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Adrián Ausín

Campo y playu

Muerte a las dos

El Sporting muere a las dos. Lleva cinco años haciéndolo. Cero victorias, cinco empates y diez derrotas. La última, el domingo en El Molinón ante un equipín: el Eldense. Ocasión clara, y fácil, de reengancharnos arriba en este inicio de liga. Ocasión tirada a la basura. ¿Qué nos pasa a las dos? Pregunta para psicólogo. Desde luego, es un horario infernal, inapropiado, antipático, justificado solo por intereses televisivos y que debería ser causa de una huelga nacional de aficionados. Pero tan malo es, se supone, para el de casa como para el de fuera. Con un matiz. El Sporting, a las dos, juega a la hora más caliente del día mientras equipos de zonas tórridas, como Elda, podrían tener más hábito de sobrevivir a un sol excesivo. Un argumento, una explicación a la que agarrarse. No parece haber nada más. Acaso que seamos de digestión más lenta y sangre más fría. Y a las dos, hora maldita, esas cosas puntúan para mal.

Hemos perdido una ocasión de oro para recuperar buenas sensaciones. Y a tenor de lo visto buena culpa tiene el míster de grácil apellido, pues hasta tres jugadores alineó fuera de sitio: Cuenca, central que jugó de defensa izquierdo; Gelabert, enlace que jugó escorado a la derecha; y Otero, extremo (no nos cansaremos de repetirlo: ¡extremo!) que jugó una vez más de nueve. Y cuatro: Sarco, nueve que jugó de enlace. Y con cuatro jugadores fuera de sitio las facilidades al rival comienzan a ser gruesas. Así que un equipín animoso donde lució Justin Smith, demasiadas jornadas ninguneado en el Sporting el pasado año, se llevó el gato al auga…. ¡A las dos!

¿Y ahora qué señor Larcamón? ¿Vuelta al raciocinio? ¿Cambio de sistema? No ha empezado el argentino su periplo hispano con las ideas claras. Tenía en mente un 1-5-3-2. Lo cambió rápido por un 1-4-2-3-1. El domingo pareció más un 1-4-4-1-1. Y así los jugadores suelen sumergirse en las movedizas arenas de la confusión. En Segunda triunfa el método. El mismo todo el año. Un equipo que sabe a lo que juega. Un planteamiento definido mil veces ensayado. Pero en solo cinco jornadas ya hemos mareado la perdiz lo suficiente como para instalarnos en la desconfianza cuando tenemos la mejor y más completa plantilla de los últimos años. Nunca hubo tantos nueves: Ferrari (aún lesionado), Sarco y Casas. Suficientes como para dar las gracias a Otero por los servicios prestados, tanto tiempo jugando donde no debe, devolviéndolo a su lugar natural: la banda derecha. Sus números de años pasados son confusos. Si le restamos los tantos de penalti se queda en seis u ocho por año; pobre balance para un ‘falso nueve’ que lo juega todo salvo lesión. Nuestro míster tiene muchas opciones. Demasiadas incluso en algunos puestos, con seis centrales para elegir. No se puede quejar de nada. Bueno, de que tiene tres lesionados (Ferrari, eterno pupas Gaspar y Manu este domingo), pero tiene fondo de armario de sobra para sacar un equipo que juegue y mande. Al menos, contra el Eldense. Señor Larcamón, déjese de experimentos por favor. O le mandarán para La Ñora antes de tiempo.

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Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes lo hizo en Bilbao, Sevilla y Granada. También es escritor, con seis obras en su haber: 'Gijón escultural' (2919), 'Cilurnigutatis Boulevard' (2021), 'El buen salvaje' (2022), 'García' (2023), 'En el reino de Kiker' (2024) y 'El centollo vive arriba' (2025). Ha viajado por 42 países y hace su propia sidra.


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