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	<title>Campo y playuAnecdotario &#8211; Campo y playu</title>
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	<description>Gijón y otras hierbas</description>
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		<title>Velutinas, avispas, polillas y sidra</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Nov 2023 21:17:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Anecdotario]]></category>
		<category><![CDATA[Gijonadas]]></category>

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		<description><![CDATA[Es mágico hacer sidra. Sientes cuando te pones a ello que estás dando vida a un ritual, a una esencia tan asturiana que acaso no la haya mayor. Aunque repites el proceso cada dos años, siempre cambia algo. Y 2023 no podía ser la excepción. En las últimas ocasiones (los años pares también hay manzana [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Es mágico hacer sidra. Sientes cuando te pones a ello que estás dando vida a un ritual, a una esencia tan asturiana que acaso no la haya mayor. Aunque repites el proceso cada dos años, siempre cambia algo. Y 2023 no podía ser la excepción. En las últimas ocasiones (los años pares también hay manzana suficiente para hacer un llagarín o dos -de 50 kilos- de sidra dulce), hiciste sidra con la demonizada compañía de las velutinas; una experiencia que empezó con el susto en el cuerpo y ha mutado hacia la inversión de papeles. Pues es este cilúrnigo quien acaba con ellas por decenas, cientos incluso, sin haber recibido un solo aguijonazo. Ellas son por tanto las víctimas y el cilúrnigo el brazo ejecutor. </strong></p>
<p><strong><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/12/manz-redux.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-11278" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/12/manz-redux-300x169.jpg" alt="" width="300" height="169" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/12/manz-redux-300x169.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/12/manz-redux-768x432.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/12/manz-redux-1024x576.jpg 1024w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/12/manz-redux.jpg 1032w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Nunca está de más volver a contar el proceso. Cuando recoges la manzana con ese ingenio rematado por una esfera de barras elásticas por donde se cuelan las manzanas aparecen ya las primeras asiáticas. En un caso, antes de cazar una manzana observas un agujero negro en ella demasiado grueso del que sale con tu presencia una velutina embriagada de la fartura de pulpa que se acaba de pegar. Tu pie la condena a una muerte rápida. Pero tras la rápida ejecución, sale otra igualmente beoda. Segundo pisotón. Luego&#8230; ¡una tercera! Y, sin percatarse de las ejecuciones en cadena, ¡la cuarta!, que recibe la idéntica medicina. Cuando está el carro lleno, lo cubres de agua y procedes al lavado. Agitas unas contra otras, quitas barros, amputas trozos mordidos por sabe dios quien y las vas pasando a cestas de fruta. Ahí secarán. </strong></p>
<p><strong>Al día siguiente toca la faena gorda, con las manzanas bien secas. Así no se cuela agua al proceso. Las pasas por la trituradora, caen al balde, lo coges y lo vacías en el pequeño pero resultón llagar. Así hasta que rebose. Aplastas un poco con las manos, ciñes las dos maderas semicirculares, pones encima los leños y ajustas. Nueva espera. No se debe prensar el primer día y acaso tampoco el segundo. Hay que dar tiempo a la manzana a oxidarse y adquirir &#8216;propiedades&#8217; que serán el alma de la fermentación. Remarás durante cinco o seis días, un poco cada uno, con una parada al cuarto o quinto para &#8216;cortar&#8217; el llagar. O sea, descubrirlo, meter el palote y revolver un poco la fruta en su mutación en magaya lo cual aprovechas al ganar espacio para tirar otra poca de manzana triturada. </strong></p>
<p><strong><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra.jpg"><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-12239" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra-135x300.jpg" alt="" width="135" height="300" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra-135x300.jpg 135w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra-768x1707.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra-461x1024.jpg 461w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra.jpg 900w" sizes="(max-width: 135px) 100vw, 135px" /></a>Al llegar cada día te encuentras la matanza de Texas. El duerno y la jarra que dejas bajo el llagar hacen de inocentes ejecutores de las velutinas, que pierden el Norte con el dulzor de las manzanas y acaban cayendo al líquido elemento, donde todos sus intentos de despegar las alas son en vano. Llegas un día y te encuentras veinte o treinta velutinas muertas; pero, novedad 2023, también avispas y una legión de polillas, que se han sumado al festín de la sidra. Entre el 21 de octubre y el 1 de noviembre (hoy), has llenado el primer barril; el de cien litros, jarra a jarra, a poquitinos. Y mientras cumplías el hermoso ritual te convertías en un inocente asesino en serie. Bueno, inocente inocente no. Pues cuando tienes una velutina agonizando en la jarra, antes de verterla al tonel (con su colador puesto por si las moscas), metes la mano enguantada, coges al bicho, lo tiras al suelo y lo pisas sin piedad. ¿No se dan cuenta de quién se las está cargando? No lo parece. Pues cuando estás apretando los engranajes del llagar; literalmente remando; los torpedos asiáticos vuelan a tu alrededor sin asomo de ataque alguno. Dos, tres, cinco invaden a cada instante tu espacio aéreo, a veces te rozan, pero solo les falta pedir disculpas como si asociaran su bacanal libación al grandullón que rema. Pero bueno hombre, ¿no veis el caldero que está a unos metros con medio palmo de agua endulzada donde vas arrojando el ejército de cadáveres? No lo parece. Es más, en alguna ocasión fallas una ejecución de una beoda y esta alza el vuelo y se va olvidándose por completo de intentar acaso un picotazo que eleve la moral de la especie. ¡Menuda tropa! Quién las ha visto y quién las ve.</strong></p>
<p><strong><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra-2.jpg"><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-12240" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra-2-169x300.jpg" alt="" width="169" height="300" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra-2-169x300.jpg 169w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra-2-768x1365.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra-2-576x1024.jpg 576w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/jarra-2.jpg 900w" sizes="(max-width: 169px) 100vw, 169px" /></a>¿Estas son las temibles velutinas? No lo parece. De hecho, en años anteriores no convivían en sus libaciones con paisanaje autóctono. Ahora sin embargo el vuelo de unas se confunde con el de otras y uno se encuentra currando, remando más bien, rodeado de toda una fauna volátil que pueden formar cinco asiáticas, ocho asturianas y doce polillas. Así un día tras otro. Parece que los bichejos de la tierra les han perdido finalmente el respeto a las invasoras (feliz cambio) y su tamaño ya no asusta. Pues salvo que vayas sin pretenderlo a su nido, a su hogar, cuando están de excursión pierden su condición de temibles y pasan a ser presas fáciles del hombre. Algún día has ido de noche a remar, después del curro, a veces incluso después de la medianoche. Entonces, iluminada por dos focos, la fauna voladora adquiere tintes desagradables; algo así como &#8216;Los Pájaros&#8217; de Hitchcock en versión insectívora. Lo peor en estos casos, curiosamente, son las polillas, que se sobreexcitan con la luz artificial y llegan a rozar con sus alas en elevado número la cabeza del humano que las agita. </strong></p>
