Un taller de periodismo dirigido en un cole por Olga Esteban (compañera de fatigas) te pone sobre la pista de la jerga no ya adolescente sino en la etapa de Primaria. Investigas. Pones la lupa en dos términos. Uno, «six seven», totalmente desmadrado, que surgió al parecer cuando un jugador de baloncesto respondió a una pregunta con un espontáneo «six seven» acompañado de un simpático movimiento de manos. La cosa viralizó. Y hoy «six seven» sirve de respuesta para todo. ¿Te gusta tal serie? ¿Hiciste los deberes? ¿Te quedas a comer? «Six seven» es algo así como un simpático absurdo. Luego está «random», que significa algo aleatorio y convencional y, al mismo tiempo, exactamente lo contrario, algo fuera de lo común, de forma que podemos concluir que son latiguillos de colegueo inocuos, pero que te pueden acabar haciendo dudar si un grupo de niños están de charleta en el patio de un colegio de Gijón o de Nueva York, pues de allí viene casi todo para ir conquistándonos sigilosamente, desde el Halloween hasta la forma de hablar.
Un pelín documentado, profundizas en el tema el día que vas a buscar al cole a una sobrina de ocho años. En tercero de Primaria «six seven» es ya una religión. Hasta tal punto que lo primero que te dice es que ya está «un poco harta» de esta invasión verbal e incluso de que «six seven» figure ya impreso en la sudadera de una compañera de clase.
De «random» te cuenta que sirve tanto para decir que «es una chica random» por ser convencional como para destacar la atipicidad de algo. «Por ejemplo, si yo fui a Marruecos y lo cuento me dirá una amiga: ‘Jo, qué random’». Pero no se queda ahí la cosa. Las niñas, aclara la sobrina, han acuñado algo «que cabrea mucho a los niños». Consiste en morderse el dedo índice con gesto provocador en respuesta a lo que sea. Otro término en boga es «oc mañana» para advertir que no piensas hacer ahora determinada cosa, «pero oc es como ok, solo que dicho así con ce».
No han llegado aún estos pequeñecos a ese lenguaje adolescente (y un poco más allá) en el cual todas las frases llevan incorporada la cuña «en plan». Al tiempo. De momento, están trabajando latiguillos que conforman micromundos al cual muchos somos totalmente ajenos. Al tener un amplio repertorio de sobrinos, preguntas a tu hermano menor, que tiene dos hijos de once y siete años. Cuando mencionas el término «six seven» casi suelta un alarido. Hartazgo, pesadilla, bucle, obsesión… «Me tienen absolutamente frito. Es todo el día a todas horas y para todas las cosas», resume. El último episodio, ilustra, es que acaba de comprar una pecera con objeto de hacerles una gracia y cuando se ha planteado la cuestión de ir pensando un nombre para estas hermosas, silenciosas y coloristas mascotas, «¿hace falta que te diga cuál es el primero que me han propuesto?». Lo pronuncia despacio, resignado, alargando las palabras: «Siiiix Seeeeeven».
(PUBLICADO 20 ENERO 2026)