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Adrián Ausín

Campo y playu

El tren de Laviana

A una niña de Sotrondio, un buen día, sus padres le realizaron un encargo. Debía tomar el tren e ir a visitar a su hermano enfermo, ingresado en un hospital de Oviedo, para ver qué tal iba. La cosa no era grave. Le dieron el dinero para el billete y un cesto con fruta. La niña tomó el tren, pero en el transbordo de El Berrón ocurrió algo imprevisto. Se encontró con una conocida y, como había que esperar, esta se la llevó a tomar un refresco. Ella, tímida, no gurgutó. Pero, claro, llegó la hora de pagar la consumición y se sintió obligada a abonar su refresco con el terror creciendo dentro de su cuerpo. ¡Se había quedado sin dinero suficiente para la vuelta! Una vez en el hospital, llegó la segunda rareza del día. Su hermano había recibido el alta. No estaba. Y ahora, ¿qué? Aquella niña llevó su angustia al campo San Francisco. Buscó un cura para pedirle lo que le faltaba. Pero no vio ninguno. La situación era extrema. Así que abordó a una señora. Le contó lo ocurrido y le ofreció su cesta por, digamos, cinco pesetas. Ella aceptó. Se quedó la fruta, le dio el dinero y la niña pudo tomar el tren. Cuando la madre escuchó su relato riñó la padre por tacaño.

El relato tiene lugar en la cafetería del tanatorio de Cabueñes, donde este nefasto 2020 ha tocado estar varias veces. A la protagonista le da réplica su cuñada, ambas entrañables octogenarias, esta última de Laviana, afincada hace muchos años en Gijón. A sus 17 años, también se las tuvo en el campo San Francisco. Acudió a Oviedo a pasar el día con una prima, de 10 años, que estaba allí interna. Se sentó en una terraza y para demostrar que las de Laviana estaban a la última pidió dos cubalibres. No tenía ni idea de lo que era aquello; solo sabía que era la moda. El camarero preguntó: ¿La niña también? «Sí, dos cubalibres», dijo enérgica. Y se los sirvió. «Esto no me gusta», anotó la niña y ella cortó: «Bébelo, que está muy bueno». Tardó algo de tiempo en saber la que había liado.

Nuestra segunda protagonista del tanatorio tomó por entonces costumbre de ir a La Chalana a ver a los mozos jugar al fútbol. El más guapo iba todos los días y receló. ¿No trabaja? «Esti o ye muy probe o ye muy ricu». Pero erró. Resultó ser de Sotrondio (aquel ingresado en Oviedo al cual fue a ver su hermana en tren) y faenaba por las noches en una panadería. La boda activó la conexión Laviana-Sotrondio-Langreo-Gijón que tanto movimiento ha generado durante decenios. Tras esta última historia de tanatorio, donde la primera despide a su hermana y la segunda a su cuñada (pura bondad), esta aclara: cuando llegue su momento quiere regresar a Laviana.

 

(Publicado en EL COMERCIO el jueves 5 de marzo de 2020)

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Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes lo hizo en Bilbao, Sevilla y Granada. También es escritor, con seis obras en su haber: 'Gijón escultural' (2919), 'Cilurnigutatis Boulevard' (2021), 'El buen salvaje' (2022), 'García' (2023), 'En el reino de Kiker' (2024) y 'El centollo vive arriba' (2025). Ha viajado por 42 países y hace su propia sidra.


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