<p><strong><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/natona.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-12241" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/natona-169x300.jpg" alt="" width="169" height="300" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/natona-169x300.jpg 169w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/natona-768x1365.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/natona-576x1024.jpg 576w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/natona.jpg 900w" sizes="auto, (max-width: 169px) 100vw, 169px" /></a>Es lo que toca en 2023. Sidra con insectos voladores. Pero sidra al fin y al cabo. El largo verano arrojó antes de tiempo mucha manzana al suelo. La tiró y la pudrió. Hay por tanto menos material en la pomarada. Pero cien litros ya están a recaudo desde esta mañana. Empieza el fermento. Con la última jarra que rebasó el tonel asomó una gloriosa nata sucia, señal anticipada de haber hecho cumbre. Ahora toca esperar que esta química natural que anida en el barril haga su trabajo. En dos, tres o cuatro semanas será maravilloso arrimar la oreja a la piel del tonel y escuchar, o intuir, un crepitar. La sidra estará en marcha. Menguará el contenido y usarás las botellas de reserva para volver a cubrir hasta el tope del tonel, que debe quedar siempre descubierto, pero con un colador invertido para <a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/gregor.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-12242" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/gregor-267x300.jpg" alt="" width="267" height="300" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/gregor-267x300.jpg 267w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/gregor-768x864.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/gregor-911x1024.jpg 911w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2023/11/gregor.jpg 1341w" sizes="auto, (max-width: 267px) 100vw, 267px" /></a>evitar visitas indeseadas. Con el primero lleno, quedan el 2 y el 3, ambos de 50 litros. Falta esperar que caiga más manzana. No hay mucha. Pero hay. </strong></p>
<p><strong>La magia de la sidra inicia un nuevo ciclo en San Miguel de Arroes, en Villaviciosa, a solo nueve kilómetros de Gijón. La última salió de restallu. Aún queda. Esta no parece que vaya a tener tastu, ni estar quedada, ni aceitosa; más bien se espera cantarina, chisposa y, si me apuran, insectívora. Tantas feas bocas libando en el llagar alguna esencia habrán dejado y acaso quien a finales de la próxima primavera se beba tres botellas seguidas, pese al delicioso sabor, igual empieza a notarse extraño al cabo de unos días y su cuerpo a mutar de negro-amarillo, y su cabeza, a desarrollar un par de antenas; y sus dos piernas a dejar paso a un ramillete de patas. Toda una metamorfosis kafkiana que puede derivar en el nacimiento del primer &#8216;velutinón&#8217; de Xixón.</strong></p>
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		<title>Sapos del amor hermoso</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Aug 2022 16:15:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Anecdotario]]></category>
		<category><![CDATA[Riaño]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando el matrimonio estrenó su nueva casa, ella echó algo en falta: &#8220;Aquí no hay sapos&#8221;, le dijo a su marido. Tenían la casa de sus sueños. Un caserío vasco bien forrado de piedra y maderas nobles, una gran pradera alrededor y unos hijos ya criados que solo irían de visita, pese a lo cual [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Cuando el matrimonio estrenó su nueva casa, ella echó algo en falta: &#8220;Aquí no hay sapos&#8221;, le dijo a su marido. Tenían la casa de sus sueños. Un caserío vasco bien forrado de piedra y maderas nobles, una gran pradera alrededor y unos hijos ya criados que solo irían de visita, pese a lo cual reservaron una habitación para cada uno. Todo era perfecto, en un paraje relajado, campestre y, para más inri, a tiro de piedra de la gran ciudad. Pero no había sapos, advirtió. Llegado el verano, ella insistió. Mientras los hijos andaban a lo suyo, en el río, en el monte, en las fiestas, en la Montaña de Riaño, en León, ambos se dedicaron, por insistencia femenina, a cazar sapos. Eran ya más o menos sexagenarios. Pero eso daba exactamente igual. Llegada la tarde noche, al calor del asfalto, paraban el coche aquí y allá, salían a por sus presas y les lanzaban un trapo para atraparla sin remilgos. </strong></p>
<p><strong>Así fueron acumulando sapos en un bidón. Pero claro, el verano no había llegado a su término y los honorables batracios necesitaban comer mientras aguardaban su nuevo destino. Eran varias decenas, quizá sesenta y el matrimonio, aficionado al campo, pasó a ponerse como prioridad nuevos deberes: buscar alimento para sus singulares inquilinos. Entonces dio comienzo la segunda fase del operativo. De nuevo viajes en coche aquí y allá, pero esta vez no ceñidos al asfalto, sino con incursiones en amplias praderas donde fueron cazando insectos, en especial saltamontes. Con el tiempo descubrieron que el noble sapo leonés prefería el insecto vivo al muerto, acaso fuera un bocado más fresco. Así terminó aquel inolvidable verano. </strong></p>
<p><strong><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2022/08/800px-Bufo_bufo_03.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-12148" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2022/08/800px-Bufo_bufo_03.jpg" alt="" width="800" height="533" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2022/08/800px-Bufo_bufo_03.jpg 800w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2022/08/800px-Bufo_bufo_03-300x200.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2022/08/800px-Bufo_bufo_03-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a>La suelta del sapo en tierras vascas dio frutos y hoy, veinte años después de aquella peripecia repobladora, la instigadora de la idea, ya viuda, se solaza cuando contempla rondando su caserío un par de batracios en animada charla. Según recuerda satisfecha, sus labores son múltiples. La principal, degustar un centenar de insectos cada noche. O sea, frenan plagas, protegen huertas, como la suya, y reducen el número de picaduras de mosquitos al humano. Y además de todo eso, cantan. Su croar, llegadas las noches de verano, con una ventana abierta a los aromas del campo, puede resultar, sin duda, una música mucho más agradable que cualquier tostón que estén soltando por la televisión.</strong></p>
<p><strong>Cuenta ella risueña su peripecia con los sapos en una tarde que amenaza tormenta. Reinan en el ambiente unos extraños treitantantos grados tamizados por el velo de nubes amenazantes. Solo es cuestión de tiempo. Así será. Pasados unos minutos, cuando la historia de sus sapos importados de tierras leonesas impregna el ambiente, el cielo lanza estruendos amenazadores y unas primeras gotas hacen aparición. Son gruesas como corresponde a la tormenta, se reciben con gusto y su impacto con la tierra, e incluso con el asfalto que rodea el caserío, desprende ese inconfundible olor que condensa en un mismo aroma lo húmedo y lo seco. Un olor fugaz, pero penetrante y tremendamente bello en su singularidad, pues solo se produce en verano, solo tras períodos calientes a los que sigue, repentinamente, una descarga de agua celestial. </strong></p>
<p><strong>La historia de los sapos se entrelaza entonces con la del verano que entra en su prórroga. Nuestra protagonista se irá ahora a la Montaña de Riaño a pasar unos plácidos días. Pero lo hará sola. Sin ese hombre que fue su vida y que la llevaba en coche por las tardes a vivir aventuras campestres como si de dos adolescentes se tratara. Sus nietos tienen ahora esa edad y le pone nerviosa el trajín de nocturnidades veraniegas. Como no conduce, no podrá revivir historias pretéritas guardadas ahora como un tesoro en su interior. </strong></p>
<p><strong>Surge un asunto paralelo en la tertulia, con hijos y amigos de hijos. &#8220;Esto es como cuando Ana Obregón declaraba hace poco que le daba mucha rabia pensar que cuando vivía su hijo no sabía que era feliz&#8221;. </strong><strong>El ciclo de la vida y de la muerte tienen sus servidumbres. En el primero, en el cual estamos, hay que exprimir no ya los días, sino las horas. Y si hay que salir a cazar sapos por la carretera, se sale. Y si hay que darles de comer, se les da. Y si hay que pintar un hermoso cuadro o restaurar un viejo bargueño o salir a la huerta a coger unos pimientos de Guernica, se sale, aunque los truenos presagien chaparrón. ¿Se puede ser feliz yendo, sexagenario, a cazar sapos? Por supuesto que sí. En ello está acaso la esencia de la vida. En la ilusión, en la aventura, en la diferencia, en el afán de beber la vida a buenos tragos. </strong></p>
