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Adrián Ausín

Campo y playu

Zapping dominical

Tras un fin de semana en la montaña leonesa, me tumbo en el sofá en busca de evasión televisiva. El día resultó interesante. En las inmediaciones de Posada de Valdeón, una subida hasta una pradería a más de 1.700 metros ha deparado una nueva aproximación a una de mis grandes obsesiones: el oso pardo. Tras varios avistamientos de cagadas, me he topado con una huella de oso sobre la nieve. Diré la verdad: en realidad se topó con ella un primo dos días atrás y yo he seguido su misma ruta para ver lo mismo que él vio. Gracias Gabriel. La huella sigue ahí el domingo por la mañana, un poco deteriorada respecto al viernes y la fotografío con mi mano al lado. Con ese osohuellapequeño tesoro en la cámara, la Ardilla real, un bar/albergue de Santa Marina de Valdeón, es una buena parada para la pitanza. Comida casera (cuatro primeros y cuatro segundos para elegir) a buen precio y el Sporting ganando al Rayo en el telediario. El regreso por el Pontón es plácido, con la invernada en el ambiente y al llegar a casa se impone un poco de reposo de sofá con el mando a distancia disparando números sin parar.

Comienzo por el telediario de la TPA, esa cadena tan bien hecha y tan cara para los asturianos (¿qué mal hay en privatizarla?, me pregunto). Cambio al Canal Viajar y aparece Uzbekistán. En concreto, Samarkanda. La vista de su plaza principal impresiona. Como impresiona también el careto del viajero, un barbudo nada agraciado que tiene los santos cojones de contarte su viaje con su cara ocupando tres cuartas partes del televisor. ¿Se creerá Calleja? (también lo hace y también me parece mal). Casi le puedes contar los pelos de la nariz. Si sale el compañero es todavía peor. Parece Manolito Gafotas en versión montuna. Extraña pareja estos dos personajes con muy poca gracia y menos glamour. Se impone más zapping. Entonces paro en Telemadrid y me topo con un singular trío: la Tárrega (fina ella), Peñafiel y un tal Joaquín Torres, del que me habían hablado ya. Arquitecto, hijo de millonario y más millonario él. Con risa de colibrí y vestido de pasarela Cibeles, cuenta cómo construye casas por encargo en trece días. Sí, trece días. Las lleva en moldes prefabricados y encaja unos con otros. Ponen un vídeo y la cosa parece seria. Yo pienso en esa larga lista de conocidos a quienes volvió locos un constructor durante dos o tres años; y los trece días de este duendecillo/arquitecto parecen magia. Quizá me haya perdido los comentarios de Peñafiel sobre Urdangarín, ese pájaro de dulce mirada al que todos los españoles queremos ver en Villabona.

Las películas dan poco de sí. Le das al mando y tras un extraño monstruo ves a Tom Cruise en Top Gun. Compruebas que ya desde su tierna juventud posaba para la cámara de forma innoble. Luego saltas al Follonero y Cayetano de Alba, quien no se corta en poner verdes a los andaluces y en lamentar que ya no existan duelos al sol para resolver los problemas. A espada o puños, le da igual. Cambias. Vuelves al valor seguro: en Canal Viajar han acabado ya su reportaje los dos petardos, el barbudo y el gafotas. Están repitiendo un reportaje sobre Estocolmo. Muy apetecible. Con los suecos, empiezo a adormecerme en el sofá, aunque mis primeras imágenes en duermevela no son televisivas. Veo una garra de oso en la nieve y cuando me doy la vuelta aparece el animal.

Gijón y otras hierbas

Sobre el autor

Adrián Ausín (Gijón, 1967) es periodista. Trabaja en el diario EL COMERCIO desde 1995. Antes lo hizo en Bilbao, Sevilla y Granada. También es escritor, con seis obras en su haber: 'Gijón escultural' (2919), 'Cilurnigutatis Boulevard' (2021), 'El buen salvaje' (2022), 'García' (2023), 'En el reino de Kiker' (2024) y 'El centollo vive arriba' (2025). Ha viajado por 42 países y hace su propia sidra.


diciembre 2011
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