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Adrián Ausín

Campo y playu

El reino del absurdo

Barra libre en verano; cuasi-confinamiento en invierno. Pueblo llano con mascarilla; fumadores sin ella. Paseantes del Muro con mascarilla; deportistas expeliendo vapores, a su lado, sin ella. Buses de EMTUSA y ALSA hasta las trancas; El Molinón, con 30.000 asientos, vacío. Calle Corrida llena; praos, fincas y segundas residencias vacías. Ciudades rebosantes
de humanidad apretada; montes convertidos en espacios de aire libre, y puro, absurdamente prohibidos.

A la ciudadanía, bastante paciente, le cuesta cada vez más entender las cosas, ordenar en su cabeza el batiburrillo de medidas cambiantes y, lo más difícil de todo, encontrar la coherencia. ¿Son de verdad los epidemiólogos quienes dictan los criterios? Sabedores de la sarta de falsedades que nos han contado hasta ahora; la más grave el número de muertos, seguida de cerca por la ocultación de los informes que advertían de los riesgos de la manifestación del 8-M en plena fase de contagio o las proclamas gubernamentales diciendo que la mascarilla no era necesaria; amén de las chistosas ‘arcas de noé’ para asintomáticos; la única conclusión posible cada vez que nos cuentan ‘novedades’ es decirnos a nosotros mismos aquello de solo sé que no sé nada. Y achantar.

A este cilúrnigo le gustaría mirar a los ojos a los sabios epidemiólogos, caso de ser cierta su autoría, para preguntarles qué mal hace a quién yendo a su prao a segar la hierba y atender los manzanos, o colgarse de ellos, en la más absoluta soledad. ¿Mejor frotarse con los demás gijoneses en el Muro? Imposible una respuesta coherente. Se hizo la vista gorda en verano. Lo aprovecharon en especial adolescentes y jóvenes, con la complicidad de esos hosteleros que incumplieron las normas (este mismo octubre había barras en Gijón con la gente apretada; mal por la gente, mal por esos hosteleros) y de esos polvos estos lodos.

Piden que no se les demonice. Pero lo cierto es que sus locales no son el mejor lugar para acabar con esta pesadilla. Deberían estar cerrados, salvo los que dispongan de amplitud, y bien subvencionados. Pero, ¿hay dinero para tanto? Al final, es la economía la que ha determinado la frivolidad, el desfase veraniego para llenar un poco la caja y ahora vuelve la rebaja. Así parece que se cuecen las cosas, buscando un punto de armonía entre el dinero y la salud al ritmo de un acordeón que abre y cierra nuestras libertades. Quizá en eso haya sensatez, pues no podemos morir todos de coronavirus o de hambre. Pero lo permitido y lo prohibido, en este contexto, no dejan de parecer un mal chiste de Gila.

(Publicado en EL COMERCIO el jueves 29 de octubre de 2020)

Temas

Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes lo hizo en Bilbao, Sevilla y Granada. También es escritor, con seis obras en su haber: 'Gijón escultural' (2919), 'Cilurnigutatis Boulevard' (2021), 'El buen salvaje' (2022), 'García' (2023), 'En el reino de Kiker' (2024) y 'El centollo vive arriba' (2025). Ha viajado por 42 países y hace su propia sidra.


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