<p><strong>Cuando luego, desde su ventana, nuestra intrépida cazadora escuche croar a su ejército de sapos en las noches de soledad a buen seguro esbozará una mueca tan alegre como nostálgica. Pues este placer, tan exótico como apegado a la tierra, no podrá ya ser compartido con quien ella quisiera.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 180px;">(Para Ana, una &#8216;ama&#8217; con mucho remango)</p>
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		<title>&#8220;¡¡¡¡¡¡¡Rubiooooooo!!!!!!&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Sep 2019 16:47:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Anecdotario]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Solo dejar constancia que el señor Acisclo, gijonés de pro, cumplió su promesa y el fin de semana dicho llegó al cementerio de Sad Hill y obró como solo podía hacerlo: invadiendo el espacio escénico del cementerio circular burgalés, corriendo enloquecido y gritando, en su calidad de &#8216;feo&#8217; de la película, a su socio [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="position: relative; display: block; max-width: 600px;">
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<p>&nbsp;</p>
</div>
<p><strong>Solo dejar constancia que el señor Acisclo, gijonés de pro, cumplió su promesa y el fin de semana dicho llegó al cementerio de Sad Hill y obró como solo podía hacerlo: invadiendo el espacio escénico del cementerio circular burgalés, corriendo enloquecido y gritando, en su calidad de &#8216;feo&#8217; de la película, a su socio por accidente en la búsqueda del tesoro, el &#8216;bueno&#8217; de Clint Eastwood, al cual durante la película &#8216;El bueno, el feo y el malo&#8217; llamó siempre &#8216;Rubio&#8217;. Así fue como Acisclo corrió como el feo y gritó &#8220;¡¡¡¡¡¡Rubioooooo!!!!&#8221;. Dejamos constancia de alguna imagen y del vídeo en el que va camino de conocer su propia tumba.</strong></p>
<p><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10892" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-1-225x300.jpg" alt="acisclo-1" width="225" height="300" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-1-225x300.jpg 225w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-1-768x1024.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-1.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a> <a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-2.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10893" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-2-300x260.jpg" alt="acisclo-2" width="300" height="260" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-2-300x260.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-2-768x664.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-2-1024x886.jpg 1024w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-2.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a> <a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-3.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10894" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-3-300x169.jpg" alt="acisclo-3" width="300" height="169" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-3-300x169.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-3-768x432.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-3-1024x576.jpg 1024w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-3.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a> <a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-4.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10895" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-4-300x225.jpg" alt="acisclo-4" width="300" height="225" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-4-300x225.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-4-768x576.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-4-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-4.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a> <a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-5.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10896" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-5-225x300.jpg" alt="acisclo-5" width="225" height="300" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-5-225x300.jpg 225w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-5-768x1024.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/08/acisclo-5.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a></p>
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		<title>El druida del Dobra (y 3)</title>
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		<pubDate>Sun, 19 May 2019 12:20:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Anecdotario]]></category>
		<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>

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		<description><![CDATA[Los gijoneses se dan un baño por la mañana, tras una incómoda noche en una cabaña abandonada, entre arañas y dios sabe qué, y D. toma la decisión de marcharse. Iban a quedarse tres días en la Olla de San Vicente pero la irrupción del energúmeno y sus chocantes historias le ha quitado la gracia. [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los gijoneses se dan un baño por la mañana, tras una incómoda noche en una cabaña abandonada, entre arañas y dios sabe qué, y D. toma la decisión de marcharse. Iban a quedarse tres días en la Olla de San Vicente pero la irrupción del energúmeno y sus chocantes historias le ha quitado la gracia. Quiere irse. J. acepta, pero, cortés, propone ir a despedirse antes del druida. Con tal de marchar, D. acepta. Escucha un flautín sonar en el bosque y camina en esa dirección hasta encontrarse, en pelota picada, con su &#8216;anfitrión&#8217;, vestido solo con la madera del flautín. Le cuenta una milonga y vuelven para Gijón. Sin embargo, antes de dos meses, volverán a saber de este extraño sujeto. El 7 de junio de 2017, una noticia publicada en EL COMERCIO, da cuenta de un particularísimo suceso. </strong></p>
<p><strong>Al parecer, dos turistas que fueron a pasar el día a la Olla de San Vicente se llevaron la desagradable sorpresa, cuando iban a emprender el regreso, de ver cómo les habían robado las bicicletas. Llamaron rápido a la Guardia Civil y para los agentes fue coser y cantar. Subieron un poco monte arriba, encontraron las dos bicicletas en una cabaña y detuvieron a dos personas. Uno resultó ser un asturiano a quien buscaban desde tiempo atrás por estar implicado en un ataque con artefactos explosivos cometido en Vigo en 2012 contra el Circulo de Empresarios de Galicia, reivindicado días después por el grupo anarquista Acción Directa Anticapitalista Internacionalista, vinculado a la &#8216;resistencia gallega&#8217;.</strong></p>
<p><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/huida-redux.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-10862" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/huida-redux.jpg" alt="huida-redux" width="990" height="705" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/huida-redux.jpg 990w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/huida-redux-300x214.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/huida-redux-768x547.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 990px) 100vw, 990px" /></a></p>
<p><strong><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/noticia-druida-redux-1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10860" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/noticia-druida-redux-1-169x300.jpg" alt="noticia-druida-redux" width="169" height="300" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/noticia-druida-redux-1-169x300.jpg 169w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/noticia-druida-redux-1-576x1024.jpg 576w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/noticia-druida-redux-1.jpg 767w" sizes="auto, (max-width: 169px) 100vw, 169px" /></a>Una vez identificado, los agentes acaso pusieron más celo en el &#8216;terrorista&#8217; astur-galaico que en su compañero. Cuando iniciaban la bajada, éste se les escapó tirándose por un barranco, sin que lo hubiesen podido localizar hasta la fecha. Hubo quien especuló que el huido pidió permiso a los agentes para hacer sus necesidades y cuando estaba a una distancia prudencial, se lanzó por el terraplén con el culo al aire. </strong></p>
