La imagen del domingo de Manolo Mesa (San Roque, Cádiz, 1952) en El Molinón es un poema en sí misma; en especial, el instante captado por el fotógrafo Damián Arienza cuando El Quillo, Siete Pulmones, El Chico de la Mochila se lleva sus dos manos al pecho en agradecimiento por la sentida ovación recibida mientras rompe a llorar. Mesa fue un jugador total. Vertical, rápido, hábil, con visión de juego, regate fácil y gol. Un medio-extremo de los de antes que jugó en el Sporting doce maravillosos años -de 1975 a 1987- compartiendo aquella alineación de leyenda que casi gana la Liga en la 1978-79: Castro, Redondo, Doria, Maceda, Cundi; Joaquín, Ciriaco, Mesa; Morán, Quini, Ferrero (y Uría). Ver aquel Sporting de niño es un recuerdo de esos que no se borran ni con piedra pómez. Afloran de Mesa tres recuerdos a bote pronto. Un tiro al larguero espectacular al Real Madrid casi desde el centro del campo. Uno de los partidazos de su vida en la última jornada de aquella liga que ganó la Real Sociedad en El Molinón. Si perdía la ganaba el Madrid y en Gijón había sed de venganza por la Liga robada. De modo que el equipo jugó al tran-tran, pero Mesa, profesional donde los haya, lo dio todo y marcó los dos goles del 2-1 que tuvo temblando a los donostiarras hasta que al final igualó Zamora. El tercer recuerdo es un gol que caso de anotarlo Mbappe, Yamal o Messi lo estarían repitiendo en la tele una y otra vez, pero lo marcó Mesa y no pasó de salir en el resumen del partido. Fue precisamente en Las Palmas, donde gastaremos nuestro nuevo cartucho este domingo. Castro (o Rivero, no recuerdas bien) se la pasó a Mesa junto al área y el Quillo empezó a regatear a unos y otros, fue avanzando, siguió regateando, entró en el área y acabó marcando tras sortear a todo el equipo amarillo. De anotarlo un galáctico nos habrían aburrido con ese gol. Pero lo metió Mesa, leyenda del mejor Sporting que jamás volveremos a conocer.
Tras perder en Andorra muchos dijimos ‘hasta aquí’, ‘liga finiquitada’. Llegó el temible Castellón y le metimos cuatro. Ver para creer. Claro, pensado fríamente, tocaba ganar para que siga funcionando el ‘diente de sierra’ en que vivimos e incentivar una nueva esperanza. Fue buena la alineación de Borja Jiménez para contrarrestar las bajas. Acertó. Y la suerte además estuvo de nuestro lado, salvo en el lance de Ferrari, que parece vamos a perder lo que resta de temporada. Una gran pena pues es un ‘9’ puro que no tiene recambio pese a jugar demasiado poco para la calidad mostrada (Otero por mucho que esté en estado de gracia no es delantero centro).
En Las Palmas toca por tanto una nueva machada. Su derrota in extremis esta noche en Albacete pone el ‘play-off’ a tres puntos, los que pasa a marcar el propio Las Palmas, al cual ganaríamos si vencemos a domicilio, pues aquí empatamos sin goles. Así que hay vida, una vez más, a falta de 12 partidos y 36 puntos en juego. Ganar en Las Palmas nos mete en el ‘play off’ con permiso del Burgos, que tenemos en medio (recibirá en casa a un Córdoba herido tras cinco derrotas seguidas). Una vida que solo puede alimentarse de gestas semana tras semana, pues la cosa va ahora de ochomiles. Coronado el de Castellón, siguen Las Palmas, Dépor, Racing, R Sociedad B, Burgos, Cádiz, Córdoba, Ceuta, Málaga, Zaragoza, Almería y Granada. Hay margen para soñar. Sobre todo, teniendo un buen entrenador como Borja Jiménez y una plantilla con jugadores diferenciales en la categoría. Toca por tanto concentrarse en Canarias e invocar al espíritu de aquel extraordinario gol de Manolo Mesa.