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Adrián Ausín

Campo y playu

El tarro

Se trata del clásico tarro de mermelada, bien lavado, pero con un contenido extraordinario: conchas recogidas en la playa de San Lorenzo, «una por una», con la agachada que requiere el operativo para alguien que vive en las alturas de Miguel Mingotes, autor del regalo. El frasco te acompaña en tu escritorio, en la redacción del periódico, desde el mismo día en que recibiste el obsequio. De aquel regalo se cumplieron el domingo diez años, pues la tapa recuerda para la posteridad la fecha de entrega: ‘Gijón, 29/2/16. M. Mingotes’. Queda delatado por tanto que 2016 fue año bisiesto y este décimo aniversario se cumplió entonces el 1 de marzo, al no haber 29 de febrero, una gracia más.

Con este frasco rebosante de hermosas conchas marinas de tonos grises, ocres, morados y blanquecinos quedó sellada una amistad. Simboliza un afecto mutuo y lo hace además con la mar de fondo, segundo nexo establecido con el maestro gijonés de la síntesis y el ingenio aplicados a la poesía. El primero fue la palabra. Pues él visitaba EL COMERCIO para dejar sus ‘coses míes’ y ahí surgió la conversación. Esa entente embrionaria cristalizó enseguida en el frasco en cuestión, al que replicaste con un chorizo leonés que dio lugar al cabo de unos días a un breve guasap: «Taba bueno el chorizu». Luego llegó la Rampla y la coincidencia en los baños, toda una religión para ambos contendientes que han (hemos) disfrutado memorables tertulias estáticas dentro del agua con la mirada recreándose en el rincón gijonés que discurre desde el Varsovia y el Colegio San Lorenzo hasta la iglesia de San Pedro.

La buena química de estos inicios –Miguel no se decidía aún a pedirme salir– derivó en mil facetas, incluida convertirlo en uno de los protagonistas de la locura literaria ‘Cilurnigutatis Boulevard’, ser revisor de todas las producciones de este juntaletras e incluso presentarlas eclipsando por completo al autor con su imprevisible, desconcertante e ingenioso humor –entonces me lo pidió y, despechado, le dije que no–.

Bromas aparte, escribes, como todos los días de faena, con el frasco de Miguel Mingotes alimentando la inspiración desde la base del ordenador. Ahí lleva 3.650 días de fiel, alegre, salitrosa e inspiradora compañía. Además de ejercer, gallasperu, como símbolo de una amistad, este tarro de las esencias te recuerda a cada instante que, aunque tengas ante ti una pantalla de ordenador, a su espalda, un poco más allá de la plaza del Marqués, está esa gran playa que oxigena nuestras vidas a diario solee, nublee o tronee (permítanse las licencias verbales).

Amigo Miguel, gracias. Entre tu tarro de cristal y el mío cerebral hay una poderosa química gijonesa que no oxidará nunca la humedad circundante. Puedes estar en casa leyendo o en el Bariloche cafeteando o en bici zascandileando que yo, mientras curro, te tengo aquí conmigo enfrascado. ¡Pórtate bien, luminoso ser, o te llevo al cuarto oscuro!

(Publicado en EL COMERCIO el 3 de marzo de 2026)

Temas

Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes lo hizo en Bilbao, Sevilla y Granada. También es escritor, con seis obras en su haber: 'Gijón escultural' (2919), 'Cilurnigutatis Boulevard' (2021), 'El buen salvaje' (2022), 'García' (2023), 'En el reino de Kiker' (2024) y 'El centollo vive arriba' (2025). Ha viajado por 42 países y hace su propia sidra.


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