<p>Aquí termina nuestra historia. Desde que leyó aquella noticia, D. no ha dejado de preguntarse si el hombre del culo al aire no era otro que el controvertido druida y si, por lo tanto, habría posibilidades de que siga habitando los pasajes boscosos de la Olla de San Vicente. Con esa duda en el cuerpo, esta semana, el jueves en concreto, se puso en dirección al mismo lugar donde dos años atrás tuviera aquella extraña experiencia al calor de una hoguera. Esta vez fue solo. Sin miedo, pero sí con inquietud. D. piensa quedarse varios días acampado por las riberas del Dobra, meditando, leyendo y caminando. ¿Qué hará si se le aparece un energúmeno de noche gritándole que se vaya de ahí? No desea que ocurra. Pero si ocurre piensa quedarse estático, inmóvil, como una figura de sal y cuando lo tenga a un metro pronunciar serenamente su nombre y decirle: &#8220;Déjame en paz&#8221;.</p>
<p>EPÍLOGO<br />
En sus crónicas de jueves a sábado de nuestro gijonés no hay encontronazo con el druida. Sin embargo, acaso para tener las cosas claras y no estar todo el tiempo con la mosca detrás de la oreja, el viernes se acercó a la cabaña que habitó nuestro personaje. Allí encontró muestras de abandono, se topó con un sapo y dio con sus pies ante el cadáver de un raposo. Aparentemente, el señor druida habita otros parajes a día de hoy. Sin embargo, ¿está seguro de que mientras humeaba en la cabaña no había dos ojos enfurecidos oteándole desde algún lugar oculto? Hoy todavía no ha dado señales de vida.</p>
<p><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-3.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10865" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-3-225x300.jpg" alt="cabana-dobra-3" width="225" height="300" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-3-225x300.jpg 225w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-3-768x1024.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-3.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-6.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10866" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-6-225x300.jpg" alt="cabana-dobra-6" width="225" height="300" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-6-225x300.jpg 225w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-6-768x1024.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-6.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a></p>
<p><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-4.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10864" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-4-225x300.jpg" alt="cabana-dobra-4" width="225" height="300" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-4-225x300.jpg 225w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-4-768x1024.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/cabaña-dobra-4.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a></p>
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		<title>El druida del Dobra (2)</title>
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		<pubDate>Sat, 18 May 2019 07:35:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Anecdotario]]></category>
		<category><![CDATA[Gijonadas]]></category>
		<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>

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		<description><![CDATA[La conversación en la hoguera es intensa y baila de un tema a otro. El druida del Dobra no se ha identificado ni tampoco se ha quitado en ningún momento el frontal, lo cual impide a los dos gijoneses verle bien el rostro. Habla compulsivamente, puede rondar los 50 años y por sus expresiones es [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La conversación en la hoguera es intensa y baila de un tema a otro. El druida del Dobra no se ha identificado ni tampoco se ha quitado en ningún momento el frontal, lo cual impide a los dos gijoneses verle bien el rostro. Habla compulsivamente, puede rondar los 50 años y por sus expresiones es una persona con cierta cultura. Sigue en sus trece de que en esa pradera no duerme ni dios. Él vive en una cabaña abandonada monte arriba y, según cuenta, hay otra cercana que se puede utilizar para dormir. Insiste en que los gijoneses vayan a su cabaña a tomar un colacao y que después les guiará hasta la otra, donde deberán dormir. D. está plenamente incómodo con la situación, pero J. parece haber sucumbido lo suficiente a la oratoria del energúmeno como para seguirlo hasta sus dominios. Así que al final aceptan, a regañadientes, su oferta/imposición. </strong></p>
<p><strong><a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/fuego-redux.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-10857" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/fuego-redux-1024x644.jpg" alt="fuego-redux" width="1024" height="644" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/fuego-redux-1024x644.jpg 1024w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/fuego-redux-300x189.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/fuego-redux-768x483.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/fuego-redux.jpg 1027w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a>Junto al fuego, el enigmático personaje ha comenzado a contar historias sobre su vida de lo más variopintas. Cuenta que tuvo una librería en Avilés, que vivió en Noruega, donde recogía material reciclable por el cual obtenía un buen dinero, habla del monte como si fuera suyo, dice que lleva tiempo viviendo allí&#8230; Y, cuando ya van los tres camino de las cabañas, empieza a describir flores silvestres que se encuentran a su camino en su ánimo de dominar la situación y darse, de forma continua, importancia. Describe una, describe otra y, tras la tercera, apostilla: &#8220;Porque yo, en realidad, soy un druida&#8221;. </strong></p>
<p><strong>Entonces algo resuena en la mente de D., el gijonés que le había hecho frente palo contra palo. Un recuerdo del pasado le martillea en la cabeza. No es algo de hace un mes ni de hace un año. Es algo más viejo. De hace ocho, nueve o diez años&#8230; De repente, le mira intensamente y le espeta: &#8220;Yo a ti te conozco&#8221;. El druida se queda extrañado y D. le apostilla: &#8220;Tú te llamas X.&#8221;. Asiente, perplejo. Entonces, D. le cuenta una historia: </strong></p>
<p>Ocho años atrás, D. iba en coche a los Pirineos para hacer una semana de montaña en solitario y decidió parar a dormir en Arnedillo, en La Rioja, donde hay unas famosas aguas termales. Cuando iba en esa dirección se topó con dos personas haciendo dedo y las paró. Casualidad, eran asturianos, que también iban a Arnedillo. En el coche le contaron que venían desde Noruega caminando y haciendo dedo, un extraño relato que a D. le puso ya un poco en guardia. Uno de ellos, enseguida le dijo aquello de que &#8220;era un druida&#8221;. Su acompañante era avilesino y era continuamente maltratado por el señor druida, que le daba toñejas y le avergonzaba todo el rato. En Arnedillo, nuestro gijonés fue a un supermercado para comprar algo de cena y ahí se le juntó la feliz pareja, que aprovechó para incluir algún producto en la compra que no iba a pagar. Luego fueron a las aguas termales y allí convirtió en un auténtico infierno aquella estratégica parada de D. rumbo a los Pirineos. No callaba, no paraba de darse importancia, no dejaba de contar historias grandilocuentes y contradictorias y, cada poco, desacreditaba en cuanto podía a su socio avilesino. Llegó la hora de dormir y D. se despidió de la pareja de autostop arrepentidísimo de haberlos parado pues el druida le había puesto la cabeza como un bombo. Ese día creía que no lo volvería a ver jamás. Pero se equivocó.</p>
<p><strong>Cuando D. acabó de contarle la historia del autostop y de Arnedillo, el druida X. no pudo negar que ese personaje era él. Pero quedó extraño, como si lo hubiesen desenmascarado. Llegaron a su cabaña y tomaron el colacao y luego les aproximó a otra cabaña donde debían dormir los gijoneses. Estaba destartalada y llena de arañas. Ahí durmieron tras quedar con su singular anfitrión del Dobra en verse al día siguiente después de darse un remojón en el río. La historia no había acabado.</strong></p>
<p>(mañana, tercer y último capítulo)</p>
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		<title>El druida del Dobra (1)</title>
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		<pubDate>Fri, 17 May 2019 14:32:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Anecdotario]]></category>
		<category><![CDATA[Gijonadas]]></category>
