aquí mismo y mi madre gallega.
-Bueno bueno, algo hay de toque exterior. No sabía yo que las gallegas eran tan exóticas.
-Pues a quien más me parezco es a mi padre.
-¡Ostras! ¿Y no lo contrató Polanski para hacer de jefe de la tribu de Bora Bora?
-Con lo mío ya fue bastante. Si no llego a ir al Escocia aquel día… Nada de nada.
-Bueno no te quites importancia. Oye, última pregunta de Brad Pitt, ¿se trajo alguna novia? ¿no habrá vuelto con Angelina?
-Yo le vi muy ajeno a mis encantos, a esos que dices tú que tengo (risas), así que creo que alguien ocupa su mente. Pero no lo sé. Yo es como si hubiera pasado por esto de puntillas.
-Sabrás que lo tenemos fotografiado en paños menores en La Ñora. A él y a todo el equipo. ¿No estabas tú ese día en el barco?
-No. A mí me ventilaron en dos grabaciones. Así ahorraban. Pero lo de La Ñora… ¿no iréis a publicarlo?
-En absoluto. ‘Magullu’ es una revista seria. No andamos con esos tejemanejes. Nosotros hablamos de cine y punto. No queremos volvernos nunca incómodos para nadie del mundillo; así nos va de maravilla.
-Pues es de alabar. Seguir así. ¿O sea que no tendré nunca paparazzis de ‘Magullu’?
-Hombre, ahora mismo estás con uno (risas). Aunque en serio para el próximo número, acabado ya el rodaje, sería razonable una entrevista contando la experiencia. Puede hacértela Fauno, que lo conoces bien; o yo mismo. Tú mandas.
-Bueno, déjame pensarlo.

En esas estaban cuando asomaron por un lateral los Paradisos con los bulliciosos hologramas, que tenían a la ciudad en jaque. Mingotes, Chema y José Luis, el amigo Murias desde We Make Home, los cafés, los conciertos…
-Mira quién viene ahí; señaló Cílur con un leve gesto cejil.
-¡Hala! (se le escapó a Maimití)

Al momento el camarero estaba despachando cuatro cosmopolitan. Muy apropiado. Los Paradisos no apeaban las gafas negras desde que habían iniciado esta relación superestar. A las damas se las veía embelesadas. Literatura, música, anécdotas, anécdotas de aquel Gijón histórico en el que les ñocles iban al vermú hasta la Plazuela y cuando te querías dar cuenta tenías a los bígaros en las orejas, cuando los centollos bailaban foxtrot en la orilla de la playa y las angulas hacían el espagás en el Piles… Tiempos esplendorosos ahora revividos en menor medida tras el saneamiento integral de la ciudad desde la llegada de Spielberg…

¡Spielberg! Cílur recordó que tenía una conversación pendiente con Prese sobre el oscarizado director afincado en El Coto. Algo tramaba después de un largo parón. Acaso una nueva epopeya de un bicho descomunal al estilo de ‘Aguarón’. Aquella recreación de las cloacas de la ciudad que le había abierto asimismo a las puertas de El Molinón y de la eterna piquilla entre Gijón y Oviedo, entre sportinguistas y carbayones… Le vino la idea un instante a la mente, pero Tarita le pilló in fraganti que algo desviaba su atención.

-Algo andas tramando. ¿O es que no puedes perder el hilo de la otra mesa?
-Perdona, es deformación profesional. La verdad, no estás todos los días sentado con la nueva superestar de Gijón y se te ponen en la mesa de al lado Marilyn Monroe y Audrey Herpburn.
-Ya, se te acumula el trabajo. Vas a tener que elegir.
-La elección ya está hecha (dijo Cílur sin dudar, acaso demasiado impulsivo).
-Pues creo recordar que te vi un día con ellas en el Varsovia.
-Es verdad, con ellas y con Ciprus; y ahora creo recordar yo que ese día apareciste tú también con… ‘mi rival’, se atrevió a decir, quizá ya demasiado expuesto en su forma de mostrar interés.
-¡Es verdad! Se me había olvidado, anotó un poco coloraduca.
-Mmmm. Algo ocultais, bella dama. Pero ya sabes que ‘Magullu’ deja libertad a sus estrellas, así que pasaremos por alto aquella noche…
-Meca, ¡las 2.30! Tengo que marchar. Me esperan mis padres para comer.

El tiempo había volado. Al levantarse, los ‘Paradisos’ saludaron a Cílur amistosamente y sus damas, también, con gran sonrisa, tras aquella noche en el Varsovia y aquel pic-nic en el Kilometrín.
-Quedé mañana con Quentin. A ver si os veo también.
-¡Qué confianzas!, apostilló Tarita de la que volvían al Muro.

Se despidieron con la promesa de Tarita de responder rápido a la invitación de la entrevista. Cílur enseguida tramó su nuevo paso después de verla encaminarse hacia el Parchís. Hasta tres veces miró de reojo para recrearse en aquella danza que formaban sus andares, ahora un poco más acelerados por las prisas. Tanto la miró que casi se estrella.

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Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.


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