Me disculpo por adelantado. Voy a hacer un Paco Umbral. La Feria del Libro de Gijón obliga. Mañana los estands levantarán sus viseras para dejar al descubierto millones de historias escritas, muchas de ellas fascinantes. Ahí estarán los libreros dispuestos a vocearlas en Begoña, en Tomás y Valiente, y en el Parchís, adonde se expande esta hermosa cita con las letras. Junto a ellos habrá, en ocasiones, autores deseosos de cristalizar en una dedicatoria el éxito que supone ser elegidos por el público, que siempre es soberano, en mitad de un océano de opciones.En los tres últimos años has tenido tres felicidades literarias al alumbrar otras tantas novelas tan distintas entre sí como un islandés, un africano y un chino mandarín. En ‘Cilurnigutatis Boulevard’ se abre de nuevo la puerta del Escocia, añorado pub de Cimadevilla, donde el lector se topará de bruces con Quentin Tarantino, acompañado de Audrey Herpburn y Marilyn convertidas en hologramas. Surrealismo, cine, diversión, nutrias asesinas y gijonismo en estado puro. ‘El Buen Salvaje’ se pone serio. Elon Musk nos ha instalado ya un microchip en el cerebro para conectarnos a internet sin falta de pantallas exteriores, pero la novela empieza cuando todo se acaba, pues un virus informático deja frita a la humanidad en un instante. Queda Arno por ahí suelto, que opta por la naturaleza para iniciar un singular periplo vital en un planeta donde sigue habiendo animales, ríos y nieve. ¿Cómo será la experiencia? ¿Se puede ser feliz sin compañía?
‘García’ viaja al pasado, al Gijón de 1979, el de la palada de oricios, las misas de don Boni en San Pedro, el Mercromino y los colegios familiares, como el San Lorenzo, entonces Academia España, o Mayfer, donde nuestro hombre, marido de la directora y machaca para todo, cuando tiene a los niños en clase se va a bañar cada mañana a la Rampla, también en invierno, para disfrute de quienes le espían desde las ventanas. Diversión gamberra con mucho cine, distopía errante y costumbrismo gijonés.
Tres ofertas para quien se acerque el viernes, de cinco a siete de la tarde, al estand de Atenea, al cual le ha tocado en suerte estrenar el Parchís. Ahí estará junto a Elena, la encantadora librera, un cilúrnigo ávido de visitas. La ocasión la pintan calva. Los libros están rebajados, incluyen marcapáginas artesano y no se moverán del estante sin un garabato del autor. A quien todavía dude, se le puede amansar con sidra. Todo con tal de que cada historia cobre vida en unas manos y unos ojos nuevos.