		<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace justo dos años, un par de amigos gijoneses deciden ir a pasar el fin de semana a la Olla de San Vicente con tienda de campaña, algo de comida y una guitarra. Ya lo han hecho más veces. El plan es disfrutar de día de ese bellísimo remanso de agua del río más cristalino [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hace justo dos años, un par de amigos gijoneses deciden ir a pasar el fin de semana a la Olla de San Vicente con tienda de campaña, algo de comida y una guitarra. Ya lo han hecho más veces. El plan es disfrutar de día de ese bellísimo remanso de agua del río más cristalino de Asturias, hacer algo de monte y, llegada la noche, encender un fuego, canturrear un poco y dormir en plena naturaleza. Sin embargo, el plan se verá truncado la primera noche de forma abrupta. La Olla, muy frecuentada en verano, es un pequeño paraíso en mayo sin apenas presencia humana pese a estar a media hora a pie desde la carretera de Cangas de Onís al Pontón. Están ya con la hoguera encendida, pero no han puesto la tienda, en la pradera encaramada sobre el río, desde donde se domina su desembocadura a la gran &#8216;olla&#8217;. Entonces escuchan unos gritos acompañados de la luz de un frontal que avanza, veloz, hacia ellos desde la parte baja. Es la voz de un hombre que les insulta desaforadamente. &#8220;Hijos de puta, cabrones, fuera de ahí, esto es mío, lo vais a llenar de mierda, mecaguendios..&#8221;. El energúmeno avanza y ellos, sin tiempo para reflexionar, deciden esconderse entre las zarzas.</strong></p>
<p><strong> <a href="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/olla-redux.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-10853" src="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/olla-redux-1024x737.jpg" alt="olla-redux" width="1024" height="737" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/olla-redux-1024x737.jpg 1024w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/olla-redux-300x216.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/olla-redux-768x553.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2019/05/olla-redux.jpg 1055w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a>El hombre llega, no le ven la cara debido al frontal, es corpulento, aparentemente fibroso, enérgico y sigue gritando e insultando. No salen.&#8221;Se que estáis ahí. Mecaguendios, ¡salir! Cabrones. Esto es mío. Aquí no podéis estarrrrr&#8221;. Esperan un rato y al final se va. Entonces vuelven a la hoguera sin dar crédito a lo vivido. Ambos tienen 40 años y son grandes amantes de la naturaleza; es decir, no van por ahí dejando cosas tiradas. También son plenamente pacíficos. Sin embargo, uno de ellos, por si las moscas, coge un buen palo por si retorna el energúmeno. Se sientan en la hoguera y empiezan a tranquilizarse. Pero pasados unos minutos, de nuevo irrumpen la luz del frontal, los gritos y el avance cuesta arriba. J. (les llamaremos por su inicial) amaga con volver a levantarse, pero D. se niega. &#8220;Yo no me voy. No estoy haciendo nada malo&#8221;. Se quedan sentados, silenciosos. Entonces aparece, amenazante, el energúmeno, que lleva un palo en la mano. </strong></p>
<p><strong>Vuelve a gritarles, a insultarles, a decirles, fuera de sí, que no pueden estar ahí, que se vayan inmediatamente. D. intenta calmarlo diciéndole que no están haciendo nada malo y pidiéndole que se tranquilice. Pero lejos de amilanarse, grita más y levanta el palo en señal de amenaza. Entonces a D. se le hinchan los cojones con esta absurda situación, coge el palo y se levanta haciéndole frente. La situación se tensa por momentos. Parece irreal, pero es verdad. Dos desconocidos, de noche, a la luz de una hoguera y un frontal, uno frente al otro, midiéndose con un palo alzado al aire, tanteando sus fuerzas y amenazándose mutuamente. Seguramente, en ese instante, a los dos gijoneses se les pasaría por la cabeza el absurdo en que se había convertido un fin de semana de relajante montaña. Pero la situación es esa y hay que darle una solución. Lo cierto es que la determinación de D. al levantarse con el palo ha descolocado un poco al energúmeno, al que no puede ver bien la cara por culpa del frontal. D. percibe que la intensidad de sus gritos ha bajado un diapasón al hacerle frente y aprovecha el momento de duda para argumentar; para dejarle claro que no están haciendo nada malo, que lo dejarán todo limpio y que les deje en paz. Él sigue vociferando, pero se aplaca un tanto. </strong></p>
<p><strong>Cinco minutos después, el druida del Dobra está sentado en la hoguera con los dos gijoneses, que han conseguido &#8216;domarlo&#8217; para que depusiera sus amenazas. Pero la historia no ha hecho más que comenzar&#8230;</strong></p>
<p>(mañana, capítulo 2)</p>
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		<title>Jamie, un peligro para el hombre</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Apr 2018 07:58:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Anecdotario]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>

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		<description><![CDATA[Ahora que vivimos inmersos en las series, debemos tener mucho cuidado con el material elegido. ¡Atención! Un título desacertado y podemos cavar nuestra propia fosa. El hombre, el home, el paisanu de toda la vida, el rudo machoman peludo ajeno a melindrosidades y depilaciones está en serio peligro. Un engañoso producto llamado &#8216;Outlander&#8217; puede acabar [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Ahora que vivimos inmersos en las series, debemos tener mucho cuidado con el material elegido. ¡Atención! Un título desacertado y podemos cavar nuestra propia fosa. El hombre, el home, el paisanu de toda la vida, el rudo machoman peludo ajeno a melindrosidades y depilaciones está en serio peligro. Un engañoso producto llamado &#8216;Outlander&#8217; puede acabar definitivamente con lo poco que queda de nosotros. Bajo una atrayente capa de historia de época, de la rudeza de la Escocia del siglo XVIII, de castillos, espadas y brujas, se oculta el hombre perfecto. Ojo, el hombre perfecto a ojos de la mujer, de la escritora en concreto, que nos pinta un especimen totalmente irreal, inexistente y en absoluto creíble: Jamie. </strong></p>
<p><strong><a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/385.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10539" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/385-300x169.jpg" alt="385" width="300" height="169" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/385-300x169.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/385.jpg 630w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Este Julen Guerrero del siglo XXI trasvasado a 1745 presenta las siguientes características: pelirrojucu, ñocla, rudo guerrero depilau, tierno amante y tan tan tan comprensivo con su amada, venida del futuro, que la cosa acaba por chirriar tanto que mientras la muyer sigue por la tercera temporada embelesada el home corta por lo sano al empezar al segunda (demasiado lejos ha llegado). ¡Esto es intolerable! ¡Haga el favor autora! ¡Cómo se le ve que soñó despierta cuando escribía hasta dejar un pastelón infumable! La prota le dice un día que viene de 1945 y él la cree y la comprende. Ella le dice que a las mujeres no se les dan azotainas y él, un murlaco de las Highlands, le pide perdón y promete que nunca más le dará con la zapatilla. Ella le prohíbe matar a su enemigo total (al ser ascendiente de su futuro marido, toma ya) y él la comprende y no lo mata. Etc. Etc. Etc. Después de abandonar el culebrón, habrá un más difícil todavía. Ella le dice al ñoclón que está preñá y él le dice que ya lo sabía. ¡Le lleva las cuentas de la regla! Jajajajajaja. </strong></p>
<p><strong><a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/outlander-ava.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10540" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/outlander-ava-300x278.jpg" alt="outlander-ava" width="300" height="278" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/outlander-ava-300x278.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/outlander-ava.jpg 501w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Señores guionistas, por favor, un poco de seriedad. Uno viene de ver &#8216;Vikingos&#8217; y pasárselo bomba con Radnard y su tropa; de ver &#8216;The Crown&#8217; y admirar una serie excelente con espectaculares actores, guiones, interiores y exteriores; y de sumergirse en las tinieblas de &#8216;The Fall&#8217; (&#8216;La caza&#8217;) con el terrorífico asesino en serie Spectorrrr; para caer de golpe y porrazo en los abismos de este subproducto que amenaza con poner el punto y final a la raza humana. Solo falta que nuestro Jamie viaje de las Highlands de 1745 al futuro y se nos presente con el pantalonucu prieto y el tobillo al aire bien depilau, unos piercings de futbolista, las sienes rapadas y colonia cara. </strong></p>
