Cilurnigutatis Boulevard 39 (Charrando) | Campo y playu - Blogs elcomercio.es

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Adrián Ausín

Campo y playu

Cilurnigutatis Boulevard 39 (Charrando)

39.

-¿Queeeeeé? ¿Llevástete el gatu al agua? ¡¡¡Zooorrru!!!! Que ya me dijeron que estuviste por Guatemala con una damisela.
-Mucho cotilla hay en el averno. ¿Acaso son todos como vos?
-¡Ya quisieran! Pero imitan todo lo que pueden. No os olvidéis que tengo ojos en todas partes.
-E incluso rabo…
-¡Haga el favor! ¡Un respeto a los difuntos!
-Tú de difunto tienes poco. ¡Mira qué andares! (jajajaja)
-Bueno, ¿quuuuué? ¿Pillaste o no pillaste?
-No pillé, amado amigo; conquisté, me elevé, me transformé, toqué ese cielo que no han de ver vuestros ojos insidiosos.
-Así que sí. Al final, el Pitt esi de los cojones lo que hizo fue espolearte.
-Por esta vez vais a llevar razón.
-Y mira si lo espoleó que llegó hasta Guatemala (terció Ziprus desde su bolsa de detritos, dentro de la cual vivía confortablemente desde hacía semanas. Hacía un poco de eco la voz, pero nada que le desmereciera en sus siempre sabias reflexiones pese a su nuevo aspecto encapsulado).
-¿Campanes de boda?, atajó el Chang.
-De momento, aquí la boda de restallu fue la del Murias con Marilyn. Tres días con sus noches en la plaza del Marqués de fiesta total; lo hubieras disfrutado como un cochinillo asiático.
-¿Qué pensáis que no la vi? Acolchau en la lona del dirigible estaba, espatarrau como un ñu.
-Lo tuyo siempre fue folgar, Chang (Ciprus pasaba al ataque). Ya vimos algún extraño atributo colgando del ingenio aerostático. Caso de pincharlo, ¡la tragedia nos habrías traído a todos!
-La efe siempre me gustó mucho (ja ja ja). Folgar, fo…. Pero yo ahora ¡¡¡nun pincho!!! Ya me gustaría.
-Centrémonos, que hoy estamos dejando de lado a ‘Isabel’ y un capítulo siempre nos ha de reconfortar… a la par que mostrarnos esas inquebrantables murallas de Castilla la Vieja.
-¿Pensáis acaso recrear su real boda, Magullini?
-Teneos, Chang, nada he de decir sobre esos menestres que no haya parlamentado antes con mi hermosa paloma torcaz.
-“Torcaz, torcaz”, graznó Ciprus desde su envase. “Torcaz, torcaz”… Tras la tercera repetición sonaron unas cacofónicas carcajadas.
-Por cierto, Ciprínido, aficionado al desmán y el lujurioso desenfreno como sois, ¿dónde os metísteis durante los fastos de Murias? Al igual que al cochinillo, os extrañé.
-En mi versión encapsulada y sin invitación expresa de los contrayentes, hube de instalarme en la espalda de Pelayo, cual mochila, para seguir cuando menos el festín desde buena altura y sin despertar suspicacias.
-O sea, que Chang en el dirigible y Ciprus en la chepa de Pelagio. ¡Vaya par de testigos oculares! Dos encubiertas chinchetas…
-Oiga usted un respeto a los ‘formatos diversos’ (clamaron ambos al unísono). ¿A que le denunciamos? No olvide que los colectivos LGTBI y OTROS años ha que tenemos la sartén por el mango; exactamente por el mango… No sé si nos entiende ‘magullesco’ sujeto.
-En absoluto pretendía hacer de menos su presencia, amigos; es más, lamentar he sus imposibilidades, por motivos diversos, de tomar parte en estos fastos… u otros.
-Bueno, al menos, yo pude hacer un ardid con el tubo de la mochila para emitir un rugiente sonido de trompeta nada más dar el ‘sí quiero’ los  apuestos mancebos.
-Cierto es que lo escuché. ¡Soberbio! Por momentos nos transportó a la campiña inglesa en una cacería como las de antaño, cual llamada de ataque a una legión de chuchos. ¿Y usted Chang?
-En mi caso, soplé y resoplé como un ñu para dar toda la amplitud a la emisión de los serpentines desde el dirigible. Más allá de los fenómenos atmosféricos, poco mensaje puedo emitir en mi estado.
-Meritorio, no obstante. Bueno chicos, ¿capítulo o no capítulo?
-Capítulo.

(Se aproximaba el final; Isabel agonizaba en Medina del Campo. Los rostros eran funerarios; no solo Fernando el Católico se hallaba sumido en el desconsuelo, sino también cómo no Chacón e incluso el clero representado con maestría por Eusebio Poncela en su papel del Cardenal Cisneros. El fresco que retrataban había de poner fin a una era, la de la simpar Isabel, nacida en Madrigal de las Altas Torres, Ávila, en 1451 y fallecida en Medina del Campo, Valladolid, en 1504).

-Mi corazón se desgarra con tan infausto desenlace.
-Isabel, no nos has de dejar así…
-No habrá otra mujer como ella.

Chang, Ziprus y Cílur no acertaban al término del capítulo a recuperar la compostura. Habían quedado heridos, afectados en lo más profundo, teletransportados a aquel siglo XVI, 515 años atrás nada menos, en el cual se habían puesto las forjas de lo que iba a ser España. Ahora se hallaban en Cilurnigutatis, en la nueva meca del cine, en estados sólido, líquido y gaseoso; pero juntos y unidos por aquella serie que les había tocado a los tres en lo más profundo. Iba a ser aquel día una despedida un tanto triste y Chang no lo permitió.

Tocó palmas, emergió de un rincón el casero granaíno y cinco minutos después estaban todos de pie, entre vapores, en el averno y en casa de Cílur, bailando compulsivamente bakalao a los ritmos de Mulero. Sonó ‘Children’ y aquello no hubo quien lo parase.

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Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes, se inició en la profesión en Bilbao, Sevilla y Granada. Sus aficiones apuntan en muchas direcciones: naturaleza, bricolaje, viajes, fotografía, cine y literatura. Todo ello con epicentro en Gijón.


marzo 2020
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