Viendo el vídeo del Las Palmas-Sporting no hubiera resultado extraño un 8-2. Fuimos un auténtico coladero. Llegar al tramo vital de la Liga con un once presuntamente hecho y un entrenador presuntamente homologable a la categoría y encadenar tres sonrojantes derrotas seguidas es algo carente de toda explicación razonable, más allá de que no se ha sabido transmitir a los jugadores la tensión necesaria y la mentalización necesaria acerca de la trascendencia de esos partidos ante dos rivales en apariencia flojitos y un tercero, el Las Palmas, duro de pelar.
Lo más rocambolesco de todo es que esta hecatombe ha llegado acompañada de la renovación de Sandoval por ¡dos años!, con estúpidas e injustificadas alabanzas de Vega-Arango a su “trabajo”. Sandoval vino a decir algo así como que no sería problema romper ese compromiso si cambiaban las circunstancias. De acuerdo, míster. Las circunstancias han cambiado en el momento crucial de la Liga. Así que sería muy de agradecer una despedida en junio para recibir con los brazos abiertos a Luis Enrique, apostar por Mareo a tope y hacer un equipo made in Asturias, con apenas dos refuerzos externos. Y si no subimos, no subimos. Pero que le eche dos cojones a todos los partidos y que tengamos de una vez un entrenador que sienta los colores y meta caña a los jugadores. No un relaciones públicas preocupado por ver qué chorrada dice en cada rueda de prensa.
Sandoval, go home! Luis Enrique, vente pa casa!