<p><strong>Hombres del mundo, no os dejéis engatusar por la parienta; no caigáis en las garras de &#8216;Outlander&#8217; porque empezarán a miraros con lupa. &#8220;Pues Jamie esto&#8230;&#8221;, &#8220;Pues Jamie lo otro&#8230;&#8221;. Mucho cuidado. Esta serie es un material altamente inflamable que convierte a un guerrero escocés del XVIII en una marioneta hortera en manos de su amada. Protejamos nuestras esencias y hagamos el más absoluto vacío a este ñoclón que amenaza la civilización occidental tal como era hasta hace cuatro días. ¡Fuera panolis! Algarrobos del mundo, no vos dejar impresionar por dos espadazos y un castillo de época. En &#8216;Outlander&#8217; se oculta la condena eterna. El exterminio del macho. </strong></p>
<p><strong>Si Saza levantara la cabeza&#8230;</strong></p>
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		<title>Zhivago en Soria</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Apr 2018 09:30:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Anecdotario]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>

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		<description><![CDATA[No es ánimo de fastidiar. Pero cuando vemos embelesados &#8216;Dr. Zhivago&#8217;, ese peliculón de siempre, creyendo encontrarnos en las fascinantes estepas rusas nevadas muchos hemos ignorado durante años y paños que en realidad estamos contemplando Soria. Sí, Soria. La bella, majestuosa, oxigenante y aún desconocida Soria. Así como suena. En Soria, señores y señoras del [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>No es ánimo de fastidiar. Pero cuando vemos embelesados &#8216;Dr. Zhivago&#8217;, ese peliculón de siempre, creyendo encontrarnos en las fascinantes estepas rusas nevadas muchos hemos ignorado durante años y paños que en realidad estamos contemplando Soria. Sí, Soria. La bella, majestuosa, oxigenante y aún desconocida Soria. Así como suena. En Soria, señores y señoras del jurado, se rodó allá por 1965 el 80% de la película y 53 años después de aquello esta preciosa región castellana sigue sin promocionar debidamente el hito de haber tenido viviendo en su tierra a Omar Shariff, Julie Christie y Geraldine Chaplin, un triángulo amoroso en toda regla; acaso el más famoso de la historia del cine. </strong></p>
<p><strong><a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-y-casa-de-candilichera.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10524" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-y-casa-de-candilichera-300x126.jpg" alt="doctor-zhivago-y-casa-de-candilichera" width="300" height="126" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-y-casa-de-candilichera-300x126.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-y-casa-de-candilichera-768x322.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-y-casa-de-candilichera-1024x429.jpg 1024w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-y-casa-de-candilichera.jpg 1276w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>¿Por qué Soria?, se preguntará el escéptico lector. Pues, en 1964, cuando empezaron los preparativos, parece que la Metro Goldwyn Mayer eligió a los sorianos por tres motivos una vez descartada la propia Unión Soviética, <a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-5.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10525" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-5-300x181.jpg" alt="doctor-zhivago-5" width="300" height="181" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-5-300x181.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-5-768x463.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-5.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>donde se consideraba irreverente la obra de Boris Pasternak. Una vez elegida España, acaso por ser un país barato por entonces, Soria se impuso por tres motivos: tenía paisajes nevados en invierno que se asemejaban a los de la estepa rusa, aún circulaban por su territorio las locomotoras de vapor, que tienen un protagonismo importante en la película, y estaba a una distancia razonable de Madrid.  </strong></p>
<p><strong><a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-7.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10526" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-7-300x181.jpg" alt="doctor-zhivago-7" width="300" height="181" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-7-300x181.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-7-768x464.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor-zhivago-7.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Sin embargo, cuando todo estuvo preparado, los hoteles llenos a reventar, la población ensimismada con aquel desembarco comandado por el director David Lean, ocurrió lo inesperado: no nevó. Aquel invierno de 1965 Soria se quedó sin nieve cuando más necesidad tenía de ella y el rodaje debió llevarse a cabo con un sinfín de <a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctorzhivago_23_matamala.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10527" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctorzhivago_23_matamala-300x169.jpg" alt="doctorzhivago_23_matamala" width="300" height="169" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctorzhivago_23_matamala-300x169.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctorzhivago_23_matamala.jpg 500w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>efectos especiales: polvo de mármol, plásticos blancos, cera blanca&#8230; Los trucos en algún caso no dieron el resultado apetecido y ciertas escenas debieron rodarse de nuevo posteriormente en Finlandia. Curiosamente, de la bellísima Soria no se rodó nada precisamente en sus lugares más señeros. Se hizo en especial en la estación de Cañuelo de Soria capital, el pueblo de Candilichera, Ólvega de Moncayo, Villar del Campo y el embalse de la Cuerda del Pozo. Unos enclaves que no figuran en absoluto en el &#8216;top ten&#8217; de lo que debe verse en esta región y acaso el motivo de que no se haya hecho nunca una promoción como es debido del rodaje de &#8216;Dr. Zhivago&#8217;, con <a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/zh1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-10528" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/zh1.jpg" alt="zh1" width="800" height="412" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/zh1.jpg 800w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/zh1-300x155.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/zh1-768x396.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a><a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/images.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-10531" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/images.jpg" alt="images" width="299" height="169" /></a>seguridad una de las diez películas más importantes de la historia del cine. </strong></p>
<p><strong>Si uno se quiere perder en Soria ahí tiene el Cañón del Río Lobos, la Laguna Negra, las Fuentes del Duero, Castroviejo, el monumental Burgo de Osma, Ucero, Calatañazor, Vinuesa, Almanza, Berlanga del Duero, la ermita de San Baudelio, Caracena y su cañón y su románico, Soria capital, Numancia y un mar de pinares por donde perderse por carreteras secundarias. Sin embargo, los lugares del rodaje, centrados al sureste de la capital, son parajes más esteparios, menos bonitos. Ahí se ambientó el pueblo de Yuriatin (la estación <a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor_zhivago_candilichera_soria1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10529" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor_zhivago_candilichera_soria1-300x126.jpg" alt="doctor_zhivago_candilichera_soria1" width="300" height="126" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor_zhivago_candilichera_soria1-300x126.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor_zhivago_candilichera_soria1-768x324.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor_zhivago_candilichera_soria1-1024x431.jpg 1024w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/doctor_zhivago_candilichera_soria1.jpg 1277w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>es en realidad la de Soria-Cañuelo y el pueblo Candilichera) y Barykino, con aquella casa helada en mitad de un páramo donde Zhivago sube corriendo a la primera planta para romper de un golpe el cristal de la ventana para poder <a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/images-1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10530" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/images-1-300x168.jpg" alt="images-1" width="300" height="168" /></a>contemplar a su amada alejándose, una vez más, acaso la imagen más bella de la película. Pues sí, ahí, Omar Shariff está en Soria. Y Julie Christie está en Soria. Y Geraldine Chapin y su camada de nenos (uno de ellos hijo real de Shariff) están en Soria, por donde pasean a diario tras el rodaje. No en aquella Rusia atacada por la Revolución Bolchevique de 1917. Y los extras, un elevado número de ellos no son rusos sino sorianos que se ganaron unas buenas pesetas de la época por convertirse en revolucionarios.</strong></p>
<p><strong>Si añadimos que los Urales rusos son en realidad el Moncayo o que ese pueblo quemado que contemplan los Zhivago desde el tren en realidad es Villar del Campo esperamos no decepcionar a nadie. La mujer que corre para entregarles un bebé (que en realidad está muerto) quedó atrapada por el tren en el rodaje y perdería ambas piernas, pero el director no mandó parar al producirse la tragedia. </strong></p>
<p><strong><a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/zhivago1.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10532" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/zhivago1-300x233.jpg" alt="zhivago1" width="300" height="233" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/zhivago1-300x233.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/zhivago1-768x597.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/zhivago1.jpg 997w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Finalizado el rodaje, la Metro dejó un regalo: el primer parque de columpios de la provincia, que instaló en La Dehesa y alguno de sus trabajadores, tras casi dos años de estancia, se casó en Soria. En 1965, la película se estrena en EE UU. En 1966, en España. Y en 1967, en Soria, en el cine Rex, todo un acontecimiento. El autor, Boris Pasternak, escribió la obra en 1957, ésta se publicó en Italia y le reportó en <a href="http://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/7c2dabc1f6c8d5db39f10c4032925e16-david-lean-doctor-zhivago.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10533" src="//blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/7c2dabc1f6c8d5db39f10c4032925e16-david-lean-doctor-zhivago-300x229.jpg" alt="7c2dabc1f6c8d5db39f10c4032925e16-david-lean-doctor-zhivago" width="300" height="229" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/7c2dabc1f6c8d5db39f10c4032925e16-david-lean-doctor-zhivago-300x229.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2018/04/7c2dabc1f6c8d5db39f10c4032925e16-david-lean-doctor-zhivago.jpg 736w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Nobel de Literatura al año siguiente, que no se atrevió a ir a recoger al ser considerado en su país &#8220;una oveja sarnosa&#8221; cuyos escritos estaban &#8220;llenos de calumnias&#8221;. No se publicó en Rusia, en formato de fascículos, por una revista que logró una suscripción millonaria, hasta 1988. Había llegado la Perestroika; mientras en Soria seguían aún ensimismados con Streinlikov parado en aquel tren en mitad de sus pinares.</strong></p>
<p>PD.1 Aquel histórico 1965 ocurrió otro hecho totalmente desconocido: se rodó en Soria &#8216;Campanas a medianoche&#8217;, de Orson Wells. ¡¡¡¡Casun Soria!!!! Joer con la desconocida. Y nosotros viajando a la República Dominicana.</p>
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		<title>En Yuste, entre Julia y Carlos V</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Jul 2017 09:45:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Anecdotario]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde Cuacos hasta Yuste la carretera va ascendiendo hacia el pasado. El monasterio jerónimo, ocupado ahora por una orden polaca, se esconde a media ladera, dominando un amplio valle oculto entre robustos árboles. Ahí murió Carlos V el 21 de septiembre de 1558. De no haber sido así, ahora sería una absoluta ruina. Pues Yuste estuvo [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Desde Cuacos hasta Yuste la carretera va ascendiendo hacia el pasado. El monasterio jerónimo, ocupado ahora por una orden polaca, se esconde a media ladera, dominando un amplio valle oculto entre robustos árboles. Ahí murió Carlos V el 21 de septiembre de 1558. De no haber sido así, ahora sería una absoluta ruina. Pues Yuste estuvo literalmente en ruinas entre los siglos XIX y XX. Sin embargo, una vez acabada la guerra civil, Franco debió de tener presente el &#8216;significado&#8217; imperial de este precioso rincón de Cáceres y decidió su restauración integral, acometida entre 1940 y 1958. La extraordinaria serie televisiva &#8216;Carlos emperador&#8217; refrescó el pasado año la historia del primer monarca español de los Habsburgo tras Felipe El Hermoso y en su capítulo final Yuste cobra un especial protagonismo, pues ahí residió Carlos los últimos diecinueve meses de su vida. Mucho tiempo, pues de sus 41 años de reinado, iniciado en 1517, solo residió siete en España, dada la lentitud de los viajes de entonces y el amplio imperio que debía gestionar. </strong><span id="more-10119"></span></p>
<p><strong><a href="http://blogs-new.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/GEROMIN.jpg" rel="external nofollow"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-10120" src="//blogs-new.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/GEROMIN-1024x576.jpg" alt="geromin" width="1024" height="576" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/GEROMIN-1024x576.jpg 1024w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/GEROMIN-300x169.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/GEROMIN-768x432.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/GEROMIN.jpg 1180w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a>La visita guiada a Yuste, una tibia mañana de julio, tiene a Julia por maestra de ceremonias. La guía es una apasionada de todo lo relativo a Carlos V y, como tal, tomó parte activa en el rodaje de la serie televisiva. Primero, dialogando con el director y el equipo de rodaje, aportando datos históricos y advirtiendo de incorrecciones introducidas con el único propósito de conferir dramatismo a la acción. Y después, por invitación del equipo, enfundándose en las ropas de la madrastra de Jeromín cuando el hijo ilegítimo de Carlos, el futuro Juan de Austria (una vez reconocido en su testamento le fue cambiado el nombre), visita por primera vez al emperador &#8216;jubilado&#8217;. Ella avanza hacia la puerta con el marido y el niño. No habla. Pero cuando éste la mira, le hace un gesto de complicidad con el cual le invita a franquear ese umbral que separa su pasado de su futuro. Está soberbia en el trance. </strong></p>
<p><strong><a href="http://blogs-new.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y1.jpg" rel="external nofollow"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-10128" src="//blogs-new.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y1.jpg" alt="y1" width="563" height="1000" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y1.jpg 563w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y1-169x300.jpg 169w" sizes="auto, (max-width: 563px) 100vw, 563px" /></a>Julia se lo pasó muy bien en aquellos días de rodaje. Pero no por ello dejó de ser un &#8216;chinche&#8217;, pues el gran público acuña luego datos falsos tales como que Jeromín visitó varias veces a su padre en Yuste cuando en realidad nunca lo pisó. O que Carlos acudió al monasterio con su confesor, que tampoco lo pisó. Sí estaba allí el famoso relojero Juanelo Turriano, que realizó tanto relojes como ingeniosos juguetes y sistemas de conducción del agua a través del monasterio. También pasó por Yuste, entonces en condición de soldado, el más prestigioso arquitecto del Escorial, Juan de Herrera, quien trabó allí amistad con Turriano, al que consultó más tarde aspectos del monasterio madrileño donde reprodujo a escala, Julia dixit, la disposición de Yuste: una iglesia, unos claustros y un palacio adjuntos. Yuste, insiste Julia, sirvió de modelo.</strong></p>
<p><strong>Otro dato curioso es la disposición de la habitación del monarca respecto al altar de la iglesia, que podía contemplar desde una ventana de arriba a abajo. Hoy están al ras, pero esto obedece a una obra posterior que elevó dicho altar. Carlos V dejó escrito su deseo de ser enterrado en la cripta situada justo bajo este punto con objeto de que el cura oficiase justo sobre su cuerpo yacente. Sin embargo, Felipe II incumplió el deseo de su padre. Yuste no le parecía un monasterio de suficiente empaque como para servir de descanso eterno a quien forjó un imperio. Así, cuando encargó la construcción de El Escorial ya contempló que la cripta real fuera estrenada por su padre. Carlos viajó desde Cáceres e Isabel, su amada Isabel, desde La Alhambra, para reunirse en la eternidad. Tal era la devoción por su esposa, fallecida con 36 años, que Carlos encargó un cuadro donde fuera representado el matrimonio en la vejez, tal cual él era y tal cual ella sería en caso de haber envejecido juntos. El cuadro puede contemplarse en el palacio de Yuste, al igual que la silla adaptada a las condiciones de un gotoso o el &#8216;capazo&#8217; tirado por cuatro hombres donde era transportado para evitar los dolores que le provocaban los baches en el camino.</strong></p>
<p><a href="http://blogs-new.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y3.jpg" rel="external nofollow"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-10129" src="//blogs-new.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y3-1024x576.jpg" alt="y3" width="1024" height="576" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y3-1024x576.jpg 1024w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y3-300x169.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y3-768x432.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y3.jpg 1250w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a></p>
<p><strong><a href="http://blogs-new.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y5.jpg" rel="external nofollow"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-large wp-image-10131" src="//blogs-new.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y5-1024x576.jpg" alt="y5" width="1024" height="576" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y5-1024x576.jpg 1024w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y5-300x169.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y5-768x432.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2017/07/y5.jpg 1363w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a>La visita a Yuste supone una apasionante inmersión en la Historia de España. En este mes de julio el estanque está en obras. Se contempla desnudo. Sin agua. Un momento histórico, advierte Julia, pues puede apreciarse su construcción. Cuando se reparen las fugas quedará de nuevo cubierto quién sabe si para otros quinientos años. Ahí es nada. Presuntamente, la picadura de un mosquito en ese estanque es la que acabó con la vida del monarca al contraer el paludismo. Luchó todo su reinado por mantener unido el imperio heredado de Felipe El Hermoso y Juana La Loca, y acabó derrotado por un pequeño insecto volador. Ironías de la vida y de la muerte.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Barbarie tecnológica</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Jul 2016 21:23:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adrián Ausín</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Anecdotario]]></category>

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		<description><![CDATA[El mundo no se lo cargará ningún volcán, ningún terremoto, ningún platillo volante atiborrado de marcianos asesinos. Será la tecnología la que termine con nosotros. De forma lenta, pero absolutamente segura e implacable. El fin del mundo llegará cuando el hombre haya quedado hasta tal punto idiotizado por los avances tecnológicos (ojo, no falta mucho) [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El mundo no se lo cargará ningún volcán, ningún terremoto, ningún platillo volante atiborrado de marcianos asesinos. Será la tecnología la que termine con nosotros. De forma lenta, pero absolutamente segura e implacable. El fin del mundo llegará <span id="more-9343"></span>cuando el hombre haya quedado hasta tal punto idiotizado por los avances tecnológicos (ojo, no falta mucho) que sea totalmente incapaz de sobrevivir a un apagón tecnológico y sin una pantalla donde consultar los asuntos más mundanos sea tan vulnerable como un bebé al que le retiran el biberón. Hacia eso vamos a pasos agigantados, sin consciencia real del fenómeno, pero caminando cada vez más por la calle como autómatas sin mayor horizonte que el de la pantalla de un teléfono móvil. </strong></p>
<p><strong>La letra escrita nos permitió pasar de la prehistoria a la historia. En la posthistoria habremos vuelto a perderla y quedaremos a merced del plasma. Toda la información que acumule en el siglo XXI la humanidad correrá el grave riesgo de perderse en cuanto dispongamos de ella solo en soporte informático. El detonante será un virus mundial o cualquier otra avería que ahora se nos antoje una mera hipótesis. Hemos pasado de los álbumes de fotos donde se reproduce nuestra historia vital a las carpetas de imágenes en un ordenador, que corren el riesgo de desaparecer de un día para otro. El papel nunca muere. La carpeta de una pantalla de un ordenador, sí. Nadie irá al ordenador del abuelo para recuperar esas imágenes históricas de la familia. También puede ocurrir que las encuentre pero haya cambiado el soporte. Igual que nadie vuelve al trastero a por las películas de VHS que no tiene ya donde visualizar, porque se han dejado de fabricar los reproductores. Los libros están camino de la desaparición y ese apagón tecnológico del futuro puede dejar al hombre sin la obra de los Shakespeare, Proust o Dostoievski del futuro. Solo es cuestión de tiempo. Y de porfiar en el error.</strong></p>
<p><strong><a href="/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2016/06/blog.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-9362" style="margin: 11px;" title="blog" src="/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2016/06/blog.jpg" alt="" width="300" height="180" srcset="https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2016/06/blog.jpg 1690w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2016/06/blog-300x180.jpg 300w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2016/06/blog-768x461.jpg 768w, https://blogs.elcomercio.es/campoyplayu/wp-content/uploads/sites/42/2016/06/blog-1024x614.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Al ejemplo del VHS o de las tarjetas de las cámaras de fotos que ya no encajan con los ordenadores actuales se suma este mismo rincón. En este presunto almacén de memoria que constituye un blog, donde uno puede ir acumulando sus peripecias vitales o sus imaginarios, acaban de desaparecer como por arte de magia  los comentarios de los lectores de los últimos cinco años. Desde 2011 hasta 2016. Cinco años de participación de personas interesadas en lo que aquí se pueda contar han ido a parar de un día para otro a la cloaca de la tecnología dejando a cero los 2.882 comentarios sobre los 640 post publicados en este período. ¿El motivo? Una migración a un nuevo soporte más moderno en la que resulta inviable, además de los propios escritos, acompañarles los comentarios adjuntos de cada uno en caso de haberlos, pues éstos son objeto de una gestión paralela que no podía ir de viaje en la mutación. Disculpas, por tanto, a todos los que tomaron parte  en esta andanza (conservada al menos en un documento personal). Y ánimo para seguir participando, aunque la columna de texto se vaya a su vez estrechando adquiriendo un formato cada vez más parecido a la fisonomía de Chile, mientras se agrandan otros espacios. Solo hay dos opciones: adaptarse a los tiempos o tirarse al monte. La segunda opción es cada vez más tentadora.</strong